Hogwarts: El Costo de Nuestro Legado

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Hogwarts: El Costo de Nuestro Legado

Mensaje por Ghostyaya el Mar Mar 13, 2018 11:08 pm

Prólogo:
Nuevas Fronteras


Con el astro sol recién puesto en la bóveda azul celeste, una pequeña cabaña escondida en un recóndito bosque con sus ventanas a la sombra y el umbral abierto en el que desde las sombras un hombre salía a paso firme y cabeza en alto, parecía despedirse de aquél inesperado inquilino que llegó hace poco más de 6 meses con una fuerte hipotermia por estar en las aguas de un río por horas incontables. Una pareja de ancianos, los residentes de la humilde morada, lo encontraron en un arroyo con heridas muy graves y magullado, pensando que debió ser un milagro que lograse sobrevivir en tales circunstancias. Luego de varios días inconsciente, el nuevo huésped se despertó débil y con mirada triste, agradeciendo la buena fe de los dos ancianos que estaban dispuestos a cuidarlo hasta que se recuperara.

Fue así que pasó el invierno y recibió la primavera dentro de las paredes acogedoras que no lo juzgaron ni le hicieron malos tratos; al contrario, era visto como un hombre bienaventurado por haber sobrevivido y siempre se le decía que “era por una causa mayor que siguiese en pie”. Sin embargo, su estadía no fue fácil: tuvo que aprender a cortar madera, hacer ejercicio físico extenuante, comprendió cómo orientarse sin brújulas y a “leer” el cielo para saber la hora o si llegaría alguna tormenta, sus manos se quemaron de tantos errores al cocinar y en poco tiempo descubrió el potencial oculto en él debido a que nació rodeado de facilidades toda su vida.

Por otro lado, todas esas actividades le sirvieron para distraerse y no pensar en las consecuencias de no comunicarse con su esposa para revelar sus descubrimientos, pues si el enemigo detectaba que seguía vivo retomarían su cacería y no quería que dos ancianos inocentes se viesen involucrados en una guerra que no debían padecer. Además, era consciente que poseía traumas porque le era imposible usar su don y, aunado a la pérdida de su herramienta canalizadora de su poder antes de caer inconsciente al río en esa fatídica noche, no quería volver a la sociedad como un cobarde o inútil si debía combatir de nuevo. Tan solo esperaba que su amor y los estudiantes de la escuela estuviesen a salvo; confiaba en los docentes, pero…. ¿hasta qué punto podrían resistir las traiciones y los planes ocultos?

-¿Ya debes irte, Sevástias?-justo cuando ya estaba alejado un par de metros de la cabaña, la voz de una mujer dulce y preocupada interrumpió el andar de aquél hombre atormentado-… No es necesario que te vayas, requerimos brazos fuertes para sostener esta casucha.

-Si debe retirarse, déjalo-contestó su esposo sin ocultar cierta tristeza en su timbre de voz-… haz lo que debas, Sevástias. Y gracias por todo.

-Al contrario-el hombre se volteó y con su mirada oscura por todo el peso que debía cargar, se esforzó para sonreír de manera sincera a la pareja-, gracias a ustedes. Si no fuera por su intervención yo no estaría vivo. Me quedaría más tiempo, mas tengo que…

-Claro, claro-interrumpió la mujer asintiendo-. Si mi esposo se fuera por meses estaría preocupada, espero que ella o él te esté esperando.

-¿Podría pedirles un favor?-preguntó Sevástian con severidad y la pareja asintió con intriga-… Por favor… no vayan a Londres ni a Cokeworth, mucho menos a Little Whinging, tampoco a Little Hangleton ni a Timworth…. Es más, no vayan a las grandes ciudades por un tiempo, solo a pueblos pequeños con pocos habitantes.

-Muchas de esas ciudades nos quedan lejos-replicó el anciano con voz ronca-. ¿Por qué nos dices eso?

-Por favor…-suplicó el hombre con tal preocupación que la mujer se asombró y luego asintió un poco abrumada-… Muchas gracias. Espero volver a verlos.

-Y nosotros a ti, querido-respondió la anciana para sonreír y hablar cálidamente-. Cuídate mucho.

Entonces, Sevástias dio media vuelta y, sin ninguna pertenencia salvo una mochila vieja donde guardaba víveres y algo de dinero, caminó por el sendero alejándose mientras pensaba en cómo llegar a Hogwarts sin ser descubierto o antes de que Defunct descubriese que seguía vivo. Además, debía hablar con Joseph Pashenko acerca de su padre, convencer a Miishynn de entregarle a Lancelot Lucis el libro heredado por sus verdaderos padres, relatarle al profesorado el poder que alcanzó el Ministerio de Magia gracias a las Artes Oscuras, pedirle a Irise que les prestara su artilugio familiar para ubicar las Reliquias de la Muerte, conversar seriamente con Linus acerca de su familia… Sevástias Cathalifaud estaba cansado, pero se aferraba con fuerza a que no fuese demasiado tarde para revelar el nombre de quien orquestaba todo este plan desde las sombras.

Pero, entonces, la exclamación de sorpresa y asombro de la pareja de ancianos a la lejanía lo sorprendió y se permitió sonreír agradecido. Una de las ventajas de la Alquimia es que muchos de sus procesos no requerían de la magia, y con saber el método de convertir cualquier material a oro genuino sería pan comido para alguien experto como él. Era su manera de agradecerles y esperaba aliviar su economía el tiempo suficiente por si la guerra mágica que se avecinaba les afectaba de manera indirecta. Por primera vez en meses, Sevástias Cathalifaud sintió alivio en su interior.

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Capítulo I: Sabores Amargos.

Mensaje por Ghostyaya el Sáb Abr 07, 2018 10:03 pm

Capítulo I:
Sabores Amargos
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La primavera tenía poco de haber llegado a Hogwarts, provocando que los retoños de las plantas florecieran brillantes a la luz del sol y la brisa invernar fuera sustituido por una cálida que buscaba acariciar los rostros de cualquiera con los que se topara. Pero cuando aquél viento llegaba a los territorios del castillo Hogwarts, parecía perder su candidez para dar paso a uno más trémulo y rasposo que maltrataba las paredes vetustas de esta gran edificación que aún continuaba en proceso de construcción. Había pasado casi un mes del ataque y los corazones de quienes lograron sobrevivir al “Día I” seguía perturbado y dolido. En los pasillos aún había eco de quienes gritaron pidiendo ayuda y no recibieron auxilio; a pesar de que todo estaba limpio, la mente jugaba con algunos para hacerles ver manchas de sangre o cuerpos que solo se encontraban en su imaginación; y el campo alrededor del Lago Negro dejó de ser un sitio de visita por todos los cuerpos que yacieron ahí hasta que fueron recogidos por el Ministerio de Magia.

Los cadáveres de los mortífagos fueron irreconocibles, pues las máscaras que portaban deformaron sus rostros cuando murieron y todos pasaron a ser desconocidos, mezclándose con las verdaderas víctimas que tampoco tuvieron mucha suerte junto a los desaparecidos en toda Inglaterra, por lo que no se pudo averiguar sus identidades. Afortunadamente, los alumnos que perdieron la vida pudieron ser entregados a sus familias con varias reacciones: lamentos, intercambio de culpas, amenazas, acongojo total… todos compartían el mismo sentir, el sufrimiento. Por otro lado, los elfos domésticos decidieron quedarse por amor a la Directora Cathalifaud, pues cuando el colegio fue asaltado quedaron encerrados en las cocinas y no lograron salir a ayudar.

El colegio ya no funcionaba como una escuela, pues se convirtió en un refugio para los que quedaron sin hogar o sin un lugar a dónde ir. Linus Black decidió quedarse a pesar de que su familia insistía en que regresara a la mansión para su supervisión, y esta mañana estaba en el Gran Comedor desayunando en silencio al lado de su amiga Sofía Sophitia en la mesa de Slytherin. Los “amigos” que tenía lo dejaron para irse de ese sitio y, al contrario de lo que muchos podrían haber pensado, Linus se acercó más a otros del grupo que también decidieron permanecer en Hogwarts, compartiendo ese momento del día con ellos aunque siempre mantenía una actitud estoica.

-¿Y… saben algo del profesor Triggr?-Lloyd Puppeter se encontraba dando mordidas a frutas mientras escribía algo en un cuaderno con bastante concentración. Preguntó eso sin ver a los demás, pero sí que prestaba atención por si comentaban algo al respecto.

-Sé que mantiene comunicación con los profesores-contestó Nicolas Verdugo en su tono habitual, él ya había terminado de desayunar y sujetaba con fuerza la mano de una chica de cabello castaño-… pero debe estar bien. Debería estar bien.

-Lo estará, tranquilo-contestó la dueña del pelo castaño, Reveca Eden. Luego de haberse recuperado del ataque a su colegio Ilvermorny y por decisión de sus padres, la joven regresó a Londres para quedarse al lado de su novio el peliverde. En tiempos oscuros no querían estar separados.

-Nos veremos más tarde-Linus se levantó serio y se despidió con un movimiento de mano de los demás para salir de ahí a paso un tanto apresurado. Al pasar al lado de otro grupo de jóvenes se logró escuchar el murmullo de que seguramente iba a emborracharse como siempre lo hacía en Hogsmeade por lo ocurrido.

-Al menos se despidió. Es buena señal-alzó la cabeza Lloyd para descansar su vista y suspiró-… ¿Algo de Markus?

-No-contestó un tanto seco Nicolas mirando a la puerta hasta que Linus se retiró por completo. Sofía, por su parte, tomó sus cosas y también se fue a otro rumbo-… Seguramente en madrugada fue por comida para llevársela a su habitación... y ya ni siquiera me deja entrar, y eso que sigue siendo mi cuarto.

-Deberíamos hacer algo, ¿no? Lleva así tres semanas-reclamó Puppeter con un tono evidente de hastío y preocupación. Markus Eltnam Sokaris se encerró en las habitaciones de Sexto año en la Torre de Ravenclaw pocos días después del ataque y casi no se le ha visto, tampoco ha visitado a los demás al Hospital y no se sabe cómo está realmente-… si continúa así su mente se quebrará más fácilmente.

-Todos estamos preocupados, pero ni siquiera hace caso a los profesores-arremetió el peliverde suspirando una vez más-… Como si fuera el único que sufre-…se cruzó de brazos al decir eso en un tono ácido y melancólico, pero su gesto se suavizó un poco al toparse con la mirada serena de Reveca-… En fin… ¿Hoy viene tu padre, verdad Reveca?

-Sí… o ya debió de llegar. No está la Directora ni la Subdirectora-señaló la chica en una voz extrañamente tranquila-. Van a reparar la Torre de Astronomía y a reforzar las mazmorras para evitar colapsos.

-Es lo magnífico y lo peligroso de tener arquitectura mágica-señaló Lloyd cansado y suspirando de nueva cuenta-… En fin… Mañana iré al Hospital, ¿vienen?

-Pero por supuesto-contestó Nicolas recuperado del momento triste que tenía-. Le avisaré a Joseph por si quiere ir a ver a los demás. Nos vamos a la Biblioteca un rato-Reveca y él se levantaron al mismo tiempo mientras se tomaban sus manos-. ¿Te quedas?

-Un rato nada más-puntualizó el mayor de los Ravenclaw despidiéndose con un movimiento de su cabeza-. Nos vemos en la Sala.

Lloyd miró a la pareja irse, contrastando notoriamente de la lúgubres del ambiente sombrío que asfixiaba a cada momento en Hogwarts. El joven mago suspiró fuertemente y continuó con sus anotaciones. Cualquiera que se asomara podría ver trazos y trazos de runas en distintos colores, grosores, tamaños y composiciones, siendo perceptible que practicaba con más ahínco la magia rúnica que se vio en el “Día I” por parte de Dacitus Tanitus y Aline McGrowell. Pocos continuaban con sus estudios de manera independiente, pero Lloyd se esforzaba para no volver a depender de otros y esforzarse por sí mismo para ser de ayuda. En un momento de su estudio se puso nervioso y de manera impulsiva buscó una funda ubicada a si costado para cerciorarse que el regalo de su abuelo siguiese a su lado. Al sentirlo, se relajó y pudo continuar con su escritura a pesar de que la muñeca le dolía de nuevo.

**********************
-Lo sentimos… hicimos lo que nos fue posible-habló un médico muggle mientras miraba a su paciente en la cama. Aquél hombre nunca imaginó que la magia existiera hasta que su Primer Ministro exigió que dicho Hospital diese atención inmediata a los pacientes que llegaron con heridas que nunca había visto. Todo el personal estaba asustado, aunado a que se les hizo una magia que les impedía revelar tal información; pero sentían alivio porque al final de todas sus memorias serían borradas-... Sus heridas se recuperaron y podrá llevar una vida normal… pero nuestra medicina y la de la…. Magia… no lograron sanarlo por completo.

Ante la noticia, una pareja mayor de tez oscura se asustó y miraron al convaleciente, su hijo. Hacía casi un mes que fue internado de emergencia por haber perdido mucha sangre y con múltiples laceraciones que debilitaban su cuerpo, teniendo un infarto en medio de una operación y gracias a la intervención rápida fue reanimado. Todo aquél que conoció su historial médico aseveró que se trató de un milagro, pues los hechizos no poseían la capacidad de sanar magia oscura de ese nivel.

-¿Están seguros?-reclamó una pelirroja de aspecto fiero, pero evidenciando que no estaba de acuerdo con ese diagnóstico-. ¿No hay nada que se pueda hacer?

-Temo que no, señorita Abatucci-suspiró el doctor incrédulo-. Si lo que usted me dijo en su momento es verdad, la herida que recibió en el cuello no podrá ser sanado por ustedes, y las cuerdas vocales se dañaron de una manera que ni siquiera una operación quirúrgica podría ser de ayuda. Lo siento, señor Abdiel Núñez, pero usted nunca podrá volver a hablar…

Sandra, la enfermera de Hogwarts volteó a ver al profesor y el rostro de él era lo que ella imaginaba: desolación total. Tantos años conviviendo con el americano le permitía saber qué pensamientos cruzaban por su mente ante esa noticia: “ya nunca daré clases de nuevo”, “no sirvo para nada” … Esta última idea le calaba más que cualquier cosa, pues en la sociedad mágica el hecho de perder una parte del cuerpo o un sentido era fácilmente recuperable con un hechizo y tratamiento; pero que fuera con magia oscura y que fuera de corazón débil era una combinación terrible. Así como ella era una paria por ser una mujer loba, Abdiel sería (a palabras muggles) un discapacitado que nunca podría hacer magia de nuevo.

-Hijo...-habló Gabriel Núñez, el padre de Abdiel, con un tono que intentaba ser fuerte mientras que detrás de él la madre se contenía el llanto-… N… no te preocupes, encontraremos el modo de…

Abdiel alzó su vista al progenitor y con sólo ese gesto el hombre se calló. Gabriel suspiró y miró con tristeza a su único hijo para después irse de la sala junto a los médicos y su exesposa, dejándolo solo junto a la enfermera Abatucci.

-¿Sabes que no debes rendirte, verdad?-Alessandra intentó acercarse, pero Abdiel la detuvo mostrando la palma de su mano ya sin verle directamente-… No te pongas así, todos te apoyarán…-el profesor se giró para darle la espalda, por lo que la enfermera soltó un bufido-… Como quieras, vendré luego-y la pelirroja se retiró sabiendo que Abdiel sollozaba en silencio porque dicha condición le impediría hacer lo que más amaba: dar clases.

Al cerrar la puerta tras de sí, Alessandra se llevó una mano a la frente bastante cansada. Le dolía ver a ese hombre em dicho estado, pero no podría conversar con él hasta que el tiempo pasara. No era su estilo esperar a que las cosas se enfríen, pero se trataba de un hombre de salud delicada y por el que sentía algo más que compañerismo. Decidiendo visitar al resto de estudiantes, comenzó a caminar por el pasillo cuando de reojo, por el sentido contrario, vio una cabellera blanca que le hizo sentir un gran calosfrío provocando que volteara a ver a la dueña de dicha melena que iba acompañada por la cronista deportiva Siena Gunn. Reconocía a la última porque había ido a visitar al profesor Gerard Wanderer, pero la peliblanca no y no pudo evitar sentir un instinto que le gritaba “peligro”. Se disponía a seguirla cuando, quien sabe de dónde, apareció la alumna de primer año Maya Tzintzimitl que le pedía ayuda para buscar una máquina expendedora.

**********************
-Y… hoy por fin se logró reparar la Torre de Astronomía. Fue complicado, pero al menos ya es funcionable y aún falta bastante, pero lo sobrellevamos-la voz cálida y triste de Aline McGrowell indicaba que conversaba con alguien esa habitación privada de un Hospital. La ventana a medio abrir permitía el paso de una corriente de aire fresca que despeinaba los cabellos castaños de Gerard, quien con sus ojos cerrados y una barba descuidada hacían ver que llevaba mucho tiempo sin despertar-… ¿Cómo es que le hacías para ser Subdirector? … En cuanto vuelvas te regresaré el cargo.

El diagnóstico de todo médico era el mismo: Gerard Wanderer no despertaría. Para los muggles, era un estado comatoso sin señales de vida; para los sanadores mágicos, una condición nunca antes vista por haber sido alcanzado por el brillo de aquella magia asesina. Todos decían que no debía sobrevivir, mas ahí estaba en un lapsus de muerte durmiente en la que esperaban que en cualquier momento su cerebro dejara de funcionar y así acabar con su vida. Debido a que no localizaron a sus padres o algún otro miembro de la familia, la toma de decisiones en cuanto a su salud quedó a manos de la Directora de Hogwarts Miishynn Cathalifaud, declarando que hasta que no hubiese señales de algún deterioro físico continuarían con las atenciones médicas necesarias.

-Markus sigue sin salir de su habitación y ya hemos hecho de todo…-relató Aline sentándose en una silla al lado de la cama-... Espero que esto pase pronto, me preocupa que colapse sin acudir a sus amigos o el desahogarse de la manera apropiada-y en ese momento, la puerta de la habitación se abrió, revelando a una mujer de la misma edad que la docente, pero con sus facciones más delicadas, cuidadas y de un largo cabello blanco brillante que la miraba con esa habitual frialdad en sus ojos azules-… Oh... Hola… Alexia…-la mirada gélida de aquella mujer es desviada y Aline suspira. Parecía que no había cambiado en todos estos años.

Alexia Noir, la mayor de una familia sangre pura, entró con paso seguro y femenino al cuarto mirando por todas partes con cierto desdén. Era obvio que no le agrada estar en un sitio muggle, pues ella desde la escuela detestaba a cualquiera que tuviese relación con las personas de magia y, en general, a quienes entraban a la categoría de inferioridad. McGrowell sentía cómo su interior parecía arrastrarla a los días de escuela cuando recibía bullying por parte de ella y que en ese entonces le costaba defenderse.

-Buenas tardes… ¿Cómo te llamabas? -preguntó Alexia sin mirarla y continuando su recorrido en el cuarto desaprobando todo, incluyéndola-…Oh, ¿Aline? ¿Así es tu nombre? No esperaba encontrarme con recuerdos tan poco agradables y aunque admito que me alivia que haya alguien aquí, me encantaría que fuese alguien diferente.

-Y yo preferiría haberte visto en otra circunstancia-sonrió con tristeza Aline al percatarse que la peliblanca continuaba con esa actitud altanera y prepotente. ¿Qué la habría mantenido ser así a pesar de los años? -. Hace un mes las cosas se volvieron desagradables, y espero que tú y tu familia esté bien.

-Sí, la familia Noir sigue bien-contestó mientras la miraba de reojo, pero ya más cerca de la cama donde descansaba Gerard. Acto seguido, realizó una mueca con sus labios de molestia y desinterés-… si dejas a un lado las conspiraciones y acusaciones que manchan “su” reputación- aquél “su” proveyó a Aline cierta información que le hizo saltar una alarma interior. ¿Estaba distanciada de su familia?

-¿Y tú?-volvió a cuestionar la Subdirectora sin perder su sonrisa triste. El pasado la seguía y debido a la inmadurez no comprendió a Alexia en su momento. La guerra que se desató era más importante que rencillas de adolescente-. Fue un ataque global, mucha gente murió-volteó a ver a Gerard mientras sus memorias hacían eco de lo ocurrido en Hogwarts y suspiró-. Eras alguien fuerte, me alivia que no te hayas doblegado.

-Deja de equivocarte tanto-respondió Alexia al avanzar más ya sin verla directamente. Posó su mirada en Gerard con gran severidad y luego volteó a verla con esa misma intensidad en sus fríos ojos azules-. Temo decirte que no es momento de engañarte. Esa es mi fuerza y no me quites eso también.

Aline meditaba acerca de esa palabras. Obviamente no la conoce y solo es una superficialidad no explorada, pero sabía que se refería a cuando Gerard y ella fueron novios en sus tiempos de estudiante y que ambas “compitieron” por un trabajo en el Ministerio. ¿Se estaba contradiciendo? Ella había hablado de su fortaleza a la voluntad, ¿en qué se equivocaba? A todos afectó ese evento de una u otra manera.

La docente, que estaba sentada en una silla, se levantó y dio un paso en dirección a la puerta. - ¿Quieres quedarte a solas con él?

La cara de Alexia se desencajó y solo asintió una vez, pero rápidamente recuperó su compostura y Aline salió para luego cerrar la puerta. Suspiró cansada y en una de las sillas cercanas a la habitación estaba Sandra que acababa de levantarse y se acercó saludándola con una mano mientras Maya llegaba y le daba a la profesora una bebida con gas.

-Gracias, Maya… y hola, Sandra. ¿Sabes cuál fue el diagnóstico de Abdiel? -pero la pelirroja pareció ignorarla, pues sacó de su bolsillo una oreja extensible que colocó en el suelo para escuchar lo que ocurría-… Pero... Sandra… ¿qué…? -la enfermera la cayó colocando su dedo sobre los labios y colocó la otra oreja para que ambas escucharan. Aline tragó saliva y se acercó intrigada de la actitud de la lupina.

-… la vida nos ha tratado muy diferente, Gerard-la voz de Alexia ya no delataba indiferencia o frialdad, había un color decepcionante y doloso que provocó que el corazón de Aline acelerara-… tu siempre fuiste inalcanzable, caminando varios peldaños sobre mí y verte así… y sabiendo la complicidad que tuviste con ella me duele. No es que cada quien tenga lo que merece, tu seguiste tu sueño-el rostro de Sandra se oscureció y Aline no entendía por qué. Preocupada, miraba a todos lados para que nadie mirase lo que estaban haciendo-, viviste aventuras y te cumpliste a ti mismo… Yo seguí el camino que me impusieron y fracasé. Éramos iguales, pero elegimos senderos diferentes… es por eso que aunque debería odiarte, te idolatro-¿Aún lo amaba luego de casi 7 años? Aline estaba impresionada por este descubrimiento, pero su mente le pedía concentrarse en otra cosa… el motivo de ese odio-. Eso me duele porque no soy yo quien se refugió en tu corazón, yo te necesitaba…. Pero no, tenía que ser “otra”. Y luego de pensarlo tanto… lo siento. Solo quería venir a decirte que lo siento… no es mi culpa, no quería esto. Pero mentiría si dijera que no era una posibilidad en la que pensé… pero no es mi culpa, me vi obligada y… estoy hablando de más, no debería estar aquí...

Rápidamente Sandra jaló la oreja del suelo para guardarla y que no descubriesen que estaban espiando. Aline sujetó a Maya, quien bebía complacida su jugo para cerciorarse de que no estuviera escuchando y justo en ese momento Alexia salió de la habitación con su porte habitual de superioridad. Volteó a los lados y, cuando miró a Maya en los brazos de Aline, su rostro se tensó por breves segundos a la vez que no dejaba de verlas. Sandra alzó la ceja en dicha actitud y se quedó en su posición con sus manos en forma de puño.

Por su parte, Maya veía fijamente a la peliblanca en silencio hasta que pasado casi medio minuto habló con curiosidad. - Te me haces familiar. ¿Nos hemos visto en algún lado? -Alexia se acercó y sacudió su cabello para después alejarse y hablar sobre su espalda.

-Yo te he visto antes, pequeña brujita. Quizá tú también, te sorprenderías-Aline, sin saber por qué precisamente, sujetó con ahínco a Maya mirando la espalda de aquella mujer. ¿Por qué se disculpó tantas veces con Gerard? Algo no le gustaba, pero no era el momento de dejarse llevar por presentimientos.

-Cuídate, Alexia-se despidió la docente dejando a un lado la bebida que le trajo Maya y acercándose a Sandra agarrando la mano de la pequeña. Sin pararse, la peliblanca soltó un bufido exasperante y suspiró.

-Seguro. Mantente fuera del peligro, necesito que lo cuides-y viró para perderse en el pasillo de ese hospital. Aun nerviosa, Aline se permitió respirar con dificultad y miró con impaciencia a Sandra.

-¿Pero qué hiciste, mujer? Podría habernos descubierto y armar un escándalo aquí-reclamó la Subdirectora en tono ronco para no llamar la atención de extraños, y Maya, aprovechando aquello, se introdujo al cuarto de Gerard para saludarlo con emoción-. Tu no eres así, ¿por qué?

-Te contaré más tarde-respondió la enfermera relajando sus músculos-. Me gustaría decirles a los demás profesores y a la Directora, pero será luego de que recabe evidencia. Esa mujer no me gusta-Sandra suspiró y de nuevo se tensó, pero esta vez cruzándose de brazos con fuerza reflejando que parecía sufrir por algo-… Y sí, ya se el diagnóstico de Abdiel… requerirá nuestro apoyo.

**********************
La noche acobijaba en el Colegio Hogwarts luego de un día ajetreado, con el mago arquitecto Maximo Eden dirigiendo reparaciones y quedando en ir la semana entrante porque él también tenía mucho trabajo; los alumnos que continuaban sus estudios de manera independiente porque los profesores se encargaban de otras tareas para cuidar el edificio dañado; los elfos domésticos racionando la comida para que alcanzara y durase más tiempo debido a la escases de alimentos que sufrían las ciudades mágicas; y la constante ansiedad que todos padecían por pensar que algo malo ocurriría otra vez. La gran mayoría descansaba en sus habitaciones, algunos en solitario reflexionando y otros con compañía que lograba mitigar el dolor que ocultaban, y, por otro lado, el despacho de la Directora seguía siendo punto de reunión con los docentes para planificar por el bien de la escuela.

Sin embargo, un alumno de Ravenclaw aprovechaba la tranquilidad ofrecida por las paredes resquebrajadas para ir a las cocinas por algo de comida o prepararse pan horneado para relajarse. Y así, Markus Eltnam se escabulló y gracias a la confianza que le tienen los elfos pudo pasar sin problemas a esa área prohibida para otros; eso sí, se le advirtió que preparara una ración individual para ahorrar los ingredientes.

Mientras preparaba todo, Markus no dejaba de pensar en que su ensimismamiento le estaba causando daño y debía hablarles a sus amigos de nuevo; pero siempre que tenía esa idea su cabeza le jugaba malas pasadas que le hundían más en esa inseguridad creciente y la culpa de no haber hecho más para evitar la catástrofe vivida. Euríale secuestrada; Judas, Joseph y Lancelot ya no pisaban el colegio; Medusa junto a Steve en el hospital y ni qué decir de los profesores Abdiel y Gerard, de quienes no sabía nada en absoluto por su negación en ir a verles o preguntar por su estado. Siempre que Nicolas y Lloyd se llegaban a topar con él los evitaba porque no se sentía capaz de entablar alguna conversación y Linus, su presencia inexistente casi como la suya a excepción que el joven Black sí convivía con las personas aunque fuese por poco tiempo. En definitiva, la Diadema de su casa lo rechazaría si se lo volvía a poner… lástima que ya no iba a la Sala de Menesteres.

De súbito, escuchó que alguien movía las cacerolas y pensó en Sion o en Litten, los únicos seres vivientes que Markus toleraba-. Oigan, les dejé comida en el cuarto, no debían seguirme-se giró y continuó hablando-. No quiero que ensucien…-y se interrumpió al percatarse que quien hacía el ruido era una mujer muy joven de cabello corto color naranja y ojos ámbar que también le miró con preocupación.-… los trastes… tu… tu… quién….

-Oh, lo siento, lo siento-contestó la susodicha tomando unas dos cacerolas pequeñas junto a un sartén. Se limpió una mano con su blusa y la tendió para saludar-. Me llamo Remeny, sustituyo al profesor de Pociones… No eres un elfo, ¿qué haces aquí?

-Yo… pre-pregunto lo… mismo…-nunca la había visto, pero ahora que se presentaba podía ubicarla por conversaciones escuchadas a la lejanía: Remeny Armant, una magizoologa que llegó a los pocos días del desastre con intenciones de ayudar en las reparaciones. Notó, por que llevaba una blusa corta, que la chica tenía muchísimas cicatrices en sus manos y brazos-… Yo puedo estar aquí… te-tengo permiso…

-Bueno, si tienes permiso no hay problema-sonrió Remeny a pesar de que Markus no correspondió el saludo-… Yo soy amiga de los elfos desde que estudié aquí, por lo que puedo pasar y llevarme cosas siempre y cuando las devuelva. Pero… a ti no te he visto… ¿Eres un recién llegado?

-N-no… -Markus maldecía en su interior. ¿Tanto le costaba hablar con otra persona? -… Yo… ya estaba aquí desde… desde…-entonces, se dio cuenta que no se había presentado y se puso más nervioso-… Me llamo... Markus…

-¿Markus? Me suena…-sin dejar los utensilios de cocina, Remeny meditó unos segundos hasta que sonrió satisfecha-. ¡Ya! Estuviste en el Día I ayudando a las evacuaciones. Fuiste valiente.

-No… no se burle…-Markus tragó saliva percibiendo molesta en su interior. ¿Por qué le llamaba valiente?-…. Usted no sabe nada…

-¿Burlarme? Pues no… y obvio no sé nada, no estuve aquí. Me enteré del ataque mientras estaba en Chile, América. En cuanto pude viajé a ayudar… pero mira, estás aquí a pesar de ese feo momento-la chica continuaba sonriendo con afabilidad-. Estás de pie en Hogwarts, no muchos tendrían ese valor…

-¿Valor? … ¿A esto le llama valor?-Markus, enojado, golpeó una mesa a su lado con estruendo sin importar que se lastimó en el proceso. Aquello hizo que Remeny se asustara y soltara los recipientes haciendo un gran escándalo por el metal chocando entre sí y el suelo de piedra pulida-… ¿Valor es esconderse en vez de enfrentar a quien nos lastimó? ¿Valor es no hacer nada mientras la sociedad se va a la basura? ¿Valor es seguir vivos mientras otros murieron? ¡Eso no es valor!

Markus emanaba frustración, ira, tristeza… tal vez por o hablarlo con alguien, pero cada palabra dicha era con fluidez y amargura por contenerlo y que una extraña actuara como si nada hubiese pasado, manteniéndose alegre mientras otros sufrían por lo sucedido… le enervaba al punto de haberle gritado. El Markus anterior a todo no habría hecho eso, pero eso no importaba; ese Ravenclaw estaba enterrado muy en el fondo tras tierra y tierra que representaba toda la furia que no lograba sacar de sí mismo.

-Ay, chico…-Remeny, perdiendo su gesto amable, recogió las cosas que tiraron y torció su boca-… Definitivamente estas ciego… y ya no comas ese pan, te va a soltar el estómago si lo cenas así…-y se dio media vuelta para salir de la cocina, dejando a un Markus iracundo que golpeó de nuevo la mesa a la vez que lloraba de coraje por decirse a sí mismo que no era valiente. Pasados unos minutos y, siguiendo a regañadientes el consejo de la chica, el joven mago se fue de la cocina sin cenar nada para buscar algún baño y refrescarse.

Los pasillos continuaban con sus sombras solitarias y eso era que Markus agradecía infinitamente, pues no quería toparse con nadie más. Guiándose por instinto, el chico llegó a uno de los baños para dirigirse directamente a un lavabo y mojarse la cara en un intento de relajarse. El agua fría golpeó su tenso rostro, y cuando terminó posó su mirada en el espejo, notando en su reflejo a alguien que de verdad detestaba. De nueva cuenta la ira creció y, por impulso, golpeó con un puño fuerte el vidrio que terminó cediendo a la fuerza y trozarse en decenas de pedazos que cayeron al suelo. Markus sintió cómo la piel se abrió para después gotas escarlata mancharan su mano y el hueco espacio donde debería estar el espejo. Le dolía, pero el golpe emocional era mucho mayor y, por ello, no se dio cuenta que su pequeña gata Sion lo observaba desde la entrada para luego escabullirse en dirección desconocida.




BONUS 1

Spoiler:
Estaba muy nerviosa. Aunque no era la primera vez que iba a verlo en el hospital, el miedo de toparse con alguien que la descubriese provocaba que Ceto siempre se mirase con un aura intranquila y temerosa. La pelinegra con destellos rojos en su melena parecía un pequeño gato escondiéndose si llegaba a sentirse en peligro, aunque la mayoría de las veces eran solo paranoias suyas. Y a pesar de que Steve le dejó en claro que no tendría nada con ella, el saber que resultó herido en Hogwarts le dolía en su corazón y más porque no pudo hacer nada para evitarlo.

Sabiendo que nadie la descubrió, llegó al cuarto donde el chico de Slytherin debía descansar y abrió con cuidado para no molestar.

-¿Por qué sigues viniendo?-la voz de Steve, ronca y escueta, turbó la fragilidad de la bruja que se asustó y entró rápido para que no la viesen-… Pareces un ratón.

-Lo siento, Steve-habló Ceto, sabiendo que su tono de voz le recordaba al chico a la mujer que de verdad amaba, pero quien no ha podido ver en todo este mes por la renuente evasión de ella-… y… ¿Cómo estás?

-Como siempre-contestó seco y sin ánimos de entablar diálogo. Ceto estaba acostumbrada, no le dolía-… ¿Y ahora a qué vienes? … Tus ojos eran color miel, ¿no? Los veo verdes.

-Esto… yo… te… traigo dulces-y de su bolso de moke, encantado para que almacenara más de su capacidad, extrajo muchos dulces que provenían de Honeydukes en Hogsmeade-… Espero te gusten… y sí, ya se que no podré tener nada contigo. Lo dejaste muy en claro esa vez-la chica se tocó los labios, rememorando lo que pasó ese día-… pero eso no quiere decir que deje de preocuparme por ti.

-Meh-bufó Steve sin verla y Ceto dejó las chucherías en una mesita al lado. Si estaba cerca de él se sentía cómoda, pues en otras circunstancias aquella distancia sería imposible.

-… ¿Cómo vas con tu brazo?

-Igual.

- ¿No hay posibilidad de que te recuperes?

-No lo sé.

-¿Y tus amigos?

-¿Ellos qué?

-Pues… -Ceto suspiró y sonrió de lado un tanto cansada-… ya se que te molesta mi presencia, solo quería saber un poco de tu estado… ya me voy… vendré luego…

-Cómo quieras.

Sin despedirse de manera más cercana, Ceto salió de la habitación y cerró la puerta para recargarse unos segundos. No le agradaba ver que el chico en Hogsmeade había cambiado... aunque claro, ¿quién no? El Día I afectó a todos de diferentes maneras, y ella no salió bien parada con todas esas personas muertas alrededor suyo y mortífagos que dieron su vida a una causa que le era desconocida. La chica suspiró y escuchó a la lejanía una voz que le heló la sangre. Aún no llegaba, y era probable que fuera su imaginación, pero su corazón le dictaba que no era así. ¿Qué hacía ella en el Hospital? Asustada y sabiendo que debía esfumarse, Ceto caminó rápido buscando el baño de mujeres y, para su fortuna, encontró uno para meterse con rapidez a un cubículo. Cerró la puerta y tragando saliva para concentrarse, evocó un hechizo que, luego de un chasquido sonoro, hizo que se desvaneciera en una pequeña implosión para transportarse a otro sitio lejos de esa persona de la que huía.

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Capítulo II: Palabras Insostenibles.

Mensaje por Ghostyaya el Jue Mayo 17, 2018 3:10 pm

Capítulo II:
Palabras Insostenibles
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BONUS 1

Spoiler:
Sabías que este día llegaría, y aunque eres mi madre debía irme para ayudar a mis amigos. Sé que en este momento estarás enojándote y buscando a mi hermana por si sabe a dónde fui, pero tu misma tienes la respuesta. No, no iré a ser un héroe (porque ya lo soy -????-) pero me necesitan más allá. Además, hace tiempo encontré una carta de mi papá y por más que ese bastardo no merece que se le de una oportunidad quiero saber qué está pasando. Volveré, pero no como Terminator. De verdad volveré y sabrás de mí pronto. No te enojes con Rachel, no fue su culpa.
Atentamente: tu hijo favorito, Joseph.
PD: me llevé algunas de mis pertenencias, y no le digas a Mary que es capaz de ir a incendiar Hogwarts. Dile que su hermano mayor se fue con la novia o algo, pero que no se vaya sola de casa.
PD2: también le iré a dar de comer a Werewolf, espero que esté bien.


Saskia Pashenko, una madre joven que se encontraba sentada en la cama de la habitación de Joseph, permaneció así observando la carta sin leerla, pues no tenía caso encontrar mensajes ocultos. Ella sabía que el chico se iría tarde o temprano, y también ya conocía de la carta dejada por su esposo Edgar, pero no había querido decirle nada hasta que su primogénito quisiera hacerlo. Había leído una promesa de él a su hijo acerca de hablarle del abandono a la familia y de una piedra filosófica o algo así, pero Saskia se cuestionaba de dónde habría sacado tal carta si su esposo fue un hombre muy meticuloso que no dejaba todo al azar. La madre suspiró y guardó la nota en un bolsillo de su pantalón, resignada a que no sabría nada de su hijo por un tiempo a pesar de lo que ocurría. Sí, ella sabía que Joseph le ocultaba cosas y que el mundo mágico estaba en tensión, pues los consejos dados por Edgar para que ella se informase de lo que ocurría en esa sociedad le indicaban que algo fuerte ocurría; además, las noticias locales constantemente reportaban robos que las cámaras no lograban captar a supermercados, especialmente a la comida perecedera y, ya por criar dos hijos magos, era fácil deducir que eran brujos quienes asaltaban. ¿Tan desesperados están para conseguir alimento proveniente de “muggles”?

-Hijo de padre pintito-expresó Saskia preocupada y deseando lo mejor para Joseph. Lo amaba y no quería que le ocurriese nada; pero al cerrar los ojos para focalizar sus buenos deseos escuchó que algo de vidrió se rompió en la sala. Inquieta, se dirigió al origen del ruido y al buscar qué se quebró, se topó con un retrato de la familia (ella, Mary y Joseph) en el suelo resquebrajado en una diagonal que dividía el rostro del primogénito. En eso, una corriente de aire proveniente de una ventana abierta la toma por sorpresa alborotándola por completo y con ello indicándole que eso provocó la caída del portarretrato-… Joseph, cuídate, por favor…



La melena pelirroja observaba con fina atención la pequeña llama que levitaba sobre su palma mientras se perdía en sus pensamientos atrayéndose por el baile ígneo que ella misma había creado. Sin quererlo, Medusa había creado una especie de tranquilizante con dicho elemento, y si no lo hacía al menos una vez al día, la sensación de las cicatrices que ahora portaba en todo su cuerpo la atormentaba hasta al punto de tener que pedirles a los sanadores muggles esa aguja con líquido que la relajaba cuando se lo suministraban. Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta que abrían la puerta de su habitación en ese hospital, que la cerraban y que el susodicho autoinvitado se acercaba.

-Imagina si fuera un ladrón o algo por el estilo-una voz jovial, alegre y parlanchina la sacó de su ofuscación y el corazón de Medusa aceleró. Sabía quién era y de pronto le dieron ganas de llorar de alegría-… Más vale tarde que nunca, ¿no, Medu?

-Blaze…-la chica volteó y se topó con su mejor amigo de Estados Unidos. Ahora tenía su despeinado cabello en verde, pero sus ojos de color verde y amarillo continuaban con sus tonos originales; esa misma sonrisa juguetona y su porte alivianado-… Estás aquí… Yo… yo…-su voz se quebró, pero el chico se acercó rápidamente a abrazarla.

-No llores por mí, querida. Sé que no pude venir antes porque mi agenda ha estado apretada debido a mi fama y mis obligaciones con mis fans-expresó el chico con tono fingido de agobio y tristeza-, pero tuve que interrumpir mis entrevistas e incluso escapar del asedio en el Callejón Diagon, pero aquí me tienes-se separó del abrazo y sacó un mazo de cartas de un bolso del saco que portaba-. Feliz Navidad, Año Nuevo, Día de Reyes, Día del Amor y la Amistad y del Natalicio de Benito Juárez atrasado.

-¿Son las cartas del tarot?-la joven Black las tomó con ansias y apretó la barja recordando que su hermana estaba con ella en la Sala de Menesteres cuando escribió esa carta para pedirle a su amigo que le consiguiera cartas nuevas-… Gracias… ¿Y quién es Benito Juárez?

-Es un tipo de México. Escuché hablar de él en unas vacaciones de Ilvermorny cuando visité ese país, deberíamos ir algún día-Blaze Tonks, de 19 años y poco más alto que la pelirroja, se sentó en la cama a su lado y cuando Medusa iba tomar su mano, miró su propia palma topándose con una de sus decenas de cicatrices y se horrorizó. Impulsivamente, se refugió debajo de sus sábanas blancas y sintió cómo su nudo en la garganta aumentaba-… Medu… No tienes por qué ponerte así conmigo.

-Soy horrible, Blaze…-sollozó Medusa aun cubriéndose por completo-… secuestraron a mi hermana, por mi culpa el profesor Gerard no despierta, hirieron a Steve y no sé si podrá recuperarse, muchos compañeros con los crecí en mi vida en Hogwarts murieron y mi profesor Abdiel está grave y yo… yo… -sin poder contenerse, Medusa comenzó a llorar por el dolor que guardaba-… esto me lo hizo Euríale, le ordenaron matarme y aunque estaba bajo Imperio lo hizo… me… quería asesinarme y ahora… ahora… estoy horrible, desfigurada… soy un monstruo.

Y entonces, Blaze jaló la sábana y Medusa se vio “desprotegida” ante la mirada triste del peliverde que arrojaba su “único escudo” contra la vida real al suelo para quedarse sin nada con qué cubrirse. La pelirroja empezó a alterarse buscando su varita para conjurar su llama tranquilizadora, pero su amigo fue más rápido y la tomó de las manos con fuerza, pero sin lastimarla, obligándola a que viese directamente sus ojos. Ni su tío Alexander, su primo Linus o los profesores se habían comportado con ella de esa manera, incluso sus padres tomaron distancia para protegerla; por ello, se quedó impávida sin saber qué hacer exactamente.

-Medusa Black Scarlett-pronunció Blaze mientras, sin darse cuenta, sus ojos cambiaban a un tono gris pálido-. ¿Dónde está esa chica fuerte que es mi mejor amiga? ¿Tendré que pedir ayuda a un detective para buscarla si está aquí mismo? Sí, las cosas van muy mal, demasiado mal. Yo mismo fui atacado en Diagon junto a mi hermano, y apenas logramos salir con vida; pero muchos de mis amigos no-suspiró y cerró sus ojos, pero al abrirlos ya estaba de nuevo su heterocromía verde y amarillo-. Medusa, piensa un momento. Si lo que dices es verdad, y no es que lo niegue, pero ordenaron a tu hermana que te matara… ¿por qué no te lanzó un Avada Kedavra en vez de herirte de esta manera?

-¡Suéltala, estúpido!-una voz austera y ronca gritó desde la puerta, y cuando Medusa se asomó su corazón aceleró de nuevo y no sabía si alegrarse o asustarse. Steve Dunham, aún con esa bata blanca que ella también tenía puesta con su brazo izquierdo colgando y completamente vendado. Medusa reconoció que esa parte de su cuerpo no se movía como el resto, recordando que en se hombro fue donde impactó la maldición explosiva-. ¿Qué le estás haciendo a Medusa? ¿Y quién rayos eres?

Blaze se incorporó dándole la espalda a Medusa, quien ya solo podía ver el rostro de Steve quien no controlaba esa ira que ahora parecía haber aumentado. No lo había visto por casi un mes y lo notaba más delgado, descuidado en su imagen y con sus ojos más fríos, con una carencia de brillo como nunca antes lo había visto. La joven en ese preciso instante se dio cuenta que no era la única que sufría por lo que sucedió y que además de las marcas físicas, había unas que dañaban el alma y podrían ser imposibles de sanar.

-Tú debes ser Steve Dunham-habló Blaze con un tono altanero que Medusa reconoció. Si no hacía algo...-. He escuchado mucho hablar de ti, pero… ¿hasta ahorita se te ocurre venir a visitarla? Vaya que no eres tan hombre como creí, y decir eso de mi parte es mucho.

-A ti qué te importa-el Slytherin ya no tenía paciencia, y se adentró al cuarto acercándose con fiereza-. ¿No te hizo daño, Medusa?-y extendió su mano derecha, en la cual sujetaba su varita con mucha fuerza apuntándole a la cara del peliverde-. Tan solo debes decirme que sí y lo haré trizas aquí mismo.

-¿En serio? ¿Así como la defendiste en Hogwarts y no lograste evitar que secuestraran a la pequeña Euríale?-Blaze chasqueó su lengua y dio un profundo suspiro para luego encogerse de hombros y adquirir un tono de voz más relajado-… Hasta debo admitir que yo me sobrepasé con ese comentario. Tranquilo, soy amigo de Medu. Me llamo Blaze.

Desde su cama, Medusa se agitó por ver la casi pelea que se iba a desarrollar frente a ella. Ya estaba buscando su varita cuando Blaze se disculpó y más porque el rostro de Steve se había oscurecido con ese comentario agresivo que hizo su amigo antes de relajarse. Sin pensarlo dos veces, la chica se levantó para propinarle un puñetazo a la nuca del estadunidense haciendo que casi se cayera por no esperar tal golpe.

-¡Blaze!-vociferó Medusa muy molesta por lo que ocurrió. El chico, por su cuenta, le guiñó el ojo y sacó su lengua a modo de juego, y la pelirroja, sabiendo que no podía durar mucho tiempo enojada con él, irónicamente se irritó más-. ¡No vuelvas hacer eso! ¿Escuchaste?

-Pero, querida…-el peliverde tomó una mano de Medusa y la acercó más a sí sujetándola de la cintura-. ¿Cómo podré demostrar lo mucho que te adoro si no te celo con cada hombre que venga a defenderte? -la mayor de los Black, sin saber cómo reaccionar apropiadamente, comenzó a darle risa toda esta peculiar situación y comenzó a reír conteniéndose-. Eso, mi tejoncita, sigue riendo.

-Hace mucho que no escuchaba tu risa, Medusa…-dijo Steve son un tono más relajado y ronco, con una sonrisa triste que evocó en la chica ese sentimiento que tenía hacia él antes del ataque a su colegio. Blaze la soltó y Medusa se iba acercar, pero se detuvo porque recordó las cicatrices que la cubrían y ladeó su cabeza para no verlo. Le daba vergüenza que la mirase en ese estado y cerró sus ojos esperando que Steve se fuera, pero él se acercó y le tomó del mentón con suavidad para entrelazar sus miradas-. Sigues siendo hermosa…-el chico se ruborizó, y él fue quien se alejó para sujetar su hombro magullado y un brazo que no reaccionaba a ningún estímulo-… Me alegra que estés bien. No había venido a verte antes porque sabía que no querías visitas y… cuando Judas me dijo que veía a un extraño a verte… no pude evitarlo.

-¿Judas está aquí? ¿Cómo está? -preguntó Medusa con evidente premura. No había sabido nada de él desde que le contaron que su madre se lo había llevado a la fuerza del Colegio. Pero la conversación no pudo proseguir porque otra persona acababa de entrar al cuarto. Esta vez era Linus, quien cerró la puerta tras de sí y la chica reconoció preocupación en el rostro de su primo-… Esto… ¿Linus, todo bien?

-No-sentenció el heredero de los Black tragando saliva. Frunció el ceño al ver a Steve ruborizado, y más cuando topó su mirada con el peliverde-… ¿Y éste?... No, no hay tiempo. Medusa, por favor, finge que estás dormida y ustedes dos, escóndanse-con familiaridad y un poco torpe, llevó a su prima a la cama, quien no entendía qué estaba pasando-. ¿Se saben el hechizo desilusionador? No... Steve, eres pésimo en Transformaciones, y tú… tú, copia de Nicolas, no sé, no te conozco.

-Soy Blaze-una sonrisa muy extraña se formó en el rostro del chico, gesto que ni Medusa reconoció. El aludido se acercó a Linus sin importar la diferencia de estatura y su voz adquirió un tono muy… ¿ronco? -… ¿Por qué necesito desvanecer mi grandiosa presencia? ¿Y... ese Nicolas es amigo tuyo?

Pero no hubo tiempo de respuestas. La puerta se abrió de manera agresiva y una figura femenina observaba el panorama con desdén. Sus ropas elegantes reafirmaban su porte aristocrático y parecía no tener intenciones de tocar nada de lo que lo rodeaba. Medusa la reconoció y sintió cómo su rostro perdía color, arrepintiéndose de no haberle hecho caso su primo, y éste, por su parte, rápidamente se había colocado en posición recta y adquirido un rostro frío para ocultar con destreza el nervio que portaba segundos antes. Tanto Steve como Blaze estaban confundidos, pero no hicieron nada hasta que Linus habló con una voz demasiado relajada y gélida.

-Hola, madre.

**********************
Ya tenía un par de días que no iba al Hospital, pero era la primera vez que no pensaba regresar a casa y de ahí que Joseph estuviese un poco nervioso mientras caminaba por los pasillos blanquecinos de dicho sitio. Tan solo llevaba una maleta mediana que, por las prisas, se le olvidó agrandar y justo tenía el tamaño para la espada que Nicolas le había regalado: hecho de plata con mango de cuero y tenía grabadas unas runas que le proporcionaban un uso elemental básico, a lo cual agradecía que en Londres no hubiese detector de metales en todas partes. Si no, estaría en alguna comisaría dando explicaciones a policías muggles de por qué un chavo llevaba un arma de esa magnitud. Además, su cicatriz no le ayudaba en absoluto para mantener la imagen de un buen ciudadano.

Estaba pensando ir a visitar al profesor Abdiel, pues ya se había enterado de su diagnóstico y le carcomía cierta culpa porque el docente hico mucho en apoyarle por su maldición lupina y el chico no había ido a verlo en todo el mes. Bueno, sí lo había intentado, peor debido a su salud delicada los médicos y sanadores habían pedido que solo personas cercanas a él podían verlo; pero ahora con esa terrible noticia, el profesor se había negado a que cualquiera lo viese. Lo comprendía, pues por cuestiones que no podían controlar ahora debían cargar un peso que condenaba sus vidas para siempre. Para Abdiel era no poder hablar de nuevo y renunciar a la magia para siempre; para Joseph era transformarse cada luna llena sin lograr evitarlo y correr el riesgo de dañar a los que quiere.

Sin embargo, Pashenko se sentía inquieto y, cada vez que sentía “ese” impulso, se mordía el labio con fuerza sin llegar a sangrar. Y es que desde que probó la sangre mágica en el Bosque Prohibido, su olfato se había sensibilizado y si le llegaba el hedor del líquido carmesí podía sentir que sus sentidos aumentaban y salivaba a pesa de que una parte de él le daba repulsión. Se lo advirtió Sandra en su momento: “si al morder un mago o bruja llegas a saborear su sangre… tu instinto lupino aumentará al igual que tu necesidad de infectar a otros”. También por ese motivo se había ido de casa, pronto llegaría el ciclo en el que se transformará y teniendo a su hermana cerca le daba pavor no poder controlarse. Cargaba con tanto que ya le costaba mantenerse sereno…

-Hola, Pashenko-la voz de la profesora Aline asustó a Joseph, quien dio un salto atrás y se tensó temeroso de que alguien le hubiese leído la mente-… ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

-Claro que estoy bien-Joseph se forzó a sonreír y, cualquiera que pasara a su lado notaría a un joven alegre y serio al mismo tiempo, sin tener idea de lo que había estado pensando segundos antes de toparse con McGrowell-. Solo estaba pensando en mi lobo, ¿sabe si está bien?

-Werewolf, ¿no? -preguntó Aline. Ambos estaban cerca de la recepción del piso, donde un par de enfermeras proporcionaban información a los muggles que preguntaban por algún paciente. El único color que había en el sitio eran de unas flores que adornaban el escritorio de aquellas mujeres-… Sí, está bien. Es cuidado por la encargada de pociones, la bruja Remeny Armant, quien también es una magizoologa. Tu lobo se encuentra en buenas manos.

-Sí… A propósito. ¿Qué sabe de Steve, Medusa, y de los profesores Abdiel y Gerard?-sabiendo que el tema podría prolongarse, el chico hizo señas a unas sillas dispuestas a la pared para sentarse, a lo cual ambos hicieron cerca del otro-. Cuando vengo solo es para visitar al Subdirector, pues Medusa no permite que nadie más la vea y Steve es Steve.

-Steve sigue en las mismas-contestó Aline encogiéndose de hombros y de actitud resignada-, solo permite que la enfermera Alessandra lo visite, los profesores y Judas; si alguien más quiere entrar suele gritar que no quiere visitas… y Medusa hace algo similar. Sin embargo, ambos se están recuperando y pronto se darán de alta, aunque tardarán en adaptarse. El brazo de Dunham no ha recuperado movilidad y Black… lo de ella es más complicado-la Jefa de Gryffindor se estiró para relajar su cuerpo y sacó del bolso que cargaba una lata de refresco que tendió al Ravenclaw, quien la tomó gustoso para beber inmediatamente-. Abdiel… pues ya todos lo saben, solo hay que darle tiempo… y en Gerard… no hay cambios, sigue igual.

-Pero está vivo-dijo Joseph ansioso apretando sus labios lastimados-. Es lo que importa. Todos están vivos, y deberían valorar eso en vez de notar lo negativo. Que Steve aprenda a usar bien el brazo derecho, y la tiene fácil porque es diestro; Medusa tuvo mucha suerte, y si puede caminar que aproveche lo más que pueda; el profesor Abdiel ya no podrá dar clases, pero debe haber alguna runa o magia que lo ayude a exteriorizar sus ideas; y de Gerard… él despertará y espero que lo primero que vea sea a usted-el chico asintió, y la sonrisa de Aline se tornó más tímida-. Viene a verlo todos los días, el muy flojo debe compensarla con eso, ¿o no?

-Ay, Joseph-Aline rió un poco y se recargó en la silla donde estaba sentada para descansar. Es bien sabido que está muy ocupada y casi no se le ve fuera de sus obligaciones, incluso se podría decir que sus visitas al hospital son parte de sus responsabilidades-. Gracias por esas palabras, has madurado bastante.

-Pero me falta ponerme más mamey-el chico se encogió de hombros y dio un sorbo al refresco para aclararse la garganta-… Profesora… ¿Usted qué sabe de las Reliquias de los Fundadores?-la poca serenidad en la Subdirectora se desvaneció y volteó a verlo directamente.

-Ya lo sabemos, Joseph y me duele aceptar que ustedes, los alumnos, forman parte-se estiró los hombros y continuó hablando-. Markus, Medusa, Steve y ustedes creían que Gerard; pero creo que ya sabes que yo poseía la espada de Gryffindor. Cuando todos estén bien hablaremos con ustedes de ese tema, solo espero que sea pronto.

-Eso estaría bien; y ya no tiene caso que mintamos a estas alturas, ¿no?-el chico terminó la gaseosa e hizo presión en su muslo con la palma para aplastarla-… Sí, ya lo sabíamos. Al igual que lo de su memoria… Y no, no nos dijo Lancelot ni Nicolas, aunque luego supimos que ellos ya lo sabían. Fue la…

-Directora-interrumpió Aline sabiendo lo que Joseph diría-. Sí, todos estuvimos de acuerdo que era mejor divulgarlo para que el enemigo no aprovechara tal circunstancia. Pero al menos logré recuperarme.

-Recuerdo que por esos tiempos miré al profesor Wanderer mal y muy preocupado… y el día de cuando usted regañó a Steve por quemar el bosque yo escuché la conversación que tuvo él advirtiendo al Subdirector. No era mi intención espiar, pero fue la casualidad-desde su lugar, Joseph arrojó la lata a un cesto de basura cayendo por el centro de la apertura de recipiente de manera limpia-… ¿Por qué su memoria se vio afectada?

-Eso sí no puedo decirlo-Aline sonrió triste, pero cerró los ojos para descansar su vista-... al menos no por ahora. Hasta que no domines Oclumancia no quiero arriesgarlos. Desafortunadamente el conocimiento de las reliquias ya no se mantuvo oculto porque sabemos que, tarde o temprano, Euríale lo dirá… Espero que esa niña esté bien.

-Me gustaría saber algo de ella. Todos estamos preocupados… ¿Y cómo sabe que practico Oclumancia?-Joseph se levantó sujetando su mochila listo para ir a ver a Medusa, pero de un pasillo lejano le llegó el olor a sangre de un muggle y no pudo evitar marearse. Comenzó a salivar y para calmarse se aclaró la garganta. Sintió la mano de Aline en su hombro y de pronto su mente se aclaró. Alzó la vista y se topó con su sonrisa cándida de antes-. ¿Qué hizo?

-Se dice gracias-Aline comenzó a alejarse y se despidió con un movimiento leve de su mano al dar la espalda-. Iré a Hogwarts. Sal unos minutos para que termines de despejarte y luego vuelves. Me saludas a Nicolas.

-¡Usted cuídese!-Joseph alzó la voz para despedirse, sintiendo la mirada pesada de las enfermeras por el ruido. Sonrió a pesar de que una sombra de preocupación se dibujó en su rostro y decidió seguir el consejo de la Jefa de Gryffindor, tomando rumbo contrario para salir del hospital unos minutos. Tal vez podría toparse con Nicolas y entrar juntos para romper la puerta del cuarto de Medusa para entrar a la fuerza y así darle unos chocolates que compró en una Honeydukes recién reconstruida.

**********************
Tenía casi un mes que no pisaba Londres ni las ciudades aledañas, pero Theodore se permitió tal circunstancia porque quería evaluar por sí mismo cómo se desenvolvían las cosas luego de ataque global, renegándose a llamarlo “Día I”. ¿A quién se le ocurría darle nombre a un terrible evento? Entendía que fuese para referirse a ello de manera concreta, pero siempre que buscaba noticias éstas se referían a los mortífagos, sus armas, sus tácticas y lo que vieron los testigos; sin embargo, las víctimas pasaban siempre por alto, siendo mencionados como números y no por sus nombres. Él se sabía todos los nombres de los alumnos de Hogwarts y cuando perecieron se prometió nunca olvidarlos, más al rememorar los rostros de las familias que no daban crédito a lo que ocurrió. Tal vez por ello, el Jefe de Hufflepuff se tiñó el cabello de azabache y unas líneas delgadas y finas de color dorado adornan su pelo que ahora le llegaba por arriba de su nuca, dejándoselo crecer más por descuido que por otra cosa.

Todo este tiempo estuvo con su tío Joseph, quien decidió posponer las actividades del circo aludiendo a vacaciones de primavera y que los miembros de la organización pudiesen visitar a sus familias; los ingresos y ahorros habían sido los suficientes como para poder vivir sin problema alguno por un año, y el mantenimiento era llevado a cabo por Theodore con su magia aprovechando que nadie podía verlo. Por otro lado, sus tías gemelas Luan y Loan han notado el cambio obvio de su comportamiento y luego de insistirle tanto sin recibir respuesta, dejaron de insistirle sin dejar de recordarle a Theodore que después de la tormenta siempre venía la calma. El mago agradecía tener a esta familia, pues sabía que sin su apoyo el hundimiento moral habría sido peor.

Como sospechaba, Theodore se topó con una Londres ciega, ignorante y rutinaria que no se inmutó del desastre de hace un mes. Los muggles realizaban sus compras de manera ordinaria, paseaban riéndose o ensimismados a rumbo desconocido, el transporte gozaba de su habitual ruido y, sin poder evitarlo, llegó a sentir cierta repulsión y envidia de la capacidad de la sociedad no mágica de continuar con su vida como si nada; llegando a tener pensamientos lúgubres sobe lo que pasaría si él lanzara un Bombarda Maxima en alguna plaza o parque, pero todo se quedaba en su mente luego de apretar sus manos en puño y regañarse a sí mismo por tales ideas. Luego fue a inspeccionar las entradas del Ministerio Mágico no para entrar, sino para corroborar por sí mismo los rumores que escuchó de algunos contactos de la severidad en dicha institución y, efectivamente, fue así.

Primero intentó acceder por una vieja chimenea en el Callejón Knockturn para acceder a la Red Flu que conectara con el Ministerio, pero su sorpresa fue mayúscula cuando la magia no reaccionó y las llamas verdes se apagaron al instante de luego pronunciar su destino; el encargado de la tienda  Borgin y Burkes le explicó que su chimenea ya no funcionaba, salvo una ocasión que los Aurores lo llamaron para dar declaración del ataque en el Callejon Diagon porque múltiples versiones indicaban que de éste callejón habían salido varios mortífagos atacando. Luego de su primer intento fallido, Theodore estaba en Londres buscando las casetas telefónicas que servían como acceso para los visitantes y, como era de suponerse, eran muchísimos dispersos por toda la ciudad y solo ahí, pues no se daría abasto si iba a otras zonas urbanas; para su mala suerte, cada uno de estos accesos estaba vigilado por magos golpeadores que supervisaban por zonas cercanas, reconociéndolos por la postura obvia digna de un militar mágico. Decepcionado, ya estaba alejándose para ir a otros puntos cuando escuchó detrás suyo la voz de un colega que reconoció, por lo que continuó caminando para evitar sospechas y a distancia prudencial espió la situación.

-Usted no puede entrar-repitió uno de los magos golpeadores, de espalda ancha y bastante alto, logrando intimidar a cualquiera si quisiera-. Requiere de una cita.

-Me dijeron que para pedir una cita debo venir personalmente-arremetió Alexander Black con desdén y bastante molesto. Desde su lugar, Theodore empezó a sentir cierta emoción que le pareció ajena y familia a la vez-. Dejen de darle vueltas a su burocracia y permítame acceder.

-Lo siento, y no importa su apellido o influencia. Primero saque una cita-interponiéndose a la entrada de la caseta, aquél mago perdía la paciencia cada vez más-. Si continua así tendré que enviarlo al Wizengamot por desacato a la autoridad mágica establecida por el señor Philippus Black.

-Ese hombre es mi padre, por el amor de…-Alexander estaba exasperado y se llevó una mano al mentón colmándose de esta actitud contradictoria. El Jefe de Hufflepuff, sin notarlo, estaba sonriendo mientras tomaba su varita-. Quiero hablar con el Asistente Junior del Ministro de Magia, ya que parece ser que usted ni nadie más quiere entender razones.

Theodore comenzó a acercarse manteniendo sigilo, y su sonrisa se ensanchaba más y más. Le estaba emocionando la posibilidad de arremeter contra ese mago, pues sabía de la corrupción en el Ministerio y que todas esas complicaciones eran solo para afectar a quienes no pertenecían o ayudaban a los que movían todo tras las sombras.

-Señor Black-habló el mago golpeador sujetando con fuerza el antebrazo de Alexander-, me importa un comino lo que usted quiera… ¿O acaso usted pudo evitar el ataque a Hogwarts en el Día I? No, ¿verdad? De hecho, escuché que ustedes dejaron pasar al enemigo para masacrar a todos sus estudiantes-el mago sonrió, y Alexander ya iba a tomar su varita cuando éste apretó su antebrazo y le impidió moverse-. Me parece que bajo sospecha de Traición usted debería ir al Wizeng…

Los rasgos faciales del mago golpeador se relajaron y de pronto cayó de bruces a un costado de Alexander. Y justo detrás estaba Theodore sintiendo cómo su cuerpo se estremecía de gusto por haber desmayado a ese tipo. Con sus sentidos al 100% logró escuchar al otro compañero del inconsciente que se acercaba corriendo justo para lanzar un conjuro, pero el líder de la casa del tejón fue mucho más rápido y con su otra mano libre fue a su costado para sacar un objeto en forma de escuadra pequeña que Alexander no reconoció en el momento hasta que de la punta de eso salió una pequeña explosión silenciosa luego de un destello oscuro y brillante a la vez; a continuación, el otro mago golpeador cayó fulminado al suelo y justo en ese momento, el profesor de Astronomía se acercó a Theodore agarrando la escuadra para quitársela y guardándola en su saco para después tomarlo de la muñeca y llevárselo de ahí.

-¿ESTÁS LOCO?-gritó Alexander corriendo con dificultad para llevarse a su colega-. ¿Un arma? ¿Una pistola? ¿En qué estabas pensando?

-Solo lo dormí, no fue una bala de verdad-Theodore se encogió de hombros restando total importancia a la imprudencia que hizo-. Esos te iban a llevar a Wizengamot.

-¡Es lo que quería!-el profesor Black negó con la cabeza hasta llegar a una multitud de muggles grande que quería cruzar la calle-. ¡Nos van a perseguir! ¡Les acabas de dar motivos para eso!

-Qué solo lo dormí. Ya, tranquilízate-lo tomó del hombro y aprovechando la gran masa de muggles que se quejaban del ruido por el transporte, Theodore realizó el hechizo de Aparición para llegar al Callejón Diagon.-. Ninguno recordará nada. Vamos por un helado.

-¿Qué rayos te pasa?-Alexander comenzó a caminar sin ningún rumbo en concreto. De estar rodeados por edificios brillantes y grises con el suelo duro, ahora estaba en construcciones de madera, familiar y de distintas formas con magos y brujas a prisas para alcanzar comida antes de que ésta se acabara-. ¿Te desapareces un mes y de pronto apareces atacando?

-Se dice de nada-Theodore tomó su arma y la guardó al igual que su varita-. Ya relájate, por eso mismo el mago golpeador te iba a encarcelar. No podemos perder a nadie más.

-No, no me vengas con tu actitud despreocupada luego de ese… ese… episodio psicótico-molesto, tomó el hombro del americano para hacerlo girar y que lo mirase de frente; pero el semblante tranquilo en el rostro del moreno ya no estaba. Su mirada esa fría y sus facciones duras le indicaron que sí estaba preocupado por lo que le iba a pasar, entendiendo mejor la frase “no podemos perder a nadie más”. Soltó un largo suspiro y se llevó una mano a su cara para negar otra vez-. No debiste ser tan imprudente.

-Caminemos un rato. Aún no volveré a Hogwarts, pero quisiera que me contaras cómo están los demás-el aire sombrío se desvaneció para dar paso a su característica sonrisa. Theodore fue consciente del mal paso que dio, dejándose llevar por esa emoción insana que no fue solo por salvar a su compañero… quería atacar, quería pelear…. Y logró contenerse, pues en su mente rondó el Avada Kadavra como cuando alguien le da sed y por instinto bebe agua-. Será rápido… y no te preocupes por esos “golpeadores”, te aseguro que no recordarán nada.

**********************
-Yo sabía que Hogwarts era una terrible escuela. Le dije a tu padre que te mandara a Beauxbatons, no quiso y mira las consecuencias-la voz de Vulpela Black, la madre de Linus, daba la sensación de ser una tormenta de arena engullendo todo a su paso: rasposa, ardiente y con gran capacidad de herir.

Desde que llegó estuvo ignorando deliberadamente a Steve y Blaze, y cuando Dunham demandó que se fuera, la mirada de la mujer lo heló porque todos tuvieron una sensación pesada de tensión y el instinto de protegerse, aunque no sabían a ciencia cierta por qué o de qué. Medusa ya estaba en su cama cubriéndose con las cobijas y Linus solo respondía cuando debía contestar. Aunque el chico se mostraba frío y sereno, por dentro era devorado por los nervios y el miedo a esa mujer.

-Sí, madre…-atinó a decir su hijo sin mirarle a la cara. Aún se preguntaba qué hacía ella ahí si detestaba todo lo que tuviese relación con los muggles.

-Esa directora… Cathano-se-qué, no debió ser la regente, desde que asumió el poder la escuela comenzó a decaer. Es una lástima lo que le pasó a Eirula, pero deben superarlo-indicó la mujer suspirando varias veces como si le costase respirar ahí.

-Es Euríale, señora Black-corrigió Medusa con su voz en hilo. Era notorio que se encontraba incómoda y justo cuando Linus quería voltear a verla sobre su hombro, se viró enseguida porque sabía que su madre contestaría a eso.

-Da igual, Medusa. ¿Qué importa? Además, no te he escuchado decir “gracias”, ingrata-Vulpela chasqueó sus labios mientras alzaba su barbilla bastante indignada-… quedaste deforme, horrible con esas cicatrices. Deberías estar contenta con que no hayamos cancelado tu compromiso con mi hijo. Te aceptaremos tal y como quedaste… tus padres no te educaron como debieron, mancillas el apellido con tu actitud insolente.

La pelirroja sintió como si aquellas palabras se clavaran en su corazón herido y empezó a sollozar levantándose para irse a la ventana a mirar cómo un perro grande perseguía lo que parecía otro canino más pequeño de un tono que no alcanzó a distinguir por los rayos del sol. La madre de Linus soltó un suspiro sonoro y Steve caminó hasta acercarse.

-¡Lárguese ahora mismo!-el chico de Slytherin señaló la puerta y Linus puso una mano en su hombro magullado. Dunham se viró y encolerizado le gritó a él también-. ¿Por qué dejas que tu madre les hable así? ¿Qué no posees orgullo o qué?

-Dunham…-la voz ronca, áspera y grave de Linus se contraponía al porte sereno que mostraba a los demás. Steve podía sentir cómo la mano le temblaba en su hombro, aunque no detuvo su mirada irradiando ira-… Será mejor que te vayas.

-Tu no me mandas, Linus. No eres nadie, no vales nada-agredió Steve y el labio del heredero de los Black tembló un poco, pero tal gesto se perdió por toda la tensión emergente en la habitación del hospital. Sin embargo, cuando se acomodó para ver a la señora de nuevo, ésta soltó una gran bofetada a la mejilla de Steve provocando que se desequilibrara y estuviera a punto de caerse si no fuera por Blaze que logró sujetarlo.

-Los de tu clase son realmente repulsivos -Vulpela miró de arriba-abajo a Steve y sacó su varita para conjurar un hechizo limpiador y tener su mano tersa de nuevo-. Si no se controlan estos… estas personas, entiendo por qué Hogwarts cayó en el Día I. Y Linus, comprendo que quisieras quedarte para estar al lado de tu futura esposa, eso es algo propio de ti y del apellido-sonrió de manera ácida y haciendo sus ojos en blanco, la mujer se dio media vuelta-. No es necesario que te vayas, sangre sucia. Prefiero retirarme yo a que sigas contaminando mi espacio. Linus, sabrás de nosotros.

Y al decir esto, Vulpela se retiró caminando como si aquél sitio fuese suyo. Cuando por fin estaban solos, Linus dejó escapar todo el nervio que contenía y se dejó caer para sentarse en la cama de Medusa mirando al suelo mientras sus manos temblaban; y Medusa regresó al grupo con sus ojos llorosos sentándose al otro lado y recargándose en la espalda de su primo para después invocar una pequeña llama y mirarla sin prestar atención a lo demás.

-¿Quieres que te ponga hielo?-la voz de Blaze, serena y con color, rompió la tensión palpable en el sitio al dirigirse a Dunham que ya estaba caminando a la salida-… Se te va a hinchar… y feo.

-Como si eso importara-arremetió Steve mirando con odio a Linus-… Creía que eras más orgulloso, más astuto… A mí me reclaman de no merecer los colores de Slytherin por mi origen; pero tú eres peor, ni vales la pena como estudiante de Hogwarts.

-Calma, Steve-expresó sonriendo el amigo de Medusa, encogiéndose de hombros para luego mirar a la pelirroja y mostrar un semblante más sombrío-… Todos cargamos con algo que no queremos compartir, hasta tu debería saberlo, hijo de muggles-acto seguido, dedicó un par de segundos a Linus, quien continuaba con su cabeza gacha-… Hay muchas cosas que no conoces de la sociedad mágica, y tu impulso hacia ella lo demostró.

-Qué importa ya-y así, Steve se fue a su habitación del hospital dejando al trío ahí en ese silencio terrible que comenzó a invadir los rincones de los corazones de todos. Sin embargo, Blaze sonrió y se quedó pensando, idea que dijo en voz alta con bastante curiosidad.

-Linus, ¿cómo sabe tu mamá que Steve es hijo de muggles?

Y en ese instante, un chasquido al lado de la ventana interrumpió la escasa conversación que iniciaba entre los tres y cuando dirigieron su atención ahí, un chico de cabello verde y ojos lila estaba tosiendo mientras a su alrededor caían hojas de papel sucias y una que otra pieza de concreto viejo. Nicolas había hecho Aparición para adentrarse a la habitación de Medusa sin permiso, acción que se consideraba descortés dentro de la sociedad mágica y que, el chico de Ravenclaw se había pasado por alto.

-Un día de estos apareceré sin una pierna-habló Nicolas luego de tomar aire, aunque su rostro mostró sorpresa al ver quiénes estaban junto a la Hufflepuff-… Oh, pensé que estarías sola, no importa. Hola Linus, hola imitador… ¿por qué tienes el pelo verde como yo?  Y hola, Medusa, venía de visita sabiendo que no querías ver a muchas personas… y respeto tu privacidad, pero reafirmo mi interés como amigo tuyo entrando de todos modos-suspiró una vez más y arqueó una ceja curioso-… ¿Ceto estuvo aquí?


BONUS 2
Spoiler:
“… prometo contarte todo: el por qué los dejé, que la carta te apareciese en la Sala de los Menesteres y cualquier duda que tengas. Sé que debes odiarme, y no te culpo; pero quiero que sepas que te sigo amando, a tu hermana y a tu madre. Espero estés bien.
Atentamente, Edgar M. Tu padre.”


Josepj leyó la carta por enésima vez y la guardó mientras se llevaba una mano a la frente. Estar afuera del hospital le había ayudado a recuperarse para evitar dejarse llevar por la sangre que olía y estaba listo para entrar. Guardó sus cosas y se colocó la mochila para dar paso, pero en eso le pareció escuchar la voz de Nicolas y Reveca, sonriendo de que los vería y así todos entrarían juntos. Sin embargo, justo cuando se encaminaba para ir al otro lado del edificio, sintió una mano terriblemente helada que lo tomó de la cabeza y lo jaloneó para atrás para después ser sujetado de ambos brazos torcidos a la espalda imposibilitando que forcejeara para liberarse.

-Si te mueves-amenazó una mujer detrás de su oreja, su aliento era completamente frío y se paralizó. ¿Y los guardias? ¿No había nadie viendo?-… me aseguraré que tu madre ya no vuelva a ver la luz del día. ¿Entendiste?

Y sin darle oportunidad de responder, ambos se esfumaron volando a gran velocidad de ahí sin que nadie lograse verlos, pues Joseph no se percató que el hechizo Arresto Momentum había sido lanzado alrededor congelando a cualquier testigo que fuese testigo y pasados unos segundos el encantamiento se esfumó para dar paso a la rutina habitual. Así fue que la voz de Reveca se hizo audible mientras continuaba caminando al lado de Nicolas situándose al otro lado de todo lo sucedido.

-Y dime ¿a qué venimos? - preguntó Reveca mientras caminaba sobre una raíz del árbol que se ubicaba al lado de una gran ventana proporcionando una sombra agradable -¿A quién querías ver?-

-Buscaba a Medu- respondió Nicolas sujetando la mano de ella para que no se cayera-. Lástima que no le gustan las visitas.

-¿Es la amiga que humillaste públicamente?

-Lo haces sonar realmente mal.


-Porque lo fue- la chica saltó de la raíz al pasto-. Pero, ¿qué querías decirle?

-Quería prepararla para lo peor. Verás, hay algo que me preocupa y es que ella actuó de forma impulsiva para evitar que lastimaran a su hermana-explicó el peliverde en tono tranquilo aun sintiendo la mano de su novia entrelazando sus dedos.

-Cualquiera haría eso-defendió Reveca con un tono bastante inocente.

-Sí, pero el problema no es ese. Quiero que ella esté consciente que cualquier cosa puede pasar, y que esté lista para apoyar a su hermana cuando la rescatemos-claro, esa idea venía rondando en su cabeza por semanas. No sabían a dónde ni cómo, pero la salvarían.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno… lo que me preocupa es que no sé qué quieren de ella… si la quieren por su poder de ver el futuro… que Defunct la vea como una hija… o…

-¿O?-

-Él quiere una esposa-sentenció mirando a una ventana en la parte superior del edificio. Acto seguido, Nicolas se convirtió en zorro y se oculta mientras que Reveca se vuelve en una loba negra que pareciera ladrar como un perro persiguiendo algo.

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Capítulo III: Lo que Oculta el Corazón.

Mensaje por Ghostyaya el Lun Mayo 28, 2018 4:33 pm

Capítulo III:
Lo que Oculta el Corazón.


Una larga mesa estaba dispuesta para ocho personas: tres de un lado, cuatro del otro y Lancelot estaba sentado en la silla principal extrañado por tal preparación para la cena. En su casa solo eran tres: él mismo, su hermana menor y su madre. ¿Por qué había más asientos? Sin embargo, no le apetecía cuestionar quiénes serían los invitados y decidió permanecer en su lugar esperando que sirvieran la comida. El joven Leblanc miró al otro lado de la mesa y de pronto una extraña pregunta se formuló en su mente.

¿Cuándo llegué aquí?


Pero tal idea se desvaneció cuando su madre adoptiva, Eva, llegó con una bandeja enorme que colocó en el centro de la mesa y tenía en su interior lo que parecía una cabeza de león conservada mediante la taxidermia con una flecha atravesada en su cabeza. Lancelot recordó que era una decoración inofensiva, pero algo no andaba bien para él. Alzó la vista para hablar y se percató que todas las sillas estaban ocupadas: por un lado, estaban Eva, Lilith y un hombre que no reconoció; y del otro lado una pareja adulta que nunca había visto en su vida, la mujer tenía un cabello rojizo ondulado y el hombre era delgado y de una tez similar a la suya, y estaban acompañadas de dos niñas muy pequeñas vestidas del mismo vestido con holanes en tonalidad amarillo y negro, además que una era pelirroja como la mujer y la otra era morena.

-¿Alguien… podría decirme qué estamos… celebrando?-preguntó Lancelot inquieto. Buscó en su madre alguna explicación, pero ésta sonreía y se acomodaba el vestido blanco que llevaba puesto, el mismo que usó cuando lo adoptó hace varios años.

-Es una reunión-aclaró el hombre que estaba al lado de Eva. Lancelot notó que estaba sudando y parecía tener su respiración agitada-. No te preocupes, Lance. Todo estará bien. Solo hay que esperar el postre.

-Pero no hemos comido…-expresó el chico en voz baja tratando de atacar cabos en la extraña comitiva-… ¿Esto es un sue…?

-¡Hermano!-gritó Lilith alzándose con firmeza como si nunca hubiese usado una silla de ruedas… a pesar de que estaba sentada en una-. ¡No seas descortés! Mamá nos educó bien.

-Es verdad. Disculpen-olvidando de nuevo lo extraño que le parecía todo, Lancelot miró a los cuatro extraños y se presentó-. Mi nombre es Lancelot Lucius Leblanc, pero pueden decirme Lancelot.

-Hermoso nombre-alabó la mujer pelirroja sonriendo con demasiado orgullo. Estaba muy emocionada y… ¿quería llorar? -… Lancelot fue un caballero muggle de la mesa redonda del Rey Arturo. Algún día serás un hombre fuerte y de buen corazón.

-Lástima que tengas un corazón oscuro-interrumpió el esposo de la mujer mientras la abrazaba-. Dejas que tus emociones te consuman y por eso no piensas con claridad. Si sigues así, cuando ella hable contigo no podrás salir de ahí.

-¿Ella?-Lancelot arqueó su ceja sintiendo que aparecía en su interior un miedo irracional que provocó temblor en todo su cuerpo-. ¿Ella es peligrosa?

-No, no lo es-contestó la pequeña niña morena mientras caminaba hacia él con su mano extendida-. Todos le temen, pero deberías alegrarte de tu suerte si alguna tarde viene a verte-Lancelot se asomó y miró que en la mano de la niña había una menta de color verde-. Es una señora tan vieja que tiene su cara de pelleja.

-Nadie la comprende-continuó la infanta pelirroja desde su lugar con gran cara de aburrimiento-. Por eso le temen… ¡Ya quiero el postre!

-No te apresures-habló Eva en un tono condescendiente para luego mirar a su hijo-. Lance, deberías volver con el cerdo verrugoso, pues nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido.

-¿Perdón?-el miedo que Lancelot sentía fue transformándose en un odio que ni él mismo podía entender-… No regresaré a ese sitio. Mi lugar es con ustedes- ¿por qué cerdo verrugoso?

-De eso te estaba hablando-el esposo de la pelirroja se levantó decepcionado y se alejó de la mesa llevándose a la niña pelirroja que se quejaba por no comer el postre-. Lancelot, ¿por qué te hieres a ti mismo? -y de pronto se desvaneció. Lancelot por fin se percataba, otra vez, que algo muy extraño estaba pasando y miró a su madre una vez más.

-Lance, mi niño… Pronto te daré el libro
-Eva se levantó junto a Lilith, la mujer pelirroja y el otro hombre dejándolo solo junto a la niña de cabellos negros que, en vez de la menta, jugaba con una varita que Lancelot no reconocía.

En ese instante, el chico de Slytherin se dio cuenta que la mesa no estaba en un comedor, ni en una sala, mucho menos en una casa: estaba rodeado de una inmensa oscuridad que parecía engullir a todos los que se iban de ahí. ¿Estaban siendo atacados por una magia poderosa? Debía ayudarles, salvarlos, hacer algo…

-¿Así como impediste mi secuestro?-la voz de Euríale lo asustó y al buscarla con desesperación, miró que la niña de cabellos negros ya no estaba ahí, sino la menor de las mellizas que lo miraba con tristeza mientras agarraba con fuerza la varita con la que jugaba la otra pequeña-. Recuerda, la magia es poder-y detrás de ella apareció Lloyd Puppeter que lo miraba con desdén.

-Tu ni hiciste nada ese día. Yo mismo vi cómo te ganó el miedo por tu madre que ayudar… y por eso 1/3 de los estudiantes perecieron-y, como si reafirmaran sus palabras, el profesor Alexander Black y Abdiel Núñez surgieron de las sombras con múltiples heridas y como si estuviesen a punto de desmallarse.

-Ella viene-la cabeza del león habló en tono gutural mirando con sus ojos muertos a Lancelot, quien estaba horrorizado con lo que estaba pasando-… Ella sabe que estás vivo. No huyas-la voz del león se fue transformando conforme hablaba hasta que el chico reconoció que parecía escuchar la voz de la profesora Aline McGrowell salir de ahí-… Por eso no estás listo. Huye. ¡Huye!-las fauces del animal se abrieron a tal desproporción que el joven Leblanc sintió cómo sería devorado por la criatura y cuando era consciente que percibiría los colmillos hundirse en su cuerpo, despertó gritando en su cama sudoroso y revolviendo las sábanas que lo cubrían. Su respiración se volvió agitada y se llevó ambas manos a su cabeza temblando sin parar.

Su madre, Eva, entró rápidamente con latente preocupación y en bata, revelando que recién se había levantado o se había puesto dicha prenda para ir a verle. Ya era de día, el reloj digital de su buró indicaba la siete de la mañana con diecisiete minutos y el sol se asomaba con buena temperatura por la ventana; mas Lancelot sentía frío y en una rápida inspección supo que tenía fiebre. Lilith entró minutos después para regañar a su hermano por gritar y despertarla, pero en cuanto notó lo mal que estaba fue por medicinas para tratar la infección. El chico se preguntaba si ese sueño habría sido a causa de su malestar, pero algo en su corazón le decía que no se trataba de alguna alucinación o mala jugada de su mente.

**********************
Llevaba tan enfrascado releyendo ese libro una y otra vez que Lloyd no se dio cuenta que pasó toda la mañana en la Sala de Menesteres tratando de averiguar más de la obra que hablaba de las historias relacionadas con el espejo de Oesed porque estaba seguro que si el Ministro Muggle se lo había dado era por una razón poderosa que no lograba entender por más que se esforzaba. Mentalmente agotado, el chico salió del sitio buscando algún baño para refrescarse la cara mientras rememoraba la última frase del texto que decía “… y así, al final llegó el arcoíris”, llegando a la conclusión de que los duendes no tenían nada que ver con ese fenómeno meteorológico y no existía esa olla de oro. ¿Tal vez era una metáfora de la codicia… y de que en algunos países el chocolate estaba envuelto en papel que asemeja a monedas doradas?

… Estás muy mal, Puppeter…


Pensamiento que reafirmó su estado al verse en el espejo del primer baño de hombres que encontró y las manchas oscuras de las ojeras adornaban con profundidad sus ojos cansados. Lloyd ya no recordaba cuándo fue la última vez que durmió bien, pues entre leer cosas de Adivinación, entrenar con Runas, estudiar por su cuenta, perfeccionar su magia y leer sin parar el libro del espejo de Oesed… No le daba tiempo de nada, y era consciente que por más pociones que bebiere o hechizos lanzara, el cuerpo le pasaba factura. Y el giratiempos era otro objeto lejos de su alcance y del que no usaría debido a romper el equilibrio de la continuidad espacio-tiempo. Se mojó la cara con agua fría, chasqueando molesto al recordar que habría podido usar su varita en la Sala para hacerlo y así continuar leyendo. Sabiendo que su inconsciente pedía a gritos silenciosos descansar, el joven Puppeter salió a paso cansado yendo a su cama en la Torre de Ravenclaw bostezando y soltando una lagrimilla de fatiga total.

-¡Hey, Markus!-la voz de Nicolas llegó de la esquina que iba a tomar para ir a dormir. Le impresionó que Markus se haya animado a salir de su habitación, pero dedujo que lo había hecho para reabastecerse de hojas o ingredientes de pociones y comida, pues el chico tenía un mes que no iba al Gran Comedor y se sabía que a veces practicaba pociones en solitario. Pensaba ir a saludar cuando escuchó que el peliverde continuaba hablando-Que bueno que te veo fuera de tu fortaleza. ¿Qué me dices si vamos a platicar a un lugar en privado?

- Lo siento...n-no estoy de humor para una plática...-había respondido Markus. Lloyd suspiró frustrado de que no haya cambiado nada debido a lo acontecido en el Día I. Todos habían resultado afectados y le molestaba que no mostrase interés en quienes estaban en el Hospital o siquiera mejorar en sí mismo tal y cómo él se esforzaba… pero no era nadie para juzgar-…Solo vine por algunas cosas y tengo prisa.

Lloyd llegó a la esquina y no se giró por completo, limitándose a asomarse para verlos conversar y así notó que Nicolas estaba con Reveca, su novia de Estados Unidos, quien ya se estaba yendo y Markus estaba acompañado por su gata Sion, mascota que maulló y continuó caminando al sentido que parecía ir originalmente; el ojilila estaba abrazando a Markus por el hombro y éste se mostraba muy incómodo, aunque le llamó la atención que tuviera una mano lastimada y mal vendada. Puppeter no sabía si intervenir o no, pues su mente ya le estaba exigiendo dormir y su estómago comenzaba a reclamar algo de comida. Era un caos tanto físico como mental.

-Entonces solo vas a ir por tus cosas y luego te vas a encerrar en tu habitación hasta que alguien más muera y secuestren a otro amigo- el peliverde había soltado a a Markus y siguió caminando dándole la espalda. Incluso Lloyd reconoció que ese comentario había sido un golpe bajo, pero no le sorprendió porque él era quien lo expresó-Quien sabe, tal vez ahora secuestren a Medusa o a Linus. Tú solo sígueme-.

-Está bien, te acompañaré… Dará igual si alguien es secuestrado, no pude evitar un rapto…-Lloyd notó que Markus, ya siguiendo al peliverde, mostraba molesta y tristeza en su rostro, y los dos caminaban por otro lado como si se dirigieran al tercer piso.

El mayor de los Ravenclaw esperó a que se alejaran para tomar camino al Gran Comedor, tomar algo y ya por fin tumbarse a la cama y dormir. Esperaba que lo que fuesen hablar aquellos dos fuese leve, y sabiendo que era algo que no le incumbía, no quiso seguirlos o espiarlos más de la cuenta... y agregar más conflictos personales a su pobre mente que no le dejaba pensar en algo más allá que averiguar si se podía rastrear a alguien por medio de la Adivinación y el porqué de la importancia del libro de Oesed. Apenas estaba tomando un pedazo de pan que era obvio del día anterior cuando escuchó la voz de Reveca, angustiada y buscando ayuda. No entendió lo que decía hasta que la chica entró al salón.

-¡Hay una pelea en el patio del tercer piso! ¡Ayuda! ¡Un profesor!-
la chica parecía muy preocupada cuando la vio, y Lloyd volteó inmediatamente al atrio donde deberían estar los maestros…. Pero estaba vacío. Muchos ya no se encontraban en Hogwarts por estar con su familia en otro país, Alexander Black no había vuelto de Londres, Irise D’Arc-en-Ciel seguramente estaba revisando la estructura, Aline McGrowell en su despacho y… un momento… ¿D’Arc-en-Ciel? -¿Nadie puede ayudar o qué?

La idea que se estaba formando se desvaneció y al buscar a Reveca, Lloyd se dio cuenta que varios que estaban en el comedor la estaban siguiendo para “ayudar”. Chasqueó la lengua, enojado porque seguramente varios irían a ver por morbo; sin embargo, recordó que en el tercer piso estaba el Patio del Reloj… y a esa dirección iban Nicolas y Markus.

-Oh, no. No, no, no, no-y nervioso, Lloyd se fue corriendo al patio deseando que no fueran ellos dos quienes estuviesen peleando en la zona aún derrumbada y que sería de las últimas en ser reconstruida. Era un sitio inseguro y los accidentes podrían ocurrir con gran probabilidad, además que Markus era más alto que Nicolas por casi 30 centímetros. “Más bien por 5… ¿y cómo le hacen para crecer en múltiplos de 5?”. También pensó en mandarle un mensaje a Linus mediante un patronus, pero recordó que el chico no estaba en Hogwarts desde ayer y, por preocuparse de más, no consideró avisar a algún maestro.

A la velocidad que su poca condición le permitió, además del hambre y el sueño, Lloyd llegó completamente exhausto y con falta de aire al dichoso patio. Varios alumnos ya se habían congregado y las piernas le flaqueaban demasiado, así que se quedó a la distancia sin poder ver quiénes eran los que peleaban. Ya era después del mediodía, el sol golpeaba con toda la intensidad posible y el chico Ravenclaw se lamentaba de no haber aprendido magia sin varita para conjurar agua, y aunque podía dibujar una runa que le pudiese ayudar, las fuerzas se le escapaban con cada exhalación.

-Quítate los zapatos y deja tu varita junto a tu ropa, quiero que sientas el suelo destrozado-escuchó la voz de Nicolas y Lloyd sintió que se hundía en el suelo. Sí era el peliverde… Pero… ¿Aún no peleaban? ¿Por qué Reveca dijo eso entonces?

-Ok. Lo haré y ya... sólo acabemos con esto de una vez…-no podía ver porque estaba casi en el suelo, pero no le agradó escuchar que Markus fuese obediente… se sintió como aquella vez que casi se agarraban a golpes Linus y Steve en Enfermería antes del Torneo de Duelo-. ¿Ahora qué? -el tono de Markus era desolador, y el joven Puppeter hizo lo posible para acercarse.

-Vamos a solucionar las cosas como Sherlock Holmes- Lloyd podía discernir que el tono de voz del peliverde era tranquilo, pero con cierta acidez característico cuando no estaba de acuerdo con algo-Dime, Sokaris, ¿qué te molesta?

-No es nada realmente...-Lloyd apenas tenía fuerzas para pasar entre los observadores, quienes murmuraban juzgando por qué estaba pasando eso en momentos de crisis. -Sólo me di cuenta lo inútil que soy…

Cuando por fin Puppeter se colocó en buena posición para ver qué estaba pasando, llegó en el momento justo en que Nicolas propinó un golpe en puño al estómago de Markus, quien retrocedió por la sorpresa a la vez que se llevaba los brazos al área afectada. -Ahora eres inútil, y seguirás siendo inútil mientras sigas así- el ojilila había relajado su postura, pero se colocó en posición de guardia cubriendo su cabeza con los brazos. Lloyd quería hablar, pero aún le faltaba aire como para que fuese escuchado. ¿Por qué estaba haciendo eso Nicolas?

-Ah... ¿A qué vino eso? ¿Estás demente o qué? - gritó Markus. La diferencia de estatura era obvia, y parecía increíble que el chico con la peor condición física del colegio hubiese tomado desprevenido a alguien que decía tener entrenamiento. Y, además, no encontraba motivo para que los dos dialogaran de esa manera agresiva… las cosas podían salirse de control.

-De hecho… sí, lo estoy. Pero dime, ¿tú también? Porque quedarte encerrado en una habitación y ser inútil sólo porque crees que eres inútil… eso es ser más demente que golpear a un amigo-Nicolas mantenía distancia, pero estaba listo por recibir golpes si Markus decidía lanzarse contra él. Lloyd aún continuaba sin dar crédito porque para él era más sencillo dialogar que pelear, pues no estaban en un anime para niños donde las amistades se arreglaban a puñetazos.

-Tú…-exclamó Markus aun recuperándose del golpe-. ¿Qué tiene de malo? ¡Nadie notaría si estoy o no! Euríale se fue, Medusa está en el hospital… Los muchachos están heridos… Si hubiera hecho más quizá nada malo habría pasado.

-¿En serio, Markus?-el peliverde tosió y escupió un poco de sangre al lado-. ¿Qué podrías haber hecho para evitar un ataque global? ¿Qué plan hubieras desarrollado para evitar tantas muertes? Recuerda que todo el mundo se fue al caño-tosió de nuevo y esta vez la dirección de su sangre fue a la cara del menor de los Sokaris, quien se distrajo y ante ello no evitó otro puñetazo a su cara-. Nadie estaba preparado para esto, nadie ganó con esto y todos perdimos algo. Tú, por otro lado, sigues teniendo dos pies y dos manos, y no perdiste a tus familiares-Nicolas retrocedió y tomó guardia de nuevo mientras Markus retrocedía limpiándose la sangre de la cara-. ¿Recuerdas a Fey? Ella perdió a su hermano, el mismo sujeto que fue nuestro compañero de habitación por 6 años; luego se enteró que su madre murió en el ataque en el Callejón Diagon y su única familia es un ebrio que vive en algún lugar de la zona pobre de París. Ella sí perdió mucho.

Los murmullos no se hicieron esperar y varios le estaban dando crédito al ojilila, quien, por extrañas razones, aún continuaba con sus ojos de color natural y cabello normal; pero también otros estaban por parte de Markus, aludiendo que la experiencia fue traumática para todos. Nadie se atrevía a alzar la voz ni a intervenir; y Lloyd ya se estaba impacientando por este espectáculo que estaba dividiendo a la quebrada comunidad en el colegio.

-¡Deja de hablar de ellos como su fueran animales sacrificables!-gritó Markus muy enfadado, dejando a un lado el aspecto temeroso de antes. Lloyd inspeccionó a la multitud y se topó a Reveca con un semblante muy tranquilo e indiferente, todo lo puesto cuando pedía ayuda-. ¡Ellos tenían familias y amigos! ¡Fuimos descuidados! Podríamos haber ideado un plan mejor y salvar más vidas…

-El hubiera no existe, no puedes ver el futuro. No sabíamos la magnitud del asunto y no esperábamos un ataque suicida de parte de ellos, ni sabemos quiénes son ellos aún-reclamó Nicolas y ahora golpeó el pecho de su amigo. En ese momento, Reveca sonrió un poco y Lloyd lo entendió todo: fue a propósito, Nicolas quería que una gran cantidad de personas mirasen la pelea y entendieran que la gravedad del asunto afectaba en demasía y otros, en vez de hundirse, trataban de salir adelante.

Intentaron de todo para hacerle entender a Markus que no debía estar así; llevarle comida, libros para que leyera, invitarlo a salir a pasear, ganarse su confianza… incluso los profesores quisieron intervenir y fueron las órdenes de la Directora que dejaron de hacerlo, indicando que no importaba cuántas veces se le tendiera la mano a alguien, a veces éste se negaba a tomarlo para seguir hundido en su propia seguridad. Lo que hacía Nicolas no era tender la suya, sino entrar a ese mismo hoyo para empujar al chico a la fuerza a la luz… y lo consiguió, pues Markus adoptó una posición defensiva en vez de dejar “abierto” su cuerpo y posicionó una pierna adelante para equilibrarse y apoyar su peso para lanzar un gancho ascendente a la quijada del animago quien estuvo a punto de caerse, pero se apoyó en una columna derrumbada y tosió por varios segundos incontrolablemente.

-Recuerda… Markus…-el peliverde tomó aire y se vio que comenzó a debilitarse por el golpe-. Tu y yo… empezamos esto. Juntamos a los demás y en teoría… somos los líderes del grupo. Créeme, puedo liderar sin ti, pero es algo que no quiero hacer… porque seguramente acabaríamos muertos-utilizando la columna como apoyo, se impulsó hacia Markus y lo golpeó en las costillas mientras jadeaba-… si yo hubiera estado en tu lugar ese día… te aseguro que Euríale estaría muerta y no secuestrada… y no estaría peleando contigo, sino contra Steve.

Escuchar que de ser por él Euríale estaría muerta, provocó en Lloyd una gran molestia que le hizo sentir un vuelco en su corazón, por lo que se llevó una mano al pecho percibiendo cierta ira creciendo en su interior. Claro, era fácil para él determinar esa acción porque no estuvo ahí; no vio cuando la menor de las mellizas atacaba con la mirada perdida, cómo Defunct le ordena y ella obedecía sin chistar, cuando Medusa la defendía a costa de su propia vida…. y cómo Euríale se fue volando sin que nadie pudiera hacer nada con el profesor Gerard frente a ellos cuando creían que había muerto y unos convalecientes Medusa y Steve que estaban siendo atendidos por él, Linus y la profesora McGrowell. Rememorar la mirada vacía de la morena le acrecentó el odio hacia los causantes del ataque, aunque no entendía por qué sentía tal emoción agravante por ellos. ¿Habría sentido lo mismo si hubiesen secuestrado a alguien más? Por estar pensando en eso no se percató de lo que ocurría entre Nicolas y Markus, por lo que, al prestarles atención de nuevo, el peliverde recibía golpes en su cara de nuevo mientras el otro gritaba “Euríale debió confiar en nosotros, dejamos que el enemigo nos atrapara de sorpresa y un bien líder habría sabido que algo andaba mal con ella”. Aquello, lejos de hacerle sentir compasión, le enervó la sangre hacia el antiguo Jefe de Slytherin.

-Trágate tus palabras, Sokaris-respondió Nicolas con su cuerpo tembloroso. Otro golpe lo tumbaría al suelo-. No tenías forma de saber lo de Defunct ni que ella estaba bajo Imperio-tosió una vez más sangre y le empezó a hacer señas a Markus con la mano invitándolo a seguir con la contienda-. Vamos, golpéame como si esto fuera la final del Torneo de Duelo, la que nunca tuvimos. Es más, lanza Bombarda para que aparezca la réferi.

Haciéndole caso, Markus soltó dos golpes al estómago de Nicolas y, por el impulso, el peliverde cayó al suelo de bruces levantando polvo de los escombros. Lloyd ya no podía continuar viendo todo ese espectáculo y, como ya había recuperado sus fuerzas, se viró muy tenso para ir a su habitación. Había perdido el apetito y si de pura casualidad se topaba con algún profesor le diría lo que estaba pasando, deseando que esto sirviera para que Markus dejara de estar encerrado y por fin socializara. Mientras caminaba escuchaba que Nicolas les recordaba a todos los presentes que el dolor era inevitable y se debía buscar la manera correcta de dejar de sentirlo, y Markus respondía que no dejaría que el dolor le ganara y que seguiría peleando, todas sus palabras acompañadas del sonido de los golpes y gemidos habituales de una riña típica.

Cuando ya estaba pasando el umbral a la entrada del patio, las voces de esos hacían eco a que Markus se comparaba con sus hermanos diciendo que no valía la pena y Nicolas diciendo que los verdaderos inútiles fueron los que él puso en un ataúd, anotados en una lista de fallecidos que pagaron las consecuencias de un ataque en el Día I. Recordar los cuerpos en el campo y en la escuela provocaron un calosfrío terrible en la espalda de Puppeter, quien ya no lograba escuchar la discusión y veía por el rabillo de su ojo a más curiosos yendo a su dirección contraria. No obstante, reconoció la silueta de una de los que caminaban y al girarse sobre su hombro reconoció a la profesora Irise D’Arc-en-Ciel con una mirada de cansancio y fastidio. Seguramente ella se enteró e iba a finalizar la pelea como buena “´referi” para que no se lastimaran de más.

El chico estaba cansado, no iba a seguirla… aunque… escuchó unos gritos muy fuertes que lo asustaron e incluso Irise aceleró el paso. Lloyd se detuvo pensando si algo muy grave habría pasado con sus… ¿Amigos? ¿Ya podía considerarlos amigos? … O… ¿habría otro ataque? Esa idea le sobrecogió y llevó su mano a un costado de su cuerpo sintiendo el regalo muggle que le habían dado hace unas semanas, sintiendo el gatillo con un dedo y con el pulgar pensando si retirar el seguro del objeto y utilizarlo. Sin embargo, la voz de la Jefa de Ravenclaw se escuchó a la lejanía y se permitió relajarse cuando las palabras de ella fueron “los llevaré con la vicedirectora, una no tiene tiempo y ustedes queriendo lastimarse y quemarse al uno al otro”, por lo que los gritos debieron ser porque Nicolas quería escupir fuego, conclusión que se confirmó al verlo con sus ojos rojos y cabello caído mientras caminaba a paso errático mientras se apoyaba con Markus y los tres (la profesora y los estudiantes) giraban por otro pasillo en dirección al despacho de la profesora McGrowell. Parecía ser que primero serían regañados y luego atendidos en Enfermería, cosa que le parecía justa.

Respiró hondo una vez más, dejó el objeto en su lugar y Lloyd retomó su andar a la Torre de Ravenclaw. Al menos la profesora D’Arc-en-Ciel llegó justo a tiempo para finalizar la pelea, así como decía el texto del libro del espejo de Oesed “… y así, al final llegó el arcoíris”… Lloyd paró en seco su caminar ignorando que muchas personas caminaban detrás de él por haber dejado el patio en el tercer piso. Su mente comenzó a trabajar tan rápido que no se percató que había invocado su patronus, un pequeño ratón que comenzó a correr por la escuela y él la seguía sujetando con fuerza el libro que llevaba consigo. Llevaba un par de minutos corriendo cuando se topó con la profesora Irise sin los chicos dirigiéndose a las mazmorras, pues parecía ser que ellos ya estaban con la Subdirectora.

Perfecto.

-¡Profesora Irise!-llamó Lloyd a la docente, quien respiró sonoramente y no se volteó a verlo.

-Tengo prisa, Puppeter, si es importante…-se interrumpió, entonces se giró ondeando su capa y tenía una ceja alzada. Aunque ella era de menor estatura siempre imponía su presencia-… Veamos. ¿Qué necesitas?

-Su apellido… en francés significa “del arcoíris”, ¿no es así?-preguntó Lloyd al mismo tiempo que tomaba el libro y lo hojeaba hasta al final. Se topó con la página indicada y le señaló a la pelirroja la última frase-…. Bien, si tiene prisa respóndame. ¿Su familia tiene en su poder el Espejo de Oesed?

-Oh... interesante cuestionamiento…-los ojos de Irise se tornaron brillantes y sonrió de manera enigmática, se lamió los labios para humedecerlos y se acomodó uno de los guantes de sus manos que estaba suelto. Todo eso provocó en Lloyd ciertos nervios-… Me enorgullece ser la jefa de tu casa, joven Puppeter. Venga, vayamos con la Directora… Y será mejor que me digas cómo obtuviste este libro cuando hablemos con ella… sabré si mientes.

Lloyd tragó saliva y la acompañó mientras sujetaba con fuerza el libro. ¿En qué se había metido ahora?

**********************
Desde que le dieron esa terrible noticia que le imposibilitaría volver a dar clases, Abdiel Núñez perdió el sentido del tiempo en el Hospital, quedándose en cama pasando los minutos, horas y días entre un ir y venir de emociones frustrantes sin ánimos de levantarse de aquél colchón con sus sábanas blancas. Los médicos y sanadores iban y venían como parte de la rutina para inspeccionarlo, e incluso sus padres lo visitaban todos los días y tal vez lo único bueno de tu terrible circunstancia es que su padre se acercó más a su exesposa, teniendo esa misma relación que perdieron hace años cuando Abdiel era un niño. Sin embargo, el experto en pociones continuaba en su ensimismamiento que retornaba a abrazarlo en cuanto estaba solo.

¿Qué haría una vez que lo diesen de alta? No podía hacer magia sin varita ni no verbal, y aunque algunos brebajes no requerían de la magia, sería visto como un discapacitado dentro de la sociedad mágica por su incapacidad de conjurar y le costaría buscar trabajo. Además, en Hogwarts ya estaba una exalumna suya llamada Remeny Armant haciendo su trabajo mientras en colegio funcionara como refugio. Ella era mucho más útil, pues debido a la gravedad de sus heridas no podría hacer ninguna actividad física por un largo tiempo. Abdiel se sentía peor que alguien inútil, sino alguien que ni siquiera merecía estar ahí recibiendo atenciones porque había personas que sí valían la pena… no como él, un mago de 27 años que cuestionaba su propia existencia.

Escuchó que la puerta se su cuarto habría, pero no se molestó en voltear para saber de quién se trataba. Sabía que no eran sus padres y Sandra llevaba unos días sin verlo. Mejor para ella para que no perdiera el tiempo.

-Profesor Núñez, tanto tiempo-pero la voz de ese hombre le aceleró el corazón de emoción, pues no esperaba verlo. Esta vez sí volteó y se topó con otro exalumno, exprofesor y colega estimado, el periodista Gabriel Smiths-. Aline me avisó por una carta cómo estaba y quise venir a verlo.

Gabriel portaba una barba mal cuidada y su imagen pulcra era sustituida por alguien que no le gustara cuidar apariencias. Además, su mirada feroz carecía de esa vitalidad y se le notaba muy cansado, como si llevara días sin dormir. Abdiel sabía que luego del ataque en el Día I, Smiths se había ido con la justificación de investigar por Europa alguna pista de aquellos terribles acontecimientos; pero el docente siempre sospechó que se había ido por algo más y esa afirmación era casi segura por la mirada del Hufflepuff. Abrió la boca para contestarle, pero inmediatamente cerró los labios y bajó la mirada bastante desanimado.

-Usted no se preocupe
-expresó Gabriel condescendientemente, pero con un deje de rudeza en sus palabras-. Verá… yo… solo venía a…

-¡Tú!-otra voz más jovial surgió de la espalda del periodista. Abdiel lo reconoció y no pudo evitar sentirse curioso de que otro exalumno viniera a visitarlo. El susodicho entró empujando a Gabriel y cerró la puerta, su cabello lacio castaño oscuro revelaba que tampoco cuidaba mucho su imagen y la piel bronceada era un indicador de que gustaba trabajar a la intemperie. Era obvio estar así para un dragonologista-. ¿Por qué no me avisaste que ibas a venir? Así habría preparado todo un temario para hablar contigo de tus viajes y, obviamente, tus investigaciones de los dragones. Por cierto, en el artículo donde mencionaste que el Comité de Exterminación de Criaturas Peligrosas hacia un buen trabajo, se te pasó mencionar la crueldad con la que los matadragones tratan a estas criaturas. Si vas a redactar algo hazlo bien, y punto.

-¿Acaso tratas bien a los que tienes guardados en el sótano de tu casa?-Gabriel alzó una ceja y sonrió de lado. Abdiel recordó que esos dos se llevaban bien desde primer año, pues además de compartir la misma casa del tejón sus personalidades se complementaban junto a la de Aline y Alexander, pues Gerard era el típico deportista extrovertido que chocaba bastante con Gabriel y en ocasiones con el otro de la habitación, Dante Alighieri-. Debería reportarte al Ministerio para que vayan a incautar tu vivienda.

-Hey… ellos no se quejan-Dante se encogió de hombros y sonrió aún más-. Les gusta el trato duro y a mí también. Sus garras duelen, pero solo me desinfecto con pociones y ya podemos continuar al ruedo.

Abdiel parpadeó un par de veces, se le había olvidado ese humor raro de su alumno Dante. Al menos se contuvo esta vez y no fue más explícito con sus comentarios, los cuales originaron rumores desde su estancia en Hogwarts si de verdad tendría dragones en su casa para hacerles “cosas” y divertirse, lo cual explicaría por qué no había tenido pareja hasta la fecha.

-¿Venías a ver al profesor también?- Gabriel cambió el tema de conversación mientras negaba con la cabeza. Además, buscó una silla donde sentarse y al hacerlo, su rostro se relajó en demasía. Abdiel se preguntó si de verdad habría descansado alguna vez desde que se fue.

-Yep-Dante hizo lo mismo que Gabriel, pero con una actitud más resuelta y menos agitada. Se sentó al lado de su colega y estiró sus piernas-… Vine de visita porque Gringotts me pidió ayuda para evaluar a sus dragones y ver si podían seguir trabajando. ¿Sabías que tienen una especie de campana que si lo hacen sonar los dragones sienten dolor? ¡Todo por un maldito entrenamiento narcisista por parte de esos duendes que no tienen otra cosa en su cabeza que el oro! –exaltado, tragó saliva al percatarse que había alzado la voz y luego miró a Abdiel encogiéndose los hombros otra vez-. Pero es la verdad. En fin, vine a visitarlo porque cuando estaba en el banco, específicamente en las bóvedas de alta seguridad, escuché el nombre “Gabriel Núñez” y recordé que así se llamaba su padre; pero, ¿cuál era la probabilidad de que de verdad se tratara de él? Baja, así que decidí dejarlo de lado.

-¿Y solo viniste a eso?-cuestionó llevándose una mano a la frente, reflejando aún más lo agotado que estaba.

-Me interrumpes... y se nota que no conoces los cortes dramáticos-el experto en dragones carraspeó y continuó con su relato mirando a Abdiel y, sin poder evitarlo, la enorme cicatriz que el profesor tenía en el cuello-… Espero que ya no le duela… Bueno, a lo que voy. En Gringotts tenían a un viejo Ironbelly Ucraniano, ciego, con cicatrices antiguas como recientes y… Dios, que bueno que ya no está ahí, pues evalué que debían liberarlo y los duendes me hicieron caso… y no es que los haya amenazado con traer toda una manada de dragones para hacer estallar el banco, claro que no. Usé el traslador que me creó Aline para llevármelo al santuario, y mientras estábamos allá y le buscaba un nuevo hogar donde descansara en paz, quería conversar con él.

-¿Cuándo vas a llegar al punto?-Gabriel señaló a Abdiel y suspiró-. La hora de las visitas va a terminar.

-Se necesita contexto, algo que debería saber un periodista-se defendió Dante y sacó su varita mientras la agitaba y exclamaba “Aquamendi” para beber un poco de agua-. Tenía sed, disculpa señor Smiths si soy un ser con necesidades-ver que su exalumno conjuraba agua y hablaba sin parar hizo que Abdiel se hundiera más en su pozo oscuro, pero sabía que el punto importante de la historia llegaría y por eso no les había indicado con señas que se retiraran-. Así que utilicé el hechizo Creatura Linguam y hablamos un poco sobre cómo lo habían tratado los duendes y lo cansado que estaba… pero, me preguntó si conocía a un tal Gabriel Núñez, pues él notó que mientras lo evaluaba yo presté atención a aquél nombre, y me dijo que había escuchado toda la conversación pero no podía saber cómo eran los magos porque está ciego. Hablaban de un profesor de pociones en Castelobruxo que tenía un hijo que se dedicaba a lo mismo en Hogwarts.

Ahora sí, tanto Gabriel como Abdiel, prestaron atención a lo que por fin diría Dante en relación al padre del docente. Fue ahí que recordó lo que Theodore había averiguado en su momento en relación a los conocidos de su padre: todos fallecidos y él era el único del personal con antigüedad mayor a dos años.

-El dragón, que se llama Klauth, escuchó que estaban buscando la manera de retirar a ese Gabriel de su puesto, y que la oportunidad se presentó sola cuando él decidió venir a Londres a visitar a su hijo internado. Parece ser que su cargo ya fue sustituido en Castelobruxo y se le exigió que no volviera-el tono de Dante se volvió más serio, incluso perdiendo parte de su derrochadora vitalidad-. Y luego de ese cambio administrativo, el ministerio mágico brasileño logró tener el 100% de la aprobación de la Confederación Internacional de Magos en ser miembro activo de esa organización. Lo cual me parece curioso, pues si recuerdan, el ministerio noruego, el estadounidense y el japonés fueron expulsados y todos sabemos que fue porque no querían seguir las normativas de la Confederación.

-Añade a eso la existencia de la “Orden Accionista de la Magia”-habló Gabriel sumido en una especie de ofuscación tenebrosa. Parecía que algo lo perturbaba en demasía-. Sin fines de lucro, trabaja de primera mano con la Confederación surgiendo en menos de un mes y ya teniendo el poder y bases como si fuese un Ministerio independiente. He estado tratando de rastrear a su o sus líderes, pero es imposible.

-Profesor Abdiel, ¿su padre está bien? -preguntó Dante curioso, aunque no se podía detectar si estaba preocupado. El experto en pociones asintió, y comenzó a hablar en lenguaje de señas, el cual aprendió en poco tiempo casi siendo obligado por sus padres… pero se detuvo a media frase-… No se preocupe. Debido a mis cursos con dragones aprendí a dominar varios idiomas para hablar con habitantes de otros países. Sé leer el lenguaje de señales británico.

-Y yo-se añadió Gabriel sonriendo con gran pesar-. Así que no se preocupe, diga lo que crea conveniente.

Permitiéndose suspirar de alivio, Abdiel comenzó a mover sus brazos y gesticular su rostro para acompañar sus expresiones. Luego de unos cuantos segundos, “dijo”: - “Mi padre me había dicho que quería quedarse hasta mi recuperación, pero parece que es porque fue coaccionado”.

-Lo que importa es que está bien... y ya con un Hogwarts más seguro-la mirada de Gabriel se oscureció, pues él estuvo en la zona de batalla más sangrienta del colegio y se llevó instintivamente una mano a su rodilla, la cual sufrió despartición cuando hizo mal el hechizo de Aparición-. Además, esto indica que quienes están detrás de todo esto son descuidados, y es un punto a nuestro favor.

-Quise contarle esto porque le afectaba directamente a usted… y que debe cuidarse más-Dante se tronó los huesos del cuello y suspiró-. No sabemos si harán algo más en contra de su padre, usted o su madre. Si le es posible, cuando lo den de alta vaya a Hogwarts o a un sitio más seguro. Le avisaré a Aline o a la Directora que vengan a hablar de esto con usted después. Gabriel, ¿me acompañas? Estoy seguro que a Aline le daría mucho gusto verte, como en los viejos tiempos todos juntos.

-No… yo… me iré a otro país esta misma noche-Gabriel evadió a los dos a la mención de su mejor amiga, cosa que le preocupó a Abdiel quien comenzó a mover sus manos para decirle “deberías ir a verla, a todos”-. No, al menos no ahorita-el periodista se acercó al profesor y le puso una mano en el hombro para darle ánimo-…. Usted sigue vivo, valore eso por favor.

Y diciendo esto, Gabriel hizo una seña con su cabeza a Dante a modo de despedida y se fue, abriendo la puerta y saliendo a mano izquierda para retirarse de ahí a paso apresurado e intranquilo. El profesor se cuestionaba cuán perturbado estaría, o más bien… qué tan perturbados estaban todos por el ataque ese fatídico día. Dante también se despidió, recordando que iría a Hogwarts y que esperaba volver pronto, luego de trabajar unos días más en el santuario de dragones en Rumania. Cuando Abdiel se quedó solo otra vez, todos esos terribles pensamientos lo invadieron para hacerle notar que si algo le llegaba a pasar a su padre no podría hacer nada por su nueva discapacidad, limitándose a solo advertirle sin lograr tomar acción. Su corazón ocultaba tanto dolor que la soledad le hizo ver que ella sería su única compañía, olvidando que hacía tan solo unos minutos recibió visitas.




BONUS 1
Spoiler:
-Y entonces le dije que debí ser más rápido… que me siento culpable y que pude haber ayudado más, pero hice lo que pude y… lo golpee en el pecho-dijo Markus cansado, adolorido por los golpes y de pie porque se le prohibió sentarse.

-Y mi reacción lógica fue… quemarlo-puntualizó Nicolas, quien sí estaba sentado, pero con un enorme pañuelo rojo que antes era blanco.

-Eltnam… Verdugo…-expresó cansada Aline, quien no los había visto y se notaba muy molesta con ellos dos. Los había traído la profesora Irise a su despacho para que recibieran castigo por alterar las normas de la escuela, ahora refugio-. ¿Por qué?

-Si sabe que ese no es mi apellido, ¿verdad?-quiso explicar Markus, pero la mirada severa de la Subdirectora lo calló de inmediato.

-Lo sé, señor Sokaris. A veces me refiero a ti por el segundo nombre porque me gusta. ¿O acaso viene a darme lecciones sobre cómo debo dirigirme a mis alumnos?-el tono de Aline indicaba que estaba demasiado enojada, y su mirada era muy pesada. Los dos chicos no recordaban haberle visto así alguna vez.

-Pues si nos hablará en ese tono tomando en cuenta su autoridad…- Nicolas tosió y escupió sangre otra vez. Su cuerpo temblaba y sabía que parte del castigo era no poder usar magia. Quería retar a la profesora, pero tenía el presentimiento de que algo acabaría mal si lo hacía-… ¿Y? ¿Cómo nos castigará?

-Ustedes ayudarán en la restauración del Patio de la Torre del Reloj sin usar magia. Señor ELTNAM, tomando en cuenta que ya saliste de tu… habitación, éste se quedará abierto para cualquiera que quiera dormir ahí, ¿entendiste?- Aline bufó y luego miró al peliverde-. Y tú, señor Nicolas, Reveca debe querer su propio espacio, por lo que le asignará de manera indefinida un cuarto propio cerca de las cocinas.

-¿Y cómo sabe lo que ella quiere?-el tono sarcástico de Nicolas enervó bastante a la Jefa de Gryffindor, pero de manera externa solo alzó la ceja y sonrió.

-Ahora que recuerdo. Nicolas, necesitas atención 24 horas por tu extraña enfermedad y que además me pediste clases especiales, ¿no?-Aline sacó su varita y apuntó a donde daba su habitación, de la cual se podía escuchar ruidos de golpes a madera, metales y como si arrastraran muchas cosas al mismo tiempo. En eso, la puerta se abrió y se pudo ver un pasillo que conducía a dos habitaciones-. Tendrás que mudarte a mi cuarto contiguo, así podré supervisarte y tendrás horarios que deberás seguir al pie de la letra hasta nuevo aviso, ¿entendiste?

El peliverde no dijo nada… no porque no quisiera, sino porque le dio un ataque de tos que le hizo temblar todo su cuerpo y le lastimó la garganta. Markus se sentía muy débil, por lo que pidió ir a Enfermería y la docente aceptó, pero le pidió a Nicolas que se quedara un poco más. El chico Sokaris quería decir algo, pero la mirada lila de Nicolas le hizo ver que él se encargaría y así el pocionero se fue dejando a ellos dos solos. Cuando cerró la puerta, la postura de Aline se relajó y se recargó en el escritorio apoyando su cabeza en los brazos.

-¿Por qué me haces esto, Nicolas?-agotada, Aline se levantó y fue hacia al chico para empezar a dibujar runas sanadoras y así las heridas sanasen, proceso que tardaría un poco.

-Era lo correcto, profesora. Sabía que no entendería con palabras sino a golpes, y si no hacía algo pronto ya no podría haber marcha atrás-ahora que Markus no estaba, la postura de Nicolas se volvió más débil, logrando mantenerse “erguido” solo por estar sentado. Cualquiera que se acercara miraría bien que el temblor de su cuerpo no era por la tos, sino los músculos-… voy a requerir pociones extras.

-Si me hubieras avisado que planeabas algo así, yo…

-No me habría dejado, y eso lo sabemos bien-tosió una vez más y su rostro reflejó más cansancio-... pero el castigo valió la pena.

-Gracias, Nicolas-Aline había intentado ayudar a Markus muchas veces sin que éste se dejara, pero estaba en deuda con su alumno por haber logrado aquello luego de un mes problemático-. El castigo es real, por lo que te quedarás acá a dormir hasta que lo diga.

-Profesora…-Nicolas se irguió y miró directamente a los ojos de la subdirectora-… ¿Conoce a alguien que viaje libremente a la India, Egipto o China?

-En la India Irise tiene una conocida… y pues yo… conozco a alguien que puede moverse por esos lares, ¿por qué lo dices?

-Mientras veníamos para acá, Markus me dijo… De… de una posibilidad que… nos gustaría… consultarlo con todos ustedes, incluyendo al profesor Núñez y a la nueva, Remeny creo que se llama. Y creo que puede funcionar.

-¿Para qué?

-Creo que Markus… averiguó cómo hacer que el profesor Wanderer despierte del coma.

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Ghostyaya
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Capítulo IV: El Viaje del Autodescubrimiento.

Mensaje por Ghostyaya el Jue Jun 14, 2018 4:30 pm

Capítulo IV:
El Viaje del Autodescubrimiento.




BONUS 1
Spoiler:
Lo último que escuchó antes de cerrar de un portazo la puerta de su casa fue a su padre pidiendo que se calmara, pero la paciencia de Judas llegó al límite cuando su madre le dijo una vez más, en esa misma discusión de siempre, que si no le dijeron de la habilidad de pársel era porque no lo creían “maduro” para saber que descendía de un purista de la sangre. Al chico no le molestaba que ocultaran el dato, sino la justificación en sí misma por juzgarlo como no debían… y ese era uno de sus peores miedos. Sin querer escucharlos más, salió para caminar por ese pueblo mágico donde vivían actualmente topándose con instalaciones aún en remodelación por el ataque en el Día I.

-Judas… ¿sigues enojado con ellos? -la voz de su amiga Invi, la serpiente, le llegó por detrás de la nuca, pues ella estaba oculta en su espalda como siempre. Para que no lo tomaran de a loco, el joven Slytherin se puso unos auriculares y fingió estar en una llamada. Los magos de la zona conocían tal artefacto muggle, por lo que no debían tomarlo por sorpresa que lo usara en la calle-… Querían protegerte.

-¿Protegerme?-cuestionó con bastante amargura-… Creen que no soy capaz de afrontar la verdad.

-Aunque tú no les dijiste lo del baño-arremetió la viperina al sisear cansada-. Me dejaron estar en tu cueva porque saben que no soy una amenaza, pero ese túnel y que te llamaran elegido…

-Sí, por la Cámara de los Secretos-completó Judas en un suspiro-. Si les digo estoy seguro que no me creerán, que no soy capaz de ser el elegido de Salazar… ¿Y qué importa? No abriré ese sitio para ir contra los “no merecedores de la magia”. Patético.

-Pero tampoco se los has dicho a tus amigos…

-¿Amigos?-cuestionó en voz alta llamando la atención de una anciana bruja que lo miraba con recelo. Debió escucharlo en un idioma que no entendió y por eso era objeto de dicha atención-… Soy yo el que va a verlos al Hospital. Ni siquiera han preguntado dónde vivo.

-Sabes que ellos están lejos y es más fácil que tú vayas…

-Te la creo de Steve y Medusa. ¿Y Lloyd? ¿Linus? ¿Nicolas? ¿Markus?-fue enlistando hasta que se cansó y se enojó aún más-. Si acaso los profesores me mandan cartas de vez en cuando, pero ellos… ni siquiera… aagh-gruñó muy molesto queriendo golpear algo.

-Judas… vamos, tranquilí…-Invi se interrumpió y comenzó a sisear amenazadoramente. Judas se percató de ello y volteó hacia atrás, pero no detectó nada sospechoso.

-¿Qué pasó, Invi?-preguntó Judas guardando sus manos en los bolsillos de la sudadera que traía puesta.

-Creí… sentir un depredador…-susurró la serpiente aún alerta. Pero Judas pasó por alto aquello porque esa zona donde vivían era de bajo perfil y se presentaban con nombres falsos. La familia Arden tomó la decisión en pos de proteger el linaje para evitar la atención de ojos indeseados.

-No debió ser nada…- el chico continuó caminando mientras meditaba estar fuera por una hora aproximadamente. Pero, sin saberlo, el instinto de Invi sí la alertó de algo real, pero aquella amenaza se esfumó como un pétalo de cerezo dejándose llevar por el viento.



Era un hermoso día soleado, el astro rey en su pleno cénit iluminando a los turistas recorrer este museo no mágico que tiene como corona principal la estatua ecuestre de un conquistador muggle llamado Gengis Khan, el cual mide 40 metros y era objeto de fotografías de quienes decidían visitar este enigmático sitio en Mongolia. Por supuesto, era posible detectar a personas provenientes de distintos países alrededor del globo donde igual proliferaban distintas lenguas que se enramaban en susurro para hablar de la historia de este mongol, de lo que harían después o simplemente que las familias y amigos conviviesen… ajenos a la crisis sufrida en la Sociedad Mágica.

Sin embargo, atrás del museo, un grupo bastante variopinto parecía esperar algo. Aunque vestían con ropas de civil era obvio que algunos estaban incómodos y eran supervisados por dos adultas que conversaban animadamente entre sí mientras compartían información de Khan y la influencia que teorizan conllevó a la formación de ciertos grupos mágicos que huían de él o se aliaban en pro a su supervivencia.

-¿Y… me estás diciendo que este tipo… quien conquistó muchísimo territorio y era poderoso, murió y su cuerpo no ha sido encontrado porque todos los que sabían dónde estaba se suicidaron?-resonó Markus Sokaris cruzado de brazos mientras hablaba con Nicolas, ambos sentados en el pasto que rodeaba la instalación y de fondo el cuchicheo de los turistas que no cesaban de hablar-… ¿Tan influyente fue?

-Pues… sí, obvio. Gracias a él se unificaron pueblos y los conocimientos de una zona a otra se dieron a conocer- contestó Nicolas bebiendo de una botella plástica. Como estaba relajado casi no le había dado su tos crónica, dotándolo de buen humor-… si hubiese venido Reveca, te habría explicado mejor porque ella conoce más que yo de él.

-Sabes que no podía venir porque la Directora no lo permitió-interrumpió Irise estando de pie a un par de metros conversando con Remeny Armant, quien sustituyó a Abdiel como pocionera y a a Gerard para tratar a los animales del Bosque Prohibido-. Si a duras penas la convencimos de que ustedes dos vinieran y no otro profesor.

-Pues sí, no me quejo-el peliverde se encogió de hombros y dio otro sorbo a su agua-. Solo que ella conoce bien de Khan y Markus no sabía que existía.

-Que sí, ¿no me escuchaste? -respingó Markus suspirando-. Solo que no recordaba su nombre.

-Markus-negó Nicolas cansado-. Lo confundiste con Napoleón Bonaparte. Por Dios.

Irise soltó una risilla ligera y se quedó observando a sus dos alumnos de Ravenclaw. Hace tan solo una semana y media hubo una reunión en el Hospital donde Abdiel, Remeny, Aline, Alexander, la Directora, estos dos alumnos y ella estaban debatiendo la sugerencia de Markus de crear una pócima que ayudara a despertar a Gerard de su estado de sopor. Todos concordaron que el estado de Wanderer era similar al Filtro de muertos en vida, aunque en vez de ser ocasionado por este brebaje era por un roce mínimo de la luz del Avada Kedavra lanzado por Defunct este terrible día. Era algo que podían intentar, y tras una plática intensa de varias horas llegaron a la conclusión de los posibles ingredientes para inventar tal pócima: jugo de horklump, hojas de menta, jugo de bayaboom, una mandrágora madura cocida, aguamiel, raíces molidas de asfódelo, agua de díctamo, corteza de azarollo, pétalos de una rosa blanca que hayan caído naturalmente, un trozo de cuerno de unicornio, unas gotas de sangre de salamandra, oro puro molido y un frasco pequeño con lágrimas de fénix.

Muchos no estaban de acuerdo por la complejidad y el riesgo que implicaba experimentar con la poción, pero incluso el padre de Abdiel le dio visto bueno y todos esos ingredientes podían conseguirse por tenerlos almacenados en Hogwarts o ir por ellos al Bosque Prohibido y alrededores; pero solo había uno que era imposible: lágrimas de fénix, pues dicha criatura sólo era posible localizarla en Egipto, China o India y el Ministerio regulaba de manera estricta la obtención de ingredientes por parte de esta criatura, así que la única manera viable era ir por las lágrimas en persona en alguna de su zona endémica pasando por alto los puntos de vigilancia en Europa. Irise y Aline sugirieron unos conocidos suyos que pudiesen ayudar a obtenerlos mientras el resto ubicaban los ingredientes disponibles y, a petición de los propios Nicolas y Markus, fueron aceptados en la brigada a duras penas más que nada porque el joven Eltnam estaba entusiasmado con salir luego de su mes encerrado y era muy bueno en Pociones, y Nicolas sería de ayuda por sus conocimientos y buena capacidad de rastreo. Además, Irise sugirió que no era bueno que se quedaran encerrados en el Colegio y conocieran más de la vida luego de la terrible experiencia para que entrenaran y supiesen defenderse si llegaba el momento.

Se les complicó salir del continente con todos esos puntos que supervisaban los Ministerios miembros de la Confederación Internacional de Magos, pero por unos contactos de Irise en Francia y unas Aurores que se les reconoció por haber ayudado en Hogmeade, lograron salir y dirigirse mediante red flú privadas hacia China y verse ahí con el conocido que sugirieron tanto la Jefa de Ravenclaw como la de Gryffindor. De esta manera, los cuatro se encontraban esperando a alguien, pero como llegaron con casi una hora de antelación para cerciorarse de que no hubieran sido seguidos o espiados, ya estaban descansando y dejándose llevar por las conversaciones para matar tiempo.

Markus y Nicolas continuaban conversando hasta que el peliverde guardó silencio y le hizo señas al otro chico, quien portaba una mochila, volteara a ver a las profesoras. Markus lo hizo e incluso Sion, su gata, se asomó por la mochila curiosa para percatarse que Irise y Remeny miraban a un punto a la lejanía pareciendo que reconocieron a alguien y, cuando los dos alumnos buscaron a la misma dirección, se percataron de un hombre muy alto, sobrepasando a la mayoría de los presentes: calcularon más de dos metros, de piel morena que parecía ser provocado por estar mucho tiempo bajo el sol, bastante fibroso y con sus brazos descubiertos notaron que tenía varias cicatrices, y ya cuando éste se colocó al lado de Irise, miraron que sus ojos eran de color verde y tenía si cabello sujetado en una coleta a la altura de sus hombros.

-Este parece un luchador de la MMA-susurró Nicolas para que solo su amigo escuchara, aunque dudaba si entendería el concepto que intentaba decirle.

-¿MMA? ¿No crees que es mejor un luchador de artes mixtas?-preguntó Markus en el mismo tono de voz del peliverde.

-Dios, te hace falta ver más box muggle-se lamentó Nicolas para levantarse y guardar la botella en su bolsa de moke extensible y acercarse a las dos mujeres y el desconocido-. ¿Es él a quién esperábamos?

-Son solo niños…-la voz del hombre, muy grave y profunda, concordó con el físico del mismo llegando a intimidar a otros muggles que estaban por ahí pasando cerca.

-Tranquilo, saben cuidarse solos-habló Irise colocando una mano en la espalda, pues la diferencia de estatura era abismal y ni podría llegarle a los hombros-. Chicos, él es Alatuir Mansi, nos guiará para buscar al fénix.

-¿Mansi? ¿El mago furtivo que es buscado por las autoridades?-exclamó Nicolas alarmado. El aludido le miró de reojo y no pudo evitar toser un poco-. Si de por sí el Ministerio cree que somos delincuentes, si descubren que estamos con él Hogwarts se hundirá.

-No, no es un delincuente-aclaró Remeny tendiendo un pañuelo- … Sí, caza criaturas y todo eso, pero no es un asesino como lo hicieron creer en las noticias.

-¿Usted que protege a los animales defiende a este tipo?-Markus se unió a la comitiva contra Mansi y la chica suspiró cansada.

-Es otro asunto más complicado… pero el punto es que nos ayudará para conseguir las lágrimas-negó con la cabeza la nueva instructora y luego miró tanto a Irise como a Alatuir-. ¿Iremos a China? ¿Por eso nos citaste aquí?

-India-respondió Alatuir mientras hacía señas con la cabeza para indicares que se irían de ahí. Markus continuaba viendo al cazador con desconfianza, pero Sion salió de la mochila y corrió hacia la espalda del mago alto para de un gran brinco colocarse en los hombros de él. El hombre acarició la cabeza de la gata y la dejó ahí consigo-. Chica lista.

-¡Sion! ¿Por qué me dejas? -reclamó Markus molesto. Si Sion se fue con él era porque le tenía confianza, pero al Ravenclaw no le terminaba de caerle bien-… ¿Y por qué nos vimos aquí y no en otro punto cercano a la India?

-¿Recuerdas los puntos de seguridad que tuvimos que evadir?-hablo Irise en tono sereno, explicando la situación un poco-. Pensaba igual que iríamos a China, pero con este cambio de ruta podríamos evadir a las autoridades… y Alatuir sabe cómo hacerlo. Confía en él… Además…. Alatuir, ¿ya contactaste con Mirari?-el cazador asintió sin voltear a verles, pues estaba guiándoles para alejarse de la estatua de Gengis Khan y así perderse de la vista de curiosos-. Perfecto, ella nos ayudará.

-¿Mirari? ¿Es… la bruja que fundó los Fararis?-cuestionó Nicolas incrédulo ante la posibilidad de que la profesora Irise tuviese contactos de ese calibre.

Cuando recién pasaban unos días del ataque ocurridos en el Día I, las noticias en la radio mágica reportaban constantemente los eventos suscitados en otros países para que se diese a conocer la situación que cada sociedad sobrellevaba. En su momento, Nicolas escuchó de una mujer llamada Mirari que, en la India, ayudó a los pueblos mágicos de ese país para combatir a los mortífagos creando un grupo de magos conocidos como los Fararis, una especie de brigada mágica con especializaciones de tres grupos en animagos y alteraciones del cuerpo, magos especializados en solo un hechizo potente y los de sanación con métodos mixtos. Lograron repelar con éxito al enemigo luego de los estragos y el Ministerio de Magia de la India fue el único que renunció voluntariamente a pertenecer a la Confederación Internacional, provocando que dejaran de recibir apoyo de otras naciones y que salieran adelante solos. Se rumoreaba que había perdido un hijo ese día, pero poco se sabía de aquella mujer por el mismo control de información.

-Vaya que estás atento a las noticias. Eso me gusta-sonrió Irise y ya pasados unos minutos llegaron a un claro vacío, pues el museo de Gengis Khan estaba rodeado de un gran campo donde era fácil perderse debido a que la jurisdicción muggle lo consideraba patrimonio de la humanidad. Los dos Ravenclaw pensaron que debieron pasar por varios puntos usando magia para no ser detectados con facilidad-. Entonces, vayamos con Mirari.

Alatuir asintió y sacó de un bolsillo interno de su saco una uña de dragón de unos 30 centímetros de largo del que no lograron identificar su especie. Lo colocó en medio del grupo y suspiró para empezar a explicar.

-Traslador a la casa de Mirari. Que se toque a la cuenta de tres. Una, dos…-y al decir tres, todos le hicieron caso y así, desaparecieron en una pequeña implosión rumbo a dirección desconocida para los cuatro de Hogwarts y Sion, confiando en un hombre del que se rodea de muchos rumores peligrosos.

**********************
A pesar de que solo estuvieron ausentes más del mes, Medusa y Steve arribaron al colegio Hogwarts sabiendo que sería su nuevo hogar mientras todo se tranquilizaba en sus hogares y ser de los primeros en enterarse de alguna noticia de Euríale. Ambos se sentían incómodos por sus respectivas razones: ella por las cicatrices que rodeaban su cuerpo, y él por el brazo izquierdo que no podía mover. Como su regreso a Hogwarts fue bastante sigiloso, la gran mayoría de los residentes no se dieron cuenta salvo Lloyd y Linus que los esperaron en la Sala de Menesteres. Lloyd abrazó con mucha fuerza a Medusa por el alivio que por fin sentía de verla y a Steve solo una palmada alentadora; Linus, por su parte, se limitó a sonreírle a su prima y a Steve solo un asentimiento seco, pero aprobable. Los cuatro estaban sentados frente a la chimenea del sitio para brindarse calor mientras miraban el cuadro donde estaban todos ellos, prueba fehaciente que la Sala de Menesteres los consideraba miembros de su magia especial. Ver a todos sonriendo y de buen ánimo les traía más melancolía que buenos recuerdos para todos los presentes.

-¿Y dices que es más fácil ubicar a los profesores por las noches?-la voz de Steve, ronca y fría, conversaba con Lloyd mientras Medusa y Linus estaban en un sillón aparte recargados entre sí, pues desde el incidente los primos Black se habían vuelto unidos.

-Al menos a la Subdirectora y a Irise, pero ésta se fue de excursión con Nicolas y Markus quién sabe a dónde, espero que estén bien-respondió Lloyd en tono quedo y cauteloso. Le agradaba verlos, pero sentía ese vacío por la ausencia principal de Judas, Joseph y Lancelot. Y peor por Euríale-. Alexander es más fácil encontrarlo en la Biblioteca o con la Directora y del resto… ya saben. Medusa… de pura casualidad…

-¿… si he podido sentir a Euríale? No-contestó la pelirroja acurrucándose para que su rostro no se viese tan fácilmente. Ella no quería estar ahí, pero saber que solo ellos la mirarían y no más personas la tranquilizó un poco-. Mi conexión con ella está apagada o bloqueada, no sé.

-Lástima que Nicolas no está-una sonrisa de lado se asomó en el rostro de Linus, recordando el día en el que el peliverde usó Aparición para verlos en el Hospital-… ¿Y tu amigo?… el otro de pelo verde…

-¿Blaze?-habló Medusa aún alicaída-. Volvió a Estados Unidos para ver a su familia, pero dijo que volvería…. Espero que vuelva.

-¿Es muy especial, no?-el tono de Steve reveló cierto recelo, pero bufó para tranquilizarse y centró su atención en Lloyd de nuevo-. ¿Crees que pueda ver a la profesora McGrowell hoy?

-Lo dudo-respondió Puppeter frotándose los ojos. Aún cargaba esas ojeras por no dormir bien y se notaba que le faltaba mucho descanso-… es martes. Suele desaparecerse todo el día y no se le ve sino hasta el miércoles en la tarde. Si quieres aprender Runas ni Linus ni yo podríamos enseñarte, es ella quien debe hacerlo.

-Por cierto-expresó Linus estirando los brazos para relajar el músculo y sentarse mejor para ver al Ravenclaw de cabello blanco-. ¿Al final qué te dijo Irise y la Directora respecto al espejo de Oesed?

-Que ese libro era importante-Lloyd cerró los ojos para relajarse y meditar bien en ese recuerdo de hace más de una semana-… y sí, que el espejo de Oesed está bajo el cuidado de los D’Arc-en-Ciel desde hace generaciones, y ese libro lo habían perdido muchos años atrás, pero sospechaban que estaba en resguardo con el Ministro Muggle cuando uno anterior al actual fue de visita a Francia precisamente para conocer la esa familia por cuestiones políticas… o algo así. No sé. El punto es que se quedaron con el libro para cuidarlo.

-Sí, claro, como esa vez, ¿no?-comentó Steve sarcásticamente recargando su cabeza en el respaldo del sillón donde estaba para ver el techo-… Como el libro que Lancelot encontró.

-Esos ya son asuntos que no nos conciernen-defendió Puppeter fatigado. No era la primera vez que sostenía un debate de este tipo-. Si lo hacen es por algo, además que prometieron explicarnos luego.

-¿De verdad lo crees?-Dunham se incorporó y sacó su varita-. Lo único relevante que nos explicaron es que mi varita es la gemela de Linus-lo señaló y el aludido volteó a verlo de reojo-, y que sí somos los herederos de los fundadores y debemos cuidarnos. ¡Es todo! Nada de Euríale, ni de los libros antiguos esos que según los malos buscan, ni por qué Defunct acusó a Gerard de matar a su hijo.

-¿Sí sabes que ellos apenas y tienen tiempo, verdad?-Linus se incorporó y se acercó a Steve con el ceño fruncido-. Tú no has estado aquí, pero tanto la profesora Aline como Irise han pasado días sin dormir entre reparaciones y cuidar a todos los que están aquí, la Directora nunca sale de su despacho por todo lo que debe hacer y hasta le llevan la comida; hasta Alexander, quien viaja a Francia constantemente para ver a su novia y es quien regula a los refugiados aquí. Ni qué decir de Triggr ausente, Wanderer en ese sueño de muertos y Núñez inválido.

-El profesor Núñez no es un inválido-arremetió Steve mientras llevaba su mano sana al hombro herido recordando su condición-. Y si ellos de verdad quisieran hacerse tiempo lo harían. Sí, entiendo que todo se fue al caño, pero…

-… ¿Podrían callarse los dos de una vez? -alzó la voz Medusa levantándose y cubriéndose con ese enorme abrigo que la cubría casi por completo-. Por favor, no quisiera que terminemos divididos otra vez por estas diferencias-su voz se quebró y Steve suspiró intentando acercarse a la chica, la abrazó y le pidió perdón en susurro-… No lo vuelvan hacer.

-Deberías ir a descansar, Medusa-sugirió el heredero de los Black intentando relajarse, manteniendo distancia del par que continuaba abrazados-. Si no quieres ir a tu cuarto asignado quédate aquí, aunque todo mundo ya sabe dónde está la sala por la evacuación de Hogmeade no cualquiera entra.

-Y, solo para aclararlo-Lloyd cerró con fuerza el libro que leía y se levantó en dirección a la salida de la sala. No pensaba ir a dormir, pues ahora tocaba el turno de entrenar con las runas que se le habían enseñado esa semana-… Si Defunct acusó a Gerard de matar a su hijo, y se sabe que él acabó con la vida de un mago oscuro joven hace más de 10 años… creo que es obvio saber quién era. Los apellidos no concuerdan, pero es la conclusión viable. E indica que ese… traidor-pronunció con cizaña y amargura, pues recordó cuando el exjefe de Slytherin, ya sabiendo la verdad, se burló de él por no saber invocar su patronus para mandar mensajes la noche del incidente con el boggart-… lleva años inmiscuido en magias prohibidas y oscuras. No hablo de las Artes Oscuras, sino las intenciones… Incluso Accio podría matar a alguien si el mago se lo propone.

-O las magias sanadoras causar estragos-agregó Linus suspirando, pues la regeneración extra del cuerpo podría traer daños dolorosos si se ejecutaba mal… o intencional-. ¿Quieres que me quede, Medusa?

-No, no, estoy bien sola-la pelirroja se separó de Steve y sonrió triste. No estaba tan mal, pero se encontraba cansada y, de hecho, agradecía la intervención de Nicolas hace meses en el duelo que tuvo porque sabía que no se desmoronaba gracias a sus duras palabras-. Dormiré aquí esta noche, ya mañana iré a mi habitación.

-¿Quieres que te traiga algo para cenar?-preguntó Steve ya yéndose con el resto. También se sentía cansado y él planeaba ir a buscar a Sandra para conversar cómodamente.

-No, no tengo hambre-y así, la pelirroja fue a recostarse en un sillón cerca de la chimenea y cerrar sus ojos. En menos de un minuto cayó en un sueño profundo, pues se le escuchó roncar suavemente y el trío no pudo evitar sonreír al verla “a salvo” y descansando.

**********************
Markus y Nicolas no podían dejar de ver el cielo en la ciudad mágica a la que habían llegado, Kalale, pues en vez de ver escobas eran alfombras las que surcaban a gran altura como medio de transporte en esa parte del mundo mágico. El Ministerio Británico las había prohibido y nunca habían visto por sus propios ojos como varias personas podían estar sobre aquellas telas de diversos colores y diseños, sentados y hablando como si nada. Era de noche, pero eso no les impedía admirar el panorama con la iluminación de los postes de luz.

-Pues Disney le atinó-murmuró Nicolas, aunque Markus no entendió porque no conocía esa empresa de películas muggles.

Muchos magos y brujas caminaban con sus hijos, sonriendo y pasándola bien en contraste al Callejón Diagon, donde siempre había prisas y continuaba reconstruyéndose. Era un choque muy fuerte de ambas culturas e hizo cuestionarse al peliverde si el apoyo de la Confederación era infame debido a cómo la India logró sobrellevar el ataque global. Incluso era más sorprendente de ver en las calles a distintas criaturas mágicas como clabberts (un animal que parece una mezcla de rana y mono), streelers (caracoles gigantes) e incluso occamys que descansaban en cestos con sus retoños y huevos de plata rotos que eran recogidos por sus presuntos dueños. Markus y Remeny no podían ocultar su emoción yendo a ver cada animal, e incluso Alatuir parecía como pez en el agua disfrutando estar rodeado de los animales, lejos del porte austero en Mongolia.

Al rato llegaron a una casa sencilla sin puerta, a la que Irise entró con confianza y seguido de ella el resto del grupo. A esas alturas Sion ya estaba de nuevo en la mochila de Markus descansando, pues todo el viaje la había agotado… hasta que salió de un brinco ahora con su pelaje blanco en vez del negro, pues olfateó (y todos igual lo olieron) comida recién hecha y quiso ir a buscar el origen del alimento. Sola, y con un semblante cansado, una mujer de casi 40 años de tez morena y cubierta por un pañuelo rosa fuerte recibió a Irise con un fuerte abrazo e hizo señas de que todos se sentaran en una mesa de madera robusta y resistente. Mientras lo hacían, varios cubiertos iban flotando en los espacios correspondientes a las sillas y la comida se iba sirviendo a la par, descubriendo que el alimento era arroz blanco con verduras y con olor dulzón acompañado de lo que parecía harina de cebada cocida rellena de carne. El estómago de todos los presentes rugió y la mujer instó a que todos comenzaran a alimentarse mientras tomaba asiento al lado de Irise.

-Bienvenidos sean-habló la mujer, delatando su edad y un buen acento inglés-. Soy Mirari, encantada de conocerlos. Alatuir, espero que te guste la comida, sé que eres quisquilloso con eso-el aludido sonrió y le dio un trozo de la carne rellena a Sion, quien comía en su propio plato.

-Señorita Mirari, debo decir que soy una admiradora suya-habló Remeny de buen humor y contenta-. Si Irise me hubiese dicho que la conocía… ¡Su labor es impresionante! Logró salvar a varios occamys de contrabando, además de liderar a varios magos y brujas el Día I y sacar adelante a varias comunidades. Manos como las suyas habrían sido beneficiosas en Londres.

Markus estaba en silencio, degustando la comida y escuchando a los demás hablar a la vez que observaba, pues no quería perderse ningún atisbo de la cultura mágica de la India para presumirle a su hermana todo lo que había aprendido. No obstante, en una mesita al fondo se topó con una fotografía de Mirari con un joven de 18 años, el parecido en ambos era grande y dedujo que se trataba de su hijo… pero una vela iluminada al lado le hizo ver que los rumores acerca de ella eran ciertos: había perdido a ese joven, y por la edad en la imagen y que los dos estaban “moviéndose” tímidamente, indicaba que tenía poco de haberse hecho. Posiblemente la muerte de él provocó que ella liderara la resistencia en la India.

-… ¿Fénix?-cuando Markus regresó su atención a la conversación, solo escuchó esa palabra. Las profesoras debieron tocar el tema para ir al grano rápido y Mirari hablaba tranquila-… Pues aquí, en la India, se encuentran en el macizo de montañas Nun Kun en el Himalaya.

-¿Himalaya?-cuestionó Nicolas abriendo sus ojos desmesuradamente-. Si bien recuerdo, nosotros estamos en Karnataka, al sur de India… el Himalaya está al norte, muy al norte…

-Así es-respondió la mujer mayor asintiendo solemnemente-. Alatuir, hiciste bien en traerlos aquí. El acceso a las montañas es solo por medios muggles debido a todas las protecciones mágicas que hay y, aunque estoy segura que habrías podido guiarlos tu solo, el viaje de Mongolia hasta acá y luego allá es un buen método para perder el rastro si es que los seguían.

-Pero… y si es así-continuó el peliverde un tanto alertado-… ¿No corre riesgo de que hayamos venido hasta su propia casa?

-¿Quién dijo que es su casa?-preguntó Irise sonriendo benévolamente-. Sí, tiene cosas personales aquí, pero es solo una de tantas medidas a tomar cuando se es una figura pública.

-Partiremos a la mañana-dijo Alatuir en tono seco ya cuando terminó de comer-. Mirari, ¿vienes?

-No, querido. Debo seguir aquí un par de días-la mujer sonrió apenada, parecía que sí quería ir-. Pero les prestaré mis alfombras para que puedan desplazarse, están reforzadas para soportar climas o atmósferas peligrosas, son indetectables y no pueden ser rastreables. Un amigo experto en runas, ciego por cierto, me ayudó en eso.

-¿Conoce a Dacitus?-interrogaron Markus y Nicolas al unísono Mirari soltó una leve risa y le brillaron los ojos.

-Les queda mucho por aprender y conocer. Es maravilloso… por ahora descansen, que el viaje por el fénix no cualquiera puede hacerlo-se le quedó viendo a Markus e inspiró hondo-. También conocí a tu hermana, Tabitha. Gran uso de la aritmancia sin duda.

-¿Cómo sabe que tengo una hermana?-el aludido frunció su ceño y miró a Nicolas, quien igual se mostraba incrédulo y curioso.

-No te preocupes por ello, Eltnam. Y Señor Verdugo, puedes transformarte para descansar, será mejor así que si te mantienes en tu forma humana.

Con dudas en su cabeza de cómo es que esa mujer sabía tanto, tuvieron que obedecer y se fueron a una habitación sencilla para descansar, advertidos que se levantarían temprano para partir en búsqueda de aquella ave. Remany también se fue a dormir a otro cuarto y Alatuir optó por quedarse fuerza de la choza y conseguir material para el viaje, además de avisar que iría a su refugio por cosas extras y volvería listo para la mañana. Solo Irise y Mirari se quedaron en el comedor bebiendo un té de hierbas naturales, pues la Jefa de Ravenclaw quería aprovechar para conversar con su amiga antes de dormir.

-Mirari, cuánto lo siento respecto a Adsen… si hubiera sabido…-inició Irise intranquila, pues ella vivió en carne propia los riesgos respecto a su hija Aeiris y la manipulación hecha a Fernando con esa Imperdonable.

-Duele, pero es lo que me impulsa a seguir-la mujer miró el retrato donde estaba su hijo y suspiró perdiendo la sonrisa que sostuvo todo el rato anterior-. Él quería ser Medimago, ¿sabes? Y abrir un hospital aquí en el país. Ya se había graduado de la escuela, solo estaba buscando a dónde ir: si a Inglaterra o Estados Unidos a especializarse.

-Habría sido muy bueno en eso-la cuchara de la taza de Irise comenzó a moverse sola para revolver el sabor y así continuar conversando-… Si recuerdo bien, ¿estudió en una de las escuelas no registradas?

-Sí, en la India abundan mucho de esos-Mirari dio un sorbo a su taza y prosiguió hablando-. Pero sé que no quieres hablar de él, ni yo tampoco. ¿Por qué no trajeron la Diadema?

-¿No podía ocultarte eso, verdad?-Irise sonrió y suspiró cansada-. La Diadema desapareció, y aun así está bien no haberla traído. Si nos encontraban podrían caer en manos equivocadas.

-Hubiera servido mucho tenerla para que el fénix no los considerase una amenaza-la mujer hindú se terminó la bebida y la taza comenzó a rellenarse sola-. Y eso que están sus dos herederos.

-¿Dos? Mirari, solo uno de ellos fue…

-Irise, amiga, he vivido muchas cosas y conozco más de la magia que tú. Las reliquias mágicas poderosas no solo son de un usuario exclusivo-Mirari se estiró los hombros y de reojo vio el cuarto donde los chicos descansaban-. Y no dudo que, en esta época de crisis, tanto la espada de fuego como la copa de tierra, la diadema de aire y el guardapelo de agua, busquen más de un heredero. Eso les servirá a ustedes cuando la guerra se intensifique, aquí tenemos nuestras propias defensas.

-¿De verdad lo crees?-Irise recordó que, gracias a lo que les contó Gerard en su momento cuando Medusa le contó lo que las “estrellas le dijeron”, fue diferente porque él no resultó ser el heredero, sino Aline al sacrificar su memoria por el bien de Lancelot y la comitiva que crearon antes del ataque-. Eso explicaría unas cosas que ocurrieron, pero ya estaba de por medio una profecía astral y eso no es algo fácil de negar.

-No, no. No estoy diciendo que las estrellas hayan mentido-la mujer sonrió de nuevo y miró a Irise con cautela, pues se sabía el riesgo de tener esta conversación en ese sitio-. Tan solo que se dio una errónea interpretación… la espada se aparece a los dignos de Godric, y ya tu amiga lo demostró; la diadema a quienes demuestran inteligencia y te aseguro que esos dos me lo mostraron hoy; el guardapelo a quienes son astutos, y sé que éstos dos herederos son más parecidos de lo que ellos mismos creen; y la copa a los leales, y esta será la más difícil por los tiempos actuales.

-Mirari, ¿tú sabes quiénes son?

-No en realidad-la voz ya sonaba cansada, pero un ruido en el patio pareció animarla y la sonrisa se ensanchó más-. En este viaje descubrirán muchas cosas-y entonces otra taza voló a la mesa, llena de ese té. Irise se preguntó quién sería el invitado y cuando lo vio llegar por detrás, no pudo evitar alegrarse-. Siéntate, señor Tet, el té está caliente. Y aún nos queda la noche para trazar un plan para el viaje hacia el Himalaya, las estrellas están a su apogeo.

**********************
Apenas iban a ser las 10 de la noche y la actividad en Hogwarts ya había cesado por ese día. Muchos ya estaban dormidos y se podía contar con una sola mano quienes continuaban despiertos: Aline en el suelo cerca del sauce boxeador luego de haber entrenado mientras era observada por un Dacitus preocupado, Lloyd grabando al aire runas para no olvidar su grosor, Steve con insomnio y aprovechando el tiempo para practicar con la varita hechizos… y Alexander Black caminando rumbo a la Sala de Menesteres para ver a su sobrina. Se imaginaba que ella no estaría en su cuarto correspondiente, así que quiso ir a buscarla ahí para poder conversar y saber cómo se encontraba luego de estar un mes en el Hospital. Además, sabía de la visita que hizo la esposa de su primo y, aunque estaba furioso con ella y se contuvo de decirle algo, su prioridad era ver a Medusa t darse cuenta por sí mismo de su estado mental.

Cuando se giró en el pasillo faltando unos metros, se topó con la espalda de Linus y notó que el chico iba en su misma dirección. Sonrió para sí, aliviado de que su sobrino comenzara a desviarse del camino en el que su madre lo había obligado a seguir.

-Buenas noches, Linus-habló, y el aludido volteó a verlo sobre su hombro sin ocultar fastidio de que estuviera ahí con él-. Tranquilo, solo quiero ir a ver a Medusa.

-¿Puedes esperar? Quisiera estar con ella a solas-respondió el joven Slytherin, quien era poco más de 10 centímetros más alto que su tío-. No quiero que molestes nuestra plática.

-¿Aun sigues con eso?-Alexander negó con la cabeza y no le hizo caso, alcanzándolo y caminando al lado suyo-. Hace poco hablé con tu hermana, Iracebeth. Está sacando adelante la Escuela donde enseña y quiere que luego le escribas. ¿Podrás hacerte el tiempo?

-Luego-contestó secamente el joven Black y aquello evocó una sonrisa amarga al astrólogo del Colegio.

-Creo que desde el Día I no habíamos conversado solos-cuando faltaban un par de metros para llegar a la Sala de Menesteres, el profesor tocó el hombro de su sobrino para detenerlo-. ¿Cómo estás, Linus?

-¿Y qué le importa?-renegó el chico agitando el brazo para quitar la mano de su tío-. Todos tenemos nuestros problemas y no es que quisiera hablarlos con usted.

-Linus, por favor, yo…-se interrumpió cuando escucharon que las puertas de la Sala se abrieron. Medusa salió y tomó rumbo a la izquierda caminando a paso tranquilo sin un rumbo exacto. Linus se quiso adelantar, pero se detuvo porque el docente estiró su brazo y justo cuando iba a reclamarle, se calló porque el semblante de Alexander era uno preocupado e inquieto-. Debemos seguirla, y guarda silencio.

A regañadientes, Linus comenzó a caminar junto al profesor manteniendo una distancia de unos 5 metros de Medusa, quien caminaba con cierto aire despreocupado que, lejos de aliviarlo, le perturbó. La siguieron hasta una de las salidas que daban a la cabaña del Guardabosques, sitio que quedó abandonado luego de lo ocurrido con el Subdirector porque se era su sitio de descanso y nadie quería tomar su lugar. Al salir al campo, los dos Black notaron que las estrellas estaban brillantes como pocas veces en el año y que, al estar en el exterior, Medusa alzó la cabeza para ver los puntos luminosos y esa posición extraña continuó caminando hacia el Bosque Prohibido.

-¿Qué estás haciendo?-susurró Linus incrédulo aunque sabía que la chica no podría escucharlo, pero Alexander parpadeó un par de veces y sacó su varita.

-Magia de estrellas. Está teniendo una visión-aclaró a su sobrino, recordando aquél episodio que Gerard contó cuando Medusa tuvo esa visión de las reliquias-. No debemos interrumpir su trance. Sigámosla, el bosque es peligroso y debemos cuidarla para que no le pase nada.

-Ni tienes por qué decirlo-Linus también tomó su varita y, preocupado por lo extraño del asunto, se adentró al Bosque Prohibido sin saber exactamente qué esperar.



BONUS 2
Spoiler:
Afortunadamente la luna llena había pasado sin incidentes y esa noche, Joseph estaba afuera en una mecedora de madera tomando un chocolate caliente observando que, esa noche en particular, las estrellas brillaban mucho. Se sentía mal que Rachel no estuviera con él y entendía por qué Olivia no quería a nadie más ahí: una cabaña remota y ni siquiera sabía aún dónde estaba, pues era el refugio de esa mujer. Si los cálculos no le fallaban, llevaba ahí como dos semanas y su secuestradora resultó ser una vampiresa amiga de su padre, de ahí que su piel fuese fría y tuviera colmillos. Aquella mujer le explicó que se lo había llevado para entrenarlo en su maldición porque consideraba que sus métodos eran más efectivos que los de la enfermera lupina, además de regañarlo porque el modo de secuestro era fácil de evadirlo y ni siquiera luchó, reprobando así la primera prueba impuesta.

Joseph esperaba que nadie resintiera su ausencia, pues si conocía a su madre y hermana ellas pensarían que estaba en Hogwarts y ni habría mandado cartas para saber cómo estaba; y el colegio, por su parte, creería que estaba en casa y tanto Nicolas como Irise no habrían resentido mucho su ausencia porque podía pasar tiempo sin avisarles. Solo Rachel era quien de verdad le preocupaba.

-¿Te vas a dormir ahí?-la voz de un hombre lo interrumpió y al voltear a buscarlo, se topó con otro “refugiado”, el Ministro de magia Russus Lockhearth, quien estaba presuntamente desaparecido desde hace meses. Ya había mechones grises en su cabello rojo, sus ojos amarillos lo miraban a través de sus gafas y su porte elegante le recordaba a un león. Joseph siempre sospechó que era un Gryffindor por esa mirada astuta y tenaz, pero no había ahondado en el pasado de aquél mago-. Pescarás una gripe del gato negro y no creo que Olivia quiera cuidarte.

-No pasa nada-contestó Joseph mientras el Ministro se sentaba en otra silla mecedora-. Total, usaría los pelos que escupa para crear un abrigo. De mí para mí, sería perfecto.

-Eres algo extraño, joven Pashenko- río Russus mientras se masajeaba una pierna, la cual provocaba cierta cojera. Joseph recordó que, según a sus palabras, fue emboscado mientras se dirigía a la India por unos mortífagos que estaban dispuesto a matarlo y Olivia lo había rescatado. La vampiresa le había recomendado que se mantuviera en calidad de desaparecido mientras su cabeza tuviera precio y el mago más poderoso de la Sociedad Mágica había aceptado su propuesta, pues sabía que el Ministerio ya estaba infectado y era de los pocos que no habían caído-. Pero me agrada tu ingenio.

-Obvio, soy Ravenclaw-habló Joseph orgulloso y sonrió para intentar relajarse-. ¿No le preocupa cómo estará su familia?

-Por supuesto, pero no puedo hacer nada-lamentó el hombre recargándose y mirando al cielo nocturno-. Antes de iniciar mi labor como embajador me encargué de asegurarles un sitio seguro, pero solo me lamento que no sepan de mí…

-Le aseguro que ellos están bien-la voz de Olivia, la “secuestradora”, llegó desde a un lado de la cabaña y la mujer, pelirroja y de tex blanca cargaba con grandes trozos de madera para usarlas en la pequeña chimenea de su refugio-. Ustedes dos deben descansar, no deberían perder el tiempo ahí sentados.

-Pero Olivia, el parque de diversiones está cerrado y la cafetería con el logo de sirena no abre sino hasta mañana-reclamó Joseph como si aquello fuera lo peor del mundo-. Hay tantas cosas por hacer en este sitio paradisiaco que no sé por dónde empezar.

-Guarda tu lengua, lobito-Olivia torció su sonrisa y se acomodó sus ropas, un traje táctico que le recordaba a Joseph algunas espías muggles-. Solo unos minutos y los dos se me van a dormir-y la vampiresa entró a la cabaña dejando a los dos hombres solos.

-¿Dejas que alguien más joven le ordene?-cuestionó Pashenko al retomar de beber su chocolate caliente.

-Te aseguro que yo soy un niño a comparación de su verdadera edad-contestó Russus intentando relajarse-. Espero que te vaya bien con tu entrenamiento. He conocido a pocos hombres lobo que dominen sus instintos.

-Tengo un fuerte motivante-expresó el chico dejando a un lado su actitud sarcástica y juguetona-. Quiero ser fuerte para las personas que quiero…-y poder levantarme un día sin temor de matar a alguien.


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Capítulo V: Pruebas Peligrosas.

Mensaje por Ghostyaya el Vie Jul 13, 2018 4:39 pm

Capítulo V:
Pruebas Peligrosas.

Entrar al Bosque Prohibido de noche era una experiencia que Linus nunca había experimentado y del que no tenía interés en llevar a cabo, pues estar en un sitio desconocido y sucio le desagradaba bastante. No se metía con aquellos que les gustara la exploración o una ardua exposición física, pero eso no era lo suyo…. Afortunadamente, su tío Alexander estaba con él y podía guiarlo a través de la zona gracias a que podía leer las estrellas y saber su ubicación, una habilidad bastante loable. El joven Black estuvo a punto de invocar su patronus y ordenarle que buscara a su prima, pero el profesor se lo prohibió porque los centauros podrían tomarlo a mal y no están en condiciones de empeorar la situación de Hogwarts con ojos terceros.

Para su mala suerte, Medusa se había “esfumado” entre los árboles, por lo que llevaban un buen rato buscándola. Linus recordaba tener la moneda que le había regalado la profesora Irise por ser parte de la Orden del Duelista, pero ahorita no servía de nada porque nadie más de dicha agrupación estaba en el Colegio y la maestra estaba de viaje, por lo que podrían pasar horas para que ella le mandara un aviso a algún profesor dentro del Castillo. Y, para su mala suerte, debía seguir las indicaciones que su tío le dijese; al menos solo sería por esa noche y luego podría volver a seguir su vida sin él.

Ya llevaban bastante tiempo caminando y solo usando el hechizo Lumos para guiarse. Los pies le dolían al joven, aunque no lo expresaba por orgullo y más porque Alexander no parecía afectarle el caminar por sin detenerse. A lo lejos escuchó que se rompía un pedazo de rama y se detuvo, a lo cual Alexander paró y determinó el origen del ruido para desviarse en dirección a la entrada de un claro; acto seguido se escuchó un relinchar y preguntándose si se trataría de un unicornio, el chico se adelantó apagando la magia de luz y se ocultó tras un tronco grueso. Alexander hizo lo mismo al árbol de al lado y cuando los dos se asomaron, se toparon con un centauro grande y viejo de pelaje cobrizo que les miraba directamente. Ambos sabían que esas criaturas no se llevaban bien con los magos y cada uno por su parte se estaba imaginando un conflicto cuando se percataron que una figura femenina al lado del centauro les miraba con sorpresa.

-¡Medusa!-gritó Linus aliviado, dejando su refugio para acercarse a su prima-. Ven conmigo, no hagas movimientos bruscos.

-Son familiares, ¿no es así?-la voz grave del centauro intensificó su porte salvaje. La luna, como si estuviera curiosa de lo sucedido, les iluminó a pesar de estar oculta tras unas pocas nubes.

-Sí, el más joven es mi primo y el otro es mi tío-contestó Medusa. A esas penumbras sus cicatrices no se notaban, por lo que podía desenvolverse con mayor confianza-. ¿Qué hacen aquí?

-Más bien qué haces tú aquí-contestó Linus con ese reclamo y un poco enfadado-. Saliste de la Sala de Menesteres como si, como si…

-Estuvieras en trance-complementó Alexander, quien ya guardaba la varita y alzaba la mano para saludar al centauro-. Tanto tiempo sin verte, Ásteris.

-Igualmente, humano Negro. No has cambiado mucho-respondió el centauro cobrizo sonriendo de lado-. Qué hilos de la vida es que ella sea tu pariente.

-No creí que hubieses sido tú el que le ayudó el año pasado-Alexander asintió sonriendo de buena gana y bastante aliviado-. Medusa, Linus, Ásteris es uno de los astrónomos de su manada, y el único que quiso enseñarme cuando estudiaba aquí.

-Muchas lunas han pasado desde entonces-el aludido agitó su cola y realizó una leve reverencia con junto al doblar una pata para indicar una especie de saludo formal-. Las estrellas le hablaron a la maga, por eso vino hasta aquí.

-Y cuando terminaron de mostrarme algo, él estaba conmigo-dijo Medusa acomodándose el cabello rizado despeinado-. Perdón si les preocupé.

-Entiendo que los poderes de Adivinación no son controlables-comentó Linus suspirando y terminando por guardar la varita. Ahora que descansó se percató que sus pies le dolían más y se preparaba para usar Aparición en vez de caminar-. Vayámonos a Hogwarts, Medusa.

-Espera, Linus-interrumpió Alexander negando con la cabeza-. Todavía debemos…

-… No sigo órdenes tuyas, Alexander-contestó Linus enojado porque el dolor en sus pies no era un punto positivo para mantenerse sereno-. Medusa, vámonos.

Y Ásteris relinchó molesto, callando a todos de una sola vez. Comenzó a caminar alrededor de los Black mirándolos uno a uno con un semblante lleno de decepción. Incluso Linus no pudo evitar sentir cierta intimidación ante el poderío de esa criatura, quien en cuestión física era superior a los tres juntos y no sabía si la magia era efectiva contra los centauros.

-Parecen crías recién nacidas, berreando por todo-se quejó el centauro con voz ronca-. Hay entre ustedes tanta hostilidad que podría asfixiarme.

-Disculpa, Ásteris-intentó justificarse Alexander acercándose a su viejo amigo-… pero sabes cómo son los jóvenes…

-¿Y qué me dices tú, Negro? La oscuridad que alberga tu corazón posee raíces más profundas que el joven brujo, y aunque tiene peso de existencia, lo único que hace es llenarte de sombras que no te dejan confiar en los demás-ante ese comentario, Alexander bajó la vista y apretó sus manos mientras suspiraba-. Y tú, niño, tu inseguridad ha provocado que tomes decisiones infantiles-el centauro se acercó a Linus y se agachó para verlo mejor- y quieras verte en tu reflejo como alguien más, alguien muy diferente a como naciste-ante esa frase, el chico comenzó a ponerse bastante nervioso. ¿Se refería a lo que él…? -… y por eso has contemplado cosas muy perversas para tu persona. ¿Alguna vez has pensado en qué pasaría con los que te aman si cometes alguna de esas tonterías? La muerte no es un escape.

El centauro se alzó y luego se colocó al lado de Medusa. Linus podía percibir cómo temblaba de nervios, tragando saliva y sin poder atreverse a mirar a alguien más. Sin embargo, debía admitir que le llamó la atención lo que esa criatura le dijo a su tío, pues nunca había pensado que él pudiese albergar tanto rencor. ¿Hacia quién dirigiría tales sentimientos?

-Esta bruja necesita su ayuda-miró a la pelirroja y asintió-. Debes decirles.

-Pero... ni yo misma entiendo qué me dijeron-puntualizó Medusa algo confundida, pero el semblante de Ásteris indicó que debía hacerlo y a la Black no le quedó de otra-… Bueno… es que cuando estaba en la Sala de Menesteres escuché que algo me hablaba. No alguien… algo… y a salir del colegio, las estrellas me mostraron muchas cosas… muchísimas: de nuevo esas serpientes que se matan entre sí; una piedra de color sangre que se rompería; vi las reliquias de los fundadores, pero se dividían en dos partes iguales; una sombra muy oscura que iba tras… no… no recuerdo, pero me asusté porque vi a Euríale ahí…-la pelirroja comenzó a sentir opresión en el pecho, como si le costara respirar-; te vi a ti, Linus.. bueno, no precisamente, sino tu patronus un gato… lo conozco porque ya lo he visto antes… y tu patronus se desgarraba, como si algo lastimara terriblemente-sin poder evitarlo, Medusa comenzó a sollozar un poco-; y entendí que cuando vi el gato llorar en el anterior, era la profesora Aline llorando por lo ocurrido con el Subdirector…; y… vi un tejón, estoy segura que era un Hufflepuff, que se desvanecía en el aire y ese mismo gato lloraba… y tengo miedo, porque si ese gato es la profesora Aline, entonces alguien de mi casa va a morir y yo.. yo…

El centauro puso su brazo en la cabeza de Medusa mientras ella ya no podía hablar por el llanto que intentaba controlar debido a esas revelaciones. Por su lado, Linus meditaba profundamente aquellas palabras que advertían escenarios adversos: él sufriendo algo y debía ser peor a lo que pasaba actualmente, la muerte de un Hufflepuff y que Aline se relacionaría con eso… y lo de las reliquias. Hasta donde recordaba, su prima, el Subdirector, Markus y Steve eran los elegidos de los fundadores; sin embargo, la espada había estado en poder de la profesora McGrowell y ahora con esto significaba que dos podrían ser los sucesores. Eso quería decir que Wanderer y ella eran los de Gryffindor, faltando otro para Ravenclaw, Slytherin y Hufflepuff. ¿Quiénes podrían ser? A su criterio, Lloyd o Nicolas debían ser para la diadema, el profesor Theodore para la copa y Lancelot para el relicario

Pero Dunham es el heredero… eso da pie a que cualquiera pueda serlo, incluso el traidor de Defunct.

-Calma, Medusa-dijo Alexander acercándose a su sobrina para abrazarla. Linus regresó a la realidad mirando a esos dos juntos, rememorando que su tío nunca había sido cercano con alguien de la familia, pero seguía siendo un Black al fin y al cabo que parecía preocuparse por todos-. No pasará nada, tranquila.

-No deberías mentir-reclamó Ásteris que ya se alejaba un poco del trío-. Los tiempos oscuros vienen como una ola y será difícil que logren secarse con premura. Pasarán años para que alguno de ustedes pueda dormir profundamente-se dio la vuelta para irse, pero se detuvo y miró por arriba de su hombro-. Maga, debes aprender a engañar el tiempo, eso te ayudará más pronto de lo que crees. Y recuerda: la magia es poder.

Y a paso veloz el centauro galopó para adentrarse al bosque y perderse en la espesura de los árboles y su follaje. El viento mecía las ramas y la Luna terminó por ocultarse tras las nubes negras sumiendo de una tenue oscuridad a los Black que continuaban ahí. La pelirroja aún lloraba por recordar todo eso, pero Alexander y Linus se quedaron pensando en el significado de engañar al tiempo. ¿A qué se refería con eso? Cada uno pensó en el uso del Giratiempos, pero era prácticamente imposible conseguir uno y el intentar viajar al fatídico Día I sería una pérdida de tiempo por todo lo que deberían hacer girar el objeto para llegar al momento preciso… y si es que se llegaba al justo instante requerido.

-Por favor-rogó la chica capturando la atención de esos dos-… no peleen. Somos familia. No quisiera que nos dividiéramos más de por sí…-Medusa se alejó de su tío con suavidad para acercarse a Linus-. No sé qué es lo que te atormenta tanto, y sé que no es nuestro compromiso, pero debemos apoyarnos y debes aprender a confi… ¿Linus, estás bien?

De repente Linus veía borroso, pero parpadeando un poco su vista se aclaró y sintió algo húmedo rodar por su mejilla y al revisarse notó que estaba llorando. ¿Por qué? Al realizar una introspección se percató que estaba así por pensar en que algo malo se vendrá y que él sufrirá mucho por eso. Estaba seguro que no se trataba de lo que tenía relación con sus ausencias, sino con lo que dijeron los mortífagos respecto a su madre. Venía sospechando de un tiempo para acá que ella ayudaba al enemigo, pero no quería pensarlo porque… era su madre, la quería.

-Sí… yo…-se interrumpió el slytherin suspirando. Tanto tiempo imponiéndose barreras que ya se estaba cansando… ¿Y si era sincero alguna vez? -… No, no lo estoy—suspiró y se limpió para alzar su mirada a su tío-. Ya regresemos a Hogwarts, Alexander.

Ante eso, el Gryffindor se permitió sonreír y se acercó para tomarse de las manos, permitiendo que fuese Linus quien usara Aparición para sacarlos de ahí.

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Era un choque para Markus que, luego de estar encerrado por un mes, tuviese que salir al exterior a un país que no conocía junto a su amigo, las profesoras y siendo liderados por un tipo que se ganó la confianza de su gata en cuanto lo conoció. Sí, el menor de los Sokaris estaba muy nervioso y por eso no pudo pegar ojo anoche, más cuando escuchó (junto a Nicolas) lo que dijo Mirari respecto a los herederos de las reliquias. ¿Eran dos por cada uno? Entonces las sospechas del enemigo de que el peliverde era el dueño de la diadema era en parte cierto, pues ahora resulta que los dos lo compartían; eso explicaba por qué la profecía de Medusa indicaba que era Gerard y fue Aline en su lugar si era cierto lo que Lancelot les dijo. Descartó a Euríale para ser la otra de Hufflepuff, pues la traición fue hecha aunque hubiese Imperio de por medio, así que las otras opciones, para él, era el profesor Theodore, el dragonologista Dante o el periodista Gabriel; y de Slytherin... ahí desconocía quién podría estar con Steve para compartir el poder del relicario.

-¡Sokaris!-la mente de Markus pesaba bastante, incluso le dolía la cabeza luego de terminar sus pensamientos en cuanto a su situación y las reliquias. Ni siquiera se había dado cuenta que tenía sus ojos cerrados hasta que la docente Irise le gritó-. ¿Estás bien? ¿Puedes levantart…? ¡Carajo! ¡Desaugeo!

¿El maleficio que hace creces dientes? ¿Pero qué estaba pensando? Markus apenas podía recordar que muy temprano salieron de la casa de aquella bruja montando una fabulosa alfombra mientras se dirigían a las montañas Nun Kun en el Himalaya, al norte de India, luego de usar varios trasladores que hicieron que llegara el mediodía. Tuvieron que parar en un prado cuando a la lejanía se podía ver la formación montañosa debido a que la alfombra comenzaba a fallar por alteraciones mágicas naturales. Aterrizaron y comenzaban a guardar las cosas cuando escucharon un ruido a la lejanía y…

-Por amor de... ¡Markus!-gritó Nicolas tan cerca que lastimó sus oídos-. Ni siquiera Rennervarte funciona para que despierte bien.

-Es lógico, Nicolas-ahora la voz de la señorita Remeny se hizo escuchar, quien parecía bastante angustiada-. El uro lo atacó cuando estaba herido, y como su sangre tocó a Markus, él no pudo soportarlo y le dio tanta fuerza que se desmayó. Rennervarte funcionaría solo si alguien experto lo ejecuta, no nosotros.

¿El uro no es como un buey gigante de color oro? No asistía a clases de Cuidado de Criaturas Mágicas, pero recordó de la clase de Pociones con el docente Abdiel que la sangre de esa bestia mágica es muy demandada pero es difícil de conseguir, pues la criatura es rara de encontrarse y si se obtiene otorga un poder físico descomunal por tiempo limitado. Ahora que lo recordaba… sí, una cosa dorada arremetió contra él queriendo encajar uno de sus cuernos en su pierna, pero lo último que miró bien fue que el uro estaba herido de la cabeza y cuando entró en contacto con él…

-¡Irise nos consiguió tiempo al hacerle crecer los dientes!-Markus sintió cómo estaba siendo cargado por alguien bastante fuerte y era llevado a cuestas por el hombro de alguien. Reconoció inclusive el pelaje de Sion que le frotaba en la cara-. No usen Aparición aquí, la despartición es peor. ¿Quién de ustedes sabe de runas?-el chico reconoció la voz de Alatuir, el mercenario. Sin embargo, le pareció más elocuente de lo normal. Le costaba abrir sus párpados, por lo que continuaba sumergido en ese cansancio que le impedía ver bien.

-¡Nicolas! Corre, no vuelvas a tu forma humana-gritó de nuevo Irise ahora agitada. Parecía que todos estaban corriendo-. ¡Protego Totalum!

Se detuvieron, Markus continuaba con su cuerpo débil y percibió que era dejado en el suelo sin mucho cuidado, y Sion aún continuaba maullándole y golpeándolo con sus patitas en la cara. Por fin, en esa posición, logró abrir los ojos y miró que estaba rodeado de un gran escudo que estaba siendo golpeado por ese uro con dientes desproporcionados; a su lado estaba Sion que se restregaba a su cuerpo y un zorro verde en una posición de alerta con sus orejas alzadas; Irise apuntaba al escudo con su varita y a cada golpe parecía que temblaba, pues debía mantener ese Protego para que no pasara nada; Remeny buscaba cosas en su mochila con cierta desesperación y Alatuir, de espaldas, parecía mirar a uro en una posición pétrea y aparentemente de tranquilidad.

-No, no sabemos mucho de runas, es una magia muy especializada- contestó Remeny aun rebuscando en su bolso-. Pero Aline nos dio unas que solo se deben activar al pensamiento y no las encuentro…

-¿De qué son las runas? Que sean útiles-demandó Alatuir enojado, pero Markus detectó emoción en su timbre de voz.

-Nos dio varias, pero sé que nos dio la Runa Uruz-contestó Remeny metiendo su mano a lo que parecía un pozo sin fondo-. Investigamos de los animales de esta parte de continente y nos preparó una de esas. El Uruz, de hecho, representa al Uro y puede ayudar a repeler tal animal sin graves consecuencias.

-¿Y Aline no vino porque…? Ella habría ayudado más estando aquí, he visto sus habilidades-arremetió el mercenario sacando su varita.

-Ella está ocupada-ahora fue Irise quien habló cansada, pero Markus se quedó pensando en algo: ¿La Subdirectora también conocía a hombres como él? Fue como dijo Mirari cuando supieron que ella conocía a Dacitus: les faltaba mucho por vivir-. Luego nos reunimos, Alatuir. Espera a que Remeny…

-¡Lo encontré!-la aludida sacó una piedra rojiza que tenía grabado un símbolo de un arco con una punta sobresaliente en su lado izquierdo. Éste comenzó a brillar y los ojos de la magizoologa mostraron preocupación-. Oh, no… no… no.

-Accio runa-vociferó Alatuir y la piedra salió volando a la mano de él, donde dejó de mostrar luz y se pudo sentir que todos suspiraron-. Vaya, no le puso hechizo anti-accio, lo hizo bien. Irise, abre una parte del escudo para yo salir y pelear contra ese uro-el mago se acercó a la parte del escudo donde la criatura golpeaba con sus cuernos y se miró una grieta pequeña que iba creciendo a cada cabezazo-. ¡AHORA!

Irise obedeció, y en cuanto lo hizo Alatuir se abalanzó contra el uro que sobrepasaba con facilidad su tamaño a la del mago, quien intentaba someterlo con sus brazos sujetándolo de los cuernos para llegar al cuello. Eso sí, intentaba no ser tocado por la herida previa para evitar perder el control y desmayarse, tal como le ocurrió a Markus. La Jefa de Ravenclaw cerró el escudo y se dejó caer de rodillas temblando un poco por el esfuerzo que hizo en mantener el Protego. El joven Sokaris reconoció que, si él o alguien más hubiese conjurado el hechizo, éste habría cedido al poco tiempo por el poder físico y mágico del uro, estando a merced del animal sin saber cómo defenderse. A pesar de todo, eran un grupo numeroso y debían protegerse los unos a los otros con todo y desventajas, si tan solo se hubiera preparado…

-Deja de pensar en tonterías-habló Nicolas, quien volvió a su forma humana y tenía sus labios manchados de sangre. No lo había escuchado toser, por lo que Markus supo que se ensimismó mucho para no darse cuenta que alguien a su lado tuvo ese ataque-. Sé lo que estás pensando, Markus. Nadie estaba preparado para esto. Dejemos que él se encargue, para eso nos guía.

Y así, todos se centraron en la contienda donde Alatuir se forzaba para sí mismo en continuar su lucha contra el animal, quien se agitaba bruscamente buscando lastimarlo. Luego de varios segundos así, el mercenario apretó la mano donde yacía la runa y de entre sus dedos emergió una tenue luz roja que, al volverse intensa, la llevó a donde estaba la parte sangrante del uro y pareció hacerlo con tanta fuerza que la bestia bramó y se agitó más, lanzando al hombre a varios metros en dirección del Protego, donde chocó de espaldas y se escuchó cómo el golpe le lastimaba esa parte de su cuerpo. Alatuir fue resbalando hasta caer al suelo y el uro, por su parte, pataleaba al aire mientras esa luz continuaba en su cabeza.

Pasados los segundos, el brillo escarlata se fue atenuando y el animal se calmó, pasando a estar en una posición defensiva sin mostrar la agresividad anterior, incluso la herida había sanado por completo. Mugió con fuerza y luego dio media vuelta para irse, perdiéndose en la espesura del bosque indio y dejando al grupo con nervios e inquietud por lo que acababa de pasar. La runa uruz estaba en el suelo, y en unos segundos se quebró para irse convirtiendo en polvo y esfumarse por una leve corriente de viento que pasaba por la zona. Alatuir empezó a moverse y miró al resto por encima de su hombro.

-Espero que alguno de ustedes sí sepa de Sanación… si no, son un pésimo grupo de exploración.

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Aunque solo tenía ahí menos de una hora, Lancelot notaba que el colegio era muy diferente a cuando estaba de estudiante. Las paredes siendo reconstruidas, jóvenes y adultos viviendo ahí, comidas racionadas y un aire que rozaba con la tensión y el esfuerzo con salir adelante luego del Día I. No tenía intenciones de regresar a Hogwarts para estar con su madre y su hermana, pero éstas le insistieron que fuera a ver a la Directora luego del sueño que tuvo hace un par de semanas. Si se atrasó fue solo porque siempre daba peros para ir, y luego no le quedó de otra cuando su mamá usó el poder “maternal” y de un momento a otro ya estaba tomando vías oficiales para llegar ahí. Se topó con mucha seguridad en el camino por parte del Ministerio, atrasándolo varias horas en llegar y ahora, sentado en el despacho de la Directora, agradecía descansar sus pies en lo que ella volvía con la ahora Subdirectora Aline.

-¿Perturbado, joven Lucis?-esa voz grumosa y vieja lo asustó, y Lancelot se levantó de la silla para buscar a la fuente de la voz, descubriendo al Sombrero Seleccionador que lo “observaba” desde un estante en la parte superior de éste-. Es lógico, con todo lo que está pasando en el mundo mágico… y con tu pasado.

-¿Mi pasado?-ahora que lo pensaba, cuando el Sombrero debía indagar para saber a qué casa pertenecerían los alumnos, usaba alguna magia mental que le permitía averiguar no solo las intenciones al momento, sino la esencia de la persona en sí… pero a veces sus decisiones no eran acertadas-. ¿A qué te refieres con mi pasado?

-Pues… cuando te llamaron hace casi 7 años y me pusieron sobre ti, supe inmediatamente que no eras un Lucis Leblanc -el sombrero pareció arrugar la ceja y, la sombra que proyectaban sus arrugas de la tela asemejaron a una mirada profunda-. Pero no estaba en mi deber revelarte quién eres en realidad.

-¿Y no puedes ahora?-cuestionó el joven pensando en aquél sueño raro que tuvo.

-Eso no me compete, joven Lucis. A ellas sí-de pronto, pareció que el sombrero “dormía” y la puerta del despacho se abrió, por donde entraron la Directora Cathalifaud y Aline McGrowell con un gesto bastante cansado. Lancelot notó que las manos de la Subdirectora estaban heridas, pues unas vendas las semi-envolvían dejando libremente sus dedos para moverlos sin problemas. Ella le sonrió a Lancelot aunque sus ojos reflejaban fatiga; y la máxima autoridad de Hogwarts fue a buscar asiento tras el escritorio dejando escapar un suspiro sonoro.

-Perdona la tardanza, Lancelot-se disculpó la Directora recargándose en su silla cerrando sus ojos-. Los elfos se quejaron por la falta de comida y tuvimos que convencerlos de racionar más la comida. Aline, ¿sabes algo de los cultivos?

-Las pociones que nos dejó Remeny tardarán en hacer efecto, pero es normal. Los Elfos solo están nerviosos-contestó Aline llevándose una mano a su frente y se sentaba en alguna silla libre-… Lancelot, ¿qué pasó? Cuando nos mandaste la carta parecía algo urgente.

-Esto…. No se cómo empezar. Pero bueno… es que…-y el joven Slytherin comenzó a relatar el sueño que tuvo sin omitir detalle alguno, a lo cual Cathalifaud se acomodó para ver al chico recargándose en sus muñecas y Aline con una mano sobre su mentón y labios prestando atención. Ambas mujeres lo miraban con seriedad y cuando Lancelot terminó, sacó de su mochila un libro que ellas reconocieron al instante, provocando que la Subdirectora se levantara de la silla donde estuvo sentada y caminara por el cuarto tratando de relajarse-. Mamá me dijo que lo trajera, pero… profesora Aline, yo se lo di a usted para que me lo tradujera, luego de eso fue cuando usted tuvo su problema de… la cabeza… y cuando me regresé a casa resulta que usted, Directora, se lo había dado a mi madre. ¿Qué está pasando?

-Lancelot…-intentó hablar la Directora, pero miró a Aline y desvió la mirada-. Solo espero que puedas perdonarnos.

-Pero… ¿Por qué dice eso?-el corazón de Lancelot se agitó y buscó a la Jefa de Gryffindor, encontrándola de espaldas mirando por una ventana. Apenas darían las dos de la tarde, por lo que había buena luz.

-Antes de eso, debes saber algo-dijo Aline con pesadez, se notaba bastante nerviosa-. Hace poco más de 13 años ocurrió una de las desgracias más horribles para la sociedad mágica en general-tragó saliva e inspiró para tomar fuerzas-. Asesinaron a toda una familia mágica y no se ha descubierto quién o quiénes fueron los culpables.

Al decir eso, Lancelot recordó a los tíos de Medusa y Euríale, los Lightshield, la familia de la que hablaron Markus y Nicolas el año pasado y que su masacre lo relacionaron con los eventos actuales que amenazaba al mundo tal y como lo conocían. Sin saber por qué, el chico comenzó a ponerse nervioso.

-El padre, y líder de la familia, Lyon Lightshield, era un mago muy talentoso que destacó en la magia de transformaciones, y, desde joven, lo comprometieron con una mujer llamada Lázuli Scarlett, la menor de la familia, una prodigio de la Adivinación-Lancelot comenzó a apretar un poco el respaldo donde estaba sentado sin poder pensar claramente-. Ambos eran de Slytherin, pero no poseían mala ambición y nunca presumieron la antigüedad de su linaje, eran bastante humildes y de buen corazón. A los pocos años de casados tuvieron un hijo, un pequeño que trajo no solo alegría a los Lightshield, sino también a la familia a la que pertenecía Lázuli, pues su hermana mayor, Quillethe, se acababa de casar con Erinus Black…

-No… por favor, pare…-la voz del chico sonaba bastante mal, provocando que Aline apretara sus ojos porque no podías imaginarse todo lo que el chico podía sentir en ese momento. Sin embargo, ignoró su súplica y continuó hablando.

-La fama de los Lighshield no solo era por sus talentos. Era bastante conocido de ellos que descendían del famoso escritor Beedle el Bardo, el autor del libro rúnico que posees. Tu libro son sus cuentos originales, los cuales escribió hace más de 600 años-Aline volteó a verlo y sintió que su corazón daba un vuelvo por notarlo así de mal-... así que la familia era respetada y odiada, pues los puristas aún detestan esos cuentos. Era todo un honor si alguien lograba relacionarse con ellos, por lo que eran muy solicitados para negocios, amistades o si se podía, matrimonios-con un movimiento de mano, Aline apuntó a la parte frontal del despacho y la ventana se abrió, aunque no se supo para qué exactamente-. Y…. hace 13 años, un complot demasiado enorme como para tenerlo planeado solo con unas semanas… provocó que esa terrible mañana amaneciera con la noticia de que todos los Lighshield y sus familias inmediatas fueron asesinadas… no quiero entrar en detalles, pero… todos sufrieron mucho y…. se creía que habían sido extinguidos…

La cabeza de Lancelot comenzó a darle vueltas, sintiendo terribles ganas de vomitar y unas imágenes en su mente que lo confundían aún más: una mujer pelirroja abrazándolo, gritos de fondo y fuego, un hombre que suplicaba que salieran de ahí… pero aquello solo provocaba más dolor y sentir un zumbido molesto en sus oídos. Sin que se percatara, de sus pies comenzó a emanar una especie de vaho frío que comenzó a rodearlo.

-Se creyó porque al hacer el recuento, se encontraron todos los cuerpos… y solo faltó el de la mascota, un gato, pero lo tomaron a que huyó y nunca volvió. Cuando me trajiste este libro… yo…-y Aline calló al ver el estado mágico que emanaba Lancelot. Intentó acercarse, pero Cathalifaud la detuvo con la mirada y luego ella quiso continuar con la historia.

-Lancelot, hace unos 15 años, Lyon quiso dejarme ese libro como regalo para su descendencia y proteger el contenido-en eso, por la ventana entró “volando” una hoja blanca que empezó a caer a los pies de Lancelot, quien miró lo que era y se trataba de una fotografía: eran los extraños de su sueño, la mujer que lloró al saber su nombre y el hombre que lo regañaba por su oscuridad. Los dos sonreían y jugaban con un niño de dos años que estaba solo con pantalones, pues se veía en la animación que se quitaba la camisa y se volteaba, mostrando un pequeño lunar en forma de flecha sobre la clavícula derecha del infante-. Posee un hechizo de sangre poderoso, provocando que extraños a ella pierdan interés inmediato y solo alguien de la familia pueda acceder a ella. Debido a la naturaleza de la magia, ni siquiera yo sabía de qué era y respeté su decisión… hasta que tu entraste. En cuanto te vi entrar al Comedor hace 7 años supe quién eras, pero no quisimos involucrarte a tan temprana edad, no sabíamos mi esposo y yo cómo proceder, por lo que decidimos dejar que pasara el tiempo. Esta foto la tenía yo, y Aline la trajo con un Accio para que supieses quiénes eran tus…

-Por favor, paren. Paren de hablar-expresó Lancelot con la voz ronca y molesto. Tiritaba de ese frío mágico que lo rodeaba sin atreverse a alzar la cabeza. Era demasiada información y no sabía si podría con todo esto. Él esperaba venir de una familia mágica normal, o de padres muggles que lo dejaron por miedo a la magia…. No de una masacre del que había logrado escapar quién sabe cómo-… No quiero saber nada más.

-… Y cuando encontraste el libro y nos lo trajiste, ya habías desactivado el hechizo de sangre. Aline, al saber de qué trataba y de tu secreto… quiso eliminarse la memoria para protegerte. De todos los profesores, ella es la única que no sabe Oclumancia, y no quería ponerte en peligro-el corazón de Lancelot sintió como si le clavaran una herida caliente. Por su culpa la maestra se puso mal, por su culpa ella se tuvo que alejar de todos. Recordó el día en que la vio mal cuando ella lloraba al decir “yo lo maté”-… pero… bueno… eso fue una decisión… que no tiene caso extender o aclarar. Decidí darle el libro a tu madre para que te lo diera en el momento adecuado y parece ser que ese sueño que tuviste lo indicó. Lance, tu nombre es Lancelot Lightshield Scarlett, hijo único de Lyon y Lázuli, el poseedor del hechizo familiar Polymorph, la magia de transfiguración más poderosa jamás creada.

-Paren…-la súplica de Lancelot fue en voz baja, por lo que Aline dejó su posición para irse acercando al chico.

-Y no solo eso, tú eres la clave para poder encontrar las Reliquias de la Muerte con ese libro-continuó hablado la Directora a sabiendas que el joven Slytherin estaba mal, sabía que debía decir todo esto antes de que no pudieran tocar el tema-. No quiero, pero necesitaremos tu ayuda para…

-¿Podría guardar silencio de una maldita vez?-Lancelot se levantó de golpe de la silla para ir hacia la Directora, pero fue detenido por Aline que lo abrazaba por la espalda. Ella era un poco más baja que él, pero eso no impedía que lo sostuviera a pesar de la lucha de él por liberarse-. ¡Yo solo quería saber de qué iba el libro! No saber todo esto… Ahora resulta que mis padres están muertos y que no se ha sabido qué pasó. ¿Qué clase de…? ¿Por qué me dicen esto ahora?

-Creemos que tu padre debió usar Polymorph para transformar al gato en ti… y tú fuiste llevado a ese orfanato por Lázuli-Cathalifaud se levantó de su asiento, pero no dejó su lugar desde el escritorio-. Tu madre, Eva, nos dijo que las mujeres de ese sitio describieron a la persona que te dejó con las facciones generales de quien podría ser tu verdadera madre, pero no creíamos que…

-¿Y nadie les ayudó? ¿NADIE FUE? -bramó Lancelot queriendo zafarse de la profesora, pero no podía. Sentía la ira y la impotencia crecer y el vaho de debajo de sus pies comenzó a congelar todo.

-Por eso se sabe que fue un complot, las autoridades se enteraron tarde-respirando profundamente, la Directora se mantuvo firme mientras que ella misma intentaba contrarrestar la magia de hielo que Lancelot emanaba impulsivamente-. Lance, por favor…

-¡USTED NO SABE! No sabe cómo me estoy sintiendo. Me engañaron toda mi vida y resulta que mi pasado… que lo he perdido… Sabe… ¿Sabe lo que es sentir que quitan una venda de los ojos y que tu vida ha sido una mentira?

-Yo lo sé-habló Aline, abrazándolo más por la espalda y Lancelot la miró por arriba de su hombro, girándose para saber de qué estaba hablando-. Sé lo que es esa impotencia que lo que creías no era, que lo que veías como verdad era una mentira completa… que otros quisieran protegerte y a costa de eso se sacrifiquen-la docente hizo esa misma mirada del Día I, el de alguien que ha visto la muerte y el chico quiso abrir la boca para decir algo, pero no pudo-. Por favor, Lance, tranquilízate antes de que te hagas daño. No quiero recurrir a la magia.

-No lo entiende, no solo es esto… significa que yo… que…-sintiendo débil su cuerpo por la liberación mágica, Lance se recargó en la docente y su nariz comenzó a picarle-… significa que la chica que me gusta….

-Lo sé-Aline lo terminó por abrazar y el chico no pudo soportarlo más, comenzando a llorar sobre el hombro de ella.

-Acabo de darme cuenta que había perdido todo desde antes de saberlo… mi verdadera familia, Euríale, mis orígenes… ¿Por qué…? -y Lancelot se calló, aun llorando por toda la abrumadora revelación que le habían dado. Esta prueba de fé terminó con una derrota absoluta, pues jamás se imaginó que al cruzar la puerta se enteraría de todo esto. Tenía miedo e ira… y no sabía en ese instante cómo ver la vida de ahora en adelante. Estaba muy turbio para él.

**********************
Aún faltaba para llegar a la cima de las montañas, pero como la noche había caído sobre el Nun Kun, Alatuir decidió que debían acampar porque las criaturas mágicas podrían estar al acecho y no estaban en condiciones luego del ataque del uro y que tardaron varias horas en recuperarse. Afortunadamente Remeny pudo tratar a los heridos gracias a que llevaba pociones de sanación y Markus sabía un poco de runas sanadoras básicas, pero aun así debían recuperar las fuerzas necesarias para continuar. Levantaron un campamento que lucía pequeño al exterior, pero dentro parecía una pequeña caballa acomodada y distribuida para que cada uno tuviese su propio espacio, incluso una chimenea encendida proporcionaba un calor agradable para refugiarse del frío exterior. La profesora Irise, junto al mercenario y Nicolas, levantaron escudos mágicos para repeler a cualquier enemigo y lograr descansar por la noche, levantando un perímetro pequeño a consejo del mago cazador para evitar que otros animales se acercaran para absorber la energía mágica defensiva. Si todo salía bien, para mañana tendrían el ingrediente faltante y podrían volver a Hogwarts.

Nicolas se encontraba en su forma de zorro para descansar, acurrucado en una cama individual mirando al resto que también se preparaba para dormir. De cierta manera le agradó salir, distraerse y tener todas estas aventuras, sabiendo que adquirió cierta fortaleza… y, por lo mismo, estaba aburrido. Si Reveca hubiese ido tendría con quien platicar o entretenerse con cualquier cosa a pesar de que estaba ahí por una misión; pero todos estaban ocupados y lo entendía, pero eso no quitaba que estuviese aburrido.

-¿Crees que en la India vendan marihuana?-la voz de Markus lo sacó de sus pensamientos y alzó sus orejas mirándolo con incredulidad… Dudaba que su amigo supiera de qué hablaba-. Necesito esa planta para una poción. Nicolas, ¿tú sabes dónde lo puedo encontrar?

Si estuviéramos en América, sí… ¿Pero por qué rayos quieres eso en un brebaje?”, pensó el peliverde, pues no podía hablar y no tenía intenciones de transformarse, aunque se levantó para brincar de su cama y caminar. Le había dado un cuestionamiento interesante, así que ya tenía algo con qué entretenerse en esa noche tediosa. Sabía que en este país el cannabis era más fácil de conseguir, pero dudaba que fuese como adquirir pan en panadería. Podría pedirle a Mirari que comprara cuando regresaran, aunque esa era tarea de Markus cuando se le ocurriese o él lo sugiriese al día siguiente.

El pequeño zorro pasó al lado de Irise, quien estaba afuera del campamento mirando lo que parecía una moneda y la escuchó suspirar cansada.

-No debieron decirle de esa manera-se quejó la docente, guardando el artefacto para después mirarle-. Nicolas… apoya mucho a tus amigos. Sé que no debo decirlo, pero lo necesitarán-la mujer ondeó la capa y entró, dejando al chico solo que la seguía con la mirada preguntándose de qué se habría enterado ahora. Le causaba cierta paranoia que aún intentaran guardar secretos, pero luego se obligaba a relajarse porque él hacía lo mismo al ocultarle a sus amigos sus orígenes y más datos personales.

Miró al cielo, efectivamente hacía frío y por lo mismo la luna estaba rodeada por un halo plateado bastante bonito, como si un anillo de arcoíris tenue la abrazara para que así iluminase mejor el sendero. Escuchó que fue llamado por Remeny para que entrara y le hizo caso, sintiendo que el aburrimiento volvía a él. Prácticamente todos estaban acostados, así que se dirigió a su sitio mientras una que otra fuente de luz se iba apagando para que todos lograran descansar. Usualmente Nicolas dormía en esa forma para que la tos no lo despertara, así que estaba acostumbrado a descansar sobre sus cuatro patas sin problemas.

Por el mismo tedio que cargaba, el sueño lo fue invadiendo y cerró sus ojos para relajarse, pues pronto terminaría su encomienda de exploración. No supo cuánto tiempo pasó, pero le pareció escuchar un ruido y levantó una de sus orejas para saber de dónde provenía el sonido. La respiración relajada del resto indicaba que ya estaban dormidos, así que se limitó a abrir los ojos y miró una cortina negra que se agitaba en la entrada que debió desprenderse de algún viento fuerte y por eso escuchó eso. Nicolas volvió a acomodarse y mientras pensaba en que alguien debería cerrar la puerta, un pensamiento de su inconsciente provocó que abriera los ojos desmesuradamente y tomara su forma humana: “no había cortinas negras, nunca se instalaron”. Pero fue demasiado tarde.

Sintió en su cuello y boca que algo lo apretaba y lo tumbaba a la cama, por lo que el chico no podía gritar ni hacer nada de ruido… extrañamente. Sentía su cuerpo convulsionarse por la tos, pero el reflejo de su garganta no emitía sonido y percibía que su sangre se alojaba en el cuello.

Me estoy ahogando… me… me…”.

Su respiración comenzó a fallarle y el aire ya no entraba a su sistema. Su mente no le permitía ni siquiera conjurar un accio mental y percibía que su cabello se transformaba, pero el cuerpo no reaccionaba a sus mandatos. Con su poco raciocinio, miró a más de esas cosas negras entrar y abalanzarse a cada uno: Markus no reaccionaba a pesar de que uno cubrió su boca; Irise estaba siendo apretada del cuello y no parecía que despertaría; y Remeny era arrastrada siendo jalada por su cabeza. Sion fue envuelta por completo de una de esas cosas y el ruido pasó a ser el único escenario que se mostraba en esa noche.

Son… son… lethifolds”, alcanzó a meditar Verdugo sintiendo cómo se desmayaba por no poder respirar y ahogarse con su sangre. El sueño era de un sopor más poderoso y justo cuando la oscuridad lo abrazaba, la voz atronadora de Alatuir se inmiscuyó en sus oídos.

-¡Expecto Patronum!-una luz plateada provocó que esas cosas chillaran y dejaran a Nicolas y a Sion, arrastrándose por el suelo para salir de ahí. El peliverde abrió sus ojos para incorporarse y vomitarla sangre que le impedía respirar, dándose cuenta que el patronus del mercenario era un lobo que gruñía y mordía a cada de esas cosas negras, logrando liberar al resto que despertaba agitados y tratando de respirar-. Lethifolds, parecen capas y se alimentan de humanos. No han comido, por lo que parecían cortinas delgadas... eso no es buena señal. Salgamos de aquí, ahora.

El mercenario buscó un traslador, el mismo que lo llevaría directamente con Mirari. No sabían si iba a funcionar, pero era la única manera de salir de aquí.

-Pero no hemos… terminado…-dijo Nicolas aun tosiendo, escupía sangre y le costaba mantenerse en pie. Pero no podía volver a su forma de zorro, le costaba concentrarse.

-Solo se han registrado dos personas a lo largo de la historia que hayan sobrevivido al ataque de uno solo-Alatuir se aferró al traslador y ayudó a Irise y Remeny a salir de ahí-. Tú, el de la sangre de uro, ayuda al de verde ahora.

-Pero no…-el peliverde sintió cómo era ayudado por un débil Markus, sintiendo la ira crecer y unas leves llamas verdes comenzaron a asomarse de sus labios.

-¡Niño! ¡Eran 5! ¡Tenemos que salir antes de que…! -y de pronto, la puerta comenzó a agolparse con varias de esas sábanas que gruñían, contando fácilmente más de 10. Tenían hambre, y la luz de la Luna era opacada por esas cosas que comenzaron a ir en varios por cada uno.

El lobo de Alatuir atacaba, pero solo podía contener a uno o dos, por lo que el resto de los lethifolds arremetían sujetando de las extremidades a cada uno. Irise logró evocar su patronus, un delfín bastante grande, pero solo pudo contra una de esas bestias; Remeny no podía concentrarse y comenzó a asfixiarse… y Sion intentaba rasguñar a esas cosas para liberar a su dueño, quien, aunque gritaba el hechizo “expecto patronum”, su varita no reaccionaba al poderoso conjuro y terminó por soltarlo porque la fuerza de su mano se iba.

El peliverde escupía fuego y sangre, pero los lethifolds no reaccionaban a ello. Si recordaba, la única manera para espantarlos era con patronus corpóreos y él ni siquiera sabía la forma del suyo. Se maldijo, pues ya sabía que, aunque hubiese reaccionado antes la diferencia no habría sido fuerte: era una emboscada para que esas criaturas pudiesen comer, y como era de carácter desconocido, los hechizos de protección no funcionan con ellos y el tener constantemente patronus activados cansarían al final. ¿Así iban a acabar? Tratando de ayudar a Gerard ellos encontraron el final de su camino. De nuevo sintió que el aire se le iba y, ya cansado, comenzó a dejar de luchar y pensar con claridad, teniendo como una de sus últimas imágenes a Reveca sonriéndole…

Pero de nuevo… esa luz plateada como la que hizo Alatuir, pero era muchísimo más intensa, fuerte e irradiaba tanta felicidad que sentía como si fuera a embriagarse de tal sentimiento. Los lethefolds chillaron aún más, como si estuviesen siendo quemados o torturados y salieron despavoridos del campamento, alejándose como si se tratara de una enorme sábana negra que buscaba refugio en aquella cadena montañosa. Débil y cansado, Nicolas salió para ver de dónde provenía tal luminosidad temiendo que fueran extraterrestres o algo similar, pero no fue así.

Era una ballena azul, una enorme criatura que medía fácil 14 metros y parecía nadar en el aire. Aleteaba y agitaba sus extremidades mientras emitía su típico sonar como si quisiera saludarlos. Era un enorme patronus que nunca había visto, tanto que con una simple vista no alcanzaba a recorrer todo el tamaño del cetáceo que parecía posicionarse encima de todos ellos. El peliverde escuchó al resto salir y asombrarse por aquella magia tan poderosa. ¿Quién era dueño de tan semejante poder y recuerdo feliz? Era alguien que debió tener una muy buena vida o agradecido con ella. Gracias a la luz radiante de la ballena traslúcida, logró ver que en lo que parecía ser la boca del animal, una persona los observaba con los brazos cruzados. ¿Quién demonios era?

Aquella figura dio un salto al aire apuntando con su pierna para que luego se escuchara que gritara con júbilo “¡Dissapparate!” y, tras un ruidoso chasquido, la persona se desvaneció en el aire y en menos de un segundo se volvió a oír el tronador sonido del “Apparate” a un costado de ellos, a lo cual el peliverde volteó con sus ojos de color rojo intenso y miró a un hombre que rodaba con agilidad sobre sí mismo usando las piernas y brazos para terminar de pie y con una sonrisa triunfante que reconoció al instante. Se había cambiado el cabello, pero era él.

-Profesor… ¡Profesor Theodore!-gritó el peliverde con una extraña mezcla de emociones que se apoderaban de él. El jefe de Hufflepuff sonrió abiertamente y realizó una reverencia grande mientras floreteaba con su mano diestra.

-Gracias, muchas gracias, querido público-expresó Theodore rebosando emoción y respirando hondo por el esfuerzo físico que implicó hacer todo aquello-. Perdonen que haya tardado, pero conjurar un patronus de este tamaño no es cosa fácil… y seguí las indicaciones de Mirari de intervenir solo en caso necesario.

-Tardaste-regañó Irise aun tratando de recuperar aire, pero comenzó a aplaudir sonriendo.

-La mejor parte del espectáculo es esperar a una gran entrada-con un gesto que evidenciaba alivio, el docente colocó una mano sobre su cintura-. Me alegro que estén bien… conté como 14 de esas cosas que entraban y otras 11 esperando afuera… Si no hubiese llegado…

-Llegaste, es lo que importa-señaló Alatuir, quien evidenciaba bastantes heridas de forcejeo y observaba a Theodore con un brillo extraño en sus ojos-. Entra, tenemos espacio.

-Claro, solo les aviso que dejaré a mi ballena un rato más para que esas cosas no vuelvan-Theodore señaló a su patronus, el cual se acomodaba cerca del sitio y continuaba moviendo sus alas como si quisiera mantener equilibrio en el mar. Ni parecía que fuese de noche o que hacía frío, su magia irradiaba felicidad y calidez-. Por cierto… cuando llegué a salvarlos…-de la mochila grande que cargaba, el docente la colocó en el suelo para inspeccionar, mostrando unos cañones que Markus no reconoció, pero el resto sí. Eso no importó, pues el mago sacó una hermosa copa pequeña de oro con dos asas alargadas y delgadas y un grabado de tejón que está rodeado de laureles con una incrustación de una piedra verde en el centro-. Cuando me decidí a salvarlos, los veía como mi familia, mis amigos… las personas que quiero… y esto apareció en mi mano. Sentí una gran fortaleza que me animó y sé que eso ayudó al patronus.

-Profesor…-murmuró Markus atónito, pero no era el único que estaba así. A excepción de Alatuir, los demás miraban con asombro aquella copa y ninguno lograba articular algo en concreto-…. Eso… eso que lleva…

-Oh, sí. Lo sé-Theodore sonrió y sus mejillas se colorearon un poco-. Soy el heredero de Hufflepuff.





BONUS 1

Spoiler:
Cansado, Judas esperaba a que pasara el autobús noctámbulo que lo llevaría al Callejón Diagon y de ahí quedarse de ver con un conocido de Medusa para ir a Hogwarts. Estaba reticente a ir, molesto a que nadie lo fuera a buscar; pero saber que Steve ya había sido dado de alta le motivó ir y ver cómo estaba su amigo. Además, Invi se encontraba contenta de poder ver a ese chico y estar con alguien más en vez de encerrarse como siempre. Sin embargo, había algo diferente en esta salida: el chico había escapado, por lo que sus padres no sabían que él ya no estaba en casa.

-¿Seguro, Judas? Tus padres se preocuparán…-susurró Invi detrás de su oreja, guardando calor debido al extraño frío que hacía esa noche.

-No importa-contestó Judas cerrando sus ojos-. Ellos me ocultaron muchas cosas sin tomarme en cuenta… no le afectará que no esté.

-Deja de pensar así…

-Invi, por favor. Ya lo habíamos discutido.

Y ya no lograron seguir la conversación porque el autobús noctámbulo llegó, aunque no tenía sus luces encendidas en ninguno de sus tres pisos. Cansado, Judas se subió sin mirar al conductor mientras buscaba alguna cama de esas para descansar.

-Callejón Diagon-dijo, y el transporte inició su marcha a la exagerada velocidad de siempre. A pesar de la penumbra, logró distinguir a una chica de largo cabello rubio y ojos ámbar que miraba por la ventana, su rostro mostraba aburrición y tenía un aire extranjero asiático.

Iba a saludarla, pero solo suspiró y el Slytherin se acomodó aún molesto por todo lo que pasaba. Solo quería llegar a Hogwarts y distraerse, olvidar que hablaba pársel o todo ese mal rollo de que descendía de Salazar. Ni siquiera notó que Invi estaba muy tranquila, demasiado…

-Ya era hora-escuchó que dijo la chica extranjera. Un acento inglés muy bueno, pero delataba su situación oriental. No prestó atención, pero sabía que no se refería a él porque supo que otras personas se subían-… Rápido, no quiero llegar tarde a casa. Lighthing, haznos el favor.

-Crucio-y, de golpe, Judas reconoció el dolor punzante que recorrió todo su cuerpo, como ese día en que el Bibliotecario le lanzó esa imperdonable. Sus huesos le dolían y percibía que el deseo de esa tal Lighthing era poderoso que no entendía que estaba pasando. Gritaba, pero su garganta dejó de emitir sonido porque comenzó a sentir sacudidas agresivas en su cuerpo.

Pocos segundos después Judas cayó al suelo aun temblando y llorando por el dolor, logrando observar que estaba rodeado de cinco chicas bastante bonitas: una rubia con coletas que le veía sin emociones, una pelirroja con rasgos de alta cuna, una pelinegra de lentes que parecía mandar un mensaje con un teléfono, otra rubia de cabello corto con un brazo derecho rúnico de metal como el que usaba Dacitus… y el cabello largo de la asiática había cambiado a otro de tono de rojo sangre y ojos azules brillantes.

-No debiste pelearte con tus padres, niño engreído-dijo la ojiazul antes de que Judas se desmayara.




BONUS 2

Spoiler:
Un pasillo oscuro con antorchas que iluminaban tenuemente en color lila, era testigo de cómo un hombre caminaba presuroso y nervioso buscando alguna puerta que le indicara su destino. Desde que reveló su identidad en Hogwarts, aquella persona tuvo que quedarse encerrada en ese sitio por órdenes de su señora, y aunque no le molestaba la situación, solo se lamentaba de no ir él mismo al hospital donde estaba el bastardo de Gerard y matarlo con sus propias manos.

-Defunct-dijo una mujer hermosa de cabello blanco y joven, que lo observaba con desdén cuando éste llegó-. Es muy tarde.

-Alexia, no estoy de humor-señaló el exJefe de Slytherin acercándose a una pequeña joven de cabellos negros que estaba sentada-. Euríale, ¿qué pasó?

-Vendrán-dijo Euríale Black con mirada perdida y en un tono ausente y carente de color-. Vendrán por mí.

-¿Cuándo, querida? ¿Cuándo?-sin saber cómo sentirse exactamente, Defunct se acomodó detrás de la joven para poner sus manos en los hombros de ella-. Sabes que necesito respuestas claras.

-Eso no lo sé-señaló la menor de los Black-…. Pero no saldrán vivos de aquí. Veo a la profesora McGrowell, al Inefable Fernando Sacramento y al señor Dacitus Tanitus… a mi… herma… herman…-sus ojos quisieron recuperar brillo, pero un apretón en sus hombros la regresó a su estado de sopor-…. Mi hermana. Pero cuando son atrapados ocurre una explosión.

-Vaya, entonces no evitemos que vengan-señaló Defunct-. Gracias, querida, por favor, continúa con lo que estabas haciendo.

Euríale, impávida y como un títere frágil, tomó un catalejo que estaba sobre una mesita y la colocó para ver a través de su ojo izquierdo, cerró su párpado y, como una estatua, quedó así a la espera de alguna orden o mandato a seguir. Defunct y Alexia salieron de la habitación, cerrando la puerta con cuidado y comenzando a caminar a paso acelerado.

-¿Estás seguro? Conozco a Aline, no es alguien fácil-dijo Alexia un tanto mosqueada al reconocer las habilidades de ella-. Podría ser una trampa.

-No. Las visiones de Euríale se han cumplido hasta ahora: la salida de India de la Confederación, el día en que su hermana salió del hospital, la hora y sitio donde Judas sería ser secuestrado… confía en ella, tenemos un poder grande a nuestro favor.

-Si algo sale mal, no quiero que me embarres-dijo la peliblanca agitando su cabello.

-No te preocupes, esta vez las cosas saldrán bien…. Y cuando ellos no estén, podré matar a Gerard de una vez por todas.

-Defunct, ella lo quiere vivo….

-Sería una lástima que el heredero de la espada de fuego muera por algo de su cerebro, ¿verdad? No podemos hacer nada si sucede eso, fue un accidente…

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