Hogwarts: El Costo de Nuestro Legado

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Hogwarts: El Costo de Nuestro Legado

Mensaje por Ghostyaya el Mar Mar 13, 2018 11:08 pm

Prólogo:
Nuevas Fronteras


Con el astro sol recién puesto en la bóveda azul celeste, una pequeña cabaña escondida en un recóndito bosque con sus ventanas a la sombra y el umbral abierto en el que desde las sombras un hombre salía a paso firme y cabeza en alto, parecía despedirse de aquél inesperado inquilino que llegó hace poco más de 6 meses con una fuerte hipotermia por estar en las aguas de un río por horas incontables. Una pareja de ancianos, los residentes de la humilde morada, lo encontraron en un arroyo con heridas muy graves y magullado, pensando que debió ser un milagro que lograse sobrevivir en tales circunstancias. Luego de varios días inconsciente, el nuevo huésped se despertó débil y con mirada triste, agradeciendo la buena fe de los dos ancianos que estaban dispuestos a cuidarlo hasta que se recuperara.

Fue así que pasó el invierno y recibió la primavera dentro de las paredes acogedoras que no lo juzgaron ni le hicieron malos tratos; al contrario, era visto como un hombre bienaventurado por haber sobrevivido y siempre se le decía que “era por una causa mayor que siguiese en pie”. Sin embargo, su estadía no fue fácil: tuvo que aprender a cortar madera, hacer ejercicio físico extenuante, comprendió cómo orientarse sin brújulas y a “leer” el cielo para saber la hora o si llegaría alguna tormenta, sus manos se quemaron de tantos errores al cocinar y en poco tiempo descubrió el potencial oculto en él debido a que nació rodeado de facilidades toda su vida.

Por otro lado, todas esas actividades le sirvieron para distraerse y no pensar en las consecuencias de no comunicarse con su esposa para revelar sus descubrimientos, pues si el enemigo detectaba que seguía vivo retomarían su cacería y no quería que dos ancianos inocentes se viesen involucrados en una guerra que no debían padecer. Además, era consciente que poseía traumas porque le era imposible usar su don y, aunado a la pérdida de su herramienta canalizadora de su poder antes de caer inconsciente al río en esa fatídica noche, no quería volver a la sociedad como un cobarde o inútil si debía combatir de nuevo. Tan solo esperaba que su amor y los estudiantes de la escuela estuviesen a salvo; confiaba en los docentes, pero…. ¿hasta qué punto podrían resistir las traiciones y los planes ocultos?

-¿Ya debes irte, Sevástias?-justo cuando ya estaba alejado un par de metros de la cabaña, la voz de una mujer dulce y preocupada interrumpió el andar de aquél hombre atormentado-… No es necesario que te vayas, requerimos brazos fuertes para sostener esta casucha.

-Si debe retirarse, déjalo-contestó su esposo sin ocultar cierta tristeza en su timbre de voz-… haz lo que debas, Sevástias. Y gracias por todo.

-Al contrario-el hombre se volteó y con su mirada oscura por todo el peso que debía cargar, se esforzó para sonreír de manera sincera a la pareja-, gracias a ustedes. Si no fuera por su intervención yo no estaría vivo. Me quedaría más tiempo, mas tengo que…

-Claro, claro-interrumpió la mujer asintiendo-. Si mi esposo se fuera por meses estaría preocupada, espero que ella o él te esté esperando.

-¿Podría pedirles un favor?-preguntó Sevástian con severidad y la pareja asintió con intriga-… Por favor… no vayan a Londres ni a Cokeworth, mucho menos a Little Whinging, tampoco a Little Hangleton ni a Timworth…. Es más, no vayan a las grandes ciudades por un tiempo, solo a pueblos pequeños con pocos habitantes.

-Muchas de esas ciudades nos quedan lejos-replicó el anciano con voz ronca-. ¿Por qué nos dices eso?

-Por favor…-suplicó el hombre con tal preocupación que la mujer se asombró y luego asintió un poco abrumada-… Muchas gracias. Espero volver a verlos.

-Y nosotros a ti, querido-respondió la anciana para sonreír y hablar cálidamente-. Cuídate mucho.

Entonces, Sevástias dio media vuelta y, sin ninguna pertenencia salvo una mochila vieja donde guardaba víveres y algo de dinero, caminó por el sendero alejándose mientras pensaba en cómo llegar a Hogwarts sin ser descubierto o antes de que Defunct descubriese que seguía vivo. Además, debía hablar con Joseph Pashenko acerca de su padre, convencer a Miishynn de entregarle a Lancelot Lucis el libro heredado por sus verdaderos padres, relatarle al profesorado el poder que alcanzó el Ministerio de Magia gracias a las Artes Oscuras, pedirle a Irise que les prestara su artilugio familiar para ubicar las Reliquias de la Muerte, conversar seriamente con Linus acerca de su familia… Sevástias Cathalifaud estaba cansado, pero se aferraba con fuerza a que no fuese demasiado tarde para revelar el nombre de quien orquestaba todo este plan desde las sombras.

Pero, entonces, la exclamación de sorpresa y asombro de la pareja de ancianos a la lejanía lo sorprendió y se permitió sonreír agradecido. Una de las ventajas de la Alquimia es que muchos de sus procesos no requerían de la magia, y con saber el método de convertir cualquier material a oro genuino sería pan comido para alguien experto como él. Era su manera de agradecerles y esperaba aliviar su economía el tiempo suficiente por si la guerra mágica que se avecinaba les afectaba de manera indirecta. Por primera vez en meses, Sevástias Cathalifaud sintió alivio en su interior.

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Capítulo I: Sabores Amargos.

Mensaje por Ghostyaya el Sáb Abr 07, 2018 10:03 pm

Capítulo I:
Sabores Amargos
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La primavera tenía poco de haber llegado a Hogwarts, provocando que los retoños de las plantas florecieran brillantes a la luz del sol y la brisa invernar fuera sustituido por una cálida que buscaba acariciar los rostros de cualquiera con los que se topara. Pero cuando aquél viento llegaba a los territorios del castillo Hogwarts, parecía perder su candidez para dar paso a uno más trémulo y rasposo que maltrataba las paredes vetustas de esta gran edificación que aún continuaba en proceso de construcción. Había pasado casi un mes del ataque y los corazones de quienes lograron sobrevivir al “Día I” seguía perturbado y dolido. En los pasillos aún había eco de quienes gritaron pidiendo ayuda y no recibieron auxilio; a pesar de que todo estaba limpio, la mente jugaba con algunos para hacerles ver manchas de sangre o cuerpos que solo se encontraban en su imaginación; y el campo alrededor del Lago Negro dejó de ser un sitio de visita por todos los cuerpos que yacieron ahí hasta que fueron recogidos por el Ministerio de Magia.

Los cadáveres de los mortífagos fueron irreconocibles, pues las máscaras que portaban deformaron sus rostros cuando murieron y todos pasaron a ser desconocidos, mezclándose con las verdaderas víctimas que tampoco tuvieron mucha suerte junto a los desaparecidos en toda Inglaterra, por lo que no se pudo averiguar sus identidades. Afortunadamente, los alumnos que perdieron la vida pudieron ser entregados a sus familias con varias reacciones: lamentos, intercambio de culpas, amenazas, acongojo total… todos compartían el mismo sentir, el sufrimiento. Por otro lado, los elfos domésticos decidieron quedarse por amor a la Directora Cathalifaud, pues cuando el colegio fue asaltado quedaron encerrados en las cocinas y no lograron salir a ayudar.

El colegio ya no funcionaba como una escuela, pues se convirtió en un refugio para los que quedaron sin hogar o sin un lugar a dónde ir. Linus Black decidió quedarse a pesar de que su familia insistía en que regresara a la mansión para su supervisión, y esta mañana estaba en el Gran Comedor desayunando en silencio al lado de su amiga Sofía Sophitia en la mesa de Slytherin. Los “amigos” que tenía lo dejaron para irse de ese sitio y, al contrario de lo que muchos podrían haber pensado, Linus se acercó más a otros del grupo que también decidieron permanecer en Hogwarts, compartiendo ese momento del día con ellos aunque siempre mantenía una actitud estoica.

-¿Y… saben algo del profesor Triggr?-Lloyd Puppeter se encontraba dando mordidas a frutas mientras escribía algo en un cuaderno con bastante concentración. Preguntó eso sin ver a los demás, pero sí que prestaba atención por si comentaban algo al respecto.

-Sé que mantiene comunicación con los profesores-contestó Nicolas Verdugo en su tono habitual, él ya había terminado de desayunar y sujetaba con fuerza la mano de una chica de cabello castaño-… pero debe estar bien. Debería estar bien.

-Lo estará, tranquilo-contestó la dueña del pelo castaño, Reveca Eden. Luego de haberse recuperado del ataque a su colegio Ilvermorny y por decisión de sus padres, la joven regresó a Londres para quedarse al lado de su novio el peliverde. En tiempos oscuros no querían estar separados.

-Nos veremos más tarde-Linus se levantó serio y se despidió con un movimiento de mano de los demás para salir de ahí a paso un tanto apresurado. Al pasar al lado de otro grupo de jóvenes se logró escuchar el murmullo de que seguramente iba a emborracharse como siempre lo hacía en Hogsmeade por lo ocurrido.

-Al menos se despidió. Es buena señal-alzó la cabeza Lloyd para descansar su vista y suspiró-… ¿Algo de Markus?

-No-contestó un tanto seco Nicolas mirando a la puerta hasta que Linus se retiró por completo. Sofía, por su parte, tomó sus cosas y también se fue a otro rumbo-… Seguramente en madrugada fue por comida para llevársela a su habitación... y ya ni siquiera me deja entrar, y eso que sigue siendo mi cuarto.

-Deberíamos hacer algo, ¿no? Lleva así tres semanas-reclamó Puppeter con un tono evidente de hastío y preocupación. Markus Eltnam Sokaris se encerró en las habitaciones de Sexto año en la Torre de Ravenclaw pocos días después del ataque y casi no se le ha visto, tampoco ha visitado a los demás al Hospital y no se sabe cómo está realmente-… si continúa así su mente se quebrará más fácilmente.

-Todos estamos preocupados, pero ni siquiera hace caso a los profesores-arremetió el peliverde suspirando una vez más-… Como si fuera el único que sufre-…se cruzó de brazos al decir eso en un tono ácido y melancólico, pero su gesto se suavizó un poco al toparse con la mirada serena de Reveca-… En fin… ¿Hoy viene tu padre, verdad Reveca?

-Sí… o ya debió de llegar. No está la Directora ni la Subdirectora-señaló la chica en una voz extrañamente tranquila-. Van a reparar la Torre de Astronomía y a reforzar las mazmorras para evitar colapsos.

-Es lo magnífico y lo peligroso de tener arquitectura mágica-señaló Lloyd cansado y suspirando de nueva cuenta-… En fin… Mañana iré al Hospital, ¿vienen?

-Pero por supuesto-contestó Nicolas recuperado del momento triste que tenía-. Le avisaré a Joseph por si quiere ir a ver a los demás. Nos vamos a la Biblioteca un rato-Reveca y él se levantaron al mismo tiempo mientras se tomaban sus manos-. ¿Te quedas?

-Un rato nada más-puntualizó el mayor de los Ravenclaw despidiéndose con un movimiento de su cabeza-. Nos vemos en la Sala.

Lloyd miró a la pareja irse, contrastando notoriamente de la lúgubres del ambiente sombrío que asfixiaba a cada momento en Hogwarts. El joven mago suspiró fuertemente y continuó con sus anotaciones. Cualquiera que se asomara podría ver trazos y trazos de runas en distintos colores, grosores, tamaños y composiciones, siendo perceptible que practicaba con más ahínco la magia rúnica que se vio en el “Día I” por parte de Dacitus Tanitus y Aline McGrowell. Pocos continuaban con sus estudios de manera independiente, pero Lloyd se esforzaba para no volver a depender de otros y esforzarse por sí mismo para ser de ayuda. En un momento de su estudio se puso nervioso y de manera impulsiva buscó una funda ubicada a si costado para cerciorarse que el regalo de su abuelo siguiese a su lado. Al sentirlo, se relajó y pudo continuar con su escritura a pesar de que la muñeca le dolía de nuevo.

**********************
-Lo sentimos… hicimos lo que nos fue posible-habló un médico muggle mientras miraba a su paciente en la cama. Aquél hombre nunca imaginó que la magia existiera hasta que su Primer Ministro exigió que dicho Hospital diese atención inmediata a los pacientes que llegaron con heridas que nunca había visto. Todo el personal estaba asustado, aunado a que se les hizo una magia que les impedía revelar tal información; pero sentían alivio porque al final de todas sus memorias serían borradas-... Sus heridas se recuperaron y podrá llevar una vida normal… pero nuestra medicina y la de la…. Magia… no lograron sanarlo por completo.

Ante la noticia, una pareja mayor de tez oscura se asustó y miraron al convaleciente, su hijo. Hacía casi un mes que fue internado de emergencia por haber perdido mucha sangre y con múltiples laceraciones que debilitaban su cuerpo, teniendo un infarto en medio de una operación y gracias a la intervención rápida fue reanimado. Todo aquél que conoció su historial médico aseveró que se trató de un milagro, pues los hechizos no poseían la capacidad de sanar magia oscura de ese nivel.

-¿Están seguros?-reclamó una pelirroja de aspecto fiero, pero evidenciando que no estaba de acuerdo con ese diagnóstico-. ¿No hay nada que se pueda hacer?

-Temo que no, señorita Abatucci-suspiró el doctor incrédulo-. Si lo que usted me dijo en su momento es verdad, la herida que recibió en el cuello no podrá ser sanado por ustedes, y las cuerdas vocales se dañaron de una manera que ni siquiera una operación quirúrgica podría ser de ayuda. Lo siento, señor Abdiel Núñez, pero usted nunca podrá volver a hablar…

Sandra, la enfermera de Hogwarts volteó a ver al profesor y el rostro de él era lo que ella imaginaba: desolación total. Tantos años conviviendo con el americano le permitía saber qué pensamientos cruzaban por su mente ante esa noticia: “ya nunca daré clases de nuevo”, “no sirvo para nada” … Esta última idea le calaba más que cualquier cosa, pues en la sociedad mágica el hecho de perder una parte del cuerpo o un sentido era fácilmente recuperable con un hechizo y tratamiento; pero que fuera con magia oscura y que fuera de corazón débil era una combinación terrible. Así como ella era una paria por ser una mujer loba, Abdiel sería (a palabras muggles) un discapacitado que nunca podría hacer magia de nuevo.

-Hijo...-habló Gabriel Núñez, el padre de Abdiel, con un tono que intentaba ser fuerte mientras que detrás de él la madre se contenía el llanto-… N… no te preocupes, encontraremos el modo de…

Abdiel alzó su vista al progenitor y con sólo ese gesto el hombre se calló. Gabriel suspiró y miró con tristeza a su único hijo para después irse de la sala junto a los médicos y su exesposa, dejándolo solo junto a la enfermera Abatucci.

-¿Sabes que no debes rendirte, verdad?-Alessandra intentó acercarse, pero Abdiel la detuvo mostrando la palma de su mano ya sin verle directamente-… No te pongas así, todos te apoyarán…-el profesor se giró para darle la espalda, por lo que la enfermera soltó un bufido-… Como quieras, vendré luego-y la pelirroja se retiró sabiendo que Abdiel sollozaba en silencio porque dicha condición le impediría hacer lo que más amaba: dar clases.

Al cerrar la puerta tras de sí, Alessandra se llevó una mano a la frente bastante cansada. Le dolía ver a ese hombre em dicho estado, pero no podría conversar con él hasta que el tiempo pasara. No era su estilo esperar a que las cosas se enfríen, pero se trataba de un hombre de salud delicada y por el que sentía algo más que compañerismo. Decidiendo visitar al resto de estudiantes, comenzó a caminar por el pasillo cuando de reojo, por el sentido contrario, vio una cabellera blanca que le hizo sentir un gran calosfrío provocando que volteara a ver a la dueña de dicha melena que iba acompañada por la cronista deportiva Siena Gunn. Reconocía a la última porque había ido a visitar al profesor Gerard Wanderer, pero la peliblanca no y no pudo evitar sentir un instinto que le gritaba “peligro”. Se disponía a seguirla cuando, quien sabe de dónde, apareció la alumna de primer año Maya Tzintzimitl que le pedía ayuda para buscar una máquina expendedora.

**********************
-Y… hoy por fin se logró reparar la Torre de Astronomía. Fue complicado, pero al menos ya es funcionable y aún falta bastante, pero lo sobrellevamos-la voz cálida y triste de Aline McGrowell indicaba que conversaba con alguien esa habitación privada de un Hospital. La ventana a medio abrir permitía el paso de una corriente de aire fresca que despeinaba los cabellos castaños de Gerard, quien con sus ojos cerrados y una barba descuidada hacían ver que llevaba mucho tiempo sin despertar-… ¿Cómo es que le hacías para ser Subdirector? … En cuanto vuelvas te regresaré el cargo.

El diagnóstico de todo médico era el mismo: Gerard Wanderer no despertaría. Para los muggles, era un estado comatoso sin señales de vida; para los sanadores mágicos, una condición nunca antes vista por haber sido alcanzado por el brillo de aquella magia asesina. Todos decían que no debía sobrevivir, mas ahí estaba en un lapsus de muerte durmiente en la que esperaban que en cualquier momento su cerebro dejara de funcionar y así acabar con su vida. Debido a que no localizaron a sus padres o algún otro miembro de la familia, la toma de decisiones en cuanto a su salud quedó a manos de la Directora de Hogwarts Miishynn Cathalifaud, declarando que hasta que no hubiese señales de algún deterioro físico continuarían con las atenciones médicas necesarias.

-Markus sigue sin salir de su habitación y ya hemos hecho de todo…-relató Aline sentándose en una silla al lado de la cama-... Espero que esto pase pronto, me preocupa que colapse sin acudir a sus amigos o el desahogarse de la manera apropiada-y en ese momento, la puerta de la habitación se abrió, revelando a una mujer de la misma edad que la docente, pero con sus facciones más delicadas, cuidadas y de un largo cabello blanco brillante que la miraba con esa habitual frialdad en sus ojos azules-… Oh... Hola… Alexia…-la mirada gélida de aquella mujer es desviada y Aline suspira. Parecía que no había cambiado en todos estos años.

Alexia Noir, la mayor de una familia sangre pura, entró con paso seguro y femenino al cuarto mirando por todas partes con cierto desdén. Era obvio que no le agrada estar en un sitio muggle, pues ella desde la escuela detestaba a cualquiera que tuviese relación con las personas de magia y, en general, a quienes entraban a la categoría de inferioridad. McGrowell sentía cómo su interior parecía arrastrarla a los días de escuela cuando recibía bullying por parte de ella y que en ese entonces le costaba defenderse.

-Buenas tardes… ¿Cómo te llamabas? -preguntó Alexia sin mirarla y continuando su recorrido en el cuarto desaprobando todo, incluyéndola-…Oh, ¿Aline? ¿Así es tu nombre? No esperaba encontrarme con recuerdos tan poco agradables y aunque admito que me alivia que haya alguien aquí, me encantaría que fuese alguien diferente.

-Y yo preferiría haberte visto en otra circunstancia-sonrió con tristeza Aline al percatarse que la peliblanca continuaba con esa actitud altanera y prepotente. ¿Qué la habría mantenido ser así a pesar de los años? -. Hace un mes las cosas se volvieron desagradables, y espero que tú y tu familia esté bien.

-Sí, la familia Noir sigue bien-contestó mientras la miraba de reojo, pero ya más cerca de la cama donde descansaba Gerard. Acto seguido, realizó una mueca con sus labios de molestia y desinterés-… si dejas a un lado las conspiraciones y acusaciones que manchan “su” reputación- aquél “su” proveyó a Aline cierta información que le hizo saltar una alarma interior. ¿Estaba distanciada de su familia?

-¿Y tú?-volvió a cuestionar la Subdirectora sin perder su sonrisa triste. El pasado la seguía y debido a la inmadurez no comprendió a Alexia en su momento. La guerra que se desató era más importante que rencillas de adolescente-. Fue un ataque global, mucha gente murió-volteó a ver a Gerard mientras sus memorias hacían eco de lo ocurrido en Hogwarts y suspiró-. Eras alguien fuerte, me alivia que no te hayas doblegado.

-Deja de equivocarte tanto-respondió Alexia al avanzar más ya sin verla directamente. Posó su mirada en Gerard con gran severidad y luego volteó a verla con esa misma intensidad en sus fríos ojos azules-. Temo decirte que no es momento de engañarte. Esa es mi fuerza y no me quites eso también.

Aline meditaba acerca de esa palabras. Obviamente no la conoce y solo es una superficialidad no explorada, pero sabía que se refería a cuando Gerard y ella fueron novios en sus tiempos de estudiante y que ambas “compitieron” por un trabajo en el Ministerio. ¿Se estaba contradiciendo? Ella había hablado de su fortaleza a la voluntad, ¿en qué se equivocaba? A todos afectó ese evento de una u otra manera.

La docente, que estaba sentada en una silla, se levantó y dio un paso en dirección a la puerta. - ¿Quieres quedarte a solas con él?

La cara de Alexia se desencajó y solo asintió una vez, pero rápidamente recuperó su compostura y Aline salió para luego cerrar la puerta. Suspiró cansada y en una de las sillas cercanas a la habitación estaba Sandra que acababa de levantarse y se acercó saludándola con una mano mientras Maya llegaba y le daba a la profesora una bebida con gas.

-Gracias, Maya… y hola, Sandra. ¿Sabes cuál fue el diagnóstico de Abdiel? -pero la pelirroja pareció ignorarla, pues sacó de su bolsillo una oreja extensible que colocó en el suelo para escuchar lo que ocurría-… Pero... Sandra… ¿qué…? -la enfermera la cayó colocando su dedo sobre los labios y colocó la otra oreja para que ambas escucharan. Aline tragó saliva y se acercó intrigada de la actitud de la lupina.

-… la vida nos ha tratado muy diferente, Gerard-la voz de Alexia ya no delataba indiferencia o frialdad, había un color decepcionante y doloso que provocó que el corazón de Aline acelerara-… tu siempre fuiste inalcanzable, caminando varios peldaños sobre mí y verte así… y sabiendo la complicidad que tuviste con ella me duele. No es que cada quien tenga lo que merece, tu seguiste tu sueño-el rostro de Sandra se oscureció y Aline no entendía por qué. Preocupada, miraba a todos lados para que nadie mirase lo que estaban haciendo-, viviste aventuras y te cumpliste a ti mismo… Yo seguí el camino que me impusieron y fracasé. Éramos iguales, pero elegimos senderos diferentes… es por eso que aunque debería odiarte, te idolatro-¿Aún lo amaba luego de casi 7 años? Aline estaba impresionada por este descubrimiento, pero su mente le pedía concentrarse en otra cosa… el motivo de ese odio-. Eso me duele porque no soy yo quien se refugió en tu corazón, yo te necesitaba…. Pero no, tenía que ser “otra”. Y luego de pensarlo tanto… lo siento. Solo quería venir a decirte que lo siento… no es mi culpa, no quería esto. Pero mentiría si dijera que no era una posibilidad en la que pensé… pero no es mi culpa, me vi obligada y… estoy hablando de más, no debería estar aquí...

Rápidamente Sandra jaló la oreja del suelo para guardarla y que no descubriesen que estaban espiando. Aline sujetó a Maya, quien bebía complacida su jugo para cerciorarse de que no estuviera escuchando y justo en ese momento Alexia salió de la habitación con su porte habitual de superioridad. Volteó a los lados y, cuando miró a Maya en los brazos de Aline, su rostro se tensó por breves segundos a la vez que no dejaba de verlas. Sandra alzó la ceja en dicha actitud y se quedó en su posición con sus manos en forma de puño.

Por su parte, Maya veía fijamente a la peliblanca en silencio hasta que pasado casi medio minuto habló con curiosidad. - Te me haces familiar. ¿Nos hemos visto en algún lado? -Alexia se acercó y sacudió su cabello para después alejarse y hablar sobre su espalda.

-Yo te he visto antes, pequeña brujita. Quizá tú también, te sorprenderías-Aline, sin saber por qué precisamente, sujetó con ahínco a Maya mirando la espalda de aquella mujer. ¿Por qué se disculpó tantas veces con Gerard? Algo no le gustaba, pero no era el momento de dejarse llevar por presentimientos.

-Cuídate, Alexia-se despidió la docente dejando a un lado la bebida que le trajo Maya y acercándose a Sandra agarrando la mano de la pequeña. Sin pararse, la peliblanca soltó un bufido exasperante y suspiró.

-Seguro. Mantente fuera del peligro, necesito que lo cuides-y viró para perderse en el pasillo de ese hospital. Aun nerviosa, Aline se permitió respirar con dificultad y miró con impaciencia a Sandra.

-¿Pero qué hiciste, mujer? Podría habernos descubierto y armar un escándalo aquí-reclamó la Subdirectora en tono ronco para no llamar la atención de extraños, y Maya, aprovechando aquello, se introdujo al cuarto de Gerard para saludarlo con emoción-. Tu no eres así, ¿por qué?

-Te contaré más tarde-respondió la enfermera relajando sus músculos-. Me gustaría decirles a los demás profesores y a la Directora, pero será luego de que recabe evidencia. Esa mujer no me gusta-Sandra suspiró y de nuevo se tensó, pero esta vez cruzándose de brazos con fuerza reflejando que parecía sufrir por algo-… Y sí, ya se el diagnóstico de Abdiel… requerirá nuestro apoyo.

**********************
La noche acobijaba en el Colegio Hogwarts luego de un día ajetreado, con el mago arquitecto Maximo Eden dirigiendo reparaciones y quedando en ir la semana entrante porque él también tenía mucho trabajo; los alumnos que continuaban sus estudios de manera independiente porque los profesores se encargaban de otras tareas para cuidar el edificio dañado; los elfos domésticos racionando la comida para que alcanzara y durase más tiempo debido a la escases de alimentos que sufrían las ciudades mágicas; y la constante ansiedad que todos padecían por pensar que algo malo ocurriría otra vez. La gran mayoría descansaba en sus habitaciones, algunos en solitario reflexionando y otros con compañía que lograba mitigar el dolor que ocultaban, y, por otro lado, el despacho de la Directora seguía siendo punto de reunión con los docentes para planificar por el bien de la escuela.

Sin embargo, un alumno de Ravenclaw aprovechaba la tranquilidad ofrecida por las paredes resquebrajadas para ir a las cocinas por algo de comida o prepararse pan horneado para relajarse. Y así, Markus Eltnam se escabulló y gracias a la confianza que le tienen los elfos pudo pasar sin problemas a esa área prohibida para otros; eso sí, se le advirtió que preparara una ración individual para ahorrar los ingredientes.

Mientras preparaba todo, Markus no dejaba de pensar en que su ensimismamiento le estaba causando daño y debía hablarles a sus amigos de nuevo; pero siempre que tenía esa idea su cabeza le jugaba malas pasadas que le hundían más en esa inseguridad creciente y la culpa de no haber hecho más para evitar la catástrofe vivida. Euríale secuestrada; Judas, Joseph y Lancelot ya no pisaban el colegio; Medusa junto a Steve en el hospital y ni qué decir de los profesores Abdiel y Gerard, de quienes no sabía nada en absoluto por su negación en ir a verles o preguntar por su estado. Siempre que Nicolas y Lloyd se llegaban a topar con él los evitaba porque no se sentía capaz de entablar alguna conversación y Linus, su presencia inexistente casi como la suya a excepción que el joven Black sí convivía con las personas aunque fuese por poco tiempo. En definitiva, la Diadema de su casa lo rechazaría si se lo volvía a poner… lástima que ya no iba a la Sala de Menesteres.

De súbito, escuchó que alguien movía las cacerolas y pensó en Sion o en Litten, los únicos seres vivientes que Markus toleraba-. Oigan, les dejé comida en el cuarto, no debían seguirme-se giró y continuó hablando-. No quiero que ensucien…-y se interrumpió al percatarse que quien hacía el ruido era una mujer muy joven de cabello corto color naranja y ojos ámbar que también le miró con preocupación.-… los trastes… tu… tu… quién….

-Oh, lo siento, lo siento-contestó la susodicha tomando unas dos cacerolas pequeñas junto a un sartén. Se limpió una mano con su blusa y la tendió para saludar-. Me llamo Remeny, sustituyo al profesor de Pociones… No eres un elfo, ¿qué haces aquí?

-Yo… pre-pregunto lo… mismo…-nunca la había visto, pero ahora que se presentaba podía ubicarla por conversaciones escuchadas a la lejanía: Remeny Armant, una magizoologa que llegó a los pocos días del desastre con intenciones de ayudar en las reparaciones. Notó, por que llevaba una blusa corta, que la chica tenía muchísimas cicatrices en sus manos y brazos-… Yo puedo estar aquí… te-tengo permiso…

-Bueno, si tienes permiso no hay problema-sonrió Remeny a pesar de que Markus no correspondió el saludo-… Yo soy amiga de los elfos desde que estudié aquí, por lo que puedo pasar y llevarme cosas siempre y cuando las devuelva. Pero… a ti no te he visto… ¿Eres un recién llegado?

-N-no… -Markus maldecía en su interior. ¿Tanto le costaba hablar con otra persona? -… Yo… ya estaba aquí desde… desde…-entonces, se dio cuenta que no se había presentado y se puso más nervioso-… Me llamo... Markus…

-¿Markus? Me suena…-sin dejar los utensilios de cocina, Remeny meditó unos segundos hasta que sonrió satisfecha-. ¡Ya! Estuviste en el Día I ayudando a las evacuaciones. Fuiste valiente.

-No… no se burle…-Markus tragó saliva percibiendo molesta en su interior. ¿Por qué le llamaba valiente?-…. Usted no sabe nada…

-¿Burlarme? Pues no… y obvio no sé nada, no estuve aquí. Me enteré del ataque mientras estaba en Chile, América. En cuanto pude viajé a ayudar… pero mira, estás aquí a pesar de ese feo momento-la chica continuaba sonriendo con afabilidad-. Estás de pie en Hogwarts, no muchos tendrían ese valor…

-¿Valor? … ¿A esto le llama valor?-Markus, enojado, golpeó una mesa a su lado con estruendo sin importar que se lastimó en el proceso. Aquello hizo que Remeny se asustara y soltara los recipientes haciendo un gran escándalo por el metal chocando entre sí y el suelo de piedra pulida-… ¿Valor es esconderse en vez de enfrentar a quien nos lastimó? ¿Valor es no hacer nada mientras la sociedad se va a la basura? ¿Valor es seguir vivos mientras otros murieron? ¡Eso no es valor!

Markus emanaba frustración, ira, tristeza… tal vez por o hablarlo con alguien, pero cada palabra dicha era con fluidez y amargura por contenerlo y que una extraña actuara como si nada hubiese pasado, manteniéndose alegre mientras otros sufrían por lo sucedido… le enervaba al punto de haberle gritado. El Markus anterior a todo no habría hecho eso, pero eso no importaba; ese Ravenclaw estaba enterrado muy en el fondo tras tierra y tierra que representaba toda la furia que no lograba sacar de sí mismo.

-Ay, chico…-Remeny, perdiendo su gesto amable, recogió las cosas que tiraron y torció su boca-… Definitivamente estas ciego… y ya no comas ese pan, te va a soltar el estómago si lo cenas así…-y se dio media vuelta para salir de la cocina, dejando a un Markus iracundo que golpeó de nuevo la mesa a la vez que lloraba de coraje por decirse a sí mismo que no era valiente. Pasados unos minutos y, siguiendo a regañadientes el consejo de la chica, el joven mago se fue de la cocina sin cenar nada para buscar algún baño y refrescarse.

Los pasillos continuaban con sus sombras solitarias y eso era que Markus agradecía infinitamente, pues no quería toparse con nadie más. Guiándose por instinto, el chico llegó a uno de los baños para dirigirse directamente a un lavabo y mojarse la cara en un intento de relajarse. El agua fría golpeó su tenso rostro, y cuando terminó posó su mirada en el espejo, notando en su reflejo a alguien que de verdad detestaba. De nueva cuenta la ira creció y, por impulso, golpeó con un puño fuerte el vidrio que terminó cediendo a la fuerza y trozarse en decenas de pedazos que cayeron al suelo. Markus sintió cómo la piel se abrió para después gotas escarlata mancharan su mano y el hueco espacio donde debería estar el espejo. Le dolía, pero el golpe emocional era mucho mayor y, por ello, no se dio cuenta que su pequeña gata Sion lo observaba desde la entrada para luego escabullirse en dirección desconocida.




BONUS 1

Spoiler:
Estaba muy nerviosa. Aunque no era la primera vez que iba a verlo en el hospital, el miedo de toparse con alguien que la descubriese provocaba que Ceto siempre se mirase con un aura intranquila y temerosa. La pelinegra con destellos rojos en su melena parecía un pequeño gato escondiéndose si llegaba a sentirse en peligro, aunque la mayoría de las veces eran solo paranoias suyas. Y a pesar de que Steve le dejó en claro que no tendría nada con ella, el saber que resultó herido en Hogwarts le dolía en su corazón y más porque no pudo hacer nada para evitarlo.

Sabiendo que nadie la descubrió, llegó al cuarto donde el chico de Slytherin debía descansar y abrió con cuidado para no molestar.

-¿Por qué sigues viniendo?-la voz de Steve, ronca y escueta, turbó la fragilidad de la bruja que se asustó y entró rápido para que no la viesen-… Pareces un ratón.

-Lo siento, Steve-habló Ceto, sabiendo que su tono de voz le recordaba al chico a la mujer que de verdad amaba, pero quien no ha podido ver en todo este mes por la renuente evasión de ella-… y… ¿Cómo estás?

-Como siempre-contestó seco y sin ánimos de entablar diálogo. Ceto estaba acostumbrada, no le dolía-… ¿Y ahora a qué vienes? … Tus ojos eran color miel, ¿no? Los veo verdes.

-Esto… yo… te… traigo dulces-y de su bolso de moke, encantado para que almacenara más de su capacidad, extrajo muchos dulces que provenían de Honeydukes en Hogsmeade-… Espero te gusten… y sí, ya se que no podré tener nada contigo. Lo dejaste muy en claro esa vez-la chica se tocó los labios, rememorando lo que pasó ese día-… pero eso no quiere decir que deje de preocuparme por ti.

-Meh-bufó Steve sin verla y Ceto dejó las chucherías en una mesita al lado. Si estaba cerca de él se sentía cómoda, pues en otras circunstancias aquella distancia sería imposible.

-… ¿Cómo vas con tu brazo?

-Igual.

- ¿No hay posibilidad de que te recuperes?

-No lo sé.

-¿Y tus amigos?

-¿Ellos qué?

-Pues… -Ceto suspiró y sonrió de lado un tanto cansada-… ya se que te molesta mi presencia, solo quería saber un poco de tu estado… ya me voy… vendré luego…

-Cómo quieras.

Sin despedirse de manera más cercana, Ceto salió de la habitación y cerró la puerta para recargarse unos segundos. No le agradaba ver que el chico en Hogsmeade había cambiado... aunque claro, ¿quién no? El Día I afectó a todos de diferentes maneras, y ella no salió bien parada con todas esas personas muertas alrededor suyo y mortífagos que dieron su vida a una causa que le era desconocida. La chica suspiró y escuchó a la lejanía una voz que le heló la sangre. Aún no llegaba, y era probable que fuera su imaginación, pero su corazón le dictaba que no era así. ¿Qué hacía ella en el Hospital? Asustada y sabiendo que debía esfumarse, Ceto caminó rápido buscando el baño de mujeres y, para su fortuna, encontró uno para meterse con rapidez a un cubículo. Cerró la puerta y tragando saliva para concentrarse, evocó un hechizo que, luego de un chasquido sonoro, hizo que se desvaneciera en una pequeña implosión para transportarse a otro sitio lejos de esa persona de la que huía.

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Capítulo II: Palabras Insostenibles.

Mensaje por Ghostyaya el Jue Mayo 17, 2018 3:10 pm

Capítulo II:
Palabras Insostenibles
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BONUS 1

Spoiler:
Sabías que este día llegaría, y aunque eres mi madre debía irme para ayudar a mis amigos. Sé que en este momento estarás enojándote y buscando a mi hermana por si sabe a dónde fui, pero tu misma tienes la respuesta. No, no iré a ser un héroe (porque ya lo soy -????-) pero me necesitan más allá. Además, hace tiempo encontré una carta de mi papá y por más que ese bastardo no merece que se le de una oportunidad quiero saber qué está pasando. Volveré, pero no como Terminator. De verdad volveré y sabrás de mí pronto. No te enojes con Rachel, no fue su culpa.
Atentamente: tu hijo favorito, Joseph.
PD: me llevé algunas de mis pertenencias, y no le digas a Mary que es capaz de ir a incendiar Hogwarts. Dile que su hermano mayor se fue con la novia o algo, pero que no se vaya sola de casa.
PD2: también le iré a dar de comer a Werewolf, espero que esté bien.


Saskia Pashenko, una madre joven que se encontraba sentada en la cama de la habitación de Joseph, permaneció así observando la carta sin leerla, pues no tenía caso encontrar mensajes ocultos. Ella sabía que el chico se iría tarde o temprano, y también ya conocía de la carta dejada por su esposo Edgar, pero no había querido decirle nada hasta que su primogénito quisiera hacerlo. Había leído una promesa de él a su hijo acerca de hablarle del abandono a la familia y de una piedra filosófica o algo así, pero Saskia se cuestionaba de dónde habría sacado tal carta si su esposo fue un hombre muy meticuloso que no dejaba todo al azar. La madre suspiró y guardó la nota en un bolsillo de su pantalón, resignada a que no sabría nada de su hijo por un tiempo a pesar de lo que ocurría. Sí, ella sabía que Joseph le ocultaba cosas y que el mundo mágico estaba en tensión, pues los consejos dados por Edgar para que ella se informase de lo que ocurría en esa sociedad le indicaban que algo fuerte ocurría; además, las noticias locales constantemente reportaban robos que las cámaras no lograban captar a supermercados, especialmente a la comida perecedera y, ya por criar dos hijos magos, era fácil deducir que eran brujos quienes asaltaban. ¿Tan desesperados están para conseguir alimento proveniente de “muggles”?

-Hijo de padre pintito-expresó Saskia preocupada y deseando lo mejor para Joseph. Lo amaba y no quería que le ocurriese nada; pero al cerrar los ojos para focalizar sus buenos deseos escuchó que algo de vidrió se rompió en la sala. Inquieta, se dirigió al origen del ruido y al buscar qué se quebró, se topó con un retrato de la familia (ella, Mary y Joseph) en el suelo resquebrajado en una diagonal que dividía el rostro del primogénito. En eso, una corriente de aire proveniente de una ventana abierta la toma por sorpresa alborotándola por completo y con ello indicándole que eso provocó la caída del portarretrato-… Joseph, cuídate, por favor…



La melena pelirroja observaba con fina atención la pequeña llama que levitaba sobre su palma mientras se perdía en sus pensamientos atrayéndose por el baile ígneo que ella misma había creado. Sin quererlo, Medusa había creado una especie de tranquilizante con dicho elemento, y si no lo hacía al menos una vez al día, la sensación de las cicatrices que ahora portaba en todo su cuerpo la atormentaba hasta al punto de tener que pedirles a los sanadores muggles esa aguja con líquido que la relajaba cuando se lo suministraban. Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta que abrían la puerta de su habitación en ese hospital, que la cerraban y que el susodicho autoinvitado se acercaba.

-Imagina si fuera un ladrón o algo por el estilo-una voz jovial, alegre y parlanchina la sacó de su ofuscación y el corazón de Medusa aceleró. Sabía quién era y de pronto le dieron ganas de llorar de alegría-… Más vale tarde que nunca, ¿no, Medu?

-Blaze…-la chica volteó y se topó con su mejor amigo de Estados Unidos. Ahora tenía su despeinado cabello en verde, pero sus ojos de color verde y amarillo continuaban con sus tonos originales; esa misma sonrisa juguetona y su porte alivianado-… Estás aquí… Yo… yo…-su voz se quebró, pero el chico se acercó rápidamente a abrazarla.

-No llores por mí, querida. Sé que no pude venir antes porque mi agenda ha estado apretada debido a mi fama y mis obligaciones con mis fans-expresó el chico con tono fingido de agobio y tristeza-, pero tuve que interrumpir mis entrevistas e incluso escapar del asedio en el Callejón Diagon, pero aquí me tienes-se separó del abrazo y sacó un mazo de cartas de un bolso del saco que portaba-. Feliz Navidad, Año Nuevo, Día de Reyes, Día del Amor y la Amistad y del Natalicio de Benito Juárez atrasado.

-¿Son las cartas del tarot?-la joven Black las tomó con ansias y apretó la barja recordando que su hermana estaba con ella en la Sala de Menesteres cuando escribió esa carta para pedirle a su amigo que le consiguiera cartas nuevas-… Gracias… ¿Y quién es Benito Juárez?

-Es un tipo de México. Escuché hablar de él en unas vacaciones de Ilvermorny cuando visité ese país, deberíamos ir algún día-Blaze Tonks, de 19 años y poco más alto que la pelirroja, se sentó en la cama a su lado y cuando Medusa iba tomar su mano, miró su propia palma topándose con una de sus decenas de cicatrices y se horrorizó. Impulsivamente, se refugió debajo de sus sábanas blancas y sintió cómo su nudo en la garganta aumentaba-… Medu… No tienes por qué ponerte así conmigo.

-Soy horrible, Blaze…-sollozó Medusa aun cubriéndose por completo-… secuestraron a mi hermana, por mi culpa el profesor Gerard no despierta, hirieron a Steve y no sé si podrá recuperarse, muchos compañeros con los crecí en mi vida en Hogwarts murieron y mi profesor Abdiel está grave y yo… yo… -sin poder contenerse, Medusa comenzó a llorar por el dolor que guardaba-… esto me lo hizo Euríale, le ordenaron matarme y aunque estaba bajo Imperio lo hizo… me… quería asesinarme y ahora… ahora… estoy horrible, desfigurada… soy un monstruo.

Y entonces, Blaze jaló la sábana y Medusa se vio “desprotegida” ante la mirada triste del peliverde que arrojaba su “único escudo” contra la vida real al suelo para quedarse sin nada con qué cubrirse. La pelirroja empezó a alterarse buscando su varita para conjurar su llama tranquilizadora, pero su amigo fue más rápido y la tomó de las manos con fuerza, pero sin lastimarla, obligándola a que viese directamente sus ojos. Ni su tío Alexander, su primo Linus o los profesores se habían comportado con ella de esa manera, incluso sus padres tomaron distancia para protegerla; por ello, se quedó impávida sin saber qué hacer exactamente.

-Medusa Black Scarlett-pronunció Blaze mientras, sin darse cuenta, sus ojos cambiaban a un tono gris pálido-. ¿Dónde está esa chica fuerte que es mi mejor amiga? ¿Tendré que pedir ayuda a un detective para buscarla si está aquí mismo? Sí, las cosas van muy mal, demasiado mal. Yo mismo fui atacado en Diagon junto a mi hermano, y apenas logramos salir con vida; pero muchos de mis amigos no-suspiró y cerró sus ojos, pero al abrirlos ya estaba de nuevo su heterocromía verde y amarillo-. Medusa, piensa un momento. Si lo que dices es verdad, y no es que lo niegue, pero ordenaron a tu hermana que te matara… ¿por qué no te lanzó un Avada Kedavra en vez de herirte de esta manera?

-¡Suéltala, estúpido!-una voz austera y ronca gritó desde la puerta, y cuando Medusa se asomó su corazón aceleró de nuevo y no sabía si alegrarse o asustarse. Steve Dunham, aún con esa bata blanca que ella también tenía puesta con su brazo izquierdo colgando y completamente vendado. Medusa reconoció que esa parte de su cuerpo no se movía como el resto, recordando que en se hombro fue donde impactó la maldición explosiva-. ¿Qué le estás haciendo a Medusa? ¿Y quién rayos eres?

Blaze se incorporó dándole la espalda a Medusa, quien ya solo podía ver el rostro de Steve quien no controlaba esa ira que ahora parecía haber aumentado. No lo había visto por casi un mes y lo notaba más delgado, descuidado en su imagen y con sus ojos más fríos, con una carencia de brillo como nunca antes lo había visto. La joven en ese preciso instante se dio cuenta que no era la única que sufría por lo que sucedió y que además de las marcas físicas, había unas que dañaban el alma y podrían ser imposibles de sanar.

-Tú debes ser Steve Dunham-habló Blaze con un tono altanero que Medusa reconoció. Si no hacía algo...-. He escuchado mucho hablar de ti, pero… ¿hasta ahorita se te ocurre venir a visitarla? Vaya que no eres tan hombre como creí, y decir eso de mi parte es mucho.

-A ti qué te importa-el Slytherin ya no tenía paciencia, y se adentró al cuarto acercándose con fiereza-. ¿No te hizo daño, Medusa?-y extendió su mano derecha, en la cual sujetaba su varita con mucha fuerza apuntándole a la cara del peliverde-. Tan solo debes decirme que sí y lo haré trizas aquí mismo.

-¿En serio? ¿Así como la defendiste en Hogwarts y no lograste evitar que secuestraran a la pequeña Euríale?-Blaze chasqueó su lengua y dio un profundo suspiro para luego encogerse de hombros y adquirir un tono de voz más relajado-… Hasta debo admitir que yo me sobrepasé con ese comentario. Tranquilo, soy amigo de Medu. Me llamo Blaze.

Desde su cama, Medusa se agitó por ver la casi pelea que se iba a desarrollar frente a ella. Ya estaba buscando su varita cuando Blaze se disculpó y más porque el rostro de Steve se había oscurecido con ese comentario agresivo que hizo su amigo antes de relajarse. Sin pensarlo dos veces, la chica se levantó para propinarle un puñetazo a la nuca del estadunidense haciendo que casi se cayera por no esperar tal golpe.

-¡Blaze!-vociferó Medusa muy molesta por lo que ocurrió. El chico, por su cuenta, le guiñó el ojo y sacó su lengua a modo de juego, y la pelirroja, sabiendo que no podía durar mucho tiempo enojada con él, irónicamente se irritó más-. ¡No vuelvas hacer eso! ¿Escuchaste?

-Pero, querida…-el peliverde tomó una mano de Medusa y la acercó más a sí sujetándola de la cintura-. ¿Cómo podré demostrar lo mucho que te adoro si no te celo con cada hombre que venga a defenderte? -la mayor de los Black, sin saber cómo reaccionar apropiadamente, comenzó a darle risa toda esta peculiar situación y comenzó a reír conteniéndose-. Eso, mi tejoncita, sigue riendo.

-Hace mucho que no escuchaba tu risa, Medusa…-dijo Steve son un tono más relajado y ronco, con una sonrisa triste que evocó en la chica ese sentimiento que tenía hacia él antes del ataque a su colegio. Blaze la soltó y Medusa se iba acercar, pero se detuvo porque recordó las cicatrices que la cubrían y ladeó su cabeza para no verlo. Le daba vergüenza que la mirase en ese estado y cerró sus ojos esperando que Steve se fuera, pero él se acercó y le tomó del mentón con suavidad para entrelazar sus miradas-. Sigues siendo hermosa…-el chico se ruborizó, y él fue quien se alejó para sujetar su hombro magullado y un brazo que no reaccionaba a ningún estímulo-… Me alegra que estés bien. No había venido a verte antes porque sabía que no querías visitas y… cuando Judas me dijo que veía a un extraño a verte… no pude evitarlo.

-¿Judas está aquí? ¿Cómo está? -preguntó Medusa con evidente premura. No había sabido nada de él desde que le contaron que su madre se lo había llevado a la fuerza del Colegio. Pero la conversación no pudo proseguir porque otra persona acababa de entrar al cuarto. Esta vez era Linus, quien cerró la puerta tras de sí y la chica reconoció preocupación en el rostro de su primo-… Esto… ¿Linus, todo bien?

-No-sentenció el heredero de los Black tragando saliva. Frunció el ceño al ver a Steve ruborizado, y más cuando topó su mirada con el peliverde-… ¿Y éste?... No, no hay tiempo. Medusa, por favor, finge que estás dormida y ustedes dos, escóndanse-con familiaridad y un poco torpe, llevó a su prima a la cama, quien no entendía qué estaba pasando-. ¿Se saben el hechizo desilusionador? No... Steve, eres pésimo en Transformaciones, y tú… tú, copia de Nicolas, no sé, no te conozco.

-Soy Blaze-una sonrisa muy extraña se formó en el rostro del chico, gesto que ni Medusa reconoció. El aludido se acercó a Linus sin importar la diferencia de estatura y su voz adquirió un tono muy… ¿ronco? -… ¿Por qué necesito desvanecer mi grandiosa presencia? ¿Y... ese Nicolas es amigo tuyo?

Pero no hubo tiempo de respuestas. La puerta se abrió de manera agresiva y una figura femenina observaba el panorama con desdén. Sus ropas elegantes reafirmaban su porte aristocrático y parecía no tener intenciones de tocar nada de lo que lo rodeaba. Medusa la reconoció y sintió cómo su rostro perdía color, arrepintiéndose de no haberle hecho caso su primo, y éste, por su parte, rápidamente se había colocado en posición recta y adquirido un rostro frío para ocultar con destreza el nervio que portaba segundos antes. Tanto Steve como Blaze estaban confundidos, pero no hicieron nada hasta que Linus habló con una voz demasiado relajada y gélida.

-Hola, madre.

**********************
Ya tenía un par de días que no iba al Hospital, pero era la primera vez que no pensaba regresar a casa y de ahí que Joseph estuviese un poco nervioso mientras caminaba por los pasillos blanquecinos de dicho sitio. Tan solo llevaba una maleta mediana que, por las prisas, se le olvidó agrandar y justo tenía el tamaño para la espada que Nicolas le había regalado: hecho de plata con mango de cuero y tenía grabadas unas runas que le proporcionaban un uso elemental básico, a lo cual agradecía que en Londres no hubiese detector de metales en todas partes. Si no, estaría en alguna comisaría dando explicaciones a policías muggles de por qué un chavo llevaba un arma de esa magnitud. Además, su cicatriz no le ayudaba en absoluto para mantener la imagen de un buen ciudadano.

Estaba pensando ir a visitar al profesor Abdiel, pues ya se había enterado de su diagnóstico y le carcomía cierta culpa porque el docente hico mucho en apoyarle por su maldición lupina y el chico no había ido a verlo en todo el mes. Bueno, sí lo había intentado, peor debido a su salud delicada los médicos y sanadores habían pedido que solo personas cercanas a él podían verlo; pero ahora con esa terrible noticia, el profesor se había negado a que cualquiera lo viese. Lo comprendía, pues por cuestiones que no podían controlar ahora debían cargar un peso que condenaba sus vidas para siempre. Para Abdiel era no poder hablar de nuevo y renunciar a la magia para siempre; para Joseph era transformarse cada luna llena sin lograr evitarlo y correr el riesgo de dañar a los que quiere.

Sin embargo, Pashenko se sentía inquieto y, cada vez que sentía “ese” impulso, se mordía el labio con fuerza sin llegar a sangrar. Y es que desde que probó la sangre mágica en el Bosque Prohibido, su olfato se había sensibilizado y si le llegaba el hedor del líquido carmesí podía sentir que sus sentidos aumentaban y salivaba a pesa de que una parte de él le daba repulsión. Se lo advirtió Sandra en su momento: “si al morder un mago o bruja llegas a saborear su sangre… tu instinto lupino aumentará al igual que tu necesidad de infectar a otros”. También por ese motivo se había ido de casa, pronto llegaría el ciclo en el que se transformará y teniendo a su hermana cerca le daba pavor no poder controlarse. Cargaba con tanto que ya le costaba mantenerse sereno…

-Hola, Pashenko-la voz de la profesora Aline asustó a Joseph, quien dio un salto atrás y se tensó temeroso de que alguien le hubiese leído la mente-… ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

-Claro que estoy bien-Joseph se forzó a sonreír y, cualquiera que pasara a su lado notaría a un joven alegre y serio al mismo tiempo, sin tener idea de lo que había estado pensando segundos antes de toparse con McGrowell-. Solo estaba pensando en mi lobo, ¿sabe si está bien?

-Werewolf, ¿no? -preguntó Aline. Ambos estaban cerca de la recepción del piso, donde un par de enfermeras proporcionaban información a los muggles que preguntaban por algún paciente. El único color que había en el sitio eran de unas flores que adornaban el escritorio de aquellas mujeres-… Sí, está bien. Es cuidado por la encargada de pociones, la bruja Remeny Armant, quien también es una magizoologa. Tu lobo se encuentra en buenas manos.

-Sí… A propósito. ¿Qué sabe de Steve, Medusa, y de los profesores Abdiel y Gerard?-sabiendo que el tema podría prolongarse, el chico hizo señas a unas sillas dispuestas a la pared para sentarse, a lo cual ambos hicieron cerca del otro-. Cuando vengo solo es para visitar al Subdirector, pues Medusa no permite que nadie más la vea y Steve es Steve.

-Steve sigue en las mismas-contestó Aline encogiéndose de hombros y de actitud resignada-, solo permite que la enfermera Alessandra lo visite, los profesores y Judas; si alguien más quiere entrar suele gritar que no quiere visitas… y Medusa hace algo similar. Sin embargo, ambos se están recuperando y pronto se darán de alta, aunque tardarán en adaptarse. El brazo de Dunham no ha recuperado movilidad y Black… lo de ella es más complicado-la Jefa de Gryffindor se estiró para relajar su cuerpo y sacó del bolso que cargaba una lata de refresco que tendió al Ravenclaw, quien la tomó gustoso para beber inmediatamente-. Abdiel… pues ya todos lo saben, solo hay que darle tiempo… y en Gerard… no hay cambios, sigue igual.

-Pero está vivo-dijo Joseph ansioso apretando sus labios lastimados-. Es lo que importa. Todos están vivos, y deberían valorar eso en vez de notar lo negativo. Que Steve aprenda a usar bien el brazo derecho, y la tiene fácil porque es diestro; Medusa tuvo mucha suerte, y si puede caminar que aproveche lo más que pueda; el profesor Abdiel ya no podrá dar clases, pero debe haber alguna runa o magia que lo ayude a exteriorizar sus ideas; y de Gerard… él despertará y espero que lo primero que vea sea a usted-el chico asintió, y la sonrisa de Aline se tornó más tímida-. Viene a verlo todos los días, el muy flojo debe compensarla con eso, ¿o no?

-Ay, Joseph-Aline rió un poco y se recargó en la silla donde estaba sentada para descansar. Es bien sabido que está muy ocupada y casi no se le ve fuera de sus obligaciones, incluso se podría decir que sus visitas al hospital son parte de sus responsabilidades-. Gracias por esas palabras, has madurado bastante.

-Pero me falta ponerme más mamey-el chico se encogió de hombros y dio un sorbo al refresco para aclararse la garganta-… Profesora… ¿Usted qué sabe de las Reliquias de los Fundadores?-la poca serenidad en la Subdirectora se desvaneció y volteó a verlo directamente.

-Ya lo sabemos, Joseph y me duele aceptar que ustedes, los alumnos, forman parte-se estiró los hombros y continuó hablando-. Markus, Medusa, Steve y ustedes creían que Gerard; pero creo que ya sabes que yo poseía la espada de Gryffindor. Cuando todos estén bien hablaremos con ustedes de ese tema, solo espero que sea pronto.

-Eso estaría bien; y ya no tiene caso que mintamos a estas alturas, ¿no?-el chico terminó la gaseosa e hizo presión en su muslo con la palma para aplastarla-… Sí, ya lo sabíamos. Al igual que lo de su memoria… Y no, no nos dijo Lancelot ni Nicolas, aunque luego supimos que ellos ya lo sabían. Fue la…

-Directora-interrumpió Aline sabiendo lo que Joseph diría-. Sí, todos estuvimos de acuerdo que era mejor divulgarlo para que el enemigo no aprovechara tal circunstancia. Pero al menos logré recuperarme.

-Recuerdo que por esos tiempos miré al profesor Wanderer mal y muy preocupado… y el día de cuando usted regañó a Steve por quemar el bosque yo escuché la conversación que tuvo él advirtiendo al Subdirector. No era mi intención espiar, pero fue la casualidad-desde su lugar, Joseph arrojó la lata a un cesto de basura cayendo por el centro de la apertura de recipiente de manera limpia-… ¿Por qué su memoria se vio afectada?

-Eso sí no puedo decirlo-Aline sonrió triste, pero cerró los ojos para descansar su vista-... al menos no por ahora. Hasta que no domines Oclumancia no quiero arriesgarlos. Desafortunadamente el conocimiento de las reliquias ya no se mantuvo oculto porque sabemos que, tarde o temprano, Euríale lo dirá… Espero que esa niña esté bien.

-Me gustaría saber algo de ella. Todos estamos preocupados… ¿Y cómo sabe que practico Oclumancia?-Joseph se levantó sujetando su mochila listo para ir a ver a Medusa, pero de un pasillo lejano le llegó el olor a sangre de un muggle y no pudo evitar marearse. Comenzó a salivar y para calmarse se aclaró la garganta. Sintió la mano de Aline en su hombro y de pronto su mente se aclaró. Alzó la vista y se topó con su sonrisa cándida de antes-. ¿Qué hizo?

-Se dice gracias-Aline comenzó a alejarse y se despidió con un movimiento leve de su mano al dar la espalda-. Iré a Hogwarts. Sal unos minutos para que termines de despejarte y luego vuelves. Me saludas a Nicolas.

-¡Usted cuídese!-Joseph alzó la voz para despedirse, sintiendo la mirada pesada de las enfermeras por el ruido. Sonrió a pesar de que una sombra de preocupación se dibujó en su rostro y decidió seguir el consejo de la Jefa de Gryffindor, tomando rumbo contrario para salir del hospital unos minutos. Tal vez podría toparse con Nicolas y entrar juntos para romper la puerta del cuarto de Medusa para entrar a la fuerza y así darle unos chocolates que compró en una Honeydukes recién reconstruida.

**********************
Tenía casi un mes que no pisaba Londres ni las ciudades aledañas, pero Theodore se permitió tal circunstancia porque quería evaluar por sí mismo cómo se desenvolvían las cosas luego de ataque global, renegándose a llamarlo “Día I”. ¿A quién se le ocurría darle nombre a un terrible evento? Entendía que fuese para referirse a ello de manera concreta, pero siempre que buscaba noticias éstas se referían a los mortífagos, sus armas, sus tácticas y lo que vieron los testigos; sin embargo, las víctimas pasaban siempre por alto, siendo mencionados como números y no por sus nombres. Él se sabía todos los nombres de los alumnos de Hogwarts y cuando perecieron se prometió nunca olvidarlos, más al rememorar los rostros de las familias que no daban crédito a lo que ocurrió. Tal vez por ello, el Jefe de Hufflepuff se tiñó el cabello de azabache y unas líneas delgadas y finas de color dorado adornan su pelo que ahora le llegaba por arriba de su nuca, dejándoselo crecer más por descuido que por otra cosa.

Todo este tiempo estuvo con su tío Joseph, quien decidió posponer las actividades del circo aludiendo a vacaciones de primavera y que los miembros de la organización pudiesen visitar a sus familias; los ingresos y ahorros habían sido los suficientes como para poder vivir sin problema alguno por un año, y el mantenimiento era llevado a cabo por Theodore con su magia aprovechando que nadie podía verlo. Por otro lado, sus tías gemelas Luan y Loan han notado el cambio obvio de su comportamiento y luego de insistirle tanto sin recibir respuesta, dejaron de insistirle sin dejar de recordarle a Theodore que después de la tormenta siempre venía la calma. El mago agradecía tener a esta familia, pues sabía que sin su apoyo el hundimiento moral habría sido peor.

Como sospechaba, Theodore se topó con una Londres ciega, ignorante y rutinaria que no se inmutó del desastre de hace un mes. Los muggles realizaban sus compras de manera ordinaria, paseaban riéndose o ensimismados a rumbo desconocido, el transporte gozaba de su habitual ruido y, sin poder evitarlo, llegó a sentir cierta repulsión y envidia de la capacidad de la sociedad no mágica de continuar con su vida como si nada; llegando a tener pensamientos lúgubres sobe lo que pasaría si él lanzara un Bombarda Maxima en alguna plaza o parque, pero todo se quedaba en su mente luego de apretar sus manos en puño y regañarse a sí mismo por tales ideas. Luego fue a inspeccionar las entradas del Ministerio Mágico no para entrar, sino para corroborar por sí mismo los rumores que escuchó de algunos contactos de la severidad en dicha institución y, efectivamente, fue así.

Primero intentó acceder por una vieja chimenea en el Callejón Knockturn para acceder a la Red Flu que conectara con el Ministerio, pero su sorpresa fue mayúscula cuando la magia no reaccionó y las llamas verdes se apagaron al instante de luego pronunciar su destino; el encargado de la tienda  Borgin y Burkes le explicó que su chimenea ya no funcionaba, salvo una ocasión que los Aurores lo llamaron para dar declaración del ataque en el Callejon Diagon porque múltiples versiones indicaban que de éste callejón habían salido varios mortífagos atacando. Luego de su primer intento fallido, Theodore estaba en Londres buscando las casetas telefónicas que servían como acceso para los visitantes y, como era de suponerse, eran muchísimos dispersos por toda la ciudad y solo ahí, pues no se daría abasto si iba a otras zonas urbanas; para su mala suerte, cada uno de estos accesos estaba vigilado por magos golpeadores que supervisaban por zonas cercanas, reconociéndolos por la postura obvia digna de un militar mágico. Decepcionado, ya estaba alejándose para ir a otros puntos cuando escuchó detrás suyo la voz de un colega que reconoció, por lo que continuó caminando para evitar sospechas y a distancia prudencial espió la situación.

-Usted no puede entrar-repitió uno de los magos golpeadores, de espalda ancha y bastante alto, logrando intimidar a cualquiera si quisiera-. Requiere de una cita.

-Me dijeron que para pedir una cita debo venir personalmente-arremetió Alexander Black con desdén y bastante molesto. Desde su lugar, Theodore empezó a sentir cierta emoción que le pareció ajena y familia a la vez-. Dejen de darle vueltas a su burocracia y permítame acceder.

-Lo siento, y no importa su apellido o influencia. Primero saque una cita-interponiéndose a la entrada de la caseta, aquél mago perdía la paciencia cada vez más-. Si continua así tendré que enviarlo al Wizengamot por desacato a la autoridad mágica establecida por el señor Philippus Black.

-Ese hombre es mi padre, por el amor de…-Alexander estaba exasperado y se llevó una mano al mentón colmándose de esta actitud contradictoria. El Jefe de Hufflepuff, sin notarlo, estaba sonriendo mientras tomaba su varita-. Quiero hablar con el Asistente Junior del Ministro de Magia, ya que parece ser que usted ni nadie más quiere entender razones.

Theodore comenzó a acercarse manteniendo sigilo, y su sonrisa se ensanchaba más y más. Le estaba emocionando la posibilidad de arremeter contra ese mago, pues sabía de la corrupción en el Ministerio y que todas esas complicaciones eran solo para afectar a quienes no pertenecían o ayudaban a los que movían todo tras las sombras.

-Señor Black-habló el mago golpeador sujetando con fuerza el antebrazo de Alexander-, me importa un comino lo que usted quiera… ¿O acaso usted pudo evitar el ataque a Hogwarts en el Día I? No, ¿verdad? De hecho, escuché que ustedes dejaron pasar al enemigo para masacrar a todos sus estudiantes-el mago sonrió, y Alexander ya iba a tomar su varita cuando éste apretó su antebrazo y le impidió moverse-. Me parece que bajo sospecha de Traición usted debería ir al Wizeng…

Los rasgos faciales del mago golpeador se relajaron y de pronto cayó de bruces a un costado de Alexander. Y justo detrás estaba Theodore sintiendo cómo su cuerpo se estremecía de gusto por haber desmayado a ese tipo. Con sus sentidos al 100% logró escuchar al otro compañero del inconsciente que se acercaba corriendo justo para lanzar un conjuro, pero el líder de la casa del tejón fue mucho más rápido y con su otra mano libre fue a su costado para sacar un objeto en forma de escuadra pequeña que Alexander no reconoció en el momento hasta que de la punta de eso salió una pequeña explosión silenciosa luego de un destello oscuro y brillante a la vez; a continuación, el otro mago golpeador cayó fulminado al suelo y justo en ese momento, el profesor de Astronomía se acercó a Theodore agarrando la escuadra para quitársela y guardándola en su saco para después tomarlo de la muñeca y llevárselo de ahí.

-¿ESTÁS LOCO?-gritó Alexander corriendo con dificultad para llevarse a su colega-. ¿Un arma? ¿Una pistola? ¿En qué estabas pensando?

-Solo lo dormí, no fue una bala de verdad-Theodore se encogió de hombros restando total importancia a la imprudencia que hizo-. Esos te iban a llevar a Wizengamot.

-¡Es lo que quería!-el profesor Black negó con la cabeza hasta llegar a una multitud de muggles grande que quería cruzar la calle-. ¡Nos van a perseguir! ¡Les acabas de dar motivos para eso!

-Qué solo lo dormí. Ya, tranquilízate-lo tomó del hombro y aprovechando la gran masa de muggles que se quejaban del ruido por el transporte, Theodore realizó el hechizo de Aparición para llegar al Callejón Diagon.-. Ninguno recordará nada. Vamos por un helado.

-¿Qué rayos te pasa?-Alexander comenzó a caminar sin ningún rumbo en concreto. De estar rodeados por edificios brillantes y grises con el suelo duro, ahora estaba en construcciones de madera, familiar y de distintas formas con magos y brujas a prisas para alcanzar comida antes de que ésta se acabara-. ¿Te desapareces un mes y de pronto apareces atacando?

-Se dice de nada-Theodore tomó su arma y la guardó al igual que su varita-. Ya relájate, por eso mismo el mago golpeador te iba a encarcelar. No podemos perder a nadie más.

-No, no me vengas con tu actitud despreocupada luego de ese… ese… episodio psicótico-molesto, tomó el hombro del americano para hacerlo girar y que lo mirase de frente; pero el semblante tranquilo en el rostro del moreno ya no estaba. Su mirada esa fría y sus facciones duras le indicaron que sí estaba preocupado por lo que le iba a pasar, entendiendo mejor la frase “no podemos perder a nadie más”. Soltó un largo suspiro y se llevó una mano a su cara para negar otra vez-. No debiste ser tan imprudente.

-Caminemos un rato. Aún no volveré a Hogwarts, pero quisiera que me contaras cómo están los demás-el aire sombrío se desvaneció para dar paso a su característica sonrisa. Theodore fue consciente del mal paso que dio, dejándose llevar por esa emoción insana que no fue solo por salvar a su compañero… quería atacar, quería pelear…. Y logró contenerse, pues en su mente rondó el Avada Kadavra como cuando alguien le da sed y por instinto bebe agua-. Será rápido… y no te preocupes por esos “golpeadores”, te aseguro que no recordarán nada.

**********************
-Yo sabía que Hogwarts era una terrible escuela. Le dije a tu padre que te mandara a Beauxbatons, no quiso y mira las consecuencias-la voz de Vulpela Black, la madre de Linus, daba la sensación de ser una tormenta de arena engullendo todo a su paso: rasposa, ardiente y con gran capacidad de herir.

Desde que llegó estuvo ignorando deliberadamente a Steve y Blaze, y cuando Dunham demandó que se fuera, la mirada de la mujer lo heló porque todos tuvieron una sensación pesada de tensión y el instinto de protegerse, aunque no sabían a ciencia cierta por qué o de qué. Medusa ya estaba en su cama cubriéndose con las cobijas y Linus solo respondía cuando debía contestar. Aunque el chico se mostraba frío y sereno, por dentro era devorado por los nervios y el miedo a esa mujer.

-Sí, madre…-atinó a decir su hijo sin mirarle a la cara. Aún se preguntaba qué hacía ella ahí si detestaba todo lo que tuviese relación con los muggles.

-Esa directora… Cathano-se-qué, no debió ser la regente, desde que asumió el poder la escuela comenzó a decaer. Es una lástima lo que le pasó a Eirula, pero deben superarlo-indicó la mujer suspirando varias veces como si le costase respirar ahí.

-Es Euríale, señora Black-corrigió Medusa con su voz en hilo. Era notorio que se encontraba incómoda y justo cuando Linus quería voltear a verla sobre su hombro, se viró enseguida porque sabía que su madre contestaría a eso.

-Da igual, Medusa. ¿Qué importa? Además, no te he escuchado decir “gracias”, ingrata-Vulpela chasqueó sus labios mientras alzaba su barbilla bastante indignada-… quedaste deforme, horrible con esas cicatrices. Deberías estar contenta con que no hayamos cancelado tu compromiso con mi hijo. Te aceptaremos tal y como quedaste… tus padres no te educaron como debieron, mancillas el apellido con tu actitud insolente.

La pelirroja sintió como si aquellas palabras se clavaran en su corazón herido y empezó a sollozar levantándose para irse a la ventana a mirar cómo un perro grande perseguía lo que parecía otro canino más pequeño de un tono que no alcanzó a distinguir por los rayos del sol. La madre de Linus soltó un suspiro sonoro y Steve caminó hasta acercarse.

-¡Lárguese ahora mismo!-el chico de Slytherin señaló la puerta y Linus puso una mano en su hombro magullado. Dunham se viró y encolerizado le gritó a él también-. ¿Por qué dejas que tu madre les hable así? ¿Qué no posees orgullo o qué?

-Dunham…-la voz ronca, áspera y grave de Linus se contraponía al porte sereno que mostraba a los demás. Steve podía sentir cómo la mano le temblaba en su hombro, aunque no detuvo su mirada irradiando ira-… Será mejor que te vayas.

-Tu no me mandas, Linus. No eres nadie, no vales nada-agredió Steve y el labio del heredero de los Black tembló un poco, pero tal gesto se perdió por toda la tensión emergente en la habitación del hospital. Sin embargo, cuando se acomodó para ver a la señora de nuevo, ésta soltó una gran bofetada a la mejilla de Steve provocando que se desequilibrara y estuviera a punto de caerse si no fuera por Blaze que logró sujetarlo.

-Los de tu clase son realmente repulsivos -Vulpela miró de arriba-abajo a Steve y sacó su varita para conjurar un hechizo limpiador y tener su mano tersa de nuevo-. Si no se controlan estos… estas personas, entiendo por qué Hogwarts cayó en el Día I. Y Linus, comprendo que quisieras quedarte para estar al lado de tu futura esposa, eso es algo propio de ti y del apellido-sonrió de manera ácida y haciendo sus ojos en blanco, la mujer se dio media vuelta-. No es necesario que te vayas, sangre sucia. Prefiero retirarme yo a que sigas contaminando mi espacio. Linus, sabrás de nosotros.

Y al decir esto, Vulpela se retiró caminando como si aquél sitio fuese suyo. Cuando por fin estaban solos, Linus dejó escapar todo el nervio que contenía y se dejó caer para sentarse en la cama de Medusa mirando al suelo mientras sus manos temblaban; y Medusa regresó al grupo con sus ojos llorosos sentándose al otro lado y recargándose en la espalda de su primo para después invocar una pequeña llama y mirarla sin prestar atención a lo demás.

-¿Quieres que te ponga hielo?-la voz de Blaze, serena y con color, rompió la tensión palpable en el sitio al dirigirse a Dunham que ya estaba caminando a la salida-… Se te va a hinchar… y feo.

-Como si eso importara-arremetió Steve mirando con odio a Linus-… Creía que eras más orgulloso, más astuto… A mí me reclaman de no merecer los colores de Slytherin por mi origen; pero tú eres peor, ni vales la pena como estudiante de Hogwarts.

-Calma, Steve-expresó sonriendo el amigo de Medusa, encogiéndose de hombros para luego mirar a la pelirroja y mostrar un semblante más sombrío-… Todos cargamos con algo que no queremos compartir, hasta tu debería saberlo, hijo de muggles-acto seguido, dedicó un par de segundos a Linus, quien continuaba con su cabeza gacha-… Hay muchas cosas que no conoces de la sociedad mágica, y tu impulso hacia ella lo demostró.

-Qué importa ya-y así, Steve se fue a su habitación del hospital dejando al trío ahí en ese silencio terrible que comenzó a invadir los rincones de los corazones de todos. Sin embargo, Blaze sonrió y se quedó pensando, idea que dijo en voz alta con bastante curiosidad.

-Linus, ¿cómo sabe tu mamá que Steve es hijo de muggles?

Y en ese instante, un chasquido al lado de la ventana interrumpió la escasa conversación que iniciaba entre los tres y cuando dirigieron su atención ahí, un chico de cabello verde y ojos lila estaba tosiendo mientras a su alrededor caían hojas de papel sucias y una que otra pieza de concreto viejo. Nicolas había hecho Aparición para adentrarse a la habitación de Medusa sin permiso, acción que se consideraba descortés dentro de la sociedad mágica y que, el chico de Ravenclaw se había pasado por alto.

-Un día de estos apareceré sin una pierna-habló Nicolas luego de tomar aire, aunque su rostro mostró sorpresa al ver quiénes estaban junto a la Hufflepuff-… Oh, pensé que estarías sola, no importa. Hola Linus, hola imitador… ¿por qué tienes el pelo verde como yo?  Y hola, Medusa, venía de visita sabiendo que no querías ver a muchas personas… y respeto tu privacidad, pero reafirmo mi interés como amigo tuyo entrando de todos modos-suspiró una vez más y arqueó una ceja curioso-… ¿Ceto estuvo aquí?


BONUS 2
Spoiler:
“… prometo contarte todo: el por qué los dejé, que la carta te apareciese en la Sala de los Menesteres y cualquier duda que tengas. Sé que debes odiarme, y no te culpo; pero quiero que sepas que te sigo amando, a tu hermana y a tu madre. Espero estés bien.
Atentamente, Edgar M. Tu padre.”


Josepj leyó la carta por enésima vez y la guardó mientras se llevaba una mano a la frente. Estar afuera del hospital le había ayudado a recuperarse para evitar dejarse llevar por la sangre que olía y estaba listo para entrar. Guardó sus cosas y se colocó la mochila para dar paso, pero en eso le pareció escuchar la voz de Nicolas y Reveca, sonriendo de que los vería y así todos entrarían juntos. Sin embargo, justo cuando se encaminaba para ir al otro lado del edificio, sintió una mano terriblemente helada que lo tomó de la cabeza y lo jaloneó para atrás para después ser sujetado de ambos brazos torcidos a la espalda imposibilitando que forcejeara para liberarse.

-Si te mueves-amenazó una mujer detrás de su oreja, su aliento era completamente frío y se paralizó. ¿Y los guardias? ¿No había nadie viendo?-… me aseguraré que tu madre ya no vuelva a ver la luz del día. ¿Entendiste?

Y sin darle oportunidad de responder, ambos se esfumaron volando a gran velocidad de ahí sin que nadie lograse verlos, pues Joseph no se percató que el hechizo Arresto Momentum había sido lanzado alrededor congelando a cualquier testigo que fuese testigo y pasados unos segundos el encantamiento se esfumó para dar paso a la rutina habitual. Así fue que la voz de Reveca se hizo audible mientras continuaba caminando al lado de Nicolas situándose al otro lado de todo lo sucedido.

-Y dime ¿a qué venimos? - preguntó Reveca mientras caminaba sobre una raíz del árbol que se ubicaba al lado de una gran ventana proporcionando una sombra agradable -¿A quién querías ver?-

-Buscaba a Medu- respondió Nicolas sujetando la mano de ella para que no se cayera-. Lástima que no le gustan las visitas.

-¿Es la amiga que humillaste públicamente?

-Lo haces sonar realmente mal.


-Porque lo fue- la chica saltó de la raíz al pasto-. Pero, ¿qué querías decirle?

-Quería prepararla para lo peor. Verás, hay algo que me preocupa y es que ella actuó de forma impulsiva para evitar que lastimaran a su hermana-explicó el peliverde en tono tranquilo aun sintiendo la mano de su novia entrelazando sus dedos.

-Cualquiera haría eso-defendió Reveca con un tono bastante inocente.

-Sí, pero el problema no es ese. Quiero que ella esté consciente que cualquier cosa puede pasar, y que esté lista para apoyar a su hermana cuando la rescatemos-claro, esa idea venía rondando en su cabeza por semanas. No sabían a dónde ni cómo, pero la salvarían.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno… lo que me preocupa es que no sé qué quieren de ella… si la quieren por su poder de ver el futuro… que Defunct la vea como una hija… o…

-¿O?-

-Él quiere una esposa-sentenció mirando a una ventana en la parte superior del edificio. Acto seguido, Nicolas se convirtió en zorro y se oculta mientras que Reveca se vuelve en una loba negra que pareciera ladrar como un perro persiguiendo algo.

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Re: Hogwarts: El Costo de Nuestro Legado

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