Hogwarts: La Generación de Maneko

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Spin-off. Episodio 3: Desahogos para el Alma

Mensaje por Ghostyaya el Lun Sep 18, 2017 11:44 am

Spin-off. Episodio 3: Desahogos para el Alma




Gerard:
Dia festivo

Unos suaves golpecitos provenientes de la puerta de su despacho llamaron la atención de la directora. En su interior, la mujer de mediana edad acomodo su cabello y se dirigió a la puerta, abriéndola suavemente. Del otro lado, una chica de primer año se encontraba sonriéndole con una cara somnolienta. Poseía una hermosa y larga caballera, una sonrisa radiante y unos lindos ojos color marrón.
- ¡Buenos días directora! – dijo la chica intentando sonar enérgica – ¿Tiene un momento?
- Maya… ¿Cierto?
- Sip, un placer – La chica levanto su mano para estrecharla con la de su directora – Mi tutor dice que estrechar la mano de otra persona fortalece la comunicación y la confianza
- Tu tutor… hablas de Gerard
- ¡Exacto!

La directora se cruzó de brazos y miro duramente a la chica, quien se encontró de brazos e hizo una tierna mueca. La líder actual de Hogwarts desvío su mirada y coloco sus manos en su cintura.
- Bueno. Eso no importa realmente, dime, en que puedo ayudarte
- Este, como voy a salir de los terrenos de Hogwarts, no se si era prudente avisarle. Así que eso vine, a avisar que salgo en unos minutos

Maya sonrió mientras la directora quedo totalmente ensimismada en su sorpresa ante la aclaración de la jovencita estudiante.
- Oye, no, no, no. Esta estrictamente prohibido abandonar las inmediaciones de Hogwarts en periodo escolar.
- Pero le avise desde hace meses al sub-director Gérard. El me dio permiso.
- Gérard te dio… ok, ok. Cuéntame que te dijo exactamente

Maya comenzó a ponerse nerviosa, de alguna forma, sabía que sin querer había delatado a Gérard ante la directora, pero en su defensa, ella no sabia que estaba prohibido y tampoco sabia que su tutor no le había dicho a la directora. Cuando la directora comenzó a dirigirse nuevamente hacia ella, Maya le contestó:
- Bueno, me dijo que como no tenía medio de transporte, el me llevaría en escoba a Hogsmade y de ahí hacia un trasladador
.- Aja…
- Eh… ah si, me dijo que, ya que yo no puedo usar magia fuera de Hogwarts, pues el vendría conmigo para traerme de regreso
- Al menos te explico eso, bueno, a donde te llevará
- ¡¡¡A México!!! Very Happy
- ¡QUE!
- ¡Perdón! >o<


Momentos después, Gerard se encontraba preparando una escoba “Prestada” de otro profesor, una un poco más grande que su antigua escoba. Cuando vio acercarse a Maya, corriendo despavoridamente y gritando
.- ¡Dijo que no, dijo que no, dijo que no! D:
- ¡Corre!


Gerard monto la escoba mientras observaba como la profesora corría detrás de ella
- ¡Alto ahí Gerard! – Grito eufórica – Te lo digo en serio
- LALALALALALA no te oigo LALALALA


Gerard rio, tomo a Maya de la mano y salió volando del colegio a toda velocidad, dejando atrás a la profesora que instintivamente había tomado su varita, pero sin hacer ninguna clase de hechizo “Justo cuando pensaba que habías madurado”. Maya se aferró a la cintura de Gerard durante el camino a Hogsmade, donde al defender, ella volteo a mirarlo preocupada.
- Estaré en problemas…
- No… Aunque… quizá yo si… jaja, amo la aventura
- Yo igual

Un hombre de avanzada edad los esperaba
- Gerard… me debes un gran favor por esto
- Claro, claro. Aunque tú también me debes algunos, el tráfico de mercancías exóticas no es algo bien visto en la comunidad de Aurores
- Tú no eres un Auror, Gerard
- Oh, es cierto. Tienes el trasladador


El viejo los llevo detrás de un bar en donde había una farola rota.
- Mira Maya – dijo Gerard – Esto es un trasladador, es un instrumento que nos llevara a México. Pero tenemos que tocarlo al mismo tiempo. Quedo claro.
- Ese hombre da miedo
- Pon atención Maya. Si nos separamos por favor, busca este objeto y regresa, yo sabré como volver
.- Ok, claro, lo entendí.


Gerard tomo suavemente la muñeca de su protegida y guiándola, ambos tomaron la farola y de un momento a otro, se encontraban en México. Gerard recordaba con claridad el sitio en el que estaban, antes de despedirse de Maya la última vez, se había retirado estando parado justo en el mismo sitio. De pronto, un hombre barrigón y disfrazado de charro grito.
- Señores, que suene la música. ¡¡¡Celebremos este día de Muertos!!!

Maya tomo a Gerard y lo arrastró hacia un pequeño puestecito donde se pintó su linda cara de calaverita. Ella insistió fuertemente a que Gerard lo hiciera, pero él se negó, fue hasta que ella recurrió a su técnica de la Carita Triste, que casi lo consigue. Pero fue la presencia de algunas bellas latinas, que termino accediendo para poder acompañar a una bella mujer disfrazada de catrina que no tardó mucho en aceptar pasar el rato él, aunque finalmente el decidió acortar su tiempo con ella para celebrar con Maya.
- Pensé que te divertías con ella
- Si, pero un hombre debe saber dónde realmente tiene sus prioridades
- No entiendo
- Que no es lo que quiero hacer.


La música siguió y siguió, todos danzaban, comían y charlaban y pronto, Maya calló rendida y termino durmiéndose en el regazo de Gerard. El chico comprendía la razón por la que Maya amaba este dia, y estaba dispuesto a meterse en problemas con la directora si era necesario, pero le regalaría este momento a esta chica que había terminado por convertirse como en su hermana pequeña.

Gerard se puso de pie, cargándola entre sus brazos y alejándose del ruido de la fiesta hasta donde estaba el trasladador, lo tomo con un trapo y lo envolvió para no tocarlo.
- Aun no me quiero ir u~u
- Es tarde y debemos volver al colegio, aunque antes, debemos hacer una parada.

El profesor tomo algo envuelto en su bolsillo, lo desenvolvió y ambos lo tocaron, siendo transportados a un cementerio cercano a Hogwarts. Gerard coloco a un dormida Maya a lado de una lápida y comenzó a andar hasta una en particular, bastante descuidada. Gerard apunto su varita y esta se limpió de todas las ramas y la basura de las hojas que la rodeaba, sin saberlo, Maya lo había seguido.
- ¿Quién es Profesor Gerard?
- Una de las mujeres que me ayudo a ser quien soy ahora, alguien a quien muchos terminaron odiando y olvidando.
- ¿Cuál era su nombre?
- Yo le decía Beth.


Gerard se inclinó, rindió honores y Maya también.
- Gracias por haber cuidado a quien me cuida ahora Beth, nunca serás olvidada.

Gerard quedo un tanto perplejo por los comentarios de su querida compañera.
- Hora de volver a Hogwarts.
- Si, pero antes
– Gerard quito todas las hojas de cempasúchil y las regó sobre la tumba - Ya podemos irnos. Oye Maya, cuando volvamos, podrías por favor irte directamente hacia tus aposentos, yo tendré que sufrir la ira de mi antigua profesora.-

-Oki.


Steve:
Steve sostenía su varita suavemente en su mano, recordando la primera vez que la tomo en mano, y el extraño calor que sintió al tocarla, como si estuviese viva, en este momento esa sensación volvía a él, más fuerte que nunca, como si la varita fuera consiente de las intenciones de su maestro y estuviese alentándolo a seguir adelante, dándole su apoyo sintiéndose incluso ansiosa de seguir adelante.

Desde que esta llego a su vida, el lazo entre el mago y la varita se fortaleció con el tiempo, en un principio ambos chocaron bastante ya que la varita compartía el temperamento de su dueño, pero con el tiempo esta se volvió una extensión de Steve fortaleciendo su magia y voluntad por partes iguales.

El joven mago comenzó a tomar largas bocanadas de aire mientras reunía en su interior las emociones y sentimientos necesarios para lanzar su encantamiento, su ira, su rencor, frustración odio y rabia, todo lo que guardaba en lo más profundo de su ser empezaba a surgir como lava por un volcán a punto de explotar, el calor de la varita, antes acogedor como una fogata en invierto, se volvía cada vez más intenso, calcínate, parecía que estuviese a punto de quemar la mano de su portador de tan caliente que era, muestra de la conexión de ambos, la varita compartía los sentimientos de su amo y los estaba expresando en ese instante.

De pronto Steve pronuncia su encantamiento en un alarido de furia que retumbo en el aire con la fuerza y solemnidad de un trueno, por un pequeño instante nada paso, pero de pronto una luz tenue blanca parecida a un patronus salió de su varita solo para convertirse en una poderosa llamarada negra instantes después, que salió disparada de la varita del mago para convertirse en un imponente fénix de fuego negro.

Steve agito su varita de nuevo y el fénix empezó a volar como lo indicaba el movimiento de las manos del joven Dunham, tomando el rol de director de esta orquestra de destrucción, el ave volaba poderosa y gallarda alrededor del joven quemando al instante todo lo que estuviese en su camino, ambos, el mago y el fénix mantenían contacto visual constante, nunca separando la mirada el uno del otro, como si estuviesen atrapados en una feroz lucha de voluntades.

De pronto, Dunham apunto su varita al cielo rompiendo el contacto visual con el fénix, quien se lanzo a lo alto para estallar en un estruendo lanzando un último rugido al mundo antes de desvanecerse, el joven mago cayó al suelo de rodillas jadeando agotado, por el esfuerzo, y suelta un golpe de frustración al piso por lo cerca que estuvo de perder el control de nuevo antes de levantarse.      

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Capítulo XVIII: Recuerdos con Cicatrices.

Mensaje por Ghostyaya el Lun Sep 25, 2017 11:27 am

Capítulo XVIII:
Recuerdos con Cicatrices.


bonus 1:
BONUS 1
-… y es así que averiguamos que ustedes dos son herederos de los fundadores: la Copa para ti, Medusa, y el Guardapelo tú, Steve-sentenció Markus tranquilo mientras tenía en sus manos la diadema de Ravenclaw. A su costado, Lloyd y Joseph esperaban alguna respuesta de los mencionados y la primera que habló fue Medusa.

-No mame… Digo, ¿es en serio? -soltó una risotada nerviosa sin creer lo que le decían.

-Claro… sí... yo, heredero de un extremista de la pureza-expresó Steve con tanta incredulidad que se podría cortar con un cuchillo-. ¿No lo atribuyen a una casualidad?

-Steve… ¿sabías que tu apellido figura en la Historia? -dijo Joseph en un tono cantarín como si le alegrara que ese dato no lo conociera el Slytherin-. Hace unos 400 años existió un fabricante de varitas llamado Garrik Dunham, es probable que desciendas de él.

-Ya lo sabía, listillo-Steve sacó su varita para observarla y sonrió de lado-. Cuando compré la varita me dijeron que él mismo la había fabricado… y según otra más, pero no lo sé-se encogió de hombros y volvió a guardarla-. Como hay apellidos iguales en magos y muggles no supuse que él fuese un antepasado.

-Deberías investigarlo-sugirió curioso Lloyd ante esta evidencia-. Ya sea para despejar tu curiosidad o saber la historia que guarda la varita. Y aunque no nos crean, nosotros estamos seguros que sí son los herederos.

-Debemos decirle al Subdirector-recordó Markus sacando un pan de la nada para darle un mordisco-. Él es el heredero de Gryffindor, y no se… ponerle sobre aviso que se cuide.

-Pero si ni nosotros creemos eso… ¿cómo se lo demostrarás a él? -preguntó Medusa sin querer ofender a nadie-…. Es que… queremos más pruebas para saber si eso es verdad.

-Yo quiero hablar con él-se ofreció Joseph aun de buen humor-. Si no nos cree le enseñamos la diadema. Y prefiero que eso se quede en la sala.

-¿Están seguros de que el Subdirector Wanderer lo sepa?-la pregunta de Lloyd era sincera y demostraba que lo meditó bastante-Hay que.. garantizar que no lo revelará…

-Confía en su palabra, es alguien responsable…- la mayor de los Black se veía segura de su frase, pero Joseph no tanto y eso provocó que la chica alzara una ceja sin decir nada al respecto-. Y quiero que los demás lo sepan-sugirió la pelirroja y a su vez Steve asintió-. Somos un equipo, y en la próxima reunión tocamos el tema.

-Está bien-dijo Markus a regañadientes guardando la diadema en un cajón-. No quisimos decirlo ante todos porque no sabíamos si ustedes querrían, pero entonces a la siguiente vez lo comentamos.

-Y si eso es todo…-Steve se dio media vuelta y caminó a la salida de la sala, y a pesar de que Medusa le habló él no hizo caso y se retiró.

-Medusa…-Markus le puso una mano sobre el hombro de su amiga para darle consuelo-… dale tiempo. Ya veremos cómo solucionar lo tuyo.

-Si quieres…-Lloyd comenzó a hablar nervioso, pero tragó saliva y continuó-… Tienes mi apoyo en tu… conflicto. Y si las cosas se ponen feas, puedo pedirle a mi padre (muggle) que te de asilo... en la sociedad muggle tenemos bastantes recursos.

-Muchas gracias, chicos. Espero que esto se solucione de la mejor manera…-susurró la chica melancólica. Tres personas sufrían y no podía hacer mucho para evitarlo.


Logrando escaparse de las paredes del Colegio con cierto recelo, Aline sentía que podía respirar de nuevo luego de estar semanas encerrada en la Biblioteca y en su habitación por petición de Gabriel y la Directora de ayudarle al periodista con una investigación para El Profeta. No le había agradado la idea de que le quitaran su puesto como docente y mucho menos que por el favor a su amigo ya no podía interactuar tanto con los alumnos y los demás profesores. Había visto a todos sus colegas comportarse de manera extraña y no había tenido oportunidad de hablar con alguno, de ahí que cuando por fin pudo salir del castillo casi escabulléndose porque Gabriel no estaba, sus pasos la dirigieron a la Cabaña del Guardabosques, sitio donde Gerard seguramente estaba descansando. Desde lo lejos veía humo de la choza y con cada paso que daba se sentía más nerviosa. Ya no era una adolescente, pero sería de las pocas veces que estaría a solas con él y planeaba como iniciar la conversación… si pedirle una barra de chocolate o llegar de golpe y preguntarle por qué se comportaba raro con ella.

-Vamos, Aline-se dio un golpecito en la cabeza y suspiró-. Ya no somos niños… pero… no puedo evitar sentirme así porque aún me…

Un ruido en lo profundo del bosque capturó su atención poderosamente y volteó hacia donde creyó se originó el sonido. Una suave brisa cálida acarició sus mejillas alborotando su cabello negro y le llegó el hedor de madera y pasto quemado, ligero pero pesado. Escudriñando con su mirada notó a la lejanía unas llamas negras y cómo éstas de pronto se alzaban alejándose de la copa de los árboles, así Aline notó que se trataba de un ave envuelto en fuego oscuro que de pronto estalló como si se tratase de un trueno llameante que la asustó. Sin pensarlo mucho, sacó su varita y comenzó a correr en dirección de aquél fenómeno asustada porque no reconoció el encantamiento, nunca había visto algo similar en toda su vida.

**********************
-¿Una tormenta?-el profesor Gerard se asomó por una de las ventanas de su cabaña y notó que el cielo estaba completamente despejado, azul y cálido. En sus manos sostenía un vaso enorme y un galoncito de leche que apenas iba a servir cuando fue interrumpido por el sonido de un trueno-… Debió ser mi imaginación-se habló a sí mismo en tono cantarín y retomó su rutina de prepararse un vaso de leche con chocolate de almuerzo para disfrutar su tarde libre.

**********************
Más adentrada en el bosque, Aline sostenía su varita con una mano y en la otra tenía sus dos dedos índice y medio levantados con el resto de sus dedos flexionados hacia su palma. Estaba preparando una runa de aire de protección lista de activar si veía peligro, pero cuando llegó a su destino reconoció la espalda del alumno que estaba rodeado de árboles y tierra consumidos por fuego de hace poco.

-¡Steve!-Aline guardó la varita, corrió preocupada hacia el estudiante y, sin darle tiempo de reacción al chico, lo abrazó aliviada-. ¿Estás bien? ¿Esa cosa no te atacó?

-¿Podría… soltarme...? Usted me lastima más, profesora…-gruñó Steve, y la profesora se alejó intranquila aun mirándolo.

-Lo siento, Steve. Pero… ¿qué fue eso? -observándolo, la joven notó que el chico tenía sus manos heridas y no de quemaduras, sino rastros de golpes o de una pelea; aprovechó para levantar la vista y de los troncos que no estaban quemados había huellas de puñetazos, de nuevo miró al chico y notó las astillas en sus heridas.

-¿Lo vio? Fue un hechizo que acabo de inventar…-Aline se acercó y sujetó las manos con cuidado para no herirlo-. ¡Oiga! No me ayude... no quiero que…-ignorándolo, Aline dibujó al aire una B mayúscula con sus curvas en punta y en pocos segundos, las heridas comenzaron a regenerarse de forma lenta sin causar dolor-. ¿Qué hizo?

-La runa Berkana, ayuda a la sanación si lo realiza de preferencia una mujer con instinto protector-explicó Aline de forma tranquila y serena, como si aquella información fuese obvia-. No cualquiera puede, ni siquiera Dacitus por ser un hombre-se encogió de hombros y sonrió- Algunas magias, si dependen de la intención, también del género. Es algo normal si conoces de runas. Te recomiendo que no hagas esfuerzo, la sanación implicó parte de mi magia y de tu energía, reposa y luego vuelves a lo tuyo. Ahora explícame qué fue eso.

Steve carraspeó un poco y Aline sonrió suavemente, rememorando que en el pasado había tenido roces con su alumno al querer ayudarle cuando sufrió bullying al ser Slytherin y nacido de muggles, una combinación peligrosa que a cualquiera de personalidad débil le habría resultado en algo terrible y doloroso; pero para el joven Dunham aquello no hizo más que fortalecerlo, cosa que ella respetaba porque en sus años de estudiante también sufrió abusos de quien era considerada su rival en temas académicos. Al graduarse ya no supo más de ella… ¿qué habría sido de su vida?

-Pues… es un hechizo que inventé-comenzó a explicar el alumno con un tono rasposo que indicaba su reacia en tocar el tema-. Si existe un patronus… ¿por qué no lo contrario? En este caso, haces acopio de tus recuerdos y emociones negativos: dolor, ira, temor, frustración… y lo liberas con intenciones de dañar a tus adversarios; pero al ejecutarlo me di cuenta que esa cosa parece tener mente propia… o instinto, y quiere liberarse, pero si lo controlas puede obedecerte. El conjuro es “Ira Esse Armum”.

-¿Ira Esse Armum?-Aline lo pronunció perfectamente y parpadeó un par de veces-. “Ira, sé mi arma, o mi herramienta de guerra” … Vaya, a tu edad inventar un hechizo no es cosa sencilla-la profesora sonrió orgullosa y asintió para sí misma-. Seguramente tiene otras aplicaciones que deberás ir descubriendo, además que por su naturaleza obvia es un hechizo oscuro y, como las Imperdonables, tiene condiciones para ser realizada de manera correcta. Lo deshaces con tu voluntad, supongo… lo que lo hace de alta dificultad. Veamos…

Aline sacó su varita y Steve reconoció que, a pesar de poseer un diseño diferente y ser ligeramente más largo, era de la misma madera que el suyo. Aline comenzó a concentrarse a rememorar esos sentimientos que, como toda persona, albergaba en su corazón y la fortalecían, además de influenciarla a lo que es actualmente: cuando le molestaban en su juventud por ser mestiza, la derrota de Hogwarts en el Torneo de Quidditch de hace 10 años, las miradas que intercambiaron él y ella en Enfermería, la decisión de terminar dicha relación, su frustración en el Ministerio por no conseguir lo que quería, sus derrotas y fracasos, la pérdida, el sufrimiento y muerte de conocidos suyos… y de pronto, un miedo irracional que fue acompañado de un recuerdo con destello verde y un grito en eco que era similar a su voz-… Ira Esse Armum.

Una brisa se convirtió en un remolino potente que se acumulaba frente a ella y adquiría una tonalidad oscura y llamas potentes que finalizaron en la forma de un dragón negro de unos dos metros de altura con sus alas extendidas mirando con sus cuencas vacías a la profesora. Era una lucha de poder entre esos dos y Aline estaba entre la mezcla de la maravilla y el terror por lo que sucedía frente a ella, pues podía sentir cómo esa cosa quería salir libre y quemar todo alrededor; pero también percibía cierto… ¿respeto? Proveniente del dragón.

-¡Expecto Patronum! -gritó Steve alarmado y se formó frente a él una urraca que embistió al dragón y los dos se desvanecieron en volutas de luces claras y de sombras que se remolinaron entre sí para, por fin, dar pie al cielo claro que aún estaba encima de los dos-… Vaya, no creí que mi patronus… pensaba pedir ayuda, pero…qué más da. ¿Cómo le hizo? Tardé semanas en perfeccionarlo.

Aline seguía respirando agitada, pero satisfecha con haberlo logrado a la primera. Desde sus inicios en Hogwarts se demostró su talento para aprender los hechizos sin problemas y que le ganó su lugar en el Ministerio por un par de años antes de su renuncia: ha sido la única, de Gryffindor, en los últimos 50 años en sacar siempre E (la máxima calificación) en todos sus exámenes de todas las asignaturas en las que estuvo. Cierta chispa en su interior de orgullo le hizo sonreír triunfante y después suspiró para relajarse.

-Eso no importa-habló la profesora en un tono afable y tranquilo-. Deberás registrar el hechizo en el Ministerio-guardó su varita y extendió su mano en dirección al castillo sin decir nada, pero a los pocos segundos llegó volando una tarjeta con un nombre que aterrizó en su palma con suavidad y se lo tendió a su alumno-. Ten, cuando llegues pide hablar con él, y solo con él.

-¿Fernando Sacramento? ¿No era el Inefable que vino a supervisar nuestra clase de las Imperdonables? -Aline asintió y Steve guardó el papel en un bolsillo del pantalón de su uniforme-. ¿Eso que hizo fue un Accio sin varita y no verbal?

-Sí, pero reitero, eso no importa-Aline sonrió y se cruzó de brazos preocupada-. ¿Este hechizo tuvo su punto de quiebre por lo ocurrido con Medusa y Linus?

-No.…- le respondió el joven Steve con un suspiro-. Es la forma que encontré para exorcizar mis demonios personales. Como le expliqué, el hechizo implica el uso de emociones negativas- levantó la mirada al cielo azul con cierta serenidad-. Usarlo me resulta agotador, pero de cierto modo me siento más ligero después, como si me estuviese desahogando.

-Claro, es una canalización, como el Patronus- aun de brazos cruzados, la profesora torció su sonrisa y suspiró, buscaba la manera de guiar la conversación a un punto que le favoreciera-. ¿Entonces no te importa que ella esté con alguien más?-la única respuesta que obtuvo fue un leve gruñido de su alumno mientras desviaba un poco la mirada; ante ello Aline ladeó su cabeza un poco y respiró profundamente- ¿Así va a quedar? ¿La estarás evitando hasta que se te pase el berrinche? -ella sabía de la actitud del chico porque le agrada conversar con los fantasmas, además que su “bombarda” al periódico el día de la noticia fue un chisme que el propio Peeves comentaba para su regocijo.

-¿Y qué quiere que haga yo?-cuestionó el muchacho con un tono molesto-. No se me dan estas cosas- agregó con un deje de tristeza aún sin mirarle directamente.

-¿La amas?-preguntó directamente la Jefa de Gryffindor. Sabía que esa palabra era muy fuerte para alguien de apenas 17 años y que aún tenía mucho por vivir; pero ella ya había notado cómo él miraba a la bruja de Hufflepuff, el modo de defenderla y el tono con el que se refería a ella. De cierta manera le recordaba a ella misma hace varios años.

A ojos de Aline, el rostro de Steve se mostró lleno de irritación y desconcierto ante la pregunta que le realizó, por lo que no le sorprendió que el chico le diera la espalda y comenzara a alejarse con paso veloz. La profesora negó con la cabeza y torció los labios.

-Si sigues así la vas a perder, y el arrepentimiento será peor-la voz de Aline no solo reflejaba una reprimenda, también que ella cargaba con un peso que reflejaba lo que le decía en ese preciso instante. No cambiaría las cosas del pasado, pero era algo que debía lidiar por ser demasiado joven y no le gustaba la idea de que él pasara por lo mismo-. Aun puedes hacer algo, Steve-diciendo esto, el Slytherin volteó a verla asombrado por la insistencia de la docente-… No se han casado, sigue siendo un compromiso nada más. Ellos dos no se quieren y si vale la pena que luches, hazlo-sonrió para animarlo y su rostro pareció brillar a la vez que se tornó melancólico-. No hagas algo que lamentes, sigue tu corazón.

La sombra que cargaba Steve en su rostro se desvaneció un poco para dar paso a un brillo de determinación en su mirada. Ante ello, las mejillas de Aline adquirieron un color saludable por haber ayudado a su alumno y sin más, ambos se dieron la espalda para cada quien seguir su rumbo.

**********************
Logrando escaparse de las paredes del Colegio con cierto recelo, Aline sentía que podía respirar de nuevo luego de estar semanas encerrada en la Biblioteca y en su habitación por petición de Gabriel y la Directora de ayudarle al periodista con una investigación para El Profeta. No le había agradado la idea de que le quitaran su puesto como docente… Esperen, ¿por qué estaba en el bosque? Lo último que recordaba era que caminaba rumbo a la cabaña de Gerard y de pronto se encontró con troncos quemados y suelo magullado por lo que parecía rastros de incendio. ¿Qué había pasado? Se giró para ver más del panorama y miró a Steve alejarse del sitio. ¿Él hizo todo esto?

-¡Señor Dunham!-el chico, con una sonrisa extraña, volteó a verla y cuando apenas iba a hablar ella continuó-. ¿Tú causaste esto? - su voz indicaba que no daría pie a una justificación.

-¿Esto…?-la sonrisa de Steve se desvaneció y alzó una ceja con incredulidad-… ¿Qué hice? -Aline señaló muy molesta la evidencia de incendio y ahora el alumno frunció el ceño-… Sí, usted me…

-¿Sabes que esto amerita castigo, verdad?-la profesora interrumpió al chico bastante decepcionada-. Entiendo que estés enojado con lo de Medusa, tus frustraciones personales; pero eso no justifica que quemes un pedazo del bosque-recibiendo el silencio como respuesta, la Jefa de Gryffindor negó con evidente enojo y señaló el castillo-. 20 puntos menos para tu casa, Dunham-sacó su varita e hizo una seña con su mano-. Vete, hablaremos luego de tu castigo. Repararé lo que hiciste antes de que el Subdirector se dé cuenta. Vete, ahora.

Con una mirada demasiado extraña para Aline, Steve se retiró sin decirle nada guardando sus manos en los bolsillos del pantalón. ¿Por qué era así? En otra circunstancia, la profesora habría intercedido en saber por qué se comportaba así, pero ya era un adulto como para hacer berrinches sin controlarse como se debía.

**********************
Sirviéndose su séptimo vaso de leche con chocolate, Gerard fue a sentarse en una de sus sillas de madera para degustar de su bebida favorita. A pesar de recibir un regaño de la Directora por haber salido del país con una alumna sin permiso, había valido la pena y gozó bastante por el hecho de distraerse del estrés que cargaba por su puesto como Subdirector y los secretos que debía guardar por el bien del Colegio, pues tener al Ministerio observándolos no era algo que le agradara en demasía. Sonrió al ver su vaso listo para dar un trago y cuando se lo acercó a la boca escuchó que llamaban a su puerta. Extrañado por no esperar visitas, el profesor se levantó dejando el vaso en la mesa y abrió la puerta, topándose con Steve con un semblante raro.

-Es raro que un alumno venga a estas horas a visitarme…-dijo Gerard en tono afable y tranquilo-. ¿Qué se te ofrece, Steve?

-Pues…-gruñó un poco Steve sin saber cómo expresarse, cosa que el Subdirector notó-… ¿Qué tiene la profesora McGrowell?

-¿Qué tiene de qué?-Gerard volteó a ver su vaso con chocolate y pensó que esto tardaría un poco más de la cuenta.

-Hace rato estaba en el bosque conmigo-Gerard se preocupó al saber que ella estaba sin vigilancia, maldiciendo que Gabriel no hizo bien su trabajo; pero de manera externa seguía sereno-, estábamos hablando y... de pronto pareció olvidar lo que conversábamos.

-Steve, toma en cuenta que hay mucho estrés-explicó el docente tranquilo-… exámenes, vacaciones, el torneo, las noticias del mundo mágico… entre otras cosas. Es normal que nos distraigamos por pensar en muchas cosas.

-No, profesor-el tono de Steve se volvió más sombrío y parte de la afabilidad de Gerard se esfumó-… ella literalmente lo olvidó. Estábamos conversando y al despedirnos parecía que recién había llegado ahí, incluso su actitud cambió radicalmente.

-Mira, Dunham…-ahora que lo llamó por el apellido, lo encaró y solo por unos centímetros era mayor que el alumno, y éste pudo notar que el comportamiento del Subdirector cambió un poco-… hay situaciones en la que es mejor mantener distancia… y ser discreto. Te recomiendo que lo seas, por el bien de ella y el tuyo.

-¡Bah!-Steve suspiró y dio media vuelta para irse-Como si me importara. Eso no está en mis manos.

Gerard no hizo nada para detenerlo, y se quedó en el marco de la puerta observando cómo el chico se iba al colegio con evidente mal humor. Cuando se perdió de su vista cerró la puerta y se quedó de pie mirando al suelo perdiéndose en sus pensamientos, pues ahora descubrió que el daño de su amiga era peor de lo que había considerado y, sin quererlo, empezó a dejarse llevar por la culpa: si no le hubiese hecho eso hace 10 años… ¿Estaría así de grave? Sabía que su intervención fue inapropiada, y que las repercusiones fueron peores por la decisión de ella al desmemorizarse y, a pesar de hacerse por una bruja experta como la Directora, las consecuencias empeoraban. Por eso estuvo de acuerdo con que le quitaran el puesto de profesora, pues así los alumnos no lo notarían o ella misma no se lastimaría con los hechizos; o peor, que denunciaran el caso en San Mungo y se la llevaran para tratarla allá.

Sin saber cuándo, Gerard ya estaba sentado en la silla sujetando el vaso de leche con chocolate con bastante fuerza. Sus ojos, para cualquiera que lo pudiese ver, expresaban una carencia de brillo tan fuerte que asustaría a un incauto, pues su semblante en general era oscuro y turbo como nunca lo habían visto en el colegio, mucho menos sus alumnos. Nunca permitiría que lo mirasen así, pero podía darse el lujo de hacerlo porque así podían florecer sus verdaderas emociones y preocupaciones para no portar su rostro sereno que siempre trataba de tener.

Súbitamente, de nuevo golpes a la puerta lo interrumpieron y alzó la vista en desgana por querer estar solo, pero la voz de otro alumno lo extrañó de nuevo.

-¡Profesor Wanderer!-gritó Joseph inquieto y de buen humor- Sé que está ahí.

Suspirando, Gerard se levantó dejando otra vez su bebida para girar el pomo. Estiró su espalda y frotó con fuerza su rostro con una mano para relajar músculos y no mostrarse tan mal con el estudiante. Sonrió un poco y al abrir la puerta, la mirada de Joseph le tomó por sorpresa porque le dio la impresión de que el chico supo de su estado anterior cuando se fue Steve. Sin embargo, lo atribuyó a que seguía inquieto.

-Joseph… ¿Y eso que vienes a visitarme? ¿Pasa algo?-la voz del Subdirector era tranquila, pues era un sentimiento que buscaba para sentirse mejor.

-Buen día, Subdirector-aunque sonreía, el tono de voz de Pashenko revelaba cierto recelo que Gerard no pudo identificar bien-. ¿Está ocupado? Requiero hablar con usted.

El docente quería estar solo. En otro momento le habría invitado a pasar o incluso contarle alguna historia de sus aventuras en los viajes que realizó; pero lo ocurrido con Aline le tenía muy ensimismado y pensaba salir a buscarla luego de beberse su vaso de chocolate, pero ahora todo eso debía esperar.

-Dime, tengo tiempo-su voz no sonaba muy convincente, pero era lo mejor que podía hacer Gerard para no preocupar al chico.

-Verá…-el tono de voz en Joseph indicaba cierto nivel de ansiedad y por un momento el Subdirector pensó que él también había visto mal a su amiga-… no sé cómo decírselo, pero tenga mucho cuidado… Parece ser que usted es el heredero de la Espada de Gryffindor.

-Espera... ¿qué? -aquella noticia lo sacó de sus cabales y parpadeó un par de veces porque… simplemente no esperaba esa frase-. ¿El heredero? ¿Cómo? ¿Por qué dices eso?

-Lo que pasa es que… -Joseph suspiró y se llevó una mano a su nuca-… ¿Recuerda la profecía de Medusa? Aquella en la que vio en las estrellas cuando estuvo usted, Markus y Steve, y ella obviamente, en el Bosque Prohibido.

-Ah…-no había recordado ese incidente desde ya varias semanas y lo había tomado como un hecho aislado o sin repercusiones evidentes; pero ahora con todo lo que estaba pasando podría creer en ello, pues la Adivinación era una magia muy poderosa que respetaba-Sí, ya lo ubico. ¿Por eso crees que soy el heredero? Vamos, Joseph… sabes que esos son solo mitos. Posiblemente Medusa lo miró como… no sé, miembros verdaderos de las casas y no herederos como tal.

-Tengo pruebas-sentenció el alumno inquieto-. Si gusta, ahorita mismo se las muestro, pero debemos ir al Colegio. Estamos preocupados porque... los objetos no aparecen porque sí… y creemos que usted está en peligro.

¿Sería una broma? No, Joseph lo decía totalmente en serio. ¿Todo esto tendría relación con la búsqueda que pronto iniciarían de las Reliquias, de Lancelot, los movimientos del enemigo y los secretos del Ministerio? De ser así, lo que sospechaban respecto al complot era mucho, pero mucho más grande si objetos poderosos “querían” aparecer ante sus elegidos. No, nada de esto era bueno.

-Joseph… no es que no te crea-sonrió con evidente preocupación-… pero… aaah… si quieres voy a ver la prueba que me dices, pero más tarde u otro día. No es que no lo tenga en consideración, pero… quiero hacer algo antes.

-¿Tiene relación con la profesora McGrowell?-el cuestionamiento de Joseph provocó que ahora su rostro sí evidenciara sorpresa genuina-. Lo que pasa es que ya no la hemos visto… y usted la conoce desde que eran estudiantes. ¿Ella está bien?

-Sí… ella está bien-Gerard tragó saliva y volteó a ver su vaso… tenía mucha sed-… Tiene mucho trabajo, es todo.

-Profesor…-el tono de Joseph era triste, parecía haber perdido parte de su color habitual-… Se lo que es esconder secretos y sacrificarse por la familia… puede confiar en mí. ¿Ella está bien?

El docente sonrió y soltó un largo suspiro. No debía subestimar a sus alumnos, ellos ya sabían bastante de la vida y entendía por qué Joseph le decía esas palabras exactamente, pues el secreto de su condición lupina era algo que todos los profesores sabían para poder salvaguardarlo si volvía ocurrir otro incidente como en el que su colega Abdiel casi pierde la vida. Nadie culpaba al chico, pero era su responsabilidad cuidarle y así seguiría a costa de su confianza. Ahora tomará más en serio lo de los herederos, y de ser eso cierto, Medusa, Steve y Markus estaban en riesgo y su deseo de cuidarles se volvió más ferviente.

-Ella… está pasando por algo delicado-confesó, pero no diría toda la verdad-… la investigación… lo que está haciendo, no es algo sencillo. Se le dio su espacio para que así se desenvolviera mejor y… agradezco tu preocupación hacia ella.

Joseph demostró no estar satisfecho con esa respuesta, pero se encogió de hombros y torció su sonrisa indicando que por el momento el tema quedaría zanjado ahí mismo… para el alivio de Gerard.

-Si eso dice…-el chico entrecerró los ojos y negó con la cabeza-… Solo espero que la profesora solucione lo que tiene. Varios le tenemos estima y no nos gustaría verle mal. Entonces, luego nos ponemos de acuerdo para que vea las pruebas. Cuídese mucho.

-Igual tú, Joseph. -y dicho esto, el Subdirector esperó a que el chico se alejara de la cabaña para cerrar la puerta y al hacerlo, pudo dejar caer los hombros y suspirar tan lastimosamente que hasta sus sentimientos le dolieron.

En menos de 20 minutos su estado de ánimo alegre y satisfecho cambió a la pesadumbre y al agobio, pues tenía que hablar con la Directora de todo lo que se había enterado… Y que lamentablemente algunos alumnos ya se involucraron a una pelea que no les debía competer. Recordó que Irise no estaba de acuerdo con ocultar las cosas, pero el resto consideró que lo mejor era guardar secretos… y ahora por ello, Aline sufría las consecuencias por su memoria y los estudiantes peligraban. ¿Hogwarts era seguro? Ya lo dudaba… y eso no era bueno.

Apenas iba a tomar su vaso de leche con chocolate para relejarse cuando tocaron a su puerta por tercera vez. El mago gruñó en voz baja y respiró hondo para calmarse. No quería visitas, necesitaba estar solo y la paciencia se le estaba acabando por recibir más invitados en ese tiempo que de lo que llevaba el año escolar. Sintiendo sus pies pesados, se acercó al umbral y al abrirla, miró a Dacitus portando una sonrisa serena y sus manos detrás de la espalda.

-Sé cómo podemos ayudarla-mostró una de sus manos y en la palma había un cubo de diamante cortado perfectamente con runas talladas-…. Esto ayudará a sanar su mente, pero tú eres quien debe hacerlo porque eres la única persona, viva, que estuvo ahí hace 10 años-sorprendido y cansado, Gerard apenas iba a hablar cuando lo interrumpió el erudito-. Tranquilo, ella ya se fue al Colegio; venía algo molesta, pero al preguntarle por qué estaba así lo había olvidado-el corazón del Subdirector aceleró, mas Dacitus no lo dejaba hablar-… No te preocupes, fue a descansar porque le dolía la cabeza y le di una poción relajadora-ni siquiera hizo el amago de abrir la boca, así que se limitó a verle-… ella quiere sentirse libre, fue un descuido y la cuidaremos mejor. Ahora, acompáñame en mi despacho para explicarte mejor, no quisiera hacerlo aquí porque hay orejas que pueden escucharnos.

-Dame un momento, ¿sí? -Dacitus asintió, y antes de cerrar la puerta miró que se había tapado los oídos, mas no le dio importancia. En cuanto se quedó a solas dentro de su cabaña, gritó con todas sus fuerzas con evidente frustración-
¡¡ACASO UN HOMBRE NO PUEDE REPOSAR Y DISFRUTAR DE UNA TARDE TRANQUILA CON UN VASO DE LECHE CON CHOCOLATE??-y dicho esto, con su garganta seca y adolorida, se encaminó a la mesa en pasos pesados para beber en dos sorbos grandes su bebida. Suspiró y de nuevo fue a la puerta para abrirla, topándose con que Dacitus estaba dejando en el suelo unas runas de piedra.

-Oh… ¿Solo gritaste? Qué bueno… pensaba que ocuparía un escudo de protección implosiónica para…. Olvídalo-le hizo señas con la cabeza mientras recogía sus rocas-. Vayamos de una vez.


bonus 2:
BONUS 2
El frío en el Bosque Prohibido era muy fuerte, los vientos de invierno se estaban presentando con antelación y si no se llevaba un buen abrigo sería casi seguro contraer la “gripe del gato negro”, enfermedad que en vez de producir flemas como los muggles estarían expulsando bolas de pelo como si fuesen de un gato negro con el resto de la sintomología del resfrío común. Sin embargo, en aquella noche gélida, una sombra estaba frente a una fogata en lo profundo del bosque para seguir informando a su lideresa de los acontecimientos en el colegio.

-¿Seguro que ya la tienes bajo nuestro poder?-cuestionó el rostro femenino en las llamas con un tono vacío y carente de emociones.

-Sí… aunque no lo parecía su fuerza de voluntad es fuerte-reconoció el hombre con cierta ansiedad-. Sin embargo, ella ya es suya, milady, y la obedecerá.

-Muy bien… ¿Y el matrimonio arreglado entre los Black? Recuerda, debemos engañarlas.

-Sí. Todo marcha según el plan. La madre estuvo de acuerdo y logró convencer al resto… y estamos conscientes que debemos manipularlos para que no vean nuestros planes en alguna de sus visiones.

-¿Y la profesora McGrowell? Me enteré de que le quitaron su puesto como profesora. Cierta persona está muy contenta con esa decisión.

-Sí… está haciendo un trabajo especial… sé que hay algo más, pero lo averiguaré en su momento... y no se preocupe, mi señora, ella sigue siendo una pieza importante para que… el heredero de la espada de fuego…-ante la mención del título, su voz casi parecía escupir veneno-… para que él…

-Por favor… ¿Tanto tiempo y aún no lo superas? -después de hablar con color vacío, la mujer flameante parecía reflejar prepotencia y desagrado-. Eso pasó hace tiempo y todo fue descuido del chico, lo hundió su inaptitud y estupidez. Déjate de tonterías y sigue el plan, no quiero que tengas en la cabeza un pensamiento de venganza.

-Está bien…-el hombre suspiró y se esforzó en relajarse-… respecto a Irise, ya la tenemos entre la espada y la pared con la situación de su esposo; de Theodore, recibirá un mensaje especial cuando vea a su familia; según me enteré, “ella” se hará cargo de Alexander para obtener la Reliquia… y de Abdiel, ese malnacido sangre sucia solo es un estorbo. Dacitus resultó ser alguien muy habilidoso... Imperio no funcionaría en él. Lo mejor es eliminarlo… Gabriel puede darnos problemas si sigue aquí... y no dejarán que July regrese al Ministerio, pero cumplió con su objetivo.

-Todo a su tiempo… ¿Qué me dices de los alumnos?

-Markus se está entrometiendo mucho, cree que todo esto es un juego en el que puede meterse; Joseph sigue donde lo queremos; Steve sigue teniendo en su alma ese sentimiento que puede sernos útil… los demás no son relevantes… pero seguiré observando. Lilith Lucis; Maya Tzintzimitl, Aeiris D’Arc-en-Ciel, Mary Pashenko… nos resultarán útiles cuando llegue ese día, mi señora.

-Bien… espero que puedas hacerlo bien, no quiero fallas cuando la profecía se haga realidad.

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Spin-off. Episodio 4: La Línea del Destino

Mensaje por Ghostyaya el Lun Oct 02, 2017 1:25 pm

Spin-off. Episodio 4: La Línea del Destino

MEDUSA

A pesar del intento de sus compañeros de apoyarla después de recibir de golpe la noticia de su ''compromiso'', ésta aun seguía sin creer lo que le estaba pasando. Aprovechando que sus compañeros iban a clase ella optó por faltar aun si eso refería aguantar un regaño del profesor. En su cabeza solo rondaba una pregunta: ¿por qué sus padres, su propia familia la habían traicionado de esa forma?

Bajando con apuro a las cocinas para llegar a la Sala Común de Hufflepuff, casa asignada a aquella chica de roja cabellera desde hace ya 6 años, llegó directo a sacar una pluma, un pergamino, un bote de tinta de su mochila y antes de que saliera decidida de nuevo por la puerta para buscar un lugar tranquilo y solo, su mirada se posó en un mazo de cartas que había caído con ruido sordo al suelo después de sacar las cosas. Dudándolo un poco tomo el mazo de cartas y salió con el mismo apuro con el que entró metiendo todo aquello dentro de los bolsos de su túnica.

Tenía unas ganas muy grandes de irse al Bosque Prohibido para tener algo de paz y poder pensar con tranquilidad, ya que para ella a pesar de ser algo temerosa siempre le pareció muy interesante aquella zona; pero optó por ir a la Sala de Menesteres el cual al entrar la esperaba con una mesa y una silla delante de una chimenea. Al sentarse depositó los objetos sobre la mesa haciendo a un lado el mazo de cartas y tomando con fuerza la pluma para escribir en el pedazo de pergamino. Quería escribirles una carta a sus padres, quería respuestas de por qué le habían hecho aquello; sin embargo, no sabía cómo hacerlo. Soltando un suspiro frustrado se levantó de la mesa de golpe, aquellos que la conocían podrían pensar que estaba molesta ya que su compromiso era por alguien que ella no quería, pero realmente lo que más la frustraba era que, a su parecer, estaban quitándole la libertad de decidir que hacer con su propia vida.

La chica miró de reojo el mazo de cartas y lo tomó revelando que eran cartas del Tarot. Las intentó poner sobre la mesa, sus manos temblaban, trató de calmarse y respirar profundo, pero con todo lo que tenía en la cabeza sabía que las cartas no le mostrarían nada de su interés, pues antes ya le había pasado. Volvió a juntarlas y las apretó contra su pecho, una pequeña lágrima rodó por su mejilla mientras cerraba los ojos con fuerza, por una extraña razón la cara de Steve sonriéndole se le vino a la mente, pero rápidamente recordó esa misma tarde a éste mismo haciendo el Bombarda e ignorándola totalmente saliendo del Gran Comedor. La chica, sin saber por qué, lanzó el mazo de cartas contra el fuego de la chimenea la cual ardió con más fuerza… volvió a tomar la pluma y solo pudo escribir unas cuantas palabras.

''¿Hace cuánto que no hablamos? Necesito verte, tengo que contarte muchas cosas, Blaze.
PD: Perdí mis cartas del Tarot, ¿podrías conseguirme unas nuevas?''


Al terminar de escribir volvió a meter todo a su tónica y antes de salir sintió que su pie resbalaba al pisar algo y al voltear la mirada hacia abajo pudo ver una carta que de forma curiosa logró salvarse de las llamas de la chimenea, al agacharse para recogerla pudo ver de cual carta se trataba.

-La rueda de la fortuna...-dentro del hito de las cartas del Tarot, el elemento central es una rueda donde un hombre con cabeza de lobo sube y una serpiente baja, representando los estados de la suerte del Progreso y la Decadencia (respectivamente); en la cima de la rueda una esfinge con una espada recargada sobre el hombro apunta al cielo y es la Riqueza; la Rueda descansa sobre tierra y tiene una manivela con símbolos alquímicos. La posición de la carta, a su punto de vista, era invertida, indicando que por parte de su mente existirá un desfase de la realidad; de sus emociones indicaba cambios en contra de sus propios deseos; en la familia que algo grave ocurriría; de amistad indicaba que habría rupturas y pérdidas; y respecto a su estadía en Hogwarts que habrían circunstancias adversas con decisiones equivocadas.

¿Así que vienen sorpresas? ... Qué irónico.

Apretando la carta con su mano un sentimiento la hizo entender que muy seguramente no serían sorpresas buenas pues, aunque analizó rápidamente la posición de la carta y su significado, no siempre ocurría así debido a los caprichos del destino. Trató de no darle importancia y saliendo de la sala de menesteres se dirigió a la Lechucería.

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Capítulo XIX-A: Vientos de Cambio y Vigilia.

Mensaje por Ghostyaya el Lun Oct 02, 2017 5:38 pm

Capítulo XIX-A:
Vientos de Cambio y Vigilia.


Bonus:
-¿Te vas hoy a América, Abdiel?

En la sala de profesores, todos los docentes estaban reunidos para despedirse de aquellos que se iban a ir a pasar las vacaciones fuera de Hogwarts, pues una minoría había optado por quedarse en la escuela. Theodore, amigo íntimo del profesor Núñez, fue quien había hecho la pregunta a su amigo para abrazarle y despedirse.

-Sí-sonrió el sudamericano emocionado-. Viajaré en un avión muggle… es aterrador y emocionante. ¿También te irás, Theodore?

-Por supuesto, hay cosas que debo hacer fuera-guiñó el ojo y aprovechó para dar un golpe amistoso a Defunct, quien tosió al quedarse sin aire-. Ups, lo siento.

-No… te… preocupes-sonrió Defunct y suspiró-. Yo también me iré. Me preocupa dejar la escuela…

-Yo me quedaré-expresó Irise sonriendo-. Cuidaré la escuela por ti, amigo mío-el Jefe de Slytherin sonrió complacido y se encaminó a la salida para preparar maletas.

-Igual estaré en la escuela, como siempre-reveló Gerard quien estaba sentado comiendo una barra de chocolate-. Yo ya tuve mis pequeñas vacaciones, así que no me cuesta nada ser quien arrastrará el árbol para Navidad.

-Yo quería ver a mis padres-reveló algo resignada Aline mientras escribía algo con su pluma y tintero portando sus lentes-, pero deberé quedarme para ayudarle a Gabriel desde aquí mientras él se va de viaje… Lástima, será mi primera Navidad sin mi familia.

-¿Y nosotros qué somos?-cuestionó Irise sonriendo mientras se acercaba darle ánimos a su amiga-. Tranquila, cuidaremos bien de ti. Igual lamento que Dacitus se haya ido, le llegó un trabajo de último minuto y no pudo quedarse.

-¿Y tú, Alexander?-Aline miró a su colega mientras dejaba de escribir, el susodicho se había quedado recargado en una pared conversando con otros profesores-. ¿Te vas a quedar?-el aludido dejó su plática y observó con seriedad a la Jefa de Gryffindor.

-Sí… debo cuidar de mis alumnos-sentenció con frialdad, se despidió y se retiró a paso apresurado dejando a los demás solos en el cuarto.

-¿Qué tiene?-Aline empezó a guardar sus cosas para irse a descansar-. Se ha estado comportando raro desde hace unos meses.

-Problemas familiares, supongo-contestó Abdiel desanimado-. Bueno, me voy. Nos vemos el próximo año y felices vísperas.

-Te acompaño-sugirió Theodore sonriendo de oreja a oreja-. ¡Les encargo la escuela! Y échenle un ojo a July, estará con el Bibliotecario.

Gerard, Irise y Aline asintieron y ya solo ellos tres se habían quedado en la sala de profesores. Irise tomó sus cosas y avisó que iría a despedirse de su hija, por lo que el Subdrector y la Jefa de Gryffindor se quedaron solos antes de que Aline empezara a caminar a la salida, pero se quedó de pie pensando y miró a Gerard extrañada.

-¿Y los demás?-preguntó curiosa aun portando sus lentes-… ¿No nos íbamos a reunir para despedirnos?

-Luego vendrán-explicó Gerard un poco condescendiente-. Toma, es un chocolate con almendras, tu favorito. Te acompaño a tu cuarto para que descanses. Luego nos despedimos de los demás.
Bonus:
Al igual que con los profesores, el alumnado se despedía porque no verían a sus amistades hasta pasadas las vacaciones y de una vez se daban abrazos, se deseaban lo mejor o dándose ánimos por las situaciones personales de cada uno. En la Sala de Menesteres, el grupo también cumplía con esa tradición e igual los consejos y cuidados eran algo que escuchaban bastante.

-… y si se aburren, solo busquen mis tesoros que dejé por la escuela-dijo Joseph sonriendo y sintiéndose como el salvador de las hermanas Black que buscaban la forma de no pasarla mal.

-Quería ver a papá-expresó Euríale en tono de berrinche y cruzándose de brazos-. Mamá estará en Rusia y papá solo. ¿Le vamos hacer esto?

-Euríale, ya lo sabes...-murmuró Medusa con un poco de vergüenza-. No quiero verlos y podrías haber ido tu sola.

-Ño, me quedaré contigo-Euríale la abrazó y sonrió-. Solo espero que papá esté bien.

-Les traeré recuerditos-avisó Lancelot de buena gana-. Estas vacaciones me servirán para relajarme mucho.

-Al menos uno sí puede descansar-vociferó Markus desganado-. Estoy preocupado por mi hermano, también estará en Rusia y no quiero que le pase nada.

-¿Y por qué decidiste quedarte?-preguntó Judas mientras leía-. Yo me voy a quedar porque mis papás se irán de viaje, pero los tuyos no.

-Pues no, pero me quedaré a seguir investigando-respondió Markus cansado-. Ni modo, alguien deberá hacer el trabajo mientras los demás descansan.

-Oye, párale-se quejó Steve alzando una ceja-. Yo aprovecharé para ir al Ministerio, si averiguo algo les diré en una carta codificada.

-Sí, y yo veré algo mientras estoy con mis padres-aportó Lloyd torciendo el gesto-. Y Markus, no uses la diadema sin que alguien te cuide, no queremos que te pongas mal. En fin, veré si en alguna Biblioteca muggle hay información de libros en runas antiguos… y, Nicolas, ¿dónde pasarás las vacaciones?

-Estaré en casa de mi novia-contestó con aire distraído el peliverde, de pronto la sala quedó en silencio profundo y el chico se dio cuenta de lo que dijo, abriendo los ojos que de tono lila pasaban a rojos-… Esto…

-¿Tienes una novia?-Linus, quien seguía callado porque su humor era pesado, fue el que realizó la pregunta con genuina sorpresa, reflejando lo que la mayoría pensaba de esa respuesta.

-Este… yo… no…-Nicolas se puso nervioso y tragó saliva, arrepintiéndose de revelar algo privado de su vida personal.

-Vaya…-Judas incluso cerró el libro que estaba leyendo-. ¿Por qué no nos dijiste? ¿La conocemos?

-Oigan, oigan-Joseph empezó a llamar la atención y se encogió de hombros-… no se pongan así, si él no quería decirlo estaba en su derecho y ya.

-¿Ya lo sabías, Joseph?-insinuó Medusa un poco emocionada.

-Este… yo…-balbuceó el joven Pachenko sin saber qué decir.

-Sí, tengo novia-contestó Nicolas para evitar que regañaran a su amigo-, y si me permiten, procederé a arreglar mis cosas para pasar Navidad con ella.


Intervención de Eros

Luego de un viaje en avión muggle de 10 horas, más otra hora en lo que llegaba a casa de su madre Margared, Abdiel dejó caer las maletas en el marco de su hogar cuando fue abrazado por su progenitora quien lo recibía con mucho amor y alivio pues, aunque el profesor siempre usaba ese transporte debido a su condición, la idea de estar sobre el Atlántico por mucho tiempo no era algo que agradase a los dos. Inmediatamente su madre lo sentó a la mesa y le llegó el olor del platillo niño envuelto, haciéndose agua su boca por comer por fin algo de su tierra natal y con esa comida relató a Margared sus aventuras en tierras londinenses omitiendo los tópicos peligrosos para no alertarla ni preocuparle de más.

Sintiéndose cómodo, a los pocos días decidió ir a visitar a su padre luego de no verle por un par de años, pues aquél decidió tomarse unas vacaciones de Castelobruxo y no iba directamente al colegio a visitarle porque implicaban más viajes y fatiga física, circunstancia que no quería sobrellevar. Su papá vivía en una comunidad mágica pequeña de habla hispana enfocada en aquellos que iban a Ilvelmorny o Castelobruxo, pues ambas escuelas recibían a los magos que su lengua materna fuese español. En cuanto llegó a la zona fue saludado por varios magos y brujas debido a que su padre, Gabriel Núñez, era considerado importante y de gran referente para la magia sudamericana, de ahí que Abdiel decidiera formar su propio camino trabajando en otro continente. Al arribar a la casa de su papá la puerta se abrió sola invitándolo a pasar, llegándole un hedor extraño que reconoció como un experimento de Pociones y se cubrió de inmediato su nariz porque el aroma era muy detestable.

-Pasa, rápido-la voz grave de su padre le alertó que se encontraba al fondo de la casa-. No quiero que vengan del Ministerio a regañarme por “trabajar” sin su permiso-al adentrarse más la puerta cerró y Abdiel esperó a su padre en la sala, quien apareció de un costado de la pared acomodándose sus anteojos y suspirando-… No confío en el Ministerio, esos burócratas solo nos hacen perder el…-miró a su hijo y se interrumpió con un semblante serio-. ¿Qué te ha pasado? Y no, no hablo de que no te he visto en años. Hijo… ¿por qué no me avisaste nada? Habría viajado a Inglaterra.

-Papá… yo…-Abdiel inmediatamente se sintió como uno de sus alumnos siendo regañado. Su padre no solo era experto en Pociones, también en la Medimagia y alguien como él notaría con facilidad que su enfermedad del corazón había empeorado y que hasta hace poco había bailado con la muerte-… No quería preocuparlos a ti ni a mamá… es... una larga historia.

Ambos fueron a sentarse a la sala mientras una tetera flotante iba a la mesita a servir té en unas tacitas que ya esperaban allí. Le relató el ataque de hombre lobo, la liberación del boggart, las cosas que ocurrían en Inglaterra omitiendo su participación en combatir e investigar a un enemigo invisible y sus sospechas de que algo malo se avecinaba para la comunidad mágica en general… siempre mencionando a la enfermera.

-Acá también hay movimientos-sentenció su padre Gabriel luego de dar un sorbo a su té-. Están mandando a Aurores a otras partes del mundo y en los noticieros muggles abundan videos que humanos que captan actividad mágica. Obviamente hay muchos falsos, pero entre algunos hay verdaderos… magos que roban en tiendas, que asaltan… -frunció el ceño y suspiró-… por eso no confío en el Ministerio. Con lo que me cuentas no sé qué tan grave o profundo sea todo esto, pero todas estas faltas al Estatuto Mágico me parecen una reverenda estupidez. Aunque no creo que sea tan grave como en tu caso, incluso el MACUSA está expandiéndose en el continente.

-Me preocupan mis alumnos y mis amistades, sobre todo tu y mamá-reveló Abdiel recargándose y mirando al techo-. Si no fuese tan débil podría hacer algo…

-¿Sabes por qué me especialicé en la Medimagia, Abdiel? Quería encontrar una cura para tu condición, pero ni la magia más poderosa ni la poción más efectiva podrían sanarte… estaba preocupado, pero viéndote cómo has crecido más que una desventaja mira como una virtud lo que tienes-sonrió y luego dio un sorbo a su té-. Pasados los años me di cuenta que al distanciarme de tu madre no hice más que cavar mi propia soledad y me metí tanto en el trabajo que prácticamente los abandoné. No fue justo para ustedes dos.

-Tranquilo…-Abdiel ya sabía todo esto. Cuando era joven tenía el pensamiento de chico rebelde que veía a su padre como alguien que solo estaba ahí a su conveniencia, pero sus viajes y estancia en Hogwarts le habían abierto los ojos y comprendía demasiado a su papá, incluso notando que tenía ciertas similitudes con él-… Mamá siempre piensa en ti, un día puedes ir a visitarla. Podríamos pasar Navidad juntos.

-¿Y por qué no la invitaste?-aquella pregunta sorprendió a Abdiel que miraba a su papá sin entenderlo-… A Sandra, Alessandra… la enfermera pues.

-¿Por qué debería invitarla? Es mi colega y ella tiene a su familia en Noruega…-sin saber por qué, el corazón de Abdiel aceleró y se puso un poco nervioso-... no vendría hasta acá solo por mí.

-Hijo... no seas como yo-Gabriel río un poco y la tetera levitó hasta rellenar su taza-…. Esa mujer te quiere, se le nota por todo lo que ha hecho por ti... y por como hablas de ella.

-¿Que Sandra me quiere? Por favor-Abdiel se levantó y su tacita comenzó a seguirle mientras caminaba por la sala-, ella solo hace su trabajo… Siempre está al pendiente de mi por mi enfermedad, se desveló cuidándome cuando Joseph me atacó sin querer y ahora los dos lo cuidamos para que no haya ningún incidente, cuando nos encontramos en los pasillos suele sonreírme o darme alguna poción cuando me encuentra nervioso, a veces he visto que se me queda viendo y me guiña el ojo… tampoco le importa mostrarse ruda cuando un alumno va a pedirle ayuda, pero conmigo es más delicada… Oh por Dios-la tacita chocó a su espalda y derramó el poco té que había-.. ¿Le gusto?

-¡Jajajaja! Vamos, Abdiel-su padre ahora se levantó y le puso una mano en el hombro-. Para la próxima vez la invitas, espero que sea bonita como tu madre… y no cometas el mismo error que yo. Disfruta tu vida, tu más tienes el derecho de hacerlo. Ahora-un saco se acercó a él volando y se lo puso como si nada-, vayamos a ver a Margared. ¿Me veo bien?

-Deberías tomar una ducha-Abdiel sonrió, pero el gesto era brillante y genuino. Ahora que entendía toda su motivación de ayudar era más decidido, pero se cohibía ante la idea de decirle a la pelirroja de sus sentimientos, decidiendo que luego se armaría de valor-. Apestas a esa poción horrible y no quiero que mamá te huela así.


Una Nueva Luz


Cansado y somnoliento, Markus salía de la biblioteca muy tarde con una mala cara y con un leve mal humor. Desde que iniciaron las vacaciones ha estado investigando acerca de los Lightshield y las evidencias acerca de su masacre y, efectivamente, su hermano Aaron le había confirmado que nadie había sobrevivido y todo indicaba que dicha premisa era verdad.  En parte le molestaba ver que parte de sus compañeros preferían pasarla bien que indagar de los problemas de la sociedad mágica, tanto que por unos días los estuvo evitando y optaba por concentrarse en indagar la verdad.

Esa noche tenía bastante hambre, se le había olvidado cenar en el Gran Comedor y aprovechando que todos sus compañeros de cuarto se habían ido, el joven Eltnam fue a las cocinas (siendo el único mago del colegio que sabía su ubicación) para hornear un poco de pan al estilo muggle, sin magia de por medio y por querer sentir el esfuerzo en sus manos de preparar la masa y darle forma. A pesar de la renuencia de Lloyd acerca de la Diadema, Markus siempre la portaba en un bolsillo por si lo requería, pero no había querido usarlo porque la última vez le dolió tanto la cabeza que estuvo un día completo en cama… un día desperdiciado por completo.

Como los duendes descansaban Markus comenzó a preparar con calma la harina que iba a requerir cuando escuchó que alguien entraba, mas por el cansancio no reaccionó a tiempo y solo sintió una especie de bofetada que golpeaba su mejilla con una tela suave que ubicó como la del uniforme.

-¿Qué haces a estas horas?-se trataba de la alumna extranjera Be, quien se había escabullido de su Sala Común y al ver a Markus decidió seguirlo.

-Más bien qué haces tú-cuestionó Markus sin dejar sus cosas-. No debiste seguirme así, no me habría molestado que me acompañaras.

-¡Ugh! Me agrada mi espacio, gracias-Be comenzó a rondar la cocina reconociendo varios objetos y otros no tanto porque no era de las que supiese cocinar-. ¿Entonces por qué evitas a tus amigos? No te molesta mi compañía, pero la de ellos sí.

-No es algo de lo que quiera hablar-expresó en tono seco el chico sin dejar de trabajar en su cena improvisada-. ¿Vas a querer pan o qué?

-¿Hecha con tus manos? Primero preferiría dormirme en clases…

-Pero si eso haces…

Pasado un poco de tiempo, Markus colocó en una charola el pan dándole la forma de los animales que representaban las casas y las colocó en un horno de piedra que ya había preparado con anterioridad. Buscó una silla y la puso cerca para observar cómo la masa adquiría consistencia, de cierta manera le relajaba ver que algo hecho por sí mismo rendía frutos.

-Por cierto-Be le tendió una carta que Markus no reconoció-. Hoy vino la lechuza a entregar la correspondencia, una no te ubicó y la arrojó en mi plato de cereal. Me debes cereal.

Markus reconoció que se trataba de una carta vociferadora, una carta mágica en un sobre rojo que tiene grabado un mensaje con un volumen de voz alto usualmente lleno de contenido de regaño o ira, pero le pareció extraño que no hubiese explotado porque al contener energía negativa no suelen contener tal cantidad de magia invertida. Así que al tocarlo el sobre se desenvolvió solo y una voz masculina que reconoció empezó a hablar.

¡Hola, Markus! Soy Aaron, perdona que no te haya escrito anda, pero es que estoy muy emocionado. ¿Recuerdas a Nira? Acaba de dar a luz… ¡Soy papá! -el tono de su hermano comenzó a quebrarse un poco-... Fue una niña, una hermosa niña, la llamaremos Astrid… Markus, quisiera estar ahí, pero mi trabajo como Auror me lo impide y debo estar en Rusia. Sé que este mensaje llegará a ti, por lo que no temo que sea interceptado. Vive, no dejes que eso que haces te consuma o te aleje de tus seres queridos, disfruta y sé fuerte... cuando puedas ve a mi familia, quiero que conozcas a tu sobrina. Cuídate mucho, hermano. Te quiero.

Y el sobre, en vez de romperse en pedazos, se deshizo en pequeñas volutas blancas que se elevaron al aire hasta perderse. Sin darse cuenta, Markus estaba llorando y no se había percatado hasta que Be le había puesto una mano en el hombro y le sonreía, como nunca antes lo había hecho.

-Eres afortunado, Markus-se alejó para irse de la cocina y dejarle solo-… no sé lo que estás haciendo que te aleja de tus amigos, pero deberías hacerlo a un lado. Ellos te quieren.

Y diciendo esto, la francesa lo dejó solo. Markus, por su parte, sentía la emoción de irse del colegio y ver a su sobrina, hacerle ver a su hermano que ella estaba bien y que no le pasaría nada… Pero… ¿cómo lo conseguiría? Si con esto se ha estado desvelando y evitando a sus amistades…. ¿qué podría hacer para garantizar que el futuro de Astrid fue agradable? Decidido, el chico se levantó de la silla y se limpió las mejillas sonriendo. No dejaría que aquellos que buscan perturbar la paz se salgan con la suya, pero tampoco debe descuidar a sus amistades. El mago Eltnam miró el horno y pensó en darles a sus amigos el pan en ofrenda de disculpa, pues ahora una nueva luz apareció y sería su guía para afrontar sus temores.


Pruebas de Voluntad


Hacía mucho frío. Al principio le pareció buena idea caminar por el bosque para que no fuese interceptado con su novia, pero ahora estaba arrepentido más que nada porque Rachel estaba implicada y envidiaba a su hermana menor que seguramente en este instante estaba bebiendo chocolate caliente con su mamá en la cómoda sala de su casa. Claro, Joseph sabía a qué se atenía, pero se había dejado llevar y por su orgullo y pereza no volvería atrás. Ya llevaban bastante tiempo en la nieve y aunque él podría rastrear un pueblo, su terquedad le decía que no debía distraerse.

-Rachel… ¿por qué no regresas? No quiero que te pase algo…-confesó Joseph bastante preocupado.

-Estoy contigo en esto-le tomó la mano y la chica sonrió-. Encontrémosla y le compras un recuerdo a Nicolas.

Jamás había creído que Noruega tuviese tal clima a esa magnitud, pero no se rendiría tan fácilmente y mucho menos porque el propósito iba más allá de lo que él quería alcanzar. No solo se trataba de lidiar con su maldición el resto de su vida, quería controlarlo y superarle, que su lado salvaje no imperara en su vida y usarlo a beneficio. Ya había empezado un entrenamiento en el Colegio, pero estaba restringido para que el resto de los alumnos no lo descubrieran o se repitiese un incidente que pudiese afectarle su vida o peor… manchar sus manos con sangre inocente. Al menos sabía que su mascota, Werewolf, estaba en buenas manos en el colegio y no quería traerlo para que no saliese lastimado si algo malo pasaba.

-Eres demasiado terco-una voz femenina lo sacó de sus pensamientos y al voltear, notando todo alrededor de nueve y troncos del bosque maltratados por el frío, miró a la enfermera Alessandra con un abrigo de piel mágico que la protegía de las bajas temperaturas-. ¿Creías que no iba a saber que me seguían? Aun eres muy niño, Joseph… ¿Y por qué no se fueron por el tren?

-Quiero seguir entrenando-fue lo que expresó Joseph con premura. Estaba nervioso porque no había percibido su presencia ni con su instinto lupino, aunque debía reconocer que estaba frente a una mujer que le superaba en experiencia ya que ella fue mordida cuando apenas era una bebé-. Pensé que lo mejor era seguirte y así probarme que…

-Que eres imprudente y mal cazador-interrumpió Sandra severamente-. Irte por un bosque que no conoces de un país al que nunca has visitado fue una decisión muy tonta. Además, trajiste a tu novia… ¿Te estás tomando esto en serio?

-¡No le reclame nada!-salió a defenderlo Rachel interponiéndose entre ambos-. Él no quiere que algo similar cuando se convirtió pase otra vez. Usted es quien mejor debe comprenderlo, señorita Abbatucci, el no querer hacer sufrir a sus seres queridos.

-Tranquila, amor-Joseph sonrió y miró a Sandra con una sonrisa-. Mira, Sandra, yo no busco molestarte, pero tú y el profesor Núñez se ofrecieron a ayudarme y solo vengo a reclamar tal favor-el gesto de su rostro se endureció y empezó a apretar el puño-, quiero ver a mi madre con la seguridad de que en luna llena no le pasará nada o a alguno de mis amigos. Así que, por favor…

-Joseph…-Rachel se acercó a él y le tomó la mano, pero entonces Sandra suspiró y les sonrió.

-De verdad que eres terco. Estas vacaciones son para que descanses y no entrenamiento duro-sacó de los bolsillos un ticket de tren y se lo tendió a Rachel-. Te acompañaremos al pueblo más cercano para que tomes el tren y éste te dejará en la estación que conecta a mi hogar. Ya te estarán esperando. Pero tú y yo, Joseph…-con cuidado se quitó el saco mostrando una figura femenina muy curvilínea y cicatrices plateadas en ambos brazos-, nos iremos caminando a dicha estación. Si de verdad quieres soportarlo primero debes probar tu fuerza de voluntad y esta prueba es bastante sencilla. Dale tu varita.

Sorprendido, Joseph le entregó su objeto mágico a Rachel y se quitó su chamarra aun cuando Sandra no se lo había pedido. Verla así le había motivado a iniciar su prueba antes y el frío le heló los músculos, abrazándose a sí mismo para retener calor. Su novia iba a devolverle la ropa, pero el mago se negó y así los tres caminaron al pueblo para que la chica abordara al tren. Obviamente eran objetos de miradas porque cómo era posible que dos personas en su sano juicio anduvieran así con riesgo de enfermar y morir, pero la constitución física de los magos era distinta a la del humano, por lo que son más resistentes a ciertas cosas. Despidiéndose con un beso en los labios, Joseph observó tranquilo que su novia ya no sufría las penurias del invierno en Noruega y sonrió aliviado.

-¿Hay una tienda de recuerdos? Quiero comprarle algo a Nicolas-expresó el joven Pashenko tiritando de frío.

-Primero vayamos a la estación que te dije, el camino es largo y peligroso-con su cabello rojo alborotado por la brisa invernal, Sandra sonreía y su nariz se coloreaba indicando que su cuerpo buscaba calentarse-. ¿Tienes alguna idea de quién te convirtió?

-No… solo recuerdo que antes de desmayarme una voz femenina dijo algo de…  castigo, no recuerdo bien-se encogió de hombros y miró a la enfermera-. ¿Tu sí sabes quién te mordió?

-Estudié en Durmstrang-si recordaba bien, el Instituto Durmstrang es famoso porque enseña con total libertad las Artes Oscuras y no admiten a los nacidos de muggles. Eso significaba que Sandra se había educado en un régimen algo fuerte y no tan liberal como Hogwarts-. Me preparé física y mentalmente porque para ellos el cuerpo es esencial en la educación y no solo agitar la mano… Mi padre usó sus recursos para investigar, así que cuando supimos el paradero de la licantrópa… le envié mis saludos-la sonrisa de la pelirroja recordó a una loba acechando a su presa-. Puedo garantizarte que ella no volvió a convertir a nadie más…

-La… Sandra… ¿la mataste? -la pregunta no solo revelaba incredulidad, también cierta admiración y deseos de superar los obstáculos.

- ¡Claro que no! -La enfermera rio y negó con la cabeza-… aunque me hubiese gustado. Le demostré que mi maldición era lo mejor de mí y la mandamos a la prisión Nurmengard, tenía acusaciones de matar a muggles al morderlos-volteó a ver al chico y lo notó ensimismado-. Tranquilo, si llegas a enterarte de quién fue el culpable en tu caso sabrás qué hacer. Vamos, nos quedan horas de caminar. Espero que estés en buena condición.

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Capítulo XIX-B: Vientos de Cambio y Vigilia.

Mensaje por Ghostyaya el Vie Oct 06, 2017 5:15 pm

Capítulo XIX-B:
Vientos de Cambio y Vigilia.





Exploración Indeseada


Ya había hecho toda la tarea de vacaciones y prefería pasar sus ratos libres afuera del Colegio a pesar de la nieve, pero Judas ya se encontraba un poco aburrido por no saber qué hacer. Lo único entretenido en sí era cuidar que no descubrieran a Invi y le obligaran a sacarla, pues una serpiente no era una mascota autorizada para Hogwarts. Se ponía nervioso de infringir las reglas y lo severo que sería el juzgamiento que le harían, pero sentía que valía la pena porque había creado una amistad con la criatura.

Desde que supo que hablaba Pársel se la pasó investigando en la Biblioteca sobre ese don y las habilidades que podría tener, descubriendo que podría domar a cualquier reptil que tuviese parentesco con las serpientes y entender a otros humanos que hablaran dicho idioma. Además, rastreó el árbol genealógico de los Arden y llegó hasta la Edad Media, descubriendo que, efectivamente, descendía de Salazar Slytherin. Aquello lo había tomado por sorpresa, pues esperaba que fuesen familiares cercanos de dicho mago u otra familia que desarrollara el don, no que fuese de línea directa de parentesco. Pensándolo un poco, su madre debería poder hablar pársel y no sería raro que en la comunidad mágica desconocieran que los Arden tuviesen dicha habilidad por el paso del tiempo, además que él se enteró de esa información rebuscando en libros muy viejos de historia que casi de deshacían con solo tocarles. ¿Algún profesor sabría? Si acaso Abdiel y Aline, quienes son los más experimentados en historia antigua; al primero no podía preguntarle porque estaba de viaje y a la segunda era muy difícil encontrarla a pesar de que estaban en el castillo y tenía el presentimiento de que no sería idóneo buscarla.

-¿Por qué no les has contado a tus otros amigos que puedes  hablar conmigo?- le había preguntado Invi en un pasillo sabiendo que estaban solos, además que se ocultaba en la espalda de Judas  y su cabeza salía de un lado del cuello del chico.

-Solo Steve lo sabe… y ambos estuvimos de acuerdo en guardar discreción-le contestó Judas en pársel tranquilo porque sabía que nadie lo descubriría-, todos andan investigando y sabemos que cosas malas se vienen como para preocuparles con que se hablar este idioma.

-¿Tiene algo de malo?-cuestionó Invi curiosa.

-Pues...-las repercusiones eran más que nada sociales, temía ser juzgado por sus compañeros o considerarlo del enemigo por poseer una cualidad propia de un mago oscuro-… solo quiero tomarme mi tiempo, es una noticia inesperada.

-Me alegra no estar allá afuera-agradeció la reptil contenta-… hace mucho frío y fue gracioso ver como ese humano cargaba el pino enorme al Comedor. No creía que ustedes los magos tuviesen tanta fuerza... los veo muy escuálidos y a otros que se cansan rápido con solo reptar.

-Correr, Invi, nosotros no reptamos como ustedes-aclaró Judas de bien humor, pero se calló al notar que de manera inconsciente había entrado a los baños de las mujeres del segundo piso. Se sonrojó mucho, aunque se alegró al ver que no había nadie y pudo relajar su respiración-… Cierto, nadie usa estos baños por Peeves.

-¿Qué es Peeves?-Invi salió de su escondite y comenzó a inspeccionar el sitio bastante curiosa.

-Es un poltergeist… no te acerques a él. De hecho, no deberíamos estar aquí, podría hacernos una jugarreta-Judas miraba nervioso el sitio, bastante maltratado por su falta de mantenimiento y que, además, nadie más intervenía porque Peeves aseguraba que ese era su territorio y nadie más debía meterse-… Invi, vámonos.

-Oh… no sabía que a Peeves le gustaran las serpientes-en cuanto dijo eso, Judas volteó a verla y notó que estaba enroscada a un grifo observando con atención. Tragó saliva, se acercó para ver bien y notó que en el cuello del grifo estaba tallado una serpiente en discreción y , de hecho, para las prisas sería muy obvio que pasaría desapercibido-. ¿Qué es esto?

-No.… no se… -Judas giró las perillas y no salió líquido, el lavabo no parecía servir-… no sale agua a pesar de que abrí las manijas…

Y de pronto, el fregadero empezó a moverse y temblar, removiendo el polvo que había acumulado por años. El piso vibraba mientras el lavabo se hundía con mucho ruido, dejando a la vista una gran tubería expuesta lo suficientemente amplia para que una persona lograra entrar sin problemas. El fondo era totalmente oscuro y aunque la dirección indicaba una bajada, era imposible verle un final. Invi sacó su lengua para saber si podía rastrear algo, pero no lo pudo y empezó a sisear asustada; Judas se encontraba curioso y quería inspeccionar ese camino inhóspito, rememorando que nunca había escuchado ni leído de un túnel secreto en el colegio y cuando apenas iba a dar un paso escuchó que alguien se acercaba. Nervioso, intentó averiguar cómo tapar aquél hoyo sin mucho éxito, pero al decir en voz alta que “debía encontrar la manera de cerrarla”, el piso nuevamente vibró y el lavabo reaparecía acomodándose al final justamente como estaba cuando entró el Bibliotecario, quien se distinguía por una cicatriz en su nariz.

-Joven Arden… usted no debe estar aquí-regañó en tono bajo-. ¿Sabe lo que haría Peeves si lo descubre?

-Lo…-Judas se interrumpió temiendo por Invi, pero su miedo fue calmado cuando la sintió de nuevo en su espalda y escondida, sin poder evitarlo soltó un suspiro-… lo sé, venía distraído y pensé que era el de hombres-el chico pasó a su lado para irse y sonrió nervioso-. Lo siento.

Y se fue a paso apresurado. No volteó a ver al Bibliotecario, por lo que Judas no se dio cuenta que ese hombre mostró una mirada como si hubiese visto muchos últimos suspiros y una sonrisa perturbadora que deformaba su rostro de una manera viperina. “He descubierto al heredero de la Cámara de los Secretos… esto le encantará”.


Noticias con sabor amargo


En una gran sala muggle frente a una cálida chimenea ardiendo, Theodore se encontraba sentado cómodamente mientras por el rabillo del ojo notaba que la nieve caía fuerte afuera de su casa. En parte le agradaba saber que tras esas paredes se refugiaba del mal tiempo y sentía cierto placer culposo por disfrutar de las vacaciones en la casa principal de su familia adoptiva, los Triggr, junto a sus tías gemelas Luan y Loan.

-Theodore, cariño, ¿solo con eso tienes? Te la pasas viajando por el mundo y estás muy delgado-habló la mayor, Luan, bastante preocupada.

-No te preocupes, tía, estoy bien-a los ojos de las dos mujeres, Theodore era un trotamundos que buscaba la aventura y nutrirse de conocimientos para el circo familiar, pues desconocían que era un mago debido al Estatuto del Secreto Mágico y era algo que el profesor quería mantener así-. Prefiero quedarme así y descansar. Mañana iré a ver a mi tío Joseph.

-Pero el circo está al otro lado del país-explicó la otra gemela, Loan con evidente desconcierto-. ¿Cómo vas a llegar? Igual las carreteras para salir de la ciudad están cerradas por la tormenta.

-Ya les dije que no se preocuparan por mí-Theodore se levantó para ir a su habitación despidiéndose con un beso en la mejilla de sus tías-. Descansen, me voy muy temprano en la mañana y volveré para Navidad, les traeré lindos obsequios.

Theodore fue a su habitación a preparar una maleta pequeña y sacó su varita encantando un retrato de sus padres que tenía en el buró, sonrió y sabiendo que sus tías no entrarían a molestarlo, tocó el objeto que había convertido en un traslador y sintió que una especie de un gancho parecía tomarle por la espalda y era arrastrado para aparecer luego de una pequeña implosión a la parte trasera de un circo que reconoció al instante y, de buen humor, guardó el retrato para buscar el camarote de su tío Joseph. Payasos, domadores de animales, trapecistas y otros tantos más miembros del circo lo saludaban con naturalidad y amabilidad, algunos con más confianza que otros, pero todos dando la bienvenida al hijo de Michael Edmond Triggr y Ellie Trengove, los antiguos líderes de “Magic Word”.

-¡Llegaste!-un hombre de mediana edad le sonreía y extendió los brazos para que al final Theodore se le uniera un abrazo afectuoso mientras se daban palmas en la espalda-. Pensé que te retrasarías con la tormenta en esa ciudad, pero recordé que a ti no te afectan esas cosas. ¿Cómo están Luan y Loan?

-Como siempre-contestó el mago y le hizo señas para entrar al camarote de su tío-. Me quedaré un par de días si no te molesta, y te aviso que te secuestraré para Navidad.

-No esperaba menos de mi sobrino… un mago excelente-diciendo esto, arribaron a su sitio personal y cerró la puerta para que no fuesen escuchados por nadie más-… ¿cómo están las cosas por allá? Se te nota que andas muy preocupado, y ni se te ocurra mentirme, jovencito.

El joven mago sonrió y estiró sus brazos antes de sentarse en un banco de madera y relatarle a su tío parte de lo que pasaba. Cuando su padre falleció su mamá optó por compartir la custodia con su cuñado, de esta manera Joseph se enteró que el hijo adoptivo de su hermano resultó ser un mago que estudiaba en un colegio privado de alto renombre y debía guardar el secreto porque las leyes así lo establecían. Cuando terminó de contarte, le había servido un vaso con agua para que refrescara su garganta.

-La vida de ustedes los magos es emocionante… y peligrosa-sentenció el tío suspirando-. Quiero que te cuides mucho, Theodore… y hablando de eso-se acercó a un cajón del cual sacó una carta con un sello que el profesor reconoció: el Ministerio. Ansioso, empezó a leerlo mientras su tutor hablaba-… Según esto me piden que el próximo año vaya a su sede para ser… ¿desmemorizado? Creo que así decía, que porque tú ya eres mayor y no es necesario que yo sepa que existe el mundo mágico.

-Partrañas-Theodore hizo bola el papel y lo arrojó a un cesto de basura con evidente molestia-. No les hagas caso, simplemente andan con sus rollos burocráticos.

-Supongo que por eso no me cuentas más cosas-astuto, el tío alzó una ceja y Theodore le miró con respeto-. En fin, no se le puede hacer mucho. Si no te molesta dormir en el sillón que sea tu cama por estos días, y déjame avisarle a los demás que me ausentaré para el 25, así todos toman el día libre antes de que les ocurra abrir función.

Cuando su tío lo dejó solo en el camarote, Theodore preparó una fogata encima de la mesa y las llamas no parecían consumir de manera normal, pues se trataba de fuego mágico especial para la comunicación. El mago tomó aire, se hundió en el fuego y su visión cambió a de la mesa a una mujer de su misma edad que lo recibía con una mirada de compañerismo puro.

-Supongo que nadie está contigo-le dijo la mujer en un tono melodioso y ácido a la vez-. ¿Qué tienes para decirme?

-Por favor-la voz de Theodore sonaba como si la madera crujiese, pero solo era el efecto de la magia-… Sabes que ese no es mi área. Te llamo porque me enviaste una carta a mi propia casa. No tuve problemas en ocultarla, pero pensé que era urgente.

-Algún día, Theodore-la mujer usó un tono de voz un poco seductor, pero se limitó a sonreír-… en fin… Me he enterado que su Ministerio Mágico ha estado en contacto con personalidades políticas por Europa... claro, solo aquellos que saben de la existencia de la magia.

-¿Sabes para qué?-aquello no le gustaba para nada a Theodore, quien lo revelaba sin chistar.

-Pasaportes, entrada de personas de otras partes del país… Me atrevería a decir que algunos están bajo Imperio, pero no tengo pruebas de ello. Se viene algo grande con ustedes los magos, ¿verdad? -entonces, Theodore miró que la mujer observaba a un lado y negaba con la cabeza-. Tengo que irme, el Primer Ministro viene. Cuídate.

Y la comunicación cortó. Theodore se retiró de las llamas y éstas se apagaron rápidamente sin dejar rastro de quemaduras. Respiró hondo, deduciendo que ahora estaban involucrando muggles… ¿pero por qué? Sabía que eran extremistas radicales que detestaban a los mestizos o a los nacidos de muggles, no entendía por qué los requerían ahora. Sin embargo, el profesor se estiró y se forzó a sonreírse... debía estar relajado y reponer fuerzas en vacaciones para después decidir su siguiente acción. Luego contactaría con los demás para relatarles lo que ella le reveló, pues parece ser que el enemigo se adelantaba sin poder evitarlo.

Regaños oportunos


Gracias a su permiso por el profesor Defunct antes de que éste se fuera de vacaciones, Linus podía acceder a la Sección Prohibida siempre y cuando no sacara algún libro de ahí. Para su desafortuna, tampoco podía llevar pergaminos ni plumas para escribir y únicamente podía depender de su buena memoria, situación que, aunque no le afectaba mucho, le dificultaba aprehender todo lo que deseaba memorizar y más porque siempre tenía un pensamiento en su cabeza: librarse del compromiso. Todavía le costaba entender por qué sus padres habían querido tal decisión y a pesar de no afectarle de tratarse de su prima, sí le turbaba el hecho de no poder decidir por sí mismo. En parte por ello envidiaba a Medusa y su determinación, pero como heredero de los Black sabía que públicamente no podía mostrarse mal ante el evento.

Rechazó pasar las vacaciones con su familia para evitar toda la parafernalia del compromiso, además que estaba seguro que este sería el último año de Medusa como alumna para que cuando él se graduara se casaran y tuvieran hijos lo más pronto posible. Sin poder evitarlo, Linus se mareó ante la idea y tuvo que dejar de leer para descansar. Una cosa es que solo él tuviese que lidiar con sus responsabilidades y otra era arrastrar a alguien que no tenía la culpa como su prima y el daño colateral con Steve, pues a pesar de que frente a todos se mostrada asqueado con Dunham en el fondo le respetaba por todos sus avances y siempre había querido llevarse bien con Medusa, pero el honor familiar siempre le había impedido mostrarse tal y como era. Suspiró una vez más y cuando iba a retomar la lectura miró por el rabillo del ojo que la profesora Irise entraba a un pasillo contiguo buscando algo para leer. Se saludaron con cordialidad y luego se ofuscó en su tema de investigación: la poción multijugos. Sin embargo, sus ojos se sobresaltaron cuando en el libro Moste Potente Potions leyó que “si una persona muere bajo los efectos de la poción, se quedarán en la forma de la persona en la que se habían transformado en vez de volver a su forma original” … entonces existía la posibilidad de que…

-Black-la voz de Irise retumbaba a pesar de hacerlo en voz baja por encontrarse en la biblioteca. Cuando alzó Linus su vista para verla no pudo evitar sentirse intimidado por la mirada que emanaba la docente-. A mi oficina, ahora mismo.

Cuando se levantó para acompañarla, recordó que él era más alto por unos 20 centímetros y quiso regresarle el sentimiento de intimidación observándola con desdén, pero ella no se inmutó en absoluto y vio que la docente ondeaba su capa al dar vuelta caminando a paso sereno afuera del sitio. Sin hacer lo contrario, Linus la siguió hasta que llegaron a las mazmorras con sus pasillos iluminados solo con antorchas tenues. Entró al despacho de la Jefa de Casa de Ravenclaw y cuando cerró la puerta tras de sí, la voz de Irise resonó de nuevo con frustración y decepción.

-Dime una razón para no abofetearte en este instante o expulsarte del Colegio, Black-la profesora frunció el ceño y sus labios formaron una línea fina-. Sé lo que estabas investigando en ese y libro y el para qué.

-Entonces si lo sabe para qué quiere escucharlo de mí-ya lo sospechaba, pero esto lo acabó de confirmar: Irise era una legremántica, alguien con la habilidad de leer la mente y pensamientos de otras personas por medio de la magia ya sea de manera activa con el hechizo o una habilidad inherente. Pero el hecho de que ella le pidiese razón le indicaba que su habilidad era limitada-. Vamos, lea mi mente-expresó con rabia, pero Irise podría detectar que más allá del enojo había súplica y lamento por su situación. Linus se descargaba, pero ya era demasiado tarde para pedir perdón y su orgullo lo impediría.

-La legeremancia no es un juego-recalcó Irise caminando hacia su escritorio sin buscar sentarse-. Sí, poseo la habilidad, pero no me la paso leyendo mentes a diestra y siniestra. Si lo hice hace unos momentos fue porque el libro Moste Potente Potions es solo para alumnos de séptimo, y hasta donde sé Abdiel no ha enseñado nada de ese tomo. Debo reconocer que me pareció sospechoso y, como ya sabía ciertas cosas tuyas, decidí prudente ahondar en ti… hasta que supe el verdadero motivo. Linus… no había intercedido antes porque sé que se trata de algo importante, pero el hecho de que consideres seriamente atentar contra tu vida me parece algo tonto e innecesario.

-Usted no comprende nada…- expresó luego de varios segundos en silencio, Linus apretó sus puños y bajó la vista, por lo que sus ojos se ocultaron tras una sombra-… No sabe lo que es aparentar algo que uno no es, sacrificarse por el bien común y que por ello nadie pueda ver más allá de las apariencias, que alguien más decida por ti y aunque se tiene el coraje para enfrentarlo no se pueda hacer nada-manteniendo distancia, el joven alzó la mirada y vio a su profesora con cólera contenida-. Usted no puede entender nada. ¡Usted no sabe nada! ¡No sabe lo que es el dolor y el odio hacia lo que se ama! ¡NO LO ENTIENDE! -al darse cuenta que había gritado, se quedó callado queriendo disculparse y mirando arrepentido a la profesora, pero ésta lejos de asustarse se acercó y le soltó una fuerte bofetada a pesar de la estatura.

-No eres el único con problemas, Linus-expresó la docente como si su voz fuese una tormenta en aumento-. Lo que sí requieres es saber enfrentarlos, sobrellevarlos y solucionarlos… y aprender a vivir con el peso de tus decisiones-esto lo último lo dijo con cierta mescolanza, evidenciando que ella ha tenido sus propias penurias.

Linus quería irse, pero había quedado paralizado no solo por la bofetada que había recibido y que aquella bruja tuviese la mano pesada, también porque probablemente ella tenía razón y su plan tenía altas posibilidades de fracasar. Aún tenía desesperación sobre cómo escapar de dicha situación, pero al no saber qué hacer en ese preciso instante optó por sobarse la mejilla herida y desviar un poco a mirada. Irise le sonrió y suspiró.

-Vengo de una familia muggle, Linus-ante la confesión, el joven Black le observó con los ojos grandes y se quedó callado para escucharla-. Soy una... “sangre sucia”, como le dirías. Cuando mis padres biológicos se dieron cuenta que yo era usuaria de la magia, me abandonaron-se encogió de hombros y le restó importancia-. Estuve vagando por las calles quien sabe por cuánto tiempo, meses… años. Pero un día una mujer elegante y un hombre muy serio me llevaron con ellos... y me aceptaron como parte de los D’Arc-en-Ciel. Me tuve que ganar su apellido, y hoy en día ellos dos son mis padres y sé que puedo contar con ellos como éstos en mí-su experiencia no lo decía con dolor ni melancolía, pero sí con una sombra en sus ojos que se desvaneció rápidamente-. Mi destino era… morir en la calle, pero no lo acepté y con ayuda logré sobrellevarlo. Tú puedes afrontar tu problema... no debes acabar con tu vida como intento de solución.

-Profesora... yo no quiero… pero debo…-sintiendo un nudo en la garganta, el chico calló y percibió cierta ira que volvía a aparecer, mas evitaba explotar de nuevo.

-No tienes por qué guardarlo-Irise fue a su escritorio e invitó al chico a sentarse en una de las sillas-. ¿No te estabas juntando con Verdugo, Puppeter, Pashenko? Te aseguro que si les hablas te ayudarán a aliviar tu presión. Entiendo que juegues con el honor Black, pero eso no debe impedirte a ser feliz, Linus. Tampoco estaría mal que hablaras con Theodore o incluso con la Directora… puede que no lo parezca, pero nosotros los profesores también nos preocupamos por ti. Lamentablemente tienes una coraza tan fuerte que es imposible penetrarla… Aline en su momento quiso acercarse a ti, pero la rechazaste y decidió ceder tu espacio; Gerard y Abdiel igual, pero ellos eran conscientes que no podían a menos de que tu quisieras. Sé que si hablas con Medusa ella querrá auxiliarte.

-Si usted debió ganar su apellido, entonces debe comprenderme-aun con una voz sombría, Linus se sentó y dejó caer sus hombros-… debo continuar con el peso de la familia, soy el heredero.

-¿Y qué es lo que tú quieres?-la pregunta sacó a Linus de su zona y tragó saliva meditando.

-Quisiera… quisiera… ser yo mismo-esto último lo dijo con tanta tristeza que el corazón de Irise dio un vuelco. Sintió que ella le puso una mano en el hombro y respiró hondo-… no quisiera fingir más, quiero huir…

-Al menos reconoces qué deseas-Irise sonrió y se dirigió a recoger unos libros-. Anda, mañana es Nochebuena y debemos preparar cuentos navideños. ¿Qué historia te gustaría leer?-sabiendo que no podría sacarle su idea por completo, Irise no ocupaba leer su ente para saber que seguía desesperado, pero al menos la idea de la muerte la había dejado de lado. <<No dejaré que tu madre te siga envenenando>>.

-Me agrada El Cuento de los Tres Hermanos… No es de Navidad, pero me gusta-con su mirada vacua, observó que Irise le tendía una copia de Los Cuentos de Beedle el Bardo. Lo tomó y se limitó a ver la portada. Tal vez ella tenía razón, aun no era tarde para entablar alguna amistad o acercarse a un profesor.

Un regalo inesperado



Los ojos de Nicolas cambiaban de un tono lila a un rojo suave a cada paso que daba mirando la espalda del señor Maximo Eden, el padre de Reveca, un hombre que desde que lo vio por primera vez entendió lo que era el respeto y al mismo tiempo la intimidación. A pesar de llevar una relación por casi 4 años con la menor de los Eden, Nicolas estimaba a toda la familia por haber sido aceptado y porque en general todos le cayeron bien. En la cena de Nochebuena él se había sentado al lado de Reveca mientras frente suyo los dos hermanos mayores de la chica se la pasaron retándose entre sí sobre quién comería más y de los ausentes presenciales era la madre, quien comió en silencio ignorando a casi todo el mundo debido a su superioridad de provenir de una familia mágica sumamente antigua. Nicolas estaba acostumbrado a tales tratos, de ahí que estuviese tranquilo hasta que Maximo pidió verle en Navidad a los terrenos exteriores de la mansión Eden… ahí sí el peliverde sintió lo que era la turbación.

-Nicolas-la voz profunda de Maximo lo sacó de sus pensamientos y se percató que estaba en el bosque. Mirando hacia atrás la mansión se perdía a través de los árboles y tragó saliva-. En estos años has demostrado ser una buena persona dejando a un lado tus capacidades mágicas. Reveca te quiere y es obvio que al estar a tu lado ella es más feliz.

-Agradezco sus palabras, señor Eden-la voz de Nicolas era resuelta, pero se evidenciaba el nervio que le carcomía. Sabía que no pasaría nada malo, pero ese mago siempre le había intimidado-. Si no es mucha imprudencia… ¿por qué estamos aquí?

-Como quiero que seas un hombre de bien-se pausó, pues se notó que Nicolas empezó a toser fuerte y a respirar profundo; cuando se recuperó, Maximo continuó-… y que te muestras temple a tu enfermedad, quiero que estés preparado para cuidar a mi hija cuando yo ya no esté. Tu bien sabes que cosas preocupantes están pasando aquí en Inglaterra y en otros países. Quiero que estés preparado ante cualquier eventualidad… y es mi regalo de cumpleaños para ti, sé que hoy en Navidad eres mayor de edad.

-Gracias por el detalle…-sintiendo picazón en su garganta, el chico se contenía en no convertirse en un zorro para estar bien. En cuanto terminara la reunión lo haría para componerse-… ¿De qué se trata?

-Sabes que todos los jóvenes magos tienen una especie de… “detector mágico” impuesto por los Ministerios cuando ingresan a cualquier colegio y así los monitorean-de un bolsillo de su pantalón elegante sacó un pañuelo que al desenvolverlo mostraba un gusarajo de 10 centímetros aproximadamente y lo dejó en el suelo. Se trataba de una criatura mágica pequeña que tiene la peculiaridad de ser una de las pocas en ser convocada por Accio-. Hoy que cumples 17 años dicho encantamiento se elimina. Nicolas, quiero que aprendas las Imperdonables… no importa si las ejecutas aquí, no podrán detectarte… si lo haces en Hogwarts eso es ya otra situación.

- ¿Es… en serio?-la voz del chico denotaba emoción pura. Sabía que aprendería tales maldiciones hasta séptimo año y estaba prohibido aprenderlas sin vigilancia, pero un adulto responsable se ofreció a enseñarle las artes oscuras más peligrosas. Era su oportunidad de ponerse a prueba, ver sus límites y saber si su condición afectaría el aprendizaje. Una parte de él pensaba si su varita lo soportaría, pero ambos (mago y varita) estaban conscientes que él no se inclinaría hacia un bando que él mismo no aceptaría-… No sé qué decir… yo...-los ojos del chico adoptaron su tono rojo y el cabello cayó hasta los hombros. El aspecto de Nicolas era el que ahuyentaba a sus compañeros de colegio, el causante de que su lado veela alterado repudiara y no atrajera. Si alguien ajeno lo mirase quedaría muy asustado-… Estoy es muy... muy...

-Nicolas-el tono de Maximo indicaba un regaño próximo-… quita esa imagen tuya, por favor. Quiero que estés calmado y así no quiero que las aprendas-por efecto intimidatorio, Nicolas regresó poco a poco a su forma normal y como el cambio fue brusco tosió tan ferozmente que escupió sangre-. Límpiate, hay una lección que debes aprender. Cuando estés listo comenzaremos y tu víctima será este gusarajo.

-Entendido-se limpió con las mangas de su suéter y sacó su varita con cuidado, mientras le pedía perdón y el favor de que resistiera al mismo tiempo para que su cometido se lograra.
----
-¿Mi papá no fue rudo, verdad?-la voz de Reveca, tranquila y elegante, indicaba su inquietud hacia el bienestar del chico, quien caminaba a su lado mientras paseaban por un pueblo muggle. Ambos resaltaban por sus peculiaridades: él por su cabello llamativo y semblante cansado, ella por sus ropas finas y el contoneo firme al caminar, además de que ambos chocaban para la vista de los curiosos que pensaban eran amigos nada más por caminar muy cerca del otro-. Quiere que te cuides… y estés bien.

-No te preocupes-dijo Nicolas sonriendo con afabilidad, gesto que casi no se le veía en Hogwarts-. Logré aprenderlas y eso es lo que importa. Además, ya casi termino el regalo para él y estoy contigo, ha sido una buena Navidad después de todo… y también hay que ir al callejón Diagon luego de aquí, debemos comprarnos los espejos para seguir hablando… Esto de las cartas es tardado y pueden interceptarlas.

--Reveca sonrió de manera extraña, recordándole a la obra de la Mona Lisa y se sintió más cómodo al respecto-. Traigo galeones suficientes para comprarlos. Cuando regrese a Estados Unidos romperé el mío para que no nos descubran-de reojo, la bruja miró en un aparador un vestido blanco hermoso en un maniquí que cautivó su atención-… Wow… es… muy lindo…

-¿Quieres probártelo?-Nicolas torció su sonrisa y antes de que Reveca dijera algo, él continuó hablando-. La óptica puede esperar, no pasa nada si nos atrasamos un poco... además, sirve que le mando una postal a una amiga para animarla... ya sabes, la que le obligan a casarse.

-¿Estás seguro?-al asentir, los ojos de Reveca se iluminaron y sacó de su saco un móvil muggle para marcarla a alguien, se colocó el aparato a la oreja y sonrió cuando se contestó al otro lado-. Papi, ¿puedo pedirte un favor?

Mirando así a Reveca, Nicolas era capaz de olvidar por momentos sus propios demonios, los planes a futuro que tenía, la preocupación de averiguar cosas por el mundo mágico, su investigación de su enfermedad… en ese momento ella importaba, y por ese motivo se esforzaría en continuar con lo suyo compartiendo los éxitos y fracasos con la bruja que adoraba. Definitivamente una buena Navidad y, dejándose llevar por un impulso, el peliverde besó la mejilla de Reveca y ésta se puso un poco roja justo cuando acababa de colgarle a su padre, y para rematar le abrazó con tal fuerza que la chica parecía acoplarse a él.

-Feliz Navidad, Reveca.

-Feliz cumpleaños, Nicolas.

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Capítulo XIX-C: Vientos de Cambio y Vigilia.

Mensaje por Ghostyaya el Mar Oct 10, 2017 5:22 pm

Capítulo XIX-C:
Vientos de Cambio y Vigilia.




BONUS 1

Spoiler:
En la noche del 25 de diciembre, los alumnos cenaban de manera amena y tranquila junto a los profesores que se habían quedado en el colegio y, como eran pocos, el cuerpo estudiantil estaba reunido en una sola mesa junto a los maestros en un ambiente lleno de camadería y libre de tensiones. Markus se había contentado con los demás y repartía su trozo de pan al resto, siendo Medusa la primera en agarrar y darle un buen bocado; Judas tomó un trozo pequeño y pareció guardarlo para después; Euríale no se dio cuenta del ofrecimiento, así que cuando fue el turno de Linus y éste sí agarró, la menor de los Black comenzó a reclamar que ella tenía derecho a un trozo.

Gerard río un poco y simplemente le instó a que tomara un pedazo; Irise cenaba en silencio pero disfrutando del ambiente, aunque era evidente que extrañaba a su hija; Alexander era el más alejado de todos, quien comía en profunda seriedad sin mirar al resto de sus compañeros; y Aline no estaba, pues se sintió mal de la cabeza y avisó que estaría descansando para esa noche en su dormitorio.

Justo cuando la cena estaba por terminar, las lechuzas llegaron con cartas debido a un servicio especial para aquellos que quisieron la correspondencia hasta la noche y fueron dejando paquetes solo para aquellos destinatarios. Medusa recibió dos cartas y se alegró un poco de ver que una de ellas era de Nicolas, así que cuando la abrió su gesto de emoción desapareció por ingerir mal un pedazo de pan y toser fuerte. Dejó el contenido abierto y así todos sus amigos miraron al peliverde con un traje de novio acompañado de una hermosa chica con un vestido elegante blanco.

-¡No!-vociferó Euríale enojada-. Y no nos invitó a su boda, que malo.

-¿Esto es real?-curioso, Linus tomó la postal y la examinó, mirando que se trataba de una fotografía muggle y no mágica-… ¿se casaron en una iglesia muggle? ¿El raro tiene esposa?

-Pero… es muy joven-atinó a decir Judas intranquilo-. Ni siquiera nos la ha presentado.

-Miren-señaló Markus al otro lado de la imagen-. Tiene algo escrito.

-Veamos...-Medusa volteó y su rostro se tornó rojo, suspiró y resignada dijo en voz alta-. “Vimos estos trajes y me acordé de ti, así que te enviamos esta postal en felicitación a tu compromiso con Linus y pues mis bendiciones”. Este malvado…

-Owww, te quiere-señaló Euríale-, pero, ¿ese quién es?-señaló otro extremo de la fotografía y al lado de la novia estaba un hombre alto con un porte demasiado elegante.

-Se me hace conocido...-agregó Linus curioso.

-¿No lo recuerdan?-interrumpió Irise, indicando que había escuchado todo-. Es Maximo Eden, un importante arquitecto mágico, ha venido un par de veces al colegio a examinar la estructura.

-Cierto…-recordó Judas-. Ahora que lo pienso, la última vez que vino Nicolas sostuvo una conversación con él, lo había olvidado porque no le di importancia.

-Primero una novia desconocida, ahora que conoce a un mago famoso-puntualizó Markus-. No sabemos mucho de su vida ahora que lo pienso.

Todos empezaron a discutir de su desconocimiento hacia el ámbito personal de Nicolas, pero Medusa siguió observando la otra carta con las letras “SD” escritas, resignada a que no recibió nada de Blaze. Torciendo el gesto, abrió el sobre y su sonrisa se iluminó por reconocer la letra y ahora sabiendo quién le había mandado dicho mensaje: “Sí lo recibí, pero lo dejaré en casa con mis padres. Feliz Navidad, Medusa. Steve”.



Cabeza de puerco


Ya había pasado la cena de Navidad y los adornos aún no eran retirados, pero el espíritu fiestero ahora se centraba en recibir el año nuevo con energías renovadas y ánimo favorable. Como la mayoría de los alumnos estaban fuera, la ausencia era notoria y el eco de los pasillos resonaba bastante, situación que a Medusa le gustaba porque tenía su tiempo en soledad para meditar sobre qué hacer ante su peculiar situación. Se divirtió bastante en la cena junto a su hermana, Markus, Judas y un Linus serio que a pesar de mostrarse como siempre ante sus amigos, para ella era obvio que su mirada reflejaba tristeza. Le había dejado un regalo sorpresa a Steve antes de que éste se fuera, y le carcomía desconocer si le había gustado o no, pues no podía preguntarle a otro Slytherin porque quería mantenerlo en secreto.

Queriendo escribir una carta a su amigo Blaze porque no hubo respuesta de la anterior, se dirigió a la Sala de Menesteres a paso tranquilo portando sus cosas y se encontró a su hermana cruzando las puertas para ella también entrar.

-Justo a tiempo-dijo Euríale resuelta y sonriendo-. Litten y yo vamos a jugar. ¿Quieres?

-No, gracias-Medusa entró al mismo tiempo que la menor y el umbral se cerró para que nadie externo se diese cuenta-. Voy a escribir un poco. ¿Quieres que le diga algo a Blaze?

-Hum…-Litten empezó a correr por la sala husmeando y apenas iba a perseguirle cuando se quedó meditando-. Que para la próxima vez quiero verlo con pelitos de gato en la cara-Medusa rió y negó con la cabeza, pero sí quiso escribirle eso a su amigo-. ¿Leíste la carta que mandó mamá?

-No…-la pelirroja se sentó y comenzó a prepararse para escribir-. No quiero leerla… no ahorita.

-Pero es mamá…-Euríale torció el gesto y empezó a buscar a su mascota-… nunca sabes cuándo será la última vez que hablaras con alguna persona que amas… me gustaría haberle dado el abrazo de Navidad a ella y a papá.

-Euríale…-la mayor suspiró y reflejó que estaba un poco arrepentida por haberle restringido a la chiquilla pasar tiempo con la familia, pero había sudo decisión suya y no la había obligado-… Por favor... ya habíamos hablado de esto. Además, ella sigue en Rusia y…-incorporó la vista y se extrañó de no ver por ningún lado a su hermana menor. Tampoco la escuchaba ni a Litten, y aunque sabía que ambos estaban bien, le inquietaba no ubicarla-. ¿Euríale? Deja de esconderte…

Pero no hubo respuesta. Estaba segura de que ella estaba sola en la Sala de Menesteres y no pudo evitar en preocuparse. Se levantó de un escritorio en el que escribía y comenzó a buscarlos. La sala en realidad era pequeña, no había sitio en el que alguien lograra esconderse y estaba a disposición de que todos lograran verse entre sí, perfecto para las reuniones que hacían. Medusa tragó saliva y cuando se acercó a la chimenea percibió el calor, pero le extrañó que no fuese tan fuerte como creía. ¿Apenas venía notando eso? Y de pronto, de las llamas saltó Litten y como si el fuego la expulsara, Euríale llegó con una sonrisa de oreja a oreja; pero la pelirroja soltó un grito y retrocedió cayendo a un sillón con las piernas arriba.

-¡Hermana!-exclamó la pelinegra emocionada-. ¡Litten y yo encontramos un camino secreto! Lo estaba buscando cuando vi que atravesó la chimenea encendida. Lo seguí y llegamos a una cabaña rara, pero quise regresar para llevarte.

-Pero… pero…-aun faltándole el aire, Medusa se incorporó y se sacudió nerviosa. ¿No sería un cambio de la Sala? No lo creía, pues mientras hubiera alguien la sala solía mantenerse en las mismas condiciones. ¿Qué sería? -… está bien, vamos… pero si vemos algo sospechoso nos regresamos.

Sacando su varita, Medusa miró la chimenea y el fuego se reflejó en sus ojos. Los cerró y tras dar una bocanada profunda de aire se encarreró como si fuese el andén 9 ¾ y percibió cómo accedía a un pasillo libre del calor de las brasas. Abrió los párpados y notó que estaba en un espacio reducido donde solo cabrían 4 o 5 personas, miró de donde debió provenir y se percibía una pared traslúcida con vista a la sala. ¿Dónde estaba? Sin pensar mucho, Euríale atravesó lo que parecía una membrana con Litten en sus brazos y se notaba muy emocionada. La mayor de los Black suspiró y caminó a lo que creía era el nuevo destino. ¿Un cuarto secreto? Pero olía a comida y cerveza… era imposible, la sala no podía producir alimentos ni bebidas. ¿Qué rayos era?

Empujó con cuidado y una luz tenue de la tarde le indicó que estaba en un pasillo un tanto descuidado. Salió siendo seguida por su hermana y la “puerta” que empujó se trataba del retrato del matrimonio Cathalifaud, la Directora y el antiguo Subdirector sonriendo de jóvenes. Observando mejor Medusa no reconoció el sitio, pero al asomarse por una ventana desde su sitio se ubicó en su totalidad: se encontraban en Hogsmeade. ¿Cómo era es posible? Tomó de la mano a Euríale y Litten, como si supiese que debía ser cauteloso, se mantuvo sereno en los brazos de su dueña y caminaron hasta encontrar unas escaleras. El sonido de conversaciones apagadas y olor a alcohol se intensificó. Tragó saliva con fuerza y bajaron con cautela para no ser descubiertas, pero cuando su visión les permitió ver dónde estaban miraron un bar lúgubre y oscuro descuidado con madera en mal estado, magos y brujas con trajes de viajeros y en la barra al profesor Gerard bebiendo a grandes tragos con sus mejillas un poco sonrojadas. Éste se detuvo un momento y comenzó a inspeccionar la bebida como si le hubiesen echado algo.

-¿Estamos… en la Cabeza de Puerco?-susurró Medusa inquieta. ¿Un pasadizo de Hogwarts conectaba con el pueblo? Eso sería muy importante comentárselo a los demás si lo requerían a futuro, pero le asombraba que fuese en particular a este sitio y no a otro.

-Eso parece…-correspondió Euríale asombrada hablando en voz baja-… debemos regresar, que no nos descubran.

Dieron media vuelta para irse, pero mientras caminaban para regresar al Colegio y planear cómo decirles a los demás, escucharon a través del barullo a su profesor hablando en tono cantarín: - Las aventuras de estudiante pueden ser en ocasiones emocionantes y nunca se olvidan, pues de alguna manera te definen para el futuro… No, no bebí demasiado… ya, ya me voy de aquí, ten algunos galeones.


Sangre sucia


Él podía percibirlo con cada paso que daba en el Ministerio de Magia acompañado de sus padres, quienes se maravillaban ante la idea que bajo la tierra de Londres se haya un edificio de tal magnitud y por ello no se percataban que eran objeto de atenciones: “este sangre sucia acompañado de muggles”, “la magia solo debería ser para magos reales”, “hay que traer un equipo de limpieza”, pero claro, Steve sabía que dichas exclamaciones solo eran por parte de los radicales extremistas de la pureza de la sangre, pues de vez en cuando otros lo atendían de manera educada, cordial y afables a pesar de que sabían de su origen.

En la mañana había estado desayunando con sus padres, Markus y Susan, para su visita al Ministerio y registrar el hechizo que acaba de inventar. Él era mayor de edad, así que habría podido ir solo; pero también quería que sus progenitores se diesen una idea del mundo al que ahora el chico pertenecía, así que los había invitado para ir juntos los tres por las calles de Londres. Como eran visitantes, tuvo que ir a una cabina de teléfono abandonado, marcar ciertos números y fue atendido por una voz femenina que le dio instrucciones para otorgarle una placa de plata indicando sus datos y motivo de la visita, después la cabina empezó a hundirse hasta llegar al Atrio en el octavo nivel, un pasillo largo y espléndido con un suelo pulido de madera oscura, con su techo azul brillante con incrustaciones de gemas y oro en movimiento constante y paredes de madera oscura brillante con chimeneas en las que cada pocos segundos salían magos o brujas que trabajaban ahí y a mistad del camino miraron a la conocida “Fuente de la Hermandad Mágica”, estatuas de oro de un mago, una bruja, un centauro, un duende y un elfo doméstico, emanando agua de varios lugares en la piscina por debajo.

¿Hipocresía, dónde? -había pensado Steve antes de ser interrumpido por el Guardia que le indicaba el camino a seguir para registrar el hechizo que inventó y, como se trataba de una actividad peligrosa porque la invención no es cosa sencilla, se dirigió al Departamento de Seguridad Mágica en el segundo nivel del Ministerio y fue a partir de ahí que notó la tensión de algunos empleados por ser nacido de muggles. Según recordaba, los profesores decían que el ambiente ante eso no era tan fuerte y que la discriminación era de unos pocos años para acá; sin embargo, Steve siempre consideró exagerado ese grado de racismo y no le afectaba como cuando era un jovencito que recién ingresaba al mundo mágico. Su mayor alivio era que sus padres desconocían tal eventualidad y así ellos no se verían afectados.

-¿Todo esto debajo de Londres?-preguntó Gabriel Dunham cautivado y emocionado-… Solo era posible con la magia. Aunque la decoración es muy ostentosa y no le veo mucha utilidad.

-¡Cariño!-regañó Susan como si quisiera callarlo-… No seas irrespetuoso… aunque debo admitir que tienes razón… y ese centauro no se parece en nada a como lo dibujan los mitos.

-¿Ahora quién falta al respeto?- cuestionó el padre y Steve soltó una risa pequeña. Concordó con ellos en cuanto la ornamenta del Ministerio, pues hasta en Hogwarts los retratos y las estatuas tenían su función.

Cuando llegaron al Departamento apenas iba a entrar cuando reconoció en la entrada a un hombre que usaba lentes de sol- ¿Quién usa lentes así dentro de un edificio? -y una barba de candado con corte alineado que parecía observarlo a través del cristal oscuro. Era Fernando Sacramento.

-Bien, no entres al departamento-señaló el mago y saludó con cortesía a los padres de Steve-. Vamos, la Sala de Pruebas es por aquí-extendiendo la mano, Fernando se adelantó para guiarlos y Steve se preguntó cómo la profesora McGrowell conocía a un tipo así, recordando que ella estuvo trabajando en el Ministerio por unos años y que seguramente fue en ese lapso.

-Mamá, papá, no se separen, ¿sí?-puntualizó Steve en un tono de voz suave y atento, sonriendo tranquilo y con una faz calmada que no era usual en él cuando estudiaba en el Colegio-. Espero que estén cómodos.

A los pocos minutos llegaron a un pasillo con el mismo diseño del Atrio, pero con distintas cámaras y puertas selladas con una pequeña ventana en las que seguramente al otro lado se realizaban las pruebas de las magias de invención. Steve era consciente de que su invento era peligroso y si lo realizaban manos inexpertas el resultado sería fatal, por lo que dudaba si existía la seguridad pertinente en el sitio. Fernando le señaló una puerta abierta y cuando iban a pasar detuvo a sus padres diciendo que sería peligroso para ellos y era mejor que se quedaran afuera. Steve les sonrió para restarle preocupación y cuando pasó a la sala se sorprendió al ver que estaba vacío y el espacio era descomunal para la proporción que el umbral indicaba. El Inefable cerró tras de sí la entrada y le pidió al alumno mostrar el hechizo.

-Está bien-Steve suspiró y sacó su varita para concentrarse y apuntar a la nada. Haciendo acopio de sus memorias negativas, frunció el ceño junto a un movimiento decidido y agresivo de la mano-. ¡Ira Esse Armum!

El aire en la sala pareció arremolinarse en un trueno y de pronto una luz gris similar al patronus salió de su varita para convertirse frente a él en una poderosa llamarada negra que al terminar de ser conjurada se convirtió en un imponente fénix de fuego negro. Fernando, por su parte, sacó un cuaderno y pluma muggle para anotar todas las observaciones mientras Steev luchaba de nuevo con el control del ser y no hacer daño a alguien. Sabía que a través de la ventana era observado por sus padres y no quería asustarles, pero sabía que ellos no podrían evitar sentirse intimidados ante el poderío y gravedad de su hechizo. Pasados unos pocos segundos lo deshizo con su voluntad elevándolo al techo apuntando con su varita mientras esa cosa lanzaba un rugido al desvanecerse.

-Muy bien… Maleficio de rango alto, tres palabras de conjuración-expresó Fernando en voz alta con cierta intriga en su tono de voz-, lo contrario a un patronus y denota bastante fuerza. Dunham, quiero que lo hagas un par de veces más para recopilar información. ¿Puedes hacerlo?

-No hay problema-respondió con su voz seca y gruñona, dispuesto a ver sus propios límites de ejecución.

Pasado una hora, Steve salió de la sala muy cansado, respiraba con dificultad y sus padres lo miraban con una mescolanza de inquietud, preocupación e incertidumbre por ver a su hijo realizar algo que era “oscuro” y que su templanza no se viese menguada. Su madre lo recibió con un abrazo y su papá le puso una mano en la espalda mientras esperaba que el tipo de lentes de sol explicara: él se encargaría del registro y en unos días llegaría una placa a su casa muggle con la certificación del hechizo, además que las futuras aplicaciones ya se revelarían con el tiempo, además de advertirle a Steve que solo lo realizara en casos de emergencia y en cuanto regresara a clases pasara con la profesora D’Arc-en-Ciel y la Directora para que ellas analizaran si era bueno agregar el maleficio a las clases o hasta el siguiente año.

Los acompañó hasta el Atrio y cuando ya se iban a ir le tendió la mano a Steve y éste correspondió con un poco de debilidad; no obstante, sintió que Fernando le daba una especie de carta que guardó de inmediato debajo de la manga larga de su sudadera y asintió para indicarle que ya lo poseía. El Inefable sonrió y se retiró mientras el chico y sus padres entraban a una cabina telefónica para regresar al exterior y llegar pronto a su casa. En cuanto pisaron calles londinenses se apresuraron a subir a un autobús y buscaron dónde sentarse para el trayecto; mientras los papás planeaban la cena y ahorrar para la víspera de año nuevo, Steve sacó el papel que le había dado Sacramento y al leerlo, sus ojos se abrieron mucho y las manos comenzaron a temblar: El Ministerio ha caído. No confíes en nadie… Dile a Irise que la amo, que nunca lo olvide y que cuide a nuestra pequeña”.


Un saludo especia
l


Faltando un par de días para que acabara el año en curso, Alexander disfrutaba de una velada tranquila en Hogsmeade en el local de Madame Pudipié con una mujer que tenía un acento francés marcado. El sol se filtraba por las ventanas haciendo notar que el atardecer era inevitable, pero el profesor Black no le importaba en absoluto siempre y cuando estuviese al lado de ella, su novia desde hacía un par de años Gaia Dupont, profesora de la Academia de Magia Beauxbatons y que lo ocultaba para todos por decisión de ambos, incluso siendo ayudado por la propietaria del salón para que los dos disfrutaran de sus veladas en privado. Dos veces al mes se veían alternando entre Inglaterra y Francia para ver juntos el atardecer según el plan del día, y ahora tocó hacerlo mientras bebían té en tranquilidad.

Cuando la noche cayó salieron tomados de la mano y la luna llena se encontraba en su apogeo, por lo que Alexander recordó que seguramente Joseph debía estarla pasando difícil por su enfermedad y deseaba que no fuese así. Llegó la hora de despedirse y Gaia sacó de un bolsillo un listón rojo que sujetó con fuerza para después besar a Alexander e irse porque el objeto era un traslador. Solo, el profesor Black se acomodó su saco y comenzó a caminar rumbo al castillo pensando si pasaría año nuevo en el Colegio o en Hogsmeade. En el primer sitio se sentía incómodo con sus compañeros, pues las sospechas que tenía de ellos no se desvanecían; por otro lado, la Directora no tenía la culpa de nada y no quería dejarla sin compañía.

-Esa soledad tuya te vendrá matando, Alexander-la voz de un hombre a sus espaldas le tomó por sorpresa y al voltear a verlo no lo reconoció, pero aun así supo de inmediato a qué iba-. Parece ser que esta noche eso ocurrirá.

-Es una lástima que sea dos contra uno, pero la vida es injusta-al lado del desconocido llegó volando otro mago envuelto de humo negro que al tocar suelo reveló su presencia-. Ella te manda saludos.

-Sí… es una lástima-respondió Alexander primero en tono serio, pero a continuación su voz adquirió un hilo sarcástico-… que sean dos contra uno.

El primero que había llegado sacó un frasquito al que le quitó el tapón y bebió de su interior tan rápido que no parecía contener algo. Arrojó el objeto vacío y sonrió para desaparecer de la vista de Alexander. El profesor sacó su varita para apuntar al segundo cuando sintió a alguien detrás suyo y al voltear miró al que se desvaneció.

-Nunca des la espalda al enemigo, Alexander-advirtió el primero en tono burlón-. ¡Confringo!

Alexander se hizo a un lado para que la maldición no diera con él y sólo escuchó que el árbol detrás de él explotó haciendo un gran estruendo, pero el mago que se encontraba cerca de él lo pateó en las costillas arrojándolo al suelo y el frío de la nieve atravesó sus ropas. Entrecerró los ojos y le pareció ver una sombra rápida moverse que se dirigió al primer atacante y a su lado reapareció el que lo pateó.

-No... no, Alexander-se burló de nueva cuenta el que lanzó la maldición explosiva-. ¿Es todo lo que tienes? ¡Conjuntivitis!

-¡Protego Horriblis!-un escudo translúcido blanco rodeó a Alexander y la maldición de la vista rebotó, pero de nuevo escuchó un sonido detrás de él y sintió un puñetazo en el rostro. Se preguntó que como era posible que atravesaran dicho escudo, pues ya repelía el combate físico. Sintió un sabor metálico en su boca y al escupir una mancha escarlata entintó la blancura de la nieve.

-Creía que eras más listo-comentó de manera agresiva el que realizaba los golpes físicos mientras el escudo invocado por Alexander se desvanecía-. Esto será demasiado fá…

Se interrumpió porque Alexander había girado sobre sí y lo pateó provocando que cayera al suelo. Con el mismo impulso del giro el profesor se incorporó y sin dar tiempo al otro a reaccionar dijo: ¡Petrificus Totalus!-pero al que apuntaba ya no estaba en el suelo. Aun así, sonrió con una línea fina de sangre saliendo de una de sus comisuras.

-Nos estamos divirtiendo, pero es hora de que acabemos, hace frío y aún debemos buscar tu Reliquia-habló el que se había limitado a lanzar hechizos y apuntó al corazón. - Avada Keda…

-¡Ebublio!-interrumpió Alexander y a una increíble velocidad corrientes de agua cristalinas se formaron alrededor del ambiente y atraparon al conjurador en una esfera impidiendo que respirara, hablara e incluso sin que se moviese. El orbe empezó a elevarse mientras el profesor Black apuntaba con su varita dirigiendo el movimiento y, anticipándose, un látigo de agua salió de la burbuja rumbo a su espalda y con solo escuchar el grito del otro mago asesino supo que lo había atrapado. Concentrándose juntó a los dos en una sola esfera demasiado enorme y veía cómo la falta de aire provocaba espasmos que buscaban aire vital.

El docente se limitó a sonreír de lado y deshizo el hechizo haciendo que los dos individuos cayeran a más de tres metros de altura, desmayando por el impacto y la falta de aire al que se “desaparecía” y el otro en un estado de semiinconsciencia que buscaba su varita en la nieve. El mago Black se acercó y pisó el objeto mágico del enemigo mientras éste alzaba con lo que podía su cabeza con cara de dolor y confusión.

-¿Cómo?…. ¿Cómo le hiciste? Ese hechizo… solo es con una burbuja… y con cierto tamaño… te cansa…

-Hoy es una hermosa luna llena, ¿no es así? -dijo Alexander mientras se limpiaba los labios-… Tu amigo usó la poción Velsotit… y tu especializado en maldiciones… Lástima que solo eran dos contra uno.

Alexander escuchó que unos pasos se acercaban a gran velocidad y dedujo que se trataban de las dos aurores que se quedaban en Hogsmeade. Se acomodó su saco, relajó los hombros y cuando daba media vuelta para irse miró a su “asesino” sobre su hombro y sus ojos se mostraron tan vacíos que el susodicho se asustó.

-Y dile que la próxima venga ella misma si quiere un trabajo bien hecho-y diciendo esto, el profesor Black caminó rumbo al colegio decidiendo mejor pasar Año Nuevo dentro de la escuela. Había recibido daños y debía tratarse para que su novia no notase que se había metido en una pelea.

BONUS 2
Spoiler:
Pensaba llegar al colegio y descansar, pero conforme avanzaba Alexander se percató que las heridas infringidas eran más graves de lo que aparentaban y le costaba bastante caminar. No estaba en peligro de muerte, pero no era muy bueno en medimagia y un error podría empeorar su situación, además que requería concentrarse bastante y no podía. Finalmente se decidió por ir a la cabaña del Subdirector muy a su pesar y con las pocas fuerzas que tenía tocó la puerta. A los pocos segundos Gerard abrió y fue recibido por un olor de chocolate caliente y sin poder evitarlo tosió.

-¿Puedo entrar?-preguntó el profesor Black, pero rápidamente Gerard le brindó ayuda cargándolo por el hombro con su rostro evidenciando preocupación, además que antes de cerrar los dos observaron el panorama por si no había alguna mirada curiosa. Acto seguido se sintió observando cuando tomó asiento y bajó la vista-. El frío empeoró la situación.

-¿Qué fue lo que te pasó?-cuestionó Gerard en un tono de reproche e inquietud. Era evidente que estaba preocupado.

-¿Sabes que es irónico?-Alexander sonrió con sarcasmo y la sangre seca de sus comisuras se difuminó de manera terrible-. Ese día los acusé a cada uno de ustedes de traición y tu dijiste que esperabas que yo no requiriese tu ayuda… y mírame aquí-tosió y al hacerlo miró un manchón de sangre fresca-.. me esforcé de más y no me había percatado del daño por la adrenalina.

-Alex…-tenía años que no le decía así desde que eran estudiantes. Gerard miraba a través de las paredes a donde sabía que se ubicaba el colegio y luego a él-. Debemos ir a que te atiendan.

-… Vinieron por mí en Hogsmeade. Me iban a matar por la reliquia de la muerte que poseo-Alexander tosió más y sintió un calambre de dolor en su costilla donde recibió un golpe. Suspiró para relajarse y continuó-. Fueron dos, pero si te cuento esto es porque a pesar de todo lo anterior… eres la persona que más admiro-alzó la vista y sonrisa ácida cambió a una amable-. Es probable que vengan por ustedes para sacarles información de mí.

-Puedes tener razón, me he encontrado a gente así antes. Debemos alertas a los demás; pero con discreción y te insisto, vayamos al colegio para atender tus heridas-atinó a decir Gerard pero, aunque se mostraba con serenidad y preocupado, pensaba que esa fue una jugada muy arriesgada y que sus heridas eran más físicas que mágicas…. Como si alguien lo hiciera con cizaña y no con un objetivo impersonal.

-No. Nadie se debe enterar de esto, tampoco la Directora-Alexander se movió un poco y no pudo evitar gruñir de dolor-. Necesito indagar más de esto… -él sabía quién había dado la orden de matarle, mas no podía dar indicios de conocerlo para evitar movilización de los demás-… podríamos solo indicar que tú y yo sospechamos de que atacarán por mi posesión. No quiero que me traten en la Enfermería y la única profesora que podría ayudarme ya no recuerda nada.

-Demonios, Alex... pides algo muy arriesgado-Gerard suspiró mientras iba a una alacena enmohecida por el clima y sacó unos frascos antiguos con brebajes y plastas-. Tengo medicinas de sobra y podré tratarte algunas heridas. Las tengo por mis paseos… y puedo fingir otras visitas al bosque si lo requiero-Alexander sintió la fuerte mirada de su compañero y no le apartó la vista-… a veces creo que mi cabaña es un imán para los secretos.

-Gracias...-fue lo único que dijo el profesor Black cansado mientras se preparaba para ser atendido quitándose sus ropas elegantes. Independientemente de su ataque, sabía que las cosas se iban a poner peor y aunque no quisiera tendría que poner de su parte para ayudar.  

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Capítulo XIX-D: Vientos de Cambio y Vigilia.

Mensaje por Ghostyaya el Lun Oct 16, 2017 12:08 pm

Capítulo XIX-D:
Vientos de Cambio y Vigilia.



Muggles y su “magia”

¿Era miedo? No, algo peor: incertidumbre. Era víspera de Año Nuevo y antes de unirse a la festividad muggle de tal evento, Lloyd se había ido a investigar a una biblioteca pública acerca de las runas porque consideraba que a lo mejor alguna información desapercibida se encontraría bajo el poder de los humanos normales; en sus vacaciones había estado recorriendo este tipo de sitios y justamente antes de irse encontró un libro interesante cuando de pronto hombres trajeados y de aspecto de “guardaespaldas matón” solicitaron su cooperación voluntaria para escoltarlo a una limusina elegante; le arrebataron su teléfono, su cartera y, sorprendentemente, su varita, confiscándolos en un maletín pequeño siempre a su vista, pero imposible de obtenerlos de regreso.

A pesar de que los sillones eran cómodos, el joven Puppeter tamborileaba con sus dedos y se arrepentía de no haber aprendido magia sin varita, pues con solo extender su mano y pronunciar “Accio maletín” podría hacer algo. ¿A dónde lo llevarían? Pensó en que sus padres estarían preocupados por su ausencia prolongada y que no se comunicaba con ellos; rápidamente supo que se trataba de alguna organización muggle porque no había indicaciones de magia o el uso de ésta, mas sí tenían conocimiento porque la arrebataron la varita. ¿Enemigo? ¿Lo habían rastreado? ¿Y si sus padres estaban en peligro? Su papá, un muggle sin… Rápidamente el chico negó para sí y suspiró hondo para obligarse a evitar esos pensamientos y relajarse, pues sacar conclusiones apresuradas no lo llevarían a ninguna parte.

Conforme tomaba la ruta el chofer de la limusina, Lloyd supo que se dirigían al centro de Londres y cada vez más se retiraba de su hogar. Inquieto, comenzaba a planear cómo escapar de su “secuestro” y usar magia bruta. No le agrada algo que no controlaba, pero de no ser así… no era alguien atlético ni fuerte, por lo que no podía depender de su condición física. Mirando al suelo, de reojo notó un edificio que su memoria reconoció y al alzar la vista, su corazón aceleró cuando la ruta era obvia: estaban llegando a Downing Street, una calle famosa que contenía las residencias oficiales de los dos poderes más superiores de la entidad británica, el Primer Lord del Tesoro y el Ministro de Hacienda. La respiración de agitó más cuando fue viendo los números de las casas y el auto se detuvo frente al número 10, un edificio sobrio negro de ladrillo de dicho color y rejas oscuras a un metro de altura, con ventanas largas con cortinas blancas y una puerta de mármol negro pulido que brillaba con el sol de la tarde. Estaba en la casa del Primer Lord del Tesoro, el Primer Ministro del Reino Unido.

-¿Qué… hago… aquí?-se preguntó en voz alta, pero no obtuvo respuesta porque uno de los “agentes” abrió la puerta y le instó a que saliera. Cuando ya le dio el aire frío urbano, miró que el umbral de la residencia se abría y se mostraba una mujer de aspecto tan elegante y de belleza extraordinaria que el chico no pudo evitar tragar saliva y quedarse mudo.

-El Ministro te espera-dijo la mujer. Pero entonces Lloyd recuperó la compostura y se turbó. ¿El Primer Ministro Muggle?-. Anda, no vayas a pescar un resfriado-Lloyd hizo caso y fue seguido por el hombre que portaba el maletín con sus cosas-. Perdona la brusquedad, pero no podemos tomarnos medidas sencillas-la voz de la mujer, sedosa y ácida, era una mezcla seductora para cualquier hombre que ella quisiera. Lloyd reconocía que aunque no caería tan fácilmente tarde o temprano pasaría algo.

Caminando por pasillos iluminados con luces artificiales, alfombras aterciopeladas y retratos de distintos hombres con cargos altos de Gran Bretaña, el joven mago seguía cuestionando por qué estaba ahí. No recordaba que su padre siquiera tuviese contacto con las esferas políticas de tal magnitud, ni haber violado alguna regla muggle o siquiera haber pensado en la Reina. Pasados unos minutos llegaron a una sala sencilla con muebles de alto costo, hasta Lloyd sintió que si tocaba algo lo rompería… pero al fondo estaba un hombre de traje elegante que lo miraba con cierta curiosidad.

-Primer… Primer.. Mi… Mi…-Lloyd balbuceó emocionado e intrigado, pero el hombre le sonrió y negó con la cabeza.

-Dime Walpole, nada más-el joven sabía de Historia. Walpole era el apellido del Primer Ministro de Magia y el actual lo compartía a pesar de no ser parientes-. ¿Sabes por qué estás aquí, mago?

-No, señor Walpole. Yo solo estaba en una Biblioteca y… Un momento… ¿Me dijo mago?-Lloyd soltó un bufido fingido de sorpresa-. Señor, con todo respeto, yo no hago trucos de calle.

-Lo sé, señor Puppeter, usted es alumno de Hogwarts y de séptimo año. Ravenclaw si no me equivoco-el chico se asustó de que un muggle de ese calibre supiese tal información, pero el impacto fue reduciéndose mientras meditaba de todo eso-. No te preocupes, tengo autorización del Ministerio para…

-Como usted es el Primer Ministro, es lógico que usted sepa de la existencia de la magia-atinó a decir Lloyd más para sí mismo-… seguramente cada vez que haya un nuevo Ministro se entera, pues todos los movimientos sociales, políticos y económicos afectan al otro de alguna u otra manera, así el estatus quo se mantiene y…

-Chico listo, como se dice de los miembros de Ravenclaw-satisfecho con ello, Walpole fue a un escritorio del que sacó un libro-. Y si bien creo, tú debes saber lo que está pasando en el Mundo Mágico, ¿no es así?-en el tono expresado, Lloyd supo que ese hombre sabía mucho más que la gran mayoría de los muggles e incluso otros magos-. Cuando nosotros llegamos aquí, el Ministerio de Magia se contacta con uno para decir UNA SOLA VEZ que la magia es real y es todo, pues los lazos de comunicación no son tan… constantes. Desde hace unos 5 años aproximadamente, mi antecesor recibió muchos mensajes de parte de ustedes, cosa extraña… y yo cuando entré hace dos años me ocurrió lo mismo. Los dos sospechábamos que algo ocurría, pues las líneas de contacto son estrechas y recibí ofertas de que me pagarían con oro si les ayudaba con algunas cosas, obviamente me negué.

-¿Y usted me cuenta todo esto por qué?...-había personas más calificadas para saber de eso. Lloyd era consciente que solo era un estudiante y sus profesores eran magos y brujas con mejores aptitudes.

-Me llegó un reporte de que alguien investigaba de magia desde hacía semanas. No le tomamos importancia porque de vez en cuando uno de nosotros, los muggles como ustedes nos llaman, lee ese tipo de cosas; sin embargo, se dieron cuenta de que esa persona era alguien específica, con detalles de búsqueda poco habituales y supimos que eras un mago-Walpole tendió el libro que había sacado para dárselo al chico-. Mi antecesor y yo acordamos que si alguien hacía eso le otorgaríamos esto… Nosotros, los muggles, también tenemos nuestros secretos, joven Puppeter.

Lloyd lo tomó inquietó y supo que se trataba de un libro escrito en runas antiguas, no al nivel del que había encontrado Lancelot; pero sí con conocimientos mágicos que el propio título le dejaban con hambre de curiosidad: “Erised Stra Ehru Oyt Ube Cafru Oyt on Wohsi”. -¿Qué es esto? ¿Y cómo es que me puede confiar algo así?

-Si fueras uno de ellos… ya me habrías matado-sonrió Walpole y con un movimiento de su mano la joven que recibió a Lloyd se acercó-. Tú le darás mejor uso que yo, Puppeter. Espero que el conflicto que se gesta en tu mundo no llegue a los ojos muggles. Nosotros los humanos no estamos preparados para la existencia de la Magia. Y por cierto, tus padres saben que estás aquí, le llamé personalmente a tu padre y mi chofer te llevará a casa. Tranquilo, y cuídate.

La mujer encaminó a Lloyd quien sostenía el libro ansioso, pues aunque no entendió el título deseaba llegar al Colegio para comenzar a investigar de eso y contarle a los demás lo que le había pasado. No sabría si omitir algunas cosas, pero evidentemente los planes del enemigo eran mayores si es que se interesaban en relacionar a los muggles a pesar de su renuencia a la pureza de la sangre mágica. ¿Qué buscaban en realidad?

-Se te dará la varita cuando llegues a tu casa-dijo la mujer, evidenciando que ella sabía de la magia también-… y, dile a Theodore que no se olvide de mí, no quiero que se sienta solo-sin darle oportunidad de responder, cerró la puerta de la limusina y éste arrancó para llevarlo a casa. Lloyd volteó a ver a la mujer y notó que sonreía de manera extraña. De nuevo esa incertidumbre que lo carcomería hasta ver al profesor Triggr y preguntarle qué estaba pasando.
Lo que oculta el destino


Desde hacía tiempo lo sospechaba, pero solo eran pensamientos suyos hasta que, mientras se arreglaba para la fiesta de Año Nuevo, Aline McGrowell se percató que algo andaba mal con su mente. No solo era que olvidaba la ubicación de algunos salones, libros de los que estaba segura ya había leído o nombres de alumnos y compañeros; la Jefa de Gryffindor era consciente que algo malo ocurría y empeoraba cada vez más: mientras se peinaba ya lista para ir al Gran Comedor, en un parpadeo su vestido cambió de color de un tono rojo oscuro a uno azul cielo y en el espejo estaba escrito la frase “No lo olvides” bajo el encantamiento Flagrate con líneas finas de fuego. Al momento de leerlo se mareó y tuvo que sostenerse con fuerza apoyándose en el buró, recibiendo de golpe algunas de esas memorias perdidas como al olvidar su salón de Encantamientos, su plática con Steve en el bosque, que el nombre de la gatita que parecía cuidarla era Sion y que ya se había despedido de los profesores antes de las vacaciones.

-No... nadie debe enterarse…-susurró mientras se cambiaba de vestido tratando de mantenerse serena. No quería que la mandaran a San Mungo por su propio cuidado, pues sabía que la Directora daría la orden si supiera de sus problemas. Afortunadamente había llegado Gabriel a pedirle ayuda con una investigación y esa casualidad la salvó-… ¿De verdad fue casualidad o lo he olvidado?

-¡Se te hace tarde!-la voz de Gerard se hizo resonar al otro lado de la puerta de su habitación. Miró su reloj de pared y se dio cuenta que hace tres horas solo le faltaba peinarse… acababa de perder tres horas de su vida-. ¿Estás bien? No sueles ser impuntual.

-Dame… dame un momento-dijo la profesora con voz temblorosa terminando de arreglarse. Suspiró para verse en el espejo y relajar su semblante, aunque rápidamente sacó una poción relajante de su reserva para emergencias y al beberlo sintió rápidamente su efecto. Su reflejo evidenciaba que estaba más calmada y sonrió, lista para recibir el año nuevo. Caminó a la puerta y abrió la puerta para recibir a Gerard que vestía un traje negro con un moño del mismo color que resaltaba por su camisa blanca bajo el saco. Sin poder evitarlo, Aline se sonrojó y carraspeó-. Te ves bien, al menos decente como debe ser por parte del Subdirector. Disculpa la tardanza.

-Anda, vamos-Gerard extendió su brazo al otro lado de su compañera indicando que podía caminar-. Hace hambre y en unos minutos los duendes servirán la comida. Hay una fuente de chocolate que necesito ver.

Aline sonrió, pero cuando dio un paso al frente sintió un leve mareo y se detuvo en seco mirando el pasillo del colegio. Asustada, miró las decoraciones en el tejado y así se quedó por varios segundos. Gerard, por su parte, alzó la ceja extrañado y le puso una mano en el hombro mientras ella le daba la espalda.

-Oye, si no quieres ir a la fiesta quédate a descansar…-pero entonces Aline volteó a verlo y su corazón aceleró, pues la mirada de la profesora era completamente distinta. Uno más juvenil, sin menos preocupaciones…

-¿Gerard? ¡Gerard!-Aline puso sus manos en la cintura y negó con la cabeza-. ¿Quieren que los profesores te expulsen? ¿Te ayudó Evan verdad? Hablaré con ese niño cuando lo vea de frente… la poción envejecedora es solo para situaciones requeridas, no para bromas.

-Este…-el Subdirector se quedó pensativo, preocupado y sin saber qué hacer. ¿Dijo profesores? Entonces debe creer que eran estudiantes. Eso era malo-… tu… yo… ya… sí, ya sabes cómo soy-Gerard se señaló y sonrió guiñando un ojo-. No podemos recibir año nuevo sin una buena broma, tranquila, no me pasará nada.

-Pueden expulsarte del torneo de Quidditch… no podrás enfrentarte a otro colegio si sigues así-con esa información Gerard supo que específicamente creía estar en sexto año, cuando ambos tenían 16 años y el Torneo Internacional continuaba-… y debes cuidarte de ese hombro-cuando miró que Aline entrecruzaba los dedos de su mano con la suya sintió un calofrío que le recorría la espalda y río nervioso... ella creía aun que eran…

-¡Jajaja!-Gerard carcajeó y retrocedió con su corazón acelerado-. Nadie podrá detener al Dragón Cazador-cuando dijo esto último sintió una punzada melancólica. Nadie usaba ese apodo en años-... van a creer que soy invitado de la fiesta y no me descubrirán. Además, soy el capitán del equipo de Quidditch de Hogwarts, Beth y la Subdirectora abogarían por mí si es que lo requiriera. Sé cuidarme solo.

-No cambias, ¿verdad?-Aline sonrió y de nuevo Gerard se sentía nervioso. Ya la había visto con ese gesto infinidad de veces. ¿Por qué ahora? -. Ni modo, me quedaré contigo hasta que se pase el efecto de la poción, y si alguien viene tendremos que huir, soy tu cómplice ahora y me acataré al crimen-le dio un beso en la mejilla y de nuevo Gerard sintió ese enorme calosfrío recorrerle su cuerpo-. Qué extraño, con la poción debiste ser más alto. No debes crecer mucho entonces… quedarás muy bajito.

-¿Ah, sí?-Gerard se llevó una mano en la espalda y respiraba hondo para tranquilizarse-. Evan no me dijo nada… bueno, ¿qué hacemos entonces? -tenía hambre, pero estaba nervioso de que su amiga se encontrara en ese estado y no permitiría revelarle la verdad en este momento. Se pondría muy mal-. Podríamos ir… afuera, nadie nos vería ahí, todos están en el Gran Comedor.

Gerard estiró su mano para tomar la de Aline, pero se detuvo un segundo pensando por qué estuvo a punto de hacerlo. Ellos no eran nada, solo amigos… la Jefa de Gryffindor se adelantó para sujetar la suya y lo jaló para iniciar una carrera a los jardines exteriores. Por unos segundos olvidó que era el Subdirector, sus compromisos ante los alumnos, los secretos que debía guardar y se limitó a sonreír y a disfrutar la velada inesperada. Una parte suya no ignoraba que se trataba de una mala jugada de la mente de su compañera, pero no había peligros y podrían relajarse. Pasados unos minutos llegaron afuera y la nieve cubría todo el suelo, pero brillaba gracias a la luna que se asomaba como si quisiera recibir el año nuevo. No era luna llena, pero sí lo suficientemente grande para llamar la atención. Gerard se le había quedado viendo hasta que escuchó una risa divertida proviniendo de Aline y al voltear a verla la encontró haciendo magia sin varita y no verbal dándole forma a la nieve de mariposas que revoloteaban alrededor suyo.

¿Tanto ha afectado el tiempo a dos? Claro, 10 años no pasan en balde y no solo hay cambios en la actitud; pues solo tuvo que llevarse una mano en el hombro para que Gerard recordara la cicatriz que ocultaba a la vista de casi todos, una marca que lo hizo abrazar a la Muerte y del que por puro milagro había escapado. Su rostro le dolía, pero al tocarse se dio cuenta que sonreía demasiado. Siempre reía, pero esta era tanta que sus mejillas se entumecían y no era por el frío. ¿De qué se trataba?

-¿Te vas a quedar ahí?-cuestionó Aline negando la cabeza-. Tu deberías ser quien juegue en la nieve, yo no. Anda, descansemos para que tu poción termine, ya debe faltar poco.

Y ahí lo supo. Sus ojos brillaron y el corazón del docente aceleró más. ¿Tanto tiempo le tomó y tuvo que ser en ese preciso instante? Ahora entendía sus deseos de cuidarla, sus celos a Gabriel, su confianza hacia ella y sus ánimos altos cuando intercambiaban palabras. No era por el pasado ni por la amistad profunda que había entre los dos hoy en día: los sentimientos de hace 10 años no habían cambiado nada en absoluto. Gerard suspiró y caminó hacia la profesora, quien seguía de pie con su vestido rojo oscuro y le sonreía; sabía que era distraído, ¿pero tanto? No, no era eso; su mente quería engañarlo para protegerle de cierto sufrimiento que crecía a cada paso que daba para acercarse. ¿Podría tolerarlo?

-Gerard, ¿estás bien? -estaba tan cerca de ella que se ruborizó, pero sabía por qué caminaba así. Se relajó, se abrazaron y se besaron. Por un momento a Aline le pareció que habían pasado años desde algo así, pero solo fueron unas horas cuando se despidieron y celebrar Año Nuevo esperando a que Beth dijera el discurso. ¿Por qué su cuerpo reaccionaba con anhelo? No importaba. Disfrutó ese gesto pasional, maduro… melancólico; sin embargo, cuando ambos se alejaron para tomar aire, Aline se mareó y se dio la vuelta para recomponerse.

En un parpadeo, de estar en el pasillo en el colegio pasó a estar afuera en el frío. ¿De nuevo sufrió un lapsus de fallo de memoria? La exprofesora de Encantamientos se puso nerviosa, y más porque la poción relajadora había culminado su efecto. ¿Qué estaba haciendo ahí en vez del Gran Comedor? Agradeció que nadie la hubiese mirado en ese estado.

-Aline..-la voz de Gerard le resultó tan amable que se asustó y se giró para verle. El Subdirector la miraba extraña, y ahora sin contenerse todo su rostro se tornó rojo-. ¿Estás bien?

-Sí… sí… sí, claro, ¿por qué no lo estaría?-alzó la voz la profesora inquieta y con su cuerpo raro. Seguramente por pasar de calor a frío en poco tiempo-. Vamos, hay que festejar Año Nuevo y cuidar de nuestros alumnos.

-Oh..-como si se hubiese decepcionado, Gerard suspiró y volteó a ver la luna-. Deberíamos aprovechar el ahora…

-¿Perdón?-sin entenderlo, la Jefa de Gryffindor alzó su ceja contrariada, pero gracias a ello recordó algo y torció su gesto-. Olvidé mi varita en mi despacho. ¿Me acompañas?

Asintiendo, su colega aceptó y se fueron caminando al despacho de McGrowell. Usualmente se encontraba en la Sala de la Clase de Encantamientos, pero con los cambios su despacho se ubicó al lado de la habitación para que así no fuese interrumpida por los alumnos en su investigación. Llegaron muy rápido y Gerard decidió esperarle afuera, así que cuando ella entró desde su posición miró la mesita donde colocaba sus retratos: recibiendo un reconocimiento a la edad de 17 años por parte del ministerio debido a sus calificaciones perfectas del EXTASIS, el profesor Alexander y ella posando en uno de los jardines cuando tenían 16 años, una Aline quinceañera recibiendo un medio abrazo del actual periodista Gabriel Smiths, el erudito Dacitus dibujando una runa mientras que con su mano de piedra levantaba su pulgar, otros mostrando a su familia tanto mágica como muggle, y en el fondo de todos… El Subdirector abrió sus ojos de par en par y guardó silencio mientras Aline salía guardando su varita y cerrando la puerta; no pudo decir nada más porque frente al retrato que ella tenía de los dos cuando estudiaban en sexto se hallaba la Espada de Gryffindor brillando por la luz de la luna como si quisiera decirle que ahí aguardaba.

Resonancia del pasado


La melodía proveniente de un piano se hacía escuchar en el anfiteatro del pueblo, en donde personas de distintas edades y profesiones se reunieron para escuchar a los futuros talentos que orquestaban un concierto gratuito por el inicio de un nuevo año próspero para todos. Al fondo del salón una mujer observaba con admiración al joven que tocaba dicho instrumento, pues hacía 9 años lo había adoptado sin saber que sería un mago al igual que su hija Lilith, pensando que la casualidad le había acercado a la magia sin que ella se diese cuenta. Cuando el chico terminó de tocar los aplausos no se hicieron esperar y Lancelot se levantó de su asiento dando reverencias portando una sonrisa educada y afable, la cual se ensanchó cuando fijó su vista al fondo y miró a las dos mujeres más importantes de su vida.

Bajó del escenario a paso tranquilo guardando sus manos en los bolsillos mientras el organizador presentaba a otro artista que tocaría con una flauta. Lancelot caminó hasta su madre y hermana para abrazarlas y agradecerles que estuvieran ahí dándole apoyo, pues a pesar de estar acostumbrado a tocar el piano era otra cosa ser observado por un público aunque fuese pequeño. Nadie en el pueblo sabía que Lancelot y Lilith eran magos, tan solo creían en la versión de que ellos dos estudiaban en un internado lejano y de ahí que cuando los dos se animaban a volver en vacaciones eran recibidos con calidez por parte de sus vecinos de toda la vida; además de que siempre recibieron ayuda cuando Eva Leblanc enviudó de su prometido Edén Lucius y sus recursos llegaban a escasear.

-Regresemos a casa, madre-dijo Lancelot aun de buen humor-. Mañana Lilith y yo regresamos al Colegio, debemos prepararnos.

-¡Sí!-respondió en un tono dulce la menor-. Quiero contarles a mis amigas mis vacaciones y aprender nuevas cosas. El profesor Smiths nos enseñará Férula para entablillar una parte fracturada. Me hubiera gustado que fuese la profesora McGrowell que lo enseñara, pero ni modo.

-Vamos entonces. Les daré una gran cena de despedida-notificó Eva y Lilith se entusiasmó tanto que brincó, movimiento que puso en alerta a Lancelot pensando que se caería; pero la pequeña demostró firmeza y solo sacó un suspiro en ambos de alivio.

Los tres caminaron juntos hasta salir del pueblo, pues su hogar se encontraba cerca de los límites de la zona y nunca les molestó que fuese así. Siempre tuvieron su propio espacio sin temer que tendrían a alguien espiando, de ahí que Edén llegase al sitio ya hace poco más de 13 años y se refugiara, pues jamás sabrían que él era un mago y el pueblo lo tuvo en estima por su buen corazón y curiosidad hacia la vida (muggle) que la comunidad representaba. Ya cuando por fin llegaron a su hogar la tarde se hacía presente tiñendo el cielo con sus colores naranja y rosa con pequeñas nubes que contrastaban con el tono. Lilith entró primero yendo a su habitación para preparar su maleta; pero Lancelot fue a la cocina a ayudarle a su madre a preparar la cena. En silencio cómodo, ambos hacían lo suyo sin decirse nada porque cada quien intuía qué debía hacer a continuación, pero fue Lancelot quien acabó con ese silencio.

-Madre… ¿Sabes quienes fueron mis padres biológicos?-la pregunta no demostraba reclamo ni nada por el estilo, pero Eva agradeció estar de espaldas porque aquello le tomó por sorpresa.

-Lance… cuando te adopté las monjas no tenían mucha información de ti. Solo sé que hace 13 años tu madre te dejó ahí con tus cosas, tenías 4. ¿No recuerdas mucho, verdad?

-No…-esta vez sí reflejó melancolía, pero era solo porque a pesar de querer recordar no había nada. Posiblemente porque su memoria era un tiempo difícil en esos 5 años en el orfanato-. No me importa si fueron magos o muggles, puros o mestizos; tan solo darme una idea de dónde vengo.

-Pero eso no te define, Lance. Tú mismo construyes tu vida-su madre sonrió y dejó de hacer sus cosas pata abrazar al chico, quien era bastante más alto que ella-. Eres mi hijo, nadie te dirá lo contrario.

-Lo sé, mamá-y Lancelot correspondió con fuerza.

El chico temía por el bienestar de su madre porque trabajaba en Hogsmeade y regresaba mañana como ellos; no le podía decir nada porque seguramente pediría que él y Lilith se quedaran, pero no podría hacerle caso. Sus amigos, y en especial Euríale, eran de importancia a tal grado que arriesgaría su vida por ellos; incluso por Lloyd, pues aunque no le agradara mucho sí admiraba su potencial y su entrega a su pasión por querer crear una especie de unión entre los magos y los muggles mediante la tecnología; también los profesores, y más por el Subdirector y la Jefa de Gryffindor, a quienes más admiraba. Sin embargo, consideró que no aportaba nada a las investigaciones que el grupo hacía. ¿Qué tendría él de especial para ser de ayuda? No obstante, sus pensamientos fueron interrumpidos por la hermana menor que llegaba preguntando si la cena estaba lista y Lancelot junto a su madre retomaron la preparación siendo auxiliados por Lilith. Al poco tiempo los tres cenaban y conversaban de lo que harían mañana para ir a la estación King Cross.

El primero en levantarse de la mesa fue Lancelot, avisando que se tomaría un baño para relajarse y empezar a preparar sus cosas; Lilith se ofreció a recoger la mesa y Eva se quedaría en la sala para descansar un poco. Al llegar al sillón miró que había ropa del chico que debía guardar y decidió llevársela para que así él la colocara en la maleta; arribó a su habitación y como la puerta estaba semi abierta simplemente pasó justo cuando Lancelot de espaldas se quitaba la camisa y veía su pequeño lunar en forma de flecha sobre su clavícula derecha. El chico, sin pena, se volteó para saludarla y recoger la ropa que traía y recordarle que ella debía descansar.

Eva ahora se dirigió a su habitación y cuando cerró la puerta su sonrisa desapareció, sintiendo sus hombros pesados y cansados. Fue hasta su cama y se sentó a la orilla cerca de un buró del que abrió un cajón para sacar un libro escrito completamente en runas, el cual según en palabras de la Directora, pertenecía a Lancelot por derecho de sangre y sería ella quien decidiría cuándo dárselo al chico. Quien hubiera pensado que hace 9 años habría adoptado al único sobreviviente de los Lightshield y éste ignoraría su pasado, el cual lo perseguía y lo convertiría en un objetivo si era descubierto. Conocía bien a su hijo, no estaba listo aún para saber la verdad. Eva abrazó el libro con fuerza y deseó desde el fondo de su corazón que el mal presentimiento que albergaba nunca se hiciera realidad.

_________________
avatar
Ghostyaya
Turista
Turista

Mensajes : 111
Fecha de inscripción : 02/03/2015
Edad : 26

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.