Hogwarts: La Generación de Maneko

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Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por Ghostyaya el Sáb Ene 21, 2017 5:13 pm

Prólogo:
Persecución


La luna llena en todo su esplendor se asomaba tras unas nubes grises pardas mientras era rodeada por el firmamento e iluminaba con su luz plateada los senderos de ese bosque, pero las criaturas que habitaban este sitio sabían que el astro selenita parecía no querer ver lo que acontecía debajo de ella. El silencio inundaba cada rincón oscuro, cada raíz que sobresalía de la tierra, cada hoja de las copas que se negaban a menearse a pesar de que había una fría brisa y un viento mudo evitaba hacer acto presencial… pero todo este silencio era interrumpido por lo que parecía un animal corriendo a gran velocidad pisando las ramitas, las hojas muertas, la tierra seca y el polvo que se levantaba tras sus pasos.

La esfera blanquecina se escondía tímidamente tras los tallos de los enormes árboles para, al menos, servir de guía para la criatura. Sus cuatro patas parecían delicadas y no dudaban en pisar lo que fuese; su pelaje de color mármol brillaba gracias a la Luna, y se podía notar que su lomo se erizaba ante cualquier sombra que parecía perseguirle; sus ojos cafés dilatados demostraban que trataba de mirar lo más que podía en su camino para evitar caerse; sin querer, sus garras perdían filo porque corría con ellas a pesar de que no debía; su cola esponjada y orejas se erguían con firmeza y con cierta dureza, atento a lo que podría pasar; y en su hocico sujetaba una rama bastante bonita y bien cuidada, como si la propia naturaleza lo hubiese creado con delicadeza. ¿Por qué corría? ¿Estaba cazando una presa complicada?

Pero de pronto, en todo ese juego de luces blancas y sombras muy oscuras, un rayo de color rojo pasó por el costado del animal a una increíble velocidad que le tomó por sorpresa sin poder evitar saltar por el otro lado, viendo cómo esa energía chocaba contra un árbol que lo debilitó e hizo que cayera muerto a pocos metros frente a él, quien logró saltar el obstáculo con gracia felina y rodar sobre sí mismo para seguir corriendo. Al poco tiempo un rayo verde iba directo a sus patas traseras, pero en el último segundo lo esquivó y aquella luz dio a una ardilla escondida que, inerte, se desplomó sobre el suelo frío con sus ojos carentes de vida. De pronto, rayos morados, amarillos, blancos, azules… misiles de energía que iban a gran velocidad chocaban muy cerca de él provocando explosiones, derrumbes, fisuras y llamas de colores que buscaban hacerle daño.

Lamentablemente, cuando la criatura volteó para cerciorarse de que “ellos” estaban lejos, miró cómo un rayo escarlata golpeó su rostro arrojándolo con brusquedad hacia un una roca negra que permanecía impoluta a los acontecimientos. Mientras se dirigía a gran velocidad a dicha pared de piedra su figura se fue alargando a las sombras: su cola se encogía, el tórax aumentaba de tamaño tanto a lo alto como a lo ancho; sus patas iban adoptando otra posición y dando la sensación de ser más largos de lo que eran; su pelaje se iba perdiendo para dar paso a unas ropas maltratadas que tiempo atrás eran de alta calidad; su rostro se aplanó para mostrar unos labios rotos y mejillas heridas; y los ojos adquirieron un tono más humano que se cerraron cuando impactó en su destino duro.

El hombre cayó de bruces al suelo y soltó de su boca la varita que sujetaba con ahínco, la cual rodó un poco alejándose de su cuerpo que no le respondía como quería. Lo habían aturdido y, a pesar de encontrarse en un estado de leve confusión, sabía que aún quedaba algo de tiempo antes de que lo encontraran.

-¿De verdad creías que podías huir de nosotros, “amado subdirector”? Ni siquiera como gato eres capaz de eso.

Una voz atronadora resonó alrededor suyo, pero sabía que ellos estaban lejos y solo querían asustarlo usando la magia en contra suya e intimidarlo para limitar su escape. Con sobreesfuerzo, el hombre logró incorporarse para ir tras su varita y sujetarlo más por su propia voluntad que por la energía que apenas lograba retener para sí y, entonces, con un movimiento grácil con la mano que sujetaba la varita mientras conjuraba unas palabras, notó cómo todo él adquiría en apariencia el color y la textura tanto de la roca como del suelo y alrededor y se posicionó al ras de ésta para mantenerse quieto.

A los pocos momentos miró cómo un grupo conformado por seis magos, cuatro hombres y dos mujeres, llegaron e inspeccionaron la zona apuntando cada quien con su varita en la que, la punta, se iluminaba con una esfera luminosa que les proveía de más vista que la propia Luna les negaba debido a que se mantenía tras las nubes.

-No pudo ir muy lejos…-dijo una bruja, quien parecía ser la más joven. Sus rasgos se ocultaban tras las sombras y no era posible saber su identidad-… aquí termina su rastro. Tal vez usó Dissapparate.

-Tonterías-dijo un mago que parecía liderarlos, y a su vez quien trató de asustar al hombre con el hechizo anterior de la voz-. Estamos en un campo donde esa magia no puede ser usada, al igual que Portus… seguramente se transformó de nuevo en gato. Debemos encontrarlo pronto o…-de pronto, la seguridad que irradiaba dio paso a un miedo tal que se reflejó con que la luz de su varita se desvaneció-… vayamos por ese lado. Y no nos dividiremos, así nos puede ganar.

El hombre, que aún se mantenía mimetizado a pocos metros de ellos, agradecía que esa brigada de búsqueda se dejase llevar por el miedo y no por la astucia, pues otro mago experimentado ya habría dado con él. Cuando aquél grupo ya se hubiese perdido en la oscuridad del bosque en tiempo y distancia prudencial, el hombre finalizó su transformación y comenzó a correr lento al otro lado del camino que ellos habían tomado, pues cuando estuvo quieto antes de que éstos arribaran había escuchado un río a la lejanía que no percibió antes por concentrarse en su huida. Así que optó por buscar esa fuente de agua para descansar, beber un poco o un rastro que le indicase la salida.

Jadeando por el cansancio que le pesaba, los músculos de las piernas le fallaban de vez en cuando provocando que por poco cayera de bruces a la tierra fría; pero su voluntad de seguir adelante tal vez era lo único que le permitía mantenerse en pie, además de que escuchaba cada vez más fuerte el sonido del río y la sed le jugaba sucio aumentando a cada paso porque su organismo le pedía agua. Y por fin, luego de lo que pareció una eternidad, el hombre deslumbró la corriente y sin pensarlo se lanzó a correr con cierta desesperación para beber algo. Llegado a la orilla se dejó caer de rodillas y bebió como un desesperado sin importarle que el agua estuviera completamente fría y podría sentirse peor de lo que estaba: sentía cómo su garganta seca se humedecía y sus labios partidos se volvían suaves y menos rígidos, pero sangrando un poco por el maltrato por el que habían pasado y ahora sentía un sabor metálico que ignoró con tal de seguir tomando ese vital líquido.

Pero la adrenalina ya estaba dejando de correr por su cuerpo y le pesaba más de lo que consideraba, pues un temblor incontrolable comenzó a recorrer cada parte de su ser y un sueño mortal le invadía su psique. El silencio que le rodeaba empezaba a ser sustituido por pisadas en pasillos, risas en forma de eco, el sonido de túnicas rasgadas por el aire, el olor de tinta embriagó su nariz y una voz femenina cándida y llena de amor le decía: “por fin volviste”… Y entonces, la negrura invadió sus sentidos y lo último que el hombre sintió fue un frío húmedo que lo abrazaba dándole la bienvenida a un descanso del que estaba completamente seguro no volvería a salir.

**********************
-¡Encontramos su varita!

El grito de ese mago resonó por todo el bosque, perturbando a algunas aves que se encontraban cerca de ahí y salieron volando con temor a perderse en la oscuridad de la noche. Poco después de exclamar lo anterior el desconocido recogió el objeto mágico para mostrarlo al grupo, quienes estaban cansados de estar buscando al animago que se escabullía fácilmente y que ahora, ya por fin, había muerto.

El líder, con su rostro lleno de satisfacción egocéntrica y alivio, tomó le varita para partirla en dos y arrojarla al suelo con desdén y una sonrisa llena de amargura; después, hizo un movimiento con su mano y propia varita que todos sus compañeros reconocieron y a su vez evocó una sonrisa llega de orgullo.

-Incendio-dijo y la varita partida comenzó a quemarse para dar paso con rapidez a cenizas que, con cierta pena, fueron arrastrados por el viento para solo dejar una marca negra que indicaba que algo se había incendiado ahí-. Perfecto, ahora ese hombre no será una molestia. Dejemos que su cuerpo se pierda en el río.

Y así, los seis magos y brujas se envolvieron en una especie de humo negro que, a los pocos segundos, salieron disparados a un destino lejano al del bosque dejando atrás la escena de su persecución. La Luna parecía triste, pues cuando todo acabó se animó a asomarse y cualquiera que estuviese ahí podría haber jurado que el astro nocturno suspiró de tristeza por no poder haber hecho nada más que solo observar e iluminar. Las sombras se hicieron más densas y el silencio de nuevo reinó el bosque, donde los animales seguían ocultos y no había ruido en algún rincón oscuro, ni en cada raíz que sobresalía de la tierra, ni en cada hoja de las copas que se negaban a menearse a pesar de que había una fría brisa y un viento mudo evitaba hacer acto presencial…

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Re: Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por Dragon2GR el Sáb Ene 21, 2017 5:32 pm

Sad Mataron a Kenny!

Digo, y ya vamos a empezar con esto Very Happy ya estaba esperando a que sucediera y aunque sea el prologo me anima saber que esto ya comenzó. Espero comenzar a leer el capitulo 1 y en especial espero ver ciertas cuestiones personales entre tu sabes quienes Razz

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Capitulo I. Un Nuevo Año Escolar

Mensaje por Ghostyaya el Jue Ene 26, 2017 10:56 pm

Capítulo I:
Un Nuevo Año Escolar



La estación King's Cross, en Londres, rebosaba particularmente ese 1ro de Septiembre con tantas personas caminando para dirigirse a algún anden que lo llevase a su destino: visitas familiares, trabajo, ir a la escuela, un simple paseo matutino… un sinfín de propósitos que si fuese posible representarlos, sería una gran marea con distintas ondas en su superficie y una que otra ola que chocaba con otra de manera tranquila.

Sin embargo, en medio de toda esa multitud y para cualquier ojo avizor, se podía ver a uno que otro joven menor de 17 años empujando un carrito con varias maletas indicando que haría un largo viaje o a donde iría se quedaría de manera prolongada. Algunos portaban una mirada tranquila y serena, mientras que otros miraban intranquilos y nerviosos a los extraños que transitaban por ahí. Eso sí… muchos olvidaban que esos jóvenes desaparecían, muchos dejaban de lado que éstos andaban hacia una columna que indicaba los andenes 9 y 10 y para casi todos, la imagen de alguien corriendo así se esfumaba de su mente para devolverlos a su propia realidad como si se tratara de magia. Lo que muchos o la gran mayoría desconocía es que existía un pasaje mágico en esa estación que conectaba a un mundo rebosante de magia al que solo los que cruzaban corriendo esa pared tenían acceso.

Al otro lado, magos y brujas caminaban hacia una locomotora color escarlata que a varios les recuerda una serpiente roja que escupe vapor por la parte superior indicando que calienta su motor a pesar de que no lo necesita y en su parte frontal se puede leer “Expreso a Hogwarts”, el Colegio de Magia y Hechicería más antiguo de Europa. Varios alumnos de este instituto se encontraban con su familia y amigos conversando antes de partir; tampoco era raro ver a uno que otro solitario que prefería no inmiscuirse en algún grupo y los que ya estaban abordando para no subir con prisas al indicar la salida.

Los jóvenes igual se distinguían por el color de su corbata y otros accesorios, revelando a qué casa pertenecían con orgullo o solo porque así lo quiso el Sombrero Seleccionador: rojo y dorado para Gryffindor, verde y plata para Slytherin, azul y bronce para Ravenclaw, y amarillo y negro para Hufflepuff. De igual manera, también era evidente distinguir quiénes apenas ingresarían a primer año y quiénes ya eran estudiantes veteranos: sólo bastaba ver su actitud y la juventud que rebosaban. Los alumnos de primer año estaban nerviosos, maravillados e inquietos; mientras los de sexto y séptimo denotaban más tranquilidad, familiaridad y conocimiento de todo el protocolo o ritual según el pensamiento propio.

Las mellizas Black, Euríale y Medusa, llegaban juntas como siempre mientras conversaban de lo que les depararía en este nuevo año, aunque ambas tenían el presentimiento fuerte de algo interesante ocurriría en el Gran Comedor a pesar de que no sabían con exactitud qué sería. Litten, el gatito negro de Euríale, les seguía el paso con su andar retacado para no perderles la vista entre todos los magos y brujas que se congregaban ahí. Medusa miró  a su mejor amigo Steve Dunham, solo como siempre, sentado en el suelo alejado de la concurrencia y decidió ir a saludarle con una gran sonrisa en su rostro y mejillas saludables, pues sabía que era el último año del chico y quería que por fin lograse pasarlo tranquilo.

Euríale, por su parte, se encontró a Lancelot Lucis al lado de su hermana menor, Lilith, una joven de tercer año que gracias a la magia curativa estaba logrando caminar: por primera vez en dos años se le vio con un bastón en vez de una silla de ruedas muggle y aunque para muchos era algo típico que una enfermedad muggle lograse sanar, la alegría rebosaba del joven Lancelot que recibió a Euríale con una alegría jovial no tan propia del estudiante de Slytherin, pues siempre se mostraba serio y ahora tenía dos motivos poderosos por los cuales mostrarse amable y feliz.

Steve, el nacido de muggles de Slytherin, se encontraba meditabundo cuando fue arribado por Medusa. Al verle cortó su semblante serio por uno más tranquilo torciendo sus labios en una fina sonrisa para saludarle e invitarle a que se sentara en el suelo con ella, cosa que la chica hizo para iniciar una plática antes de adentrarse en el tren. Más atrás de la pareja, eran observados por un solitario Markus Eltnam que, como era su costumbre, estaba de cabeza siendo objeto de miradas curiosidas que no comprendían el modo de vida de este extraño mago, quien sonrió de una manera enigmática y después dio un giro apoyado con sus brazos y piernas para colocarse en una posición “normal” y caminar al expreso para ir a los vagones que le correspondían según su año… y justo antes de entrar saludó con un movimiento errático de mano al dúo de su casa Joseph Pashenko y un zorro verde caminando a su lado.

Nicolás Verdugo, el zorro verde, el estudiante más extraño de Hogwarts de su generación, caminaba en su forma animal siguiendo el andar de su amigo Joseph. Ambos no tenían tiempo que perder y se dirigían a su cabina mientras el segundo se limitaba a hablar de lo que hizo en vacaciones, pues Nicolás no podía hablar y se limitaba a escucharle con atención. Eso sí, cualquiera que lo mirase se turbaría un poco porque no es normal ver sonreír a un zorro de una manera tan… humana.

Lloyd Puppeteer estaba tan enfrascado en su debate con otro estudiante que no se percató que se hizo el primer llamado para subirse al tren. Lloyd aseguraba que era necesario que un conductor fuese quien llevara la locomotora porque la magia no es 100% estable, además de sugerir que sería más rápido un traslador o que el transporte se actualizara, pues las horas invertidas en el viaje podrían usarse para otra cosa más productiva que quedarse sentados a esperar que el carrito de los dulces pasara para saber cuáles eran los nuevos cromos que saldrían en las ranas de chocolate. Sin embargo, su pequeño debate fue interrumpido cuando su interlocutor se quedó callado al ver que Linus se acercaba a ellos con su imponente presencia.

Linus Black, heredero principal de la casa Black, caminaba con su porte serio y orgulloso callando a cualquiera que estuviese cerca de su camino. Su seriedad era suficiente para sobrecoger a quienes se dejaran llevar por su apariencia y forma de ser con los demás. No obstante, el joven Slytherin parecía estar buscando a alguien, por lo que no prestaba atención a sus congéneres a excepción de Steve, a quien le dedicó una mirada cargada de gran significado para luego retomar su búsqueda. ¿Sería porque Slytherin se mancilló al recibir a un sangre sucia en sus filas o había algo más maquinándose en esa mente prodigiosa?

Eso sí, ajeno a todo lo que ocurría y desde su propia cabina, Judas G. Arden se encontraba sentado leyendo un libro sobre Pociones Avanzadas mientras comía una manzana fresca. Las ventanas cerradas impedían que el molesto ruido del exterior le interrumpiera y la puerta cerrada indicaba a otros que no permitiría que ingresasen con él. Amaba la tranquilidad y la soledad, por eso que levantara la vista a observar con melancolía los andenes fue algo extraño, parecía tener ganas de salir… pero sería algo impropio de él. Eso sí, su corazón aceleró un poco cuando miró que Steve se incorporaba junto a Medusa cuando se escuchó el segundo llamado y ambos miraran hacia su posición para luego saludarle. Una sonrisa tímida se dibujó en el rostro de Judas y movió su cabeza indicando que correspondía tal gesto.

-¡Vamos! El que no llegue a tiempo no le permitiré acariciar a un hipogrifo-por otro lado, no solo los estudiantes y familiares de éstos se encontraban en la estación.

El profesor y Subdirector Gerard Wanderer vociferaba con su habitual tono alegre a los estudiantes que se estaban quedando atrás justo cuando se hizo el último llamado. No quería que sus apreciados alumnos faltasen a ese año o tuviesen que acceder al colegio por otros medios no tan propios, pues sabía que nadie sabía montar un pegaso y muchos no aguantarían las corrientes de aire que golpearían sus rostros por ir a gran velocidad. Tan solo de imaginarlo soltó una risa agradable más para sí que con intenciones de compartir dicha diversión con alguien, pero inmediatamente relajó su compostura cuando miró a la Jefa de Gryffindor conversar con unos padres de familia acerca de cómo mejorar las calificaciones de su hijo en la materia de Encantamientos.

Aline McGrowell, la jefa de casa del león valiente, al notar que era objeto de mirada de su compañero, se limitó a sonreírle de una manera que solo él entendería y después continuó aconsejando a los padres que su hijo no debía usar la varita como rascador de espaldas solo porque era de madera; pero cuando notó a una pequeña niña de primero con una mirada perdida y alejada de todo, terminó esa conversación para acercarse a la pequeña que parecía estar a punto de llorar. Aline se le acercó con afabilidad y notó que la chiquilla no era de por ahí, lo cual resultó lógico el por qué no entendía que pasaba y le explicó temerosa que solo le acompañó un mago en el acceso a esa plataforma y no entró con ella. Llevaba pocas pertenencias y le fue guiando a dónde debía ir y a quiénes acudir por si tenía dudas, así la pequeña tomó más ánimos y fue a los vagones de primero con una mezcla de miedo y ansias; mas como por parte de magia al ver el Subdirector sus ojos se iluminaron y con una gran sonrisa entró al tren con mayor seguridad.

Detrás de ella le siguió un profesor caracterizado por su seriedad y capacidad de observación que había notado todo aquello y solo miró con respeto a quien fue su compañero en el pasado. Alexander Zacarias Black Erikssen se estaba colocando sus guantes cuando comenzó a inspeccionar las cabinas solo para asegurarse de que todo estaba bien. Meticuloso y en silencio fue callando a los escandalosos o quienes molestaban a otros como “típicos adolescentes” según él, aunque interrumpió su rutina cuando se topó con su colega Abdiel explicando a una alumna que la Poción de Amor no funcionaba en plantas y le saludó con un movimiento de cabeza seco y educado.  

Abdiel Núñez, por su parte, le devolvió el gesto haciendo lo mismo pero sin tanta frialdad y prosiguió con su debate. Debía admitir que se trataba de un experimento interesante porque las aplicaciones típicas de esa poción era entre humanos y no para animales, mucho menos para plantas que no tenían mente propia… al menos las plantas muggles. ¿Cómo sería un sauce boxeador encaprichado con un alumno? Abdiel sonrió más para sí prometiendo a su alumna que él mismo haría la prueba para saber si funcionaría o no dejándose llevar por su curiosidad y no tanto para los avances mágicos. Rápidamente se despidió y se encaminó hacia los vagones especiales de los profesores porque no quería que el tren lo agarrara de pie cuando arrancase, no le agradaban los movimientos bruscos que lo desequilibraran.

Sin notarlo, el profesor de Pociones era observado por otro compañero que, junto a Gerard, animaba a los estudiantes a entrar y si alguien demostraba incertidumbre le animaba contándole sus aventuras como estudiante y que era un campeón de los Tres Magos. Así era Theodore Edmond Triggr, contagiando sus ánimos y entusiasmo a cualquiera que lo necesitara. Por eso cuando notó que Abdiel caminaba apresurado le gritó que le prestaría su bolsa mágica para vómito si lo requería sacando una que otra risa para los nerviosos, a quienes les dijo que cualquier cosa podían acudir con él. Uno que otro alumno veterano lo saludaba con cariño, así que los más jóvenes sintieron que podían contar con él.

Cuando ya casi todos estaban en el tren, llegó la profesora Irise D’Arc-en-Ciel acompañando a un grupo de niñas que parecía ser la primera vez que estaban ahí. En particular, a una de las chiquillas que era muy parecida a ella le miró con ternura antes de despedirla en los vagones de primero. Cuando el grupo se perdió de su vista, el temple serio de Irise retornó con un brillo especial en sus ojos cambiantes mientras caminaba a paso elegante hacia la zona de profesores por el exterior y fue interceptada por el joven Linus Black. Sin dejar de caminar, ambos empezaron una conversación acerca de lo que la profesora enseñaría en Séptimo año en Artes Oscuras, una asignatura controversial que apenas tenía un año escolar impartiéndose y tenía al Ministerio de Magia con un ojo atento al Colegio para saber si aquello había sido una decisión correcta.

En el momento en el que todos los alumnos y profesores arribaron al tren y sus puertas cerraron, el expreso a Hogwarts dio inicio a su recorrido dejando atrás a familia y amigos que se despedían efusivos de sus conocidos que no volverían a ver en meses. Un nuevo año escolar iniciaba para bien o para mal para varios… sin saber que toda esta parafernalia quedaría como un eco ausente cuando las sombras decidieran levantarse por fin luego de mucho tiempo simulando ser inofensivas.

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Capitulo II. Bienvenidos a Hogwarts

Mensaje por Ghostyaya el Miér Feb 01, 2017 10:55 pm

Spoiler:
Es un capítulo más largo, pero espero que valga la pena XD

Capítulo II:
Bienvenidos a Hogwarts.


Los muros vetustos y que parecían imponerse a las pruebas del tiempo se desmoronaban como si fuesen de polvo ante la presencia de un viento débil; a lo lejos era posible escuchar explosiones que hacían cimbrar el suelo y provocasen que la chica que veía todo aquello perdiese el equilibrio cayéndose varias veces mientras buscaba a su hermana, a algún amigo o profesor… cualquiera en el que pudiese confiar, pues su amado colegio estaba bajo ataque por culpa de un traidor del que huía desesperadamente para no ser atrapada. En sus oídos resonaban las palabras de una voz familiar que le decía: “No puedes correr de mí… lo sabes. Eres mía desde que entraste a estudiar… lo sabes”. La chica intentaba cubrirse los oídos para evitar escuchar esa frase que le asfixiaba y continuaba con su escape hasta que sin notarlo llegó a uno de los patios de Hogwarts cerca del Lago Negro y deslumbró a lo lejos un numeroso grupo que parecía observar algo, por lo que la joven aceleró su paso lo más que podía para acercarse y pedir ayuda. No obstante, conforme se aproximaba veía que las figuras se desvanecían en volutas de humo que daban paso a una maltratada corona de laurel alada con hojas de color dorado oscuro y a una lira torcida de tono azabache que flotaban y chocaban entre sí haciéndose daño hasta que de pronto se incendiaron en llamas rojas y cayeron al suelo para terminar de ser consumidas a una gran velocidad dejando solo cenizas, pero éstos comenzaron a remolinarse para dar paso a un bello árbol de roble que no medía más de 30 centímetros que se marchitaba mientras era iluminada por una luz verdosa que le hacía sentirse enferma de solo ver aquél extraño fenómeno. Sin saber por qué, una extraña sensación de dolor apareció en su pecho y cuando el árbol ya estaba a punto de morir el proceso se detuvo, dando paso a que sólo permaneciera una pequeña hoja de sus ramas que demostraba una fortaleza que la joven envidió; extendió su mano para acariciar el pequeño roble cuando sintió que una sensación de paz y alivio le invadió, pero también percibió que su voluntad menguaba y un sentimiento poderoso de obedecer se colocó en lo profundo de su conciencia, arrebatándole el miedo, el dolor y la desesperación que había tenido antes. La voz que le estaba acosando volvió y ahora sabía que él estaba a su lado: “Buena chica…ahora, vayámonos de este sitio”. Y sin objetar, la joven se incorporó para seguir al extraño del que antes huía mientras oía que a la distancia un dragón rugía con desesperación.

**********************
-¡Euríale! ¡Despierta!-los gritos de Medusa, a pesar de que el compartimiento estaba cerrado, fueron escuchados por casi todos los que se encontraban en el vagón de sexto, provocando que uno que otro abriese su puerta para asomarse y ver si había algún chisme o algo por el estilo; pero al ver que no ocurría nada en los pasillos regresaban a lo que estaban haciendo.

En el compartimiento donde estaban las mellizas Black, igual estaban acompañadas de Steven y Judas, quienes miraban con extrañeza la escena que se había desarrollado: Euríale se había quedado dormida debido a que el trayecto era muy largo y luego de un rato, mientras Medusa conversaba con su amigo de lo que había hecho en vacaciones su semblante cambió a terror para pasar a zarandear a su hermana menor con evidente miedo y desesperación. Steve se acercó a la chica para calmarla y preguntarle qué era lo que estaba pasando y Judas, con evidente tranquilidad, sacó su varita y rememoró un hechizo que le iban a enseñar ese año pero que él ya había aprendido porque investigaba mucho y así adelantarse a los temas que verían.

-Rennervate-expresó Judas con seguridad y luego de un brillo blanco tenue Euríale despertó sobresaltada y con lágrimas en los ojos. El chico guardó su varita y suspiró-. Son muy escandalosas, seguramente vendrá algún prefecto o un profesor solo por un sueño insignificante-al percatarse de lo que dijo, Judas tensó sus labios hasta hacer una fina línea y tragó saliva nervioso-. Lo siento, no era mi intención…

-Tranquilo-negó Steve ante la disculpa, pues sabía que al chico le faltaba tacto y no interactuaba mucho con otros, por eso había entrado a la cabina de Judas a pesar de que él tenía la puerta cerrada porque entre ellos ya había un poco más de confianza; solo no esperaba que Medusa y Euríale los acompañarían y aunque sabía que la presencia de las Black no lo molestaba, un espacio cerrado con cuatro personas lo incomodaría un poco-. Lo importante es que la despertaste, a mí se me olvidó ese hechizo y ya pensaba echarle agua, gracias-luego de aquello se alejó un poco al percatarse que estaba muy cerca de las mellizas y se aclaró la garganta-. Solo fue una pesadilla, Medusa. Deja que se le pase-hasta él quería creerse esas palabras, pero no sería posible. Al ver la reacción de su amiga ante la pesadilla de su hermana sabía lo que significaba y a pesar de su reticencia a esa “magia”, respetaba que ellas dos lo practicasen debido a su curiosidad de cómo algo podía predecirse con los sueños o lectura de estrellas.

-Euríale, aquí estoy, tranquila…-decía Medusa con voz acongojada y su corazón latiéndole rápidamente. Ella pudo “sentir” parte del malestar de su hermana a pesar de tratarse de un sueño y temía que no fuese solo eso-. ¿Puedes contarnos qué soñaste?

De pronto la puerta se abrió y los cuatro miraron que Lancelot y Linus llegaban con premura; el primero asustado y preocupado, y el segundo inquieto e intranquilo. Incluso los gritos de Medusa se escucharon en séptimo y los dos alumnos de Slytherin se fueron corriendo a la sección de sexto año para saber qué había pasado. Euríale, aún en mal estado y con deseos de desahogarse, relató su pesadilla bastante afectada porque sabía, en lo más profundo de su corazón, que aquello era un sueño premonitorio distinto a los que había tenido antes. Aclaró que usualmente sus sueños son directos: personas, eventos, fechas… nada de simbología, pero le extrañaba que esta vez el futuro se presentara de esa manera. Lancelot sugirió ver al Jefe de Casa de Slytherin, que a su vez era el profesor de Adivinación para así aclarar lo que había sucedido; Linus Black, primo de las mellizas, igual coincidió con la idea y ayudó a Medusa a levantarse tendiendo su mano agregando que ambas debían ir debido al poder que compartían. Aun afectada, Medusa aceptó ir y miró a Steve pidiendo que le acompañara en silencio.

-No-habló Linus con su voz fuerte y seria-. No tiene caso que vengas. Soy el prefecto y solo yo puedo acceder al vagón de los profesores, ni siquiera Lancelot va a entrar-el mencionado lanzó una mirada de impotencia a su compañero, pero sabía que tenía razón y suspiró.

-Podemos quedarnos afuera a esperar-señaló Lancelot indicando que iría a pesar de la advertencia. Su hermana estaba con sus compañeras en su respectiva sección y sabía que se encontraría bien a pesar de que no la miraría hasta que bajasen del tren, por lo que podía ir a esperar qué diría el profesor de Adivinación e incluso Steve también. Linus torció el gesto y cedió a su petición-. Vamos, Steve-aun cuando no había dicho nada su compañero ya se había colocado al lado de Medusa para escoltarla, y Lancelot no pudo evitar esbozar una sonrisa condescendiente-. ¿Quieres venir, Judas?

-No, pero gracias a la invitación-Judas aún estaba dentro del compartimiento observando todo con ansiedad-. No tiene caso que vaya, me quedaré a vigilar las cosas y los esperaré.

Así, el joven Green miró cómo sus compañeros se dirigían a la sección de los profesores y cerró la puerta para quedarse solo otra vez. Al notar que ya no estaba la voz de Medusa reclamando a Steve que no le había comprado un regalo muggle o que Euríale antes de dormir deseaba ir al apartado de mascotas para buscar a su gato Litten, el chico sintió un poco de vacío porque no sabía cuándo volverían. Sabía que lo correcto fue no acompañarles porque los pasillos son chicos y tres ya estorbarían el paso normal; pero también estaba preocupado por sus… ¿Amigos? ¿Ya eran amigos? Un mal presentimiento se alojó en su corazón y miró por la ventana esperando que este año fuese tranquilo como los anteriores.

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Pasadas las horas, los alumnos de segundo a séptimo iban entrando en el Gran Comedor del Colegio Hogwarts como solía ser cada año, pues daría inicio al proceso de selección de los niños de primero y los anuncios importantes que ofrecería la Directora. Dejando de lado lo ocurrido con las hermanas Black, el viaje fue ameno y tranquilo para la gran mayoría y al llegar a la estación se subieron a los carruajes que se movían por sí solos a excepción de los de nuevo ingreso, quienes fueron guiados por el Subdirector Wanderer hacia el Lago Negro para que éstos se subiesen a unos botes para así presentarles la escuela bajo otra perspectiva. Los alumnos que no conocían de la magia estaban maravillados y asustados por la vista del castillo reflejado en el lago mientras era de noche, y quienes ya tenían conocimientos no se mostraban tan anonadados pero también se impresionaban por la magnificencia de la estructura.

Por otro lado, los alumnos veteranos iban llegando con sus grupos de amigos a sus respectivas casas para no sentarse solos: para esta ocasión Nicolás dejó de lado su transformación y apareció en su forma humana, se veía cansado y constantemente tosía reprochándose el hecho que para reuniones importantes de la escuela debía presentarse con su yo real humano y no como zorro verde que le gustaba más, así que para evitar interrumpir el proceso se echó a sí mismo el hechizo Quietus para al menos disimular el sonido de su tos; Joseph iba a su lado con su habitual alegría siendo su total opuesto contándole de los libros que había leído en vacaciones, pero cuando miró a su novia se acercó a la chica con bastante regocijo para abrazarle y plantarle un beso rápido en los labios para luego llevársela con su amigo y así estar los tres juntos a pesar de que Nicolás no hablaba, mas sí prestaba atención mientras observaba lo que ocurría en el Comedor; Lloyd entró debatiendo esta vez con Markus quien decía de lo funcional que sería tener una tostadora en vez de utilizar la magia para tostar el pan y Lloyd agregando que no sólo esa máquina estaría bien, sino que igual en la cocina hacía faltan más objetos para preparar la comida y meditando si un mago puro sabría usar un cuchillo por su propia mano, aunque Markus seguía insistiendo que debían conseguir una tostadora por si daba hambre en las noches y así no tener que pararse para que alguien le diese un antojo nocturno, además que los objetos muggles debían funcionar para el bien de varios alumnos y así facilitarles la vida para no usar solo la magia; las hermanas Black entraron juntas más calmadas y de mejor humor, pues el profesor de Adivinación les dijo que aquello solo había sido un mal sueño sin tintes proféticos debido a la diferente naturaleza con la que se formó, así que le dio origen a los nervios de Euríale por iniciar un nuevo ciclo escolar y porque estaba preocupada por su gato Litten; Steve estaba detrás de ellas, pero se dirigió rápidamente a la mesa de Slytherin para comenzar a leer un libro de Marlowe Forfang acerca de sus investigaciones de los Hombres Lobo, temática que se ha visto le brinda una gran curiosidad dando el rumor que él está emparentado por la enfermera Alessandra Abbatucci ya que es sabido por todo el colegio que ella es una mujer lobo; Lancelot entró con su hermana, quien para sorpresa de varios estaba caminando apoyándose con un bastón y compañeros de su casa que no la habían visto la recibieron con felicitaciones y júbilo provocando que la pequeña Lilith se ruborizara y buscara apoyo en su hermano mayor, quien le invitaba a pasarla bien esa noche y acompañó a la pequeña hasta su mesa para después ir a la que correspondía a Slytherin y esperar a que iniciara la selección de casas para los nuevos estudiantes; Judas se escabulló de la multitud a paso veloz para sentarse en un sitio en el que no estuviese rodeado de tantos compañeros y cuando logró encontrar una buena zona se acomodó y sacó un libro para leer, cosa que no era extraña para quienes conocían sus hábitos y optaban por mantener cierta distancia con el chico y que él mismo agradecía para evitar ser molestado, pues si por él fuese no estaría en la selección de casas por parecerle innecesario porque no le veía caso que todos se reuniesen obligatoriamente al evento y como no era posible debía rendir su presencia para evitar alguna reprimenda; y Linus entró seguido por su grupo de amigos de Slytherin mientras era cuestionado sobre sus vacaciones porque aseguraban que “debían ser importantes y relevantes para un Black” porque era bien sabido de sus intereses políticos y no faltaba quien aseguraba que esas relaciones solo eran por interés y no por amistad, mas el joven Linus actuaba con discreción porque cualquiera que conociese de la comunidad mágica sabría que en sus “amistades” habían parientes cercanos de miembros altos del Ministerio, del Hospital San Mungo y el Diario el Profeta, y sin despegarse de todos ellos fueron a sentarse cerca, y para su mala suerte, de Steve Dunham interrumpiendo su lectura debido al escándalo que todos hacían a excepción de Linus que se mantenía sereno escuchando lo que ellos decían.

Por otro lado, en la mesa de los profesores a la Directora del Colegio, la animaga Miishynn Cathalifaud a en su forma animal como un gato blanco mientras miraba con suma atención cómo los alumnos iban llegando; el profesor Alexander se encontraba sentado mirando con gran intensidad y seriedad a sus pupilos mientras se apoyaba con sus manos entrelazadas a la altura de su mentón en su habitual silencio, solo interrumpiendo su templanza para mover su cabeza a uno que otro estudiante que le dedicaba unas palabras o movimiento de manos para saludarle; el docente Abdiel conversaba con su colega Theodore acerca de los viajes que el Jefe de Casa de Hufflepuff hizo antes de dar clases coincidiendo en el país natal del profesor Núñez, intercambiaban puntos de vista acerca de lo distinto que podía ser la cultura entre distintas naciones y de cómo ambos extrañaban ciertos alimentos muggles que no se preparan en Inglaterra proponiendo que luego le dirían a los cocineros que dedicasen un banquete a ese tipo de alimentos; Irise también mantenía su propia plática con el Jefe de Casa de Slytherin, el profesor de Adivinación Defunct Requiem, con quien se llevó bien cuando entró hace un año a dar clases y aunque su tono de voz era bajo para que sus palabras no llegasen a los alumnos, solo aquellos con buen oído y muy cerca de su posición podrían saber que su tema de esta noche era un debate de cuándo los muggles podrían detectar la magia debido a los avances tecnológicos que éstos han hecho con los drones (explicando para Defunct que son como aves de material muggle que viajan a gran velocidad y permite a los muggles ver y explorar lugares remotos sin estar presentes y que no funcionan con la famosa electricidad -luz muggle-), maravillando y asustando a su colega que, por ser de sangre pura, desconoce de tales eventos que ocurren en la sociedad no mágica; y al lado de Irise estaba la profesora Aline haciendo unas anotaciones en silencio con unos lentes sencillos a pesar de su corta edad, bastante concentrada en lo que hacía sin prestarle mucha atención a la concurrencia de los alumnos, es más, ni siquiera escuchó cuando la directora asumió su forma humana para comenzar el evento de la noche ni que hacía llamado a que guardasen silencio y tomaran su lugar hasta que Irise le colocó con suavidad una mano en el hombro y la sacó de su ofuscación diciéndole solo con su mirada que aquello había iniciado, provocando que Aline se ruborizara un poco y dejase sus cosas para así estar “presente” en la bienvenida.

Luego del típico discurso por parte de la Directora Cathalifaud las puertas del Gran Comedor recibieron a los alumnos de primer año siendo guiados por el Subdirector Gerard quien sonreía bastante orgulloso hasta posicionarse en su lugar para recitar con su voz fuerte y clara a los niños para que fuesen con el Sombrero Seleccionador y así supiesen a qué casa irían. Empezando alfabéticamente, Gerard fue pronunciando los nombres completos de los infantes uno por uno hasta que se quedó callado por brevísimos segundos porque se sorprendió de un apellido del que no tenía idea y luego de tragar saliva pronunció: “Aeris D’Arc-en-Ciel”, provocando que varios susurraran al ver que una niña de pelo rojizo menos intenso que el de la profesora pasara con un gesto tranquilo y nervioso y notasen el gran parecido entre ambas para concluir que debía ser su hija, alguien que era completamente desconocida para la gran mayoría. Pasados unos segundos la pequeña se sentó para recibir el Sombrero y en cuanto se colocó en su cabeza gritó “Gryffindor”, siendo recibida por los habituales aplausos de los pertenecientes de la casa del león y cualquiera que hubiese volteado ver a la profesora Irise habría notado que sonreía con gran orgullo como pocas veces lo había hecho, además de un grupito de niñas que chiflaban y felicitan a Aeris con más emoción dando a entender que eran amigas desde antes de entrar al colegio.

El proceso de selección continuó con más nombres y la mención de casas seguidos por aplausos de recibimiento y los rostros de satisfacción o descontento; pero hubo otro momento en el que Gerard se quedó callado tratando de leer un apellido que le costaba pronunciar, por lo que una pequeña de largo cabello negro y ojos café claro se acercó tímidamente al subdirector mientras bajaba la cabeza y fruncía sus labios tratando de reunir fuerzas. Cuando ya estaba a su lado Gerard se agachó para escucharla y sonreírle con tal ternura que varios creyeron que tal vez la nena era su hija; no obstante, la pequeña estaba tan nerviosa que habló un poco más fuerte de lo que quería y solo el profesorado oyó lo que le dijo muy apenada: “Hola… mi nombre es Maya… Maya Tzintzimitl, soy de América y de ascendencia latina…. Y me gusta bailar”. Todos los alumnos pudieron ver que la Directora y la Jefa de Casa de Gryffindor sonrieron con afabilidad y que Gerard asentía con solemnidad para después incorporarse y retomar el protocolo anunciando en voz alta y con cierta torpeza “Maya T-Tzin… Tzin-tzimitl,”, revelando que la chiquilla era de América. Maya se fue a sentar para recibir el Sombrero y por un par de minutos se podía ver que había una plática entre ellos dos haciendo que de nuevo se susurrara en el colegio de que posiblemente ella sería una hatstall, aunque de pronto el sombrero gritó “Gryffindor” con gran seguridad y su nueva casa la recibió con ahínco y alegría, además que fue demasiado obvio que el Subdirector celebró la selección con fuertes aplausos. Cuando ya todo terminó, Gerard tomó su lugar al lado de la Directora y le cedió a la palabra a la mujer, quien retomó parte de su discurso principal diciendo que la comunidad debía ser unida, la importancia del respeto y que fuesen un buen ejemplo para todos.

Justo cuando había terminado de hablar entraron los fantasmas para convivir en el comedor y así conversar con quienes ya habían entablado una buena amistad o relación cordial, asustando a los nuevos y sacando una que otra risa de los veteranos. Sin embargo, también se podía ver al poltergeist Peeves, quien miraba con su típica picardía y pesadez a la mesa de Slytherin a la vez que se acercaba con una horrible sonrisa y una bandeja llena de comida a Steve Dunham. Cuando ya estaba a su lado su gesto se hizo más grande turbando a varios de alrededor y gritó con entusiasmo:

-¡Bienvenidos a Hogwarts!- y acto seguido arrojó todos los alimentos a la cara de Steve, quien no pudo evitar recibir el golpe y todo el comedor cayó en un profundo silencio observando lo que había ocurrido con gran incredulidad. Los segundos pasaron y las carcajadas de Peeves resonaron por todo el salón, quien se retorcía como si de verdad tuviese espasmos por reír tanto.

Steve, embarrado de puré de papa y salsa de carne, miró con tal odio al fantasma que su rostro se tornó rojo y agarró con fuerza su plato para lanzarla al ente; pero Peeves alcanzó a reaccionar y se hizo a un lado, por lo que el objetivo fue Markus que fue embarrado en su hombro. El joven de Ravenclaw miró su uniforme manchado y al alzar su cabeza gritó con júbilo.

-¡GUERRA DE COMIDA!-

Y como si se tratase de una orden superior, casi todos los alumnos comenzaron a lanzarse comida con sus manos, usando sus varitas o con magia sin varita para unirse a la improvisada diversión. Linus activó un escudo para evitar mancharse y seguir cenando; Lancelot comenzó a esquivar los misiles para ir con su hermana y resguardarla, pues se estaba poniendo nerviosa y se agachó cubriéndose para no ser lastimada; Medusa prosiguió a lanzar y al mismo tiempo comer con la otra mano, pues no se iba a quedar con el estómago vacío; Nicolás se agachó para que no le diesen, pero cuando fue víctima de un pedazo de pastel de arándanos decidió defenderse lanzando lo que él estaba comiendo; Joseph tomó a su novia y llevándose unos bollos de pan salió corriendo de ahí para evitar un obvio castigo; Euríale, debido a su intención de distraerse, se unió en comitiva a su hermana para protegerse una a la otra y lanzar su cena a cualquiera que las tuviese en la mira; Judas se puso bastante nervioso y se colocó debajo de la mesa para no ser manchado, ayudando a uno que otro compañero que hacía lo mismo y esperando que esto no pasara a mayores; y Lloyd tenía intenciones de parar esa extraña guerra, mas cuando lo intentó fue víctima a traición de quienes estaban a su lado fue bombardeado de pan, puré y pastel, por lo que no pudo evitar caer al suelo por el impulso pensando que se sentía como un soldado muggle caído en batalla.

Los profesores observaron con incredulidad y sin poder creerse que sus alumnos siguiesen una broma tan infantil. El primero en reaccionar fue Abdiel, quien inmediatamente se levantó y empezó a gritar que se calmaran tratando de llamar en vano la atención sobre el ruido de vasijas cayendo, risas, gritos y exclamaciones de venganza; efusivo, Gerard agarró su cena y cuando estuvo a punto de lanzarlo fue detenido por Aline sujetándolo de la muñeca mientras le dedicaba una mirada de gran reproche y negando al mismo tiempo de sus intenciones, por lo que Gerard le sonrió travieso y encogió los hombros; Irise sólo negó con la cabeza y siguió cenando, pero miraba una que otra vez a la mesa de Gryffindor para saber qué hacía su hija, quien estaba en la batalla campal alimenticia con sus amigas de distintas casas en una especie de fortificación improvisada; Theodore agarró su cena y sin pensarlo fue a la mesa de Huflepuff para unirse a sus alumnos y lanzarle a quienes amenazaban con darle a él, demostrando que era un mago muy atlético y que, contrario a lo que varios esperarían, dando órdenes sobre qué hacer y qué comidas agarrar; y por último, Alexander, al igual que Irise, no hizo nada para evitar ni unirse permaneciendo callado observando y tomando notas mentales, pues ya había localizado quiénes de sus alumnos infringieron las normas y qué castigos someterles.

De pronto, la Directora, aún en su posición de vocera, dio un paso al frente con su imponente seguridad y cuando creó un arco con su brazo derecho extendido el tiempo se congeló frente a ella y todos los que estaban participando en la guerra de comida se paralizaron sin dejar de estar conscientes; las risas pararon y se escuchó cómo algunos platos y vasos se rompieron porque ya nadie los estaba sujetando. La animaga fulminó con la mirada a Peeves, quien huyó horrorizado del lugar y luego de dar un largo suspiro, Miishynn habló con el hechizo Sonorus muy enojada.

-Quiero a todos los involucrados mañana en mi oficina en orden alfabético, sus Jefes de Casa les informarán a qué hora cada uno debe ir y que no vaya se asegurará de un castigo en las mazmorras que involucra pulgares y estar colgados en cadenas-hablaba en serio, su semblante indicaba que no daba a reclamos y sus ojos se tornaron fieros como el de un felino. Cuando bajó la mano quienes estaban congelados lograron moverse de nuevo y la Directora dejó el comedor mientras vociferaba-. Será un día normal, decían; nada malo pasará, decían. ¿Cuándo tendré un día de descanso en ese sitio? Bienvenidos a Hogwarts, el único colegio donde las reglas se las pasan por el arco del triunfo…

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Re: Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por Dragon2GR el Miér Feb 01, 2017 11:45 pm

Oh dios! Me ha encantado! Very Happy

Y Maya <3

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Re: Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por galahippo el Jue Feb 02, 2017 12:19 am

Me encanto
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Capítulo III. Vestigios del Pasado

Mensaje por Ghostyaya el Jue Feb 09, 2017 11:48 pm

Capítulo III:
Vestigios del Pasado.


Un pequeño zorro verde se dirigía a la oficina de la Directora del Colegio junto a la profesora Irise, la Jefa de Casa de Ravenclaw, conllevando que los alumnos de primer año llegasen a pensar que se trataba de su mascota, pero si prestaban atención a la mirada del pequeño animal notarían que sus ojos eran tan humanos que podrían llegar a intimidar, así que muchos optaban por hacerse a un lado si se cruzaban con la peculiar pareja o caminar rápido para alejarse lo más rápido que podían. Luego de un rato llegaron frente a una estatua de una gárgola bastante vieja y maltratada que se ubicaba en el tercer piso esta vez, pues se sabe que el Despacho cambia de ubicación cada cierto tiempo por cuestiones mágicas. Irise se colocó en frente de la figura pétrea y pronunció solemne “pastel de limón”, por lo que inmediatamente la gárgola empezó a moverse a un lado con gran pesadez y se miró que detrás había una escalera de caracol que indicaba un pasaje en dirección a arriba.

-La Directora ya te está esperando-pronunció Irise con su tono suave y en calma como el mar, pero con esa misma incertidumbre si se desataría la tormenta-. Cuando termine de hablar contigo ya saldrás por tu cuenta a donde quieras. Ánimo-le sonrió al zorro y después dio media vuelta ondeando su capa de bruja para dejarle ir.

Nicolás, aun en su forma animal, pensó que tal vez podría irse sin que nadie se diese cuenta y continuar con sus experimentos; pero recordó que compañeros suyos fueron castigados desde limpiar los retretes de los baños con un cepillo de dientes hasta ir al Bosque Prohibido en la noche para ayudar al profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas a conseguir materiales para las distintas clases y de otros maestros, e incluso supo que al profesor Theodore le prohibió usar magia por dos semanas y se limitara a que sus alumnos realizaran la práctica solo con su supervisión en sus clases más que nada para hacer ver que todas las cosas tienen consecuencias aun cuando una autoridad la infringe. El estudiante pensó que no sería tan malo ir al Bosque Prohibido para seguir haciendo sus “cosas”, pero se atenía a que le diesen otro tipo de castigo según la Directora quisiera y comenzó a planear cómo convencerla de que ir al Bosque sería una sanción adecuada cuando la gárgola le negó el acceso estirando su mano. Podía esquivarle, pero entendió rápidamente que le impedía entrar porque estaba en su forma animal y volvió a su forma humana mientras tosía con fuerza. La estatua asintió y retiró su extremidad para ceder el paso.

El joven mago le miró para indicarle pasaría a su lado y así ir al Despacho. Las escaleras en sentido hacia lo alto y en caracol poco a poco lo hicieron sentirse fatigado y un tanto molesto, pues aunque siempre estaban en la misma dirección el sitio al que iba siempre cambiaba de lugar a veces teniendo la vista al Lago Negro, a la plaza interna o incluso a la entrada del Colegio debido a la forma de construcción por parte de los cuatro fundadores y en especial del diseño arquitectónico que realizó la mujer por la cual su casa lleva ese nombre: Rowena Ravenclaw. Entendía que en ese entonces se tratase de una maravilla de edificación mágica y que a la fecha continuase con su legado, pero le parecía un tanto innecesario y más si ocurriese alguna emergencia en la cual se perdiese el tiempo en ubicar el Despacho y con ello el problema se agraviara. “En fin… no es mi problema”.

Cuando por fin llegó a la puerta le faltaba el aliento y Nicolás no pudo evitar comenzar a toser bastante fuerte y se cubrió con un pañuelo que siempre traía consigo, pero incluso por la fuerza de tal acto tuvo que agacharse por el arqueo natural que se origina. Cuando terminó notó que había manchado de sangre el pedazo de tela y que brillaba, mas a los pocos segundos la mancha dejó de titilar y dejó el típico borrón carmesí oscuro. Torciendo su gesto por inercia y no por asco, el joven sacó su varita para pronunciar el encantamiento “Tergeo “y luego de un brillo verde claro la sangre desapareció. En ese momento las puertas del Despacho se abrieron y el chico se dispuso a entrar siendo recibido por todos los retratos de los Directores anteriores que lo observaban con suma curiosidad; además, la gran sala circular poseía su habitual luz natural por las ventanas que lo rodeaban y un hálito caía directamente en el Sombrero Seleccionador que parecía estar dormitando por la sensación del pico del sobrero un tanto caído, pero rápidamente se incorporó y “volteó a verlo”.

-Bienvenido, Nicolás-evidentemente debía recordarlo, es un objeto mágico milenario que poseía la inteligencia de los cuatro fundadores-. La Directora está en sus aposentos y en un momento te atenderá. Mientras tanto…-su voz grave adquirió un tono inquisitivo y las arrugas dieron la sensación de que alzaba una ceja-… Me he enterado de que te escabulles al Bosque Prohibido. ¿Qué cosas inapropiadas haces?

-Peleo por la adquisición de un árbol teniendo un duelo de miradas con una ardilla-sentenció Nicolás dedicando una observación desafiante con sus ojos color morado. Su cabello verde se levantaba un poco debido al peinado que traía y un reflejo de luz acariciaba parte del rostro dotándole de un aire no tan propio de magos o muggles. Nicolás debía tener cuidado, no quería que nadie más se enterara de sus asuntos-. ¿Y por qué asumes o crees que voy al Bosque?

-Oh… Las paredes hablan, el viento susurra, las ventanas brillan, los árboles se mecen… Y Peeves es chismoso. Ya viste lo que provocó en la cena de Bienvenida al pobre de Steve solo porque le parecía aburrido el protocolo. Lástima que ese poltergeist no pueda dejar el Colegio-su voz revelaba que, a pesar de que sus palabras indicarían desaprobación, había cierto destello divertido en su forma de decirlo; seguramente todo eso le pareció entretenido a él también-. Peeves ha estado contando que te miró varias veces yendo al Bosque y ha querido organizar un grupo fantasmagórico para seguirte. ¿Qué crees que encuentren?-esa última interrogante la realizó en un tono bastante desafiante y queriendo provocarlo. Nicolás se limitó a torcer el gesto agachando un poco su rostro sin perder su vista del Sombrero y una sonrisa de una fina línea se dibujó para dar la sensación que tarde o temprano el gesto pasaría a una más perturbadora.

-Solo encontrarían una pelea de miradas entre una ardilla y un zorro verde-contestó de manera burlona, pero al mismo tiempo con bastante seriedad. Se estaba divirtiendo con todo el cuestionamiento y mientras esperaba respuesta del Sombrero el portón que daba para la habitación privada de la Directora se abrió, por lo que el ambiente originado por esos dos se rompió y el porte de Nicolás cambió a uno más sereno para recibir a la mujer que lo había citado. Notó que estaba acompañada por su amigo Joseph y arqueó una ceja preguntándose qué estarían haciendo esos dos solos en una situación privada, además que su curiosidad acrecentó cuando alcanzó a escuchar que ella decía “Más tarde hablaré con el profesor Núñez” en un modo que no parecía indicar que su castigo por participar en la guerra de comida fuese algo para la clase de Pociones-. Hola, Joseph-saludó tranquilo a su colega, siendo correspondido por un movimiento de cabeza del mencionado.

-Hey, ¿qué onda?-Joseph torció su sonrisa y se acercó con ímpetu al peliverde-¿Listo para recibir tu castigo?

-Objeción, mi estimado-soltó una risa en suspiro y negó con la cabeza vehemente-, Markus fue quien incitó a la guerra, no su servidor. Yo solo fui una víctima de las circunstancias-Nicolás tosió un poco cubriéndose con el antebrazo y después prosiguió-, además, tu no hiciste nada para detenerlo y te fuiste. Dime, ¿quién es peor: el que sujeta la pata de la vaca o el que la mata?

-La vaca por no defenderse, obviamente. Si yo fue la vaca, aparte de decir” muu” cuando dos tipos vienen con intenciones de matarme huyo. Es instinto-se tocó la cabeza con el dedo índice derecho indicando que “sí pensaba”-. Deberías pensar más, es un buen ejercicio. Al principio da flojera, pero después ya es algo rutinario. Te puedo dar clases los jueves, no cobro mucho.

-Es una invitación interesante y aunque me encantaría estar de acuerdo contigo, los dos estaríamos totalmente equivocados-su sonrisa se ensanchó aún más esperando la respuesta de Joseph, pero la Directora aclaró su garganta para recordarles que ella estaba ahí y que cada uno debía atender sus cosas.

Joseph se encogió de hombros y se despidió de ambos para salir, pero antes de dejarles solos Nicolás notó que llevaba una nota que justo antes de guardar alcanzó a leer que tenía escrito la palabra “acónito”, recordando que era un ingrediente de la “Poción de los Despertares” y de “Matalobos”, ambos brebajes de alta dificultad que se enseñarían en séptimo y sexto año respectivamente. ¿Por qué su amigo llevaría esa nota en mano?

-Se ofreció como ayudante para el profesor de Pociones-habló la Directora yendo a su asiento e invitando al joven de Ravenclaw a tomar su lugar para iniciar la conversación-. No le vi ningún problema y seguramente el docente Abdiel estará de acuerdo, así que le entregué una lista de los ingredientes que faltan en el almacén para dicha clase-mientras tomaba asiento, Nicolás se preguntó si sería cierto que su Directora era legremántica, alguien capaz de leer la mente de los demás mediante magia avanzada. De ser así, entonces ella sabría muchas cosas que él intentaba mantener en secreto y en vez de ponerse nervioso, se entusiasmó pensando que sería una buena oportunidad aprender Oclumancia, la capacidad de evitar que leyesen la mente de uno-. Nicolás, no estás aquí para ser castigado.

Aquello tomó por sorpresa a Nicolás, quien se quedó callado justo antes de iniciar su verborrea acerca de por qué ir al Bosque Prohibido sería una buena sanción para él. ¿Para qué había citado entonces? La profesora Irise claramente le había comentado en la Sala Común que había llegado su turno para ser castigado, mas entonces recordó que cuando ella entró a avisarle miró a todos lados como si quisiera estar a solas con él. ¿Acaso ella sabía que las intenciones de la Directora eran otras? Probablemente, Irise era Jefa de Ravenclaw y a pesar de mostrarse indignada con los alumnos que sí se involucraron al recordarles que debían ser castigados, con él no fue así. Era eso o simplemente quería ser amable.

-Hemos descubierto algo de ti-¿Hemos? Eso sonaba a multitud. Hace tiempo la Directora había citado a algunos Inefables del Ministerio de Magia para que extrajesen sangre del chico y así analizarle en sus instalaciones para averiguar más acerca de su enfermedad. Según recordaba, los Inefables eran magos que trabajan en el Departamento de Misterios y tenían prohibido discutir sus trabajos o revelar información del departamento, pues revelar cualquier cosa garantizaba ser encarcelado de por vida en la prisión mágica de Azkabán. Al menos eso le “garantizaba” que cualquier descubrimiento no debía salir de esas paredes, y si la Directora confiaba en ellos él no debía ponerse tan paranoico-. Con permiso del Jefe del Departamento de Misterios puedo compartirte esta información, la cual… se ha mantenido en discreción y solo el propio Ministro de Magia lo sabe, además de mi y el Subdirector, no los Jefes de Casa. Los resultados han arrojado que desciendes de una Veela y, según tu historial familiar, debe tratarse de alguien muy lejano para que incluso tus propios abuelos no la hayan conocido. Además, también se sabe que esa herencia te afectó al nacer, creo que los muggles le llaman mutación… y que eso conllevó a que desarrollases la enfermedad, y por ende, tu habilidad mágica.

Nicolás se quedó completamente callado. ¿Descendía de una Veela? Según los libros que ha leído, son una raza semi-humana que desciende de las sirenas marinas en apariencia jóvenes y con una especie de atracción para otras personas tan poderosa que pueden tener a cualquiera casi comiendo de la palma de sus manos; además, cuando se enojan se “transforman” en un ser similar a la harpía con cabeza similar a un ave mientras su cabello se alza, largas plumas en los hombros y con la capacidad de lanzar fuego. Recordaba que en las noches su madre le contaba la historia de una mujer hermosa pero temperamental que se enamoró de alguien humilde y que le relataban cuando era una niña, pero… ¿Y si, sin saberlo, le estaba contando una historia real del pasado familiar?

-Ok…-de pronto, los ojos de Nicolás adquirieron un tono que iba cambiando del morado a un rojo pálido mientras meditaba todo lo que le dijo la Directora y sus reflexiones personales-…. Pero nadie de mi familia se transformaba en algo similar a la harpía… no hay historial de eso, ni siquiera rumores ni nada por el estilo. Pero sé que existe la posibilidad de que su gen haya sido recesivo y hubo un salto generacional hasta mí y al mutar adquiriese algunas habilidades Veela como la capacidad de alterar mi físico aunque no se parezca en nada en la naturaleza de esos seres.

-¿Gen? ¿Recesivo? Supongo que son términos propiamente muggles y a lo que puedo deducir de tus palabras hablas de algún tipo de herencia biológica como mencioné anteriormente, ¿no es así?-Nicolás asintió, pues aunque su análisis era un poco ambiguo al menos ella entendió parte de la ciencia muggle para comprender lo que él quería decir-. Además, aun no se sabe el motivo, pero tu lado Veela es lo que causa que tengas esa enfermedad y, por ende, tu capacidad mágica. Además, tu transformación, como bien dices, es diferente a lo esperado de sus descendientes: tu cabello cae en vez de levantarse, no adquieres un aspecto similar a un ave y…

-No atraigo a las personas, sino todo lo contrario-los ojos de Nicolás adquirieron un tono rojizo más fuerte pensando a gran velocidad las consecuencias de ese gen, pues sabiendo que era una mutación entonces sus teorías podrían ser ciertas… pero como algunas condiciones muggle dotadas de ciertas mutaciones entonces…

-… Y entonces surgió la posibilidad de que si gustas, te curan de esa enfermedad que padece y así no tendrías ninguno de sus síntomas, entre ellos ser mago-sentenció la Directora observando con atención a su alumno.

El cabello de Nicolás terminó por caer y su vista estaba fija a un punto del escritorio de la Directora. ¿Eso era posible? ¿Dejar de ser mago? Entonces si por una enfermedad él adquiría esas habilidades, existía la capacidad de…

-De igual manera...-la Directora suspiró como si desaprobara lo que diría a continuación-… se te invita a que al graduarte de Hogwarts comiences a trabajar como Inefable en el Ministerio de Magia, en donde podrías llevar a cabo las investigaciones que quisieras a cambio de ciertas condiciones…-su tono adquirió más reproche-… que seas objeto de sus investigaciones por un tiempo.

Con que ahí estaba la trampa…”, pensó Nicolás alzando la vista para ver directamente a la bruja. Sus ojos rojos parecían irradiar fuego y el cabello lacio brillaba por los hálitos de luz que entraban por las ventanas. Los cuadros de los antiguos directores empezaron a murmurar e incluso las armaduras también; el chico volteó hacia atrás por arriba del hombro y notó como el Sombrero Seleccionador parecía observarlo con mucha atención a pesar de no tener ojos. Sin quererlo, una sonrisa perturbadora surcó por sus labios deformando un poco su rostro, juntando a la imagen que emanaba aquello por lo que los estudiantes le rehuía y otros temían. Sin embargo, la mirada penetrante de la Directora le hizo calmarse un poco y entonces su cabello retomó su forma original aunque sus ojos mantenían el tono rojizo.

-Tendría que pensarlo-su voz era una mezcla de emoción y tranquilidad, algo raro sin duda. Daba la sensación de un viento en calma que pronto se convertiría en ventarrón-. Es una oportunidad grata, aunque espero que los Inefables me den tiempo de analizar la oferta.

-Por supuesto-la Directora se levantó para acercarse a la puerta, indicando que la sesión ya terminaría-, en sí te dieron todo el año para que lo meditaras. No es una decisión fácil dadas las condiciones que te dieron, no sé si estarías dispuesto a ser una especie de conejillo de indias y a la vez hacer todas las investigaciones que gustes. Espero que lo pienses bien.

¿Acaso notó advertencia en sus palabras? Era lógico, ella lo estuvo ayudando desde primer año para lidiar con su enfermedad a pesar de que varios compañeros encontraban desagradable que tosiera muchas veces al día y expulsase sangre de su organismo. De cierta manera él le tenía estima igual, además de confiar en ella por todo lo que le ayudó en su momento y que incluso ahora le reveló datos que el Departamento de Misterios podría darse el lujo de no hacerlo y se hubiese quedado como antes de entrar al Despacho. Definitivamente era algo que no podía tomarse a la ligera.

-Muy bien, gracias por contarme todo esto-Nicolás se levantó para irse, aunque al hacerlo tosió fuertemente y tuvo que sujetarse del asiento para no caer. Repentinamente se sintió un poco débil y maldijo por lo bajo no porque le molestara sentirse así, sino que más bien sabía que por el resto del día no podría hacer magia para que no se saliese de control y reposar de eso lo más que pudiese. Respiró hondo para recuperarse y como esta vez no hubo sangre continuó con su propósito de irse hasta llegar al portal-. ¿No tendré castigo, verdad?

-Si alguien pregunta solo di que te sancioné con ir al Bosque Prohibido-la Directora sonrió traviesa y luego retomó su gesto solemne-. Anda, debes descansar.

Nicolás asintió y se fue. Bajó las escaleras de caracol en silencio aun pensando todo lo que había pasado en el Despacho, pues saber que era descendiente Veela le tomó por sorpresa y eso, en vez de asustarle sólo le motivaba a seguir con sus “cosas”. Su cabello de nueva cuenta cayó para ser lacio y los ojos rojos se intensificaron, asustando a uno que otro alumno que al mirar a la gárgola notaba que el salía de ese pasillo con una sonrisa intranquila. Manteniéndose así se transformó en zorro verde y caminó rumbo a la Sala Común de Ravenclaw, ahuyentando a los que pasasen a su lado porque instintivamente se sentían intranquilos en su presencia.

Esto simplemente mejora mis planes…. Todo va perfecto.”

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Re: Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por Dragon2GR el Vie Feb 10, 2017 12:31 am

Shocked osea que nico... esconde una Danza seductora?

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Aun no lo entienden, no estoy atrapado con ustedes, ustedes estan atrapados conmigo
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Re: Hogwarts: La Generación de Maneko

Mensaje por Ghostyaya el Vie Feb 10, 2017 12:41 am

¿Quieres que lo intente con tu personaje? ;D

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Capítulo IV. “Las Estrellas no Dejan de Brillar…”

Mensaje por Ghostyaya el Vie Feb 17, 2017 12:52 am

Capítulo IV:
“Las Estrellas no Dejan de Brillar…”





-¿Trajeron todo lo que necesitamos? Bien, tan solo recuerden que estaremos juntos y no nos dividiremos para “abarcar más terreno” aunque ya varios de ustedes pueden rondar por el bosque… el problema es que una cosa es ir de día y otra de noche… y no quiero que “alguien” me regañe por no cuidarlos. No quiero ver partes de sus cuerpos regados por ahí o que algún animal los ataque. ¿Entendido?

El profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, Gerard Wanderer, estaba al frente de una pequeña cuadrilla conformada por los alumnos Markus Eltnam, Medusa Black y Steve Dunham para representar a cada casa del Colegio. No había Gryffindors debido que a ellos les encargaron como castigo limpiar a mano el campo de Quidditch debido a su gran interés en ese deporte y Gerard escogió a esos tres precisamente porque sabía que se llevaban bien y no quería asperezas para la tarea encomendada. Euríale había sido mandada al fregado de la cocina para auxiliar a los elfos domésticos y así no arriesgarse a que le pasara algo grave en el Bosque Prohibido. De igual manera, Gerard comprendía que llevar a más sería peligroso, por lo que una comitiva conformada por cuatro estaba bien.

-Recuerden, iremos por materiales para la clase de Pociones y Alquimia. Si alguno se pierde por X o Y razón, lance el hechizo Periculum con luces rojas o verdes dependiendo de lo que consideren adecuado e iremos por ese perdido-su voz, jovial y alegre de siempre, revelaba que no estaba para tolerar valientes o atrevidos. Confiaba en que ninguno de los tres hiciese un acto indebido como alejarse o atraer criaturas que no debían, tan solo esperaba que no ocurriesen sorpresas inadecuadas-. Sé que lo correcto para entrar al Bosque habría sido que fuésemos de día… pero en la noche es más divertido. ¿Alguna duda?

No solo lo hacía por eso, quería ver qué tan responsables eran bajo estas circunstancias y evidentemente si algo pasaba tomaría las riendas del asunto. Gerard era consciente que a todos ellos les faltaba vivir y esperaba que este castigo les sirviese de algo, pues desde que llegó al Colegio ha tenido una pequeña sensación en su corazón que no le dejaba disfrutar por completo su vida como tal. De hecho, varios lo habían visto más serio de lo normal y aunque podrían adjudicarle a su peculiar seriedad que a veces tenía, nunca dejaba de sonreír y ser un mago con esencia agradable y lo dejaban simplemente a que debía estar preocupado porque tenía apenas un año como Subdirector.

-Yo-alzó la mano Markus para hacerle una pregunta al profesor, quien le dedicó una mirada de atención para no perderse en sus pensamientos… cualquiera que leyese su mente sabría que es un gran laberinto en el que podría perderse-… Si Charles Xavier es telequinético y, por ende, desplaza las cosas y personas con su mente, ¿por qué no utiliza su poder mental para mover sus piernas y así caminar?

-De lo que haremos ahorita, Markus…-Gerard le miró alzando una ceja y una sonrisa divertida mientras esperaba su respuesta. “Demonios… no lo había pensado. ¿Por qué el profesor X no lo hace?”, pensó un tanto hilarante.

-Ah… no… de lo que haremos no-bajó la mano y se dispuso a acercarse al profesor para iniciar con el castigo llevando una cubeta muggle para guardar lo que fuesen a recolectar al igual que Medusa y Steve, aunque éste último no pudo evitar soltar una risilla por la pregunta de Markus.

-Emm… Steve….-susurró Medusa colocándose a un lado de su amigo y frunciendo sus labios porque le daba vergüenza lo que le iba a preguntar-… ¿Quién es Charles Xavier? ¿Telequinesis es como un hechizo avanzado de mover cosas con la magia, verdad? ¿No pueden curar a ese Charles con magia?

-No, tontita-Steve soltó una leve risa sincera ante la ingenuidad de su amiga por la cultura muggle y negó con la cabeza bastante divertido y de buen humor-. Charles es un personaje de ficción de unos cómics… los cómics son libros con pocas hojas llenas de muchos dibujos. Es un personaje bastante famoso entre los muggles, no es real.

-Pero…-los ojos de Medusa parecieron hacerse más grandes y brillantes, reflejando en ellos las estrellas que oscilaban en el cielo nocturno-… Para los muggles la magia no existe… ¿Y si Charles es real y ustedes no lo saben?

Steve carraspeó y volteó su cabeza para mirar a otro lado un tanto avergonzado. Sus mejillas adquirieron un color rojizo muy tenue, imperceptible para cualquiera debido a la oscuridad que les invadía y solo era evitada por el Lumos que cada quien invocaba en su varita. El joven Slytherin carraspeó un poco y cuando apenas iba a hablar Gerard lo interrumpió.

-No se queden atrás ustedes dos, vengan-les hizo una seña con la cabeza para que apresuraran el paso y no perderles la vista-. No quiero que se me separen, comencemos de una vez antes de que se haga tarde.

A pesar de la gran presencia de estrellas en la bóveda celeste nocturna, entrar en el Bosque Prohibido daba la sensación de que el cielo estaba completamente impregnada de negro… incluso la Luna no era posible de detectar debido a lo espeso del Bosque por todas las hayas, robles, pinos, sicómoros y tejos que llegaban a gran altura; la maleza a veces dificultaba el andar de los estudiantes y se escuchaba a lo lejos uno que otro arroyo que seguía con su cauce sin importar si ellos estaban ahí. El sendero, marcado por el uso a través del tiempo, les indicaba claramente que no debían salirse de ella a riesgo de perderse; mas no ayudaba escuchar movimientos a lo lejos pensando que podrían tratarse de acromántulas, trolls u hombres lobo que podían transformarse a voluntad. Claro, Gerard tan solo les decía que esas criaturas no los atacarían… pero no negaba su existencia.

Para los jóvenes, quienes no estaban acostumbrados a recolectar material, sentían que habían pasado horas buscando, analizando y guardando en las cubetas. Al menos para Steve no era una actividad tan cansada porque estaba acostumbrado a la rutina física, pero para sus compañeros Medusa y Markus la historia era otra: ella, toda su vida rodeada de magia, no hacía ejercicio y sus manos se maltrataban con relativa facilidad; él, a pesar de provenir de familia con conocimientos muggles, tampoco estaba sometido a alguna actividad física de gran calibre, por lo que a estas alturas ambos, la Huffepluff y el Ravenclaw, ya sentían dolor por la exposición prolongada a caminar, agacharse, arrancar, recolectar y demás cuestiones que podrían haber librado con facilidad si hubiesen usado su varita.

-Ustedes deberían hacer un poco de ejercicio, ¿saben?-comento Steve dejándose caer en el suelo para sentarse cruzando las piernas. Justamente habían terminado y Gerard estaba verificando si habían encontrado todo-… No siempre pueden depender de la magia y la varita.

-Mira… hacer ejercicio está sobrevalorado-respondió Markus suspirando, deteniéndose justo cuando iba a limpiarse con magia-... Deberían de inventarse alguna máquina que haga el ejercicio por ustedes, invierten mucho tiempo en correr, hacer abdominales y esas cosas.

-El chiste del ejercicio es que uno mismo debe hacerlo sin depender tanto de otros objetos. El músculo debe resentir el esfuerzo-mientras Steve y Markus hablaban, Medusa estaba observando las estrellas con una sonrisa cansada en el rostro. Poco después la chica se levantó y caminó un poco alejándose del resto para estirar las piernas-, si no, el cuerpo en sí no se tonifica.

-Pero, ¿para qué quiero sentir dolor? -cuestionó Markus suspirando-. Entiendo que uno deba estar en forma, pero en serio, no le veo muy requerido instruir tiempo en hacer ejercicio. Debería tener efecto inmediato como la magia.

-Me sorprendes, Markus-Steve negó chasqueando su boca y centrándose en el debate-. Tú que provienes de muggles deberías saber que a veces esforzándose con algo la satisfacción de obtener el resultado es más grato.

-¿Y Medusa?-preguntó el profesor Gerard antes de avisar que ya podían regresar al Colegio-. ¿No se supone que estaba con ustedes?

-Ella estaba…-Steve volteó a buscarla y al verificar que la bruja no estaba en donde debía, se incorporó rápidamente adoptando un gesto bastante preocupante-. ¿Medusa? Por favor, sal. Ya debemos irnos-al obtener como única respuesta el silencio, el joven Slytherin cambió rápidamente su postura a una más alerta y con el ceño fruncido parecía que de un momento a otro se molestaría-. ¡Medusa!... Oh, no…

Sin dar aviso, Steve empezó a correr para buscar a su amiga sin importar que el profesor le gritara que no debía alejarse. Debido a ello, no percibió que Gerard le lanzó un hechizo a una increíble velocidad de reacción de la cual ni siquiera Markus logró percibir a tiempo, pues simplemente desenfundó su varita y le apuntó con total seguridad para decir: “Impedimenta” con gran determinación. Steve, sin más, se fue ralentizando hasta paralizarse por completo y sin poder evitarlo caer al suelo a una distancia de unos 6 metros de ellos, provocando que su golpe se escuchara por la redonda debido al silencio del Bosque. Markus miró con sorpresa al docente, quien se acercaba al que corría con un gesto severo y serio como pocas veces se le había visto.

-No la podrás encontrar ni proteger estando así, Steve. Necesitas pensar con cabeza fría en estas circunstancias y más por los peligros que aguardan en este lugar-la voz de Gerard dio paso a una más adulta, como si de pronto tuviese más edad que la  verdadera y hubiese vivido más de lo que se le sabía. Le tendió la mano para ayudarle a incorporarse-. Vayamos juntos, los tres.

Steve estaba hecho una furia cuando sintió que alguien le había lanzado un hechizo impidiendo su andar. No le importaba que se hubiese tratado de un profesor que le caía bien, ya estaba sacando su varita cuando se topó con su mirada y decidió no cometer una estupidez con sus impulsos. Tenía razón, en el Boque Prohibido no se pueden cometer tonterías imprudenciales y, aunque le doliese, debía seguir un plan si no quería que algo acabara mal. En silencio, Steve se levantó solo carraspeando mientras escuchaba cómo le harían para encontrar a Medusa.

**********************
De pronto, como si despertara de un sueño, Medusa se dio cuenta que estaba sola en la oscuridad del Bosque. Lo último que recordaba era escuchar a Steve y Markus discutir sobre el ejercicio, mirar al cielo y luego estar ahí. Los árboles torcidos parecían observarla como si le reclamasen el hecho de estar ahí mismo y sintió miedo, pues estaba sola en un sitio con fama de peligroso y con rumores de que magos y brujas intrépidos no lograban salir con vida. La chiquilla sin querer empezó a hiperventilar tratando de rememorar el hechizo que les dijo Gerard antes de entrar al Bosque cuando escuchó que algo se acercaba y se paralizó.

-Tranquila… No te ocurrirá nada malo, maga-una voz profunda y salvaje hizo acto de presencia a espaldas de Medusa, quien giró sobre sí misma tratando de recordar sus clases de duelo cuando se topó con unas patas de caballo que se acercaban a ella, por lo que recorrió con su mirada para ver al jinete y tuvo que cubrir su boca para no gritar al notar que en vez de la cabeza del equino había un gran torso humano con bastante vello corporal y más arriba una cabeza humanoide. Era un centauro de color cobrizo y de apariencia vieja-. No deberías estar aquí.

Medusa recordó que los centauros son unas criaturas bastantes recelosas en interactuar con los humanos u otros como arpías y vampiros, pues a pesar de tener un intelecto al nivel de los magos optan por ser consideradas como bestias y con sus palabras “no somos juguetes o sirvientes” dejaban en claro lo que opinaban de una interacción directa.

-Me… me perdí…-alcanzó a decir Medusa con su voz entrecortada y tragando saliva retrocediendo de a poco-… yo solo… miraba las estrellas y… y…-de pronto, recordó algo que provocó que se detuviese y tocara su frente recordando algo-… no, no me hablaron, me…

-Te mostraron algo, ¿no es así?-el centauro de detuvo y se miró que su cola estaba un tanto agitada-. Es raro que una humana pueda “ver” las estrellas y entenderlas. ¿Qué viste?

-No… no se…-cerró sus ojos intentando rememorar qué había pasado y sintió cómo entraba en una especie de trance consciente. Alzó su vista con mirada perdida y notó que algunas estrellas oscilaban a cierto ritmo, la posición de otras estaba en una forma extraña, las constelaciones fueron más notorias y un arcoíris de plata rodeaba a la luna… todo le estaba manifestando-… Los sucesores de los fundadores se han reunido… la espada de fuego, la copa de tierra, la diadema de aire y el guardapelo de agua se mostrarán ante sus elegidos cuando éstos demuestren que son dignos de merecerlos… Las lenguas de serpiente se batirán a un combate y solo entre ellos podrán acabar con la vida del otro… Y… un gato llora frente a un gran árbol.

Medusa parpadeó un par de veces y volvió en sí con la respiración agitada. ¿Qué había sido toda esa simbología? Ni ella misma entendía claramente todo lo que había visto. Nerviosa, de nuevo miró las estrellas y su corazón se agitó al comprender que ya no podía ver las constelaciones y que la Luna se había ocultado a través del ramaje de los árboles. Centró su atención al centauro y notó que sonreía con orgullo.

-Vaya… tienes tu poder muy desarrollado. Recuerda maga… Las estrellas no dejan de brillar aun cuando hay una tormenta que impida verlas. Analiza lo que te han mostrado, pues ellas nunca hablan claro y no pueden mentir-el centauro comenzó a retirarse para volver a su manada cuando suspiró y la miró por arriba de sus hombros-… se vienen tiempos difíciles en tu castillo y en los corazones de quienes habitan allí. Deberás volverte fuerte-de improviso, volteó hacia a un lado y frunció el ceño como si pudiese ver a través de la oscuridad-. Debo irme… nos volveremos a encontrar.

Y dicho esto, el centauro galopó con mediana velocidad dejando a Medusa sola de nuevo. Ya no sentía tanto miedo como antes, pues ahora tenía cosas en las cuales pensar y meditar. Definitivamente debía hablar con el profesor Defunct para comprender lo que había visto, incluso comentarle a su tío Alexander serviría debido a sus conocimientos de las estrellas. A la lejanía escuchó que alguien se acercaba y decidida, sacó su varita apuntando de donde provenían los ruidos… pero pasados los segundos reconoció la voz de uno de ellos y sonrió aliviada.

-Te digo… no miento. Vi a un zorro verde frente a una ardilla hace rato-Markus estaba tan convencido de lo que había visto que no le importaba que Steve le negase con la cabeza-. Yo sé lo que vi y no me importa que no me crean.

-Markus-la voz de Steve indicaba que no tenía paciencia alguna-… seguramente oliste algo que te provocó alucinaciones o una especie de espejismo en el bosque-una luz cegó a Medusa debido a que se había acostumbrado a la noche y cuando logró ver bien pasados unos segundos notó que ese brillo se trataba de un patronus en forma de urraca que, al verla, voló a gran velocidad para rodearla dejando una estela blanquecina tras de sí para finalmente posar sobre su cabeza y picotearla. En ello, Steve le vio y se podía notar que estaba muy cansado y agotado mentalmente, pero eso no importo porque dejó atrás a Markus y al profesor Gerard para correr y acercarse a Medusa para abrazarla, gesto que tomó por sorpresa a la Hufflepff-. Tonta, ¿por qué te fuiste así? Me preocupaste…-de pronto, el chico se alejó y carraspeó un poco, justo después el patronus se desvaneció-. ¡Nos preocupaste! ¿Por qué te fuiste?

-Yo… no fue mi culpa-las mejillas de Medusa se inflaron por la reprimenda de su amigo-. Yo solo… le hice caso a las estrellas. Me estaban mostrando algo.

-Primero Euríale, ¿y ahora tú? Deberían controlar mejor sus poderes antes de que te pase… ¡Que a alguna de las dos les pase algo grave!-Steve parecía estar enojado, pero solo Medusa sabía que el chico se estaba desahogando de la gran angustia que portaba por haberse desaparecido, así que mejor suspiró y le sonrió.

-Medusa, no vuelvas a hacer eso-Gerard se acercó y aunque también se mostraba aliviado era el profesor encargado por la seguridad de todos ellos, así que igual en su mirada ígnea había un deje de decepción-. Esto se va a quedar entre nosotros, no quiero que la Directora se entere. Ahora, todos juntos y que yo los vea. Regresaremos por las cosas y nos iremos al Colegio directo a dormir. Su castigo ha terminado.

Steve y Medusa se fueron acercando a Markus, quien abrazó a la chiquilla y le dijo lo contento que estaba porque estuviese sana y salva, aunque luego le preguntó si de pura casualidad ella conocía las tostadoras para convencerla de unirse a su causa de que en Hogwarts debían existir esas máquinas para tostar el pan y así no depender de los elfos por si tenían un antojo nocturno. Gerard suspiró y recobrando su buena compostura, les comentó que cada casa de ellos había perdido 30 puntos y no escucharía reproche alguno de momento.


Última edición por Ghostyaya el Lun Mar 13, 2017 10:28 pm, editado 2 veces

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Capítulo V. Detrás de la Puerta

Mensaje por Ghostyaya el Lun Mar 13, 2017 10:27 pm

Capítulo V:
Detrás de la Puerta



-¡Muy bien! Empecemos la clase. Como ya puedo practicar hechizos podré enseñarles mejor la clase y como ustedes sabrán… me gustan las sorpresas.

El profesor Theodore, o señor T como le decían sus alumnos más allegados, se mostraba muy entusiasmado con la clase del día de hoy y tanto su voz como movimientos corporales lo delataban por irradiar alegría y un brillo especial en sus ojos. Ya había pasado el tiempo estipulado por la Directora que le había castigado con no hacer magia debido a su participación en la “Gran Guerra de Comida” y ahora se encontraba en su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras con los de sexto año en un aula bien equipada para los combates y, en caso necesario, cuando se hiciesen convivios para armonizar el ambiente y llevarse bien entre sí. Para esta ocasión las mesas estaban acomodadas en un círculo dejando un gran espacio en el centro y los alumnos estaban de pie en grupos de dos observando al profesor caminar de un lado a otro con su habitual y aumentado ánimo divertido.

Las hermanas Black se disponían, como siempre, a estar juntas mientras miraban con expectativas el inicio de la clase contagiándose de la actitud del docente; Nicolas estaba junto a Joseph, pero de los dos quien llamaba más la atención era el peliverde porque hacia muecas extrañas con su boca como si quisiera exhalar algo, provocando risillas entre otros que les parecía gracioso y cualquiera que se atreviera a preguntar era respondido con lo mismo que venía diciendo desde hace días, “quiero expulsar fuego”, y solo lo tachaban de raro como siempre; Markus decidió en esta clase sentarse al lado de Judas, quien se mostraba un tanto incómodo por la cercanía del joven Eltman quien optó por reducir la distancia con él e intentar convencerlo, como a otros tantos más, de iniciar una revolución tostadorífica.

-¡Examen sorpresa!- gritó Theodore de pronto sacudiendo la concentración de varios al realizar un movimiento grácil con su varita y de la punta de ésta salieron muchas serpientes en dirección a los estudiantes con sus bocas abiertas mostrando colmillos con inusual resplandor. Debido a la lluvia de reptiles todos reaccionaron de maneras diversas mezclando ruidos, brincos, que otros corrieran o se escudaran con sus brazos cubriendo el rostro o partes vitales. El profesor solo colocó sus manos en su cintura a modo de jarrón y vociferó- ¡Defiéndanse con hechizos de mi clase, nada más! No quiero que se escuden detrás de una mesa o se salgan de aquí. ¡Epoximise!-la puerta se selló, “pegándose” al instante y se escuchó que un alumno gritaba Alohomora y Theodore se limitó a reír de buena gana-. Ese hechizo solo funcionaría si yo lo hubiese cerrado manualmente o hubiese usado Colloportus, pero no fue así. Si escucho que alguien exclama el contrahechizo indicado restaré puntos a esa casa y no podrá entrar a mi clase por una semana. No, no es castigo, deben medir bien sus reflejos y no actuar de manera desesperada si algo sorpresivo aparece. ¡Qué inicie el examen!

Medusa y Euríale habían sido de las primeras en gritar y la menor se había refugiado agachándose un poco hiperventilada, Medusa respiraba con agitación pero ya tenía su varita en mano y exclamaba con muchos nervios varias veces “Everte Statum”, pero lo único que provocaba era que saliesen empujadas las serpientes que luego intentaban acercarse a ella arrastrándose al sisear; otra voz al fondo decía “Serpentis Exumai”, aunque en realidad no pasaba nada y aquellas criaturas seguían a su lado como si nada; Joseph, entusiasmado con el examen, señalaba con seguridad a cada ser mientras utilizaba el hechizo “Impedimenta” paralizando a todas las que caían como objetivo de su mirada y concentración; Nicolás solo había hecho un encantamiento, un Protego sencillo y efectivo, por lo que cualquier serpiente que intentara acercarse a él era imposibilitada por una barrera invisible que solo lo protegía a él y así el ojivioleta se sentó a seguir intentando exhalar fuego con tranquilidad; Markus se había quedado paralizado al principio observando con nerviosidad la escena, pero pasados unos minutos comenzaba a relajarse y a meditar qué hechizo sería el indicado.

Judas, por su parte, se había agachado como Euríale tratando de cubrirse los oídos porque escuchaba a muchos compañeros gritar “qué hago aquí”, “tengo miedo”, “por qué me hacen esto”, “quiero salir de aquí” y otras exclamaciones lastimeras que solo le indicaban al mago que la mayoría no quería estar en esa clase. Usualmente no se pondría nervioso ante una situación así porque ya había resuelto conflictos más apremiantes, pero era la primera vez que veía serpientes que no fuese en libros o en televisión muggle y el no estar preparado para tal circunstancia le había conllevado a dicha reacción. Además, su mente parecía bloqueada porque a pesar de escuchar varios hechizos defensivos no podía hacer alguna de ellas.

Cuando alzó la vista para ver mejor qué estaba pasando notó cómo una serpiente enorme de colores brillantes lo miraba como si fuese  una presa apetitosa reptando a él en total sigilo, sin sacar la lengua ni emitiendo ruido alguno. Los ojos oscuros del reptil le miraban directamente a los suyos y Judas meditaba con la velocidad que podía que el profesor no dejaría que un alumno suyo fuese dañado, lo creería capaz de su profesora de Duelo con tal de que aprendieran una lección pero no de él… ¿O sí?

-Aléjate...-susurró Judas tan bajito que nadie lo habría podido escuchar. Su respiración estaba agitada y se echaba para atrás como le fuera posible-… Vamos, aléjate, no quieres hacer esto, ¿verdad?

Y, de pronto, la criatura paró. ¿Brincaría? ¿Lanzaría veneno? No, no hizo algo de eso. Siguió reptando a paso más tranquilo y como si él no existiera pasó de largo yendo a otro alumno que se estaba protegiendo con una barricada de mesas a la vez que alzaba su boca amenazando al susodicho. El color regresó a Judas y soltó un largo suspiro aliviado de que no lo hubiese atacado, aprovechó para sacar su varita y al regresar su atención al aula una pitón de dos meros se le acercaba esta vez a mayor rapidez que la anterior. El chico se puso aún más nervioso y sin pensarlo apuntó con su varita.

-¡PROTEGO TOTALUM!-gritó con tal fuerza que todos voltearon a verlo con curiosidad dejando lo que estaban haciendo. Miraron cómo una luz blanquecina salía de la punta de su varita y percibieron que algo cálido y poderoso rodeaba la zona de batalla y las serpientes “retrocedían” o eran arrastradas hacia atrás por una fuerza poderosa dejándolas al borde del salón sin poder moverse como si algo las apretara hacia las paredes. Judas respiraba nervioso y tragaba saliva con dificultad por lo que acababa de hacer y el silencio reinó el sitio.

Unos comenzaron a murmurar nerviosos “¿acaso hizo un hechizo que nadie nos ha enseñado?”; Markus y Euríale parecían calmados a comparación del temor que hacía unos instantes mostraban y Nicolas, con gran expresión de curiosidad, rompió el silencio cuando por fin una llama roja con bordes verdes salía de su boca y alzaba sus brazos con triunfo a la vez que expresaba con orgullo “¡Yes!”. Theodore empezó a aplaudir y fue el único que lo hizo por unos segundos para después mover su varita y así las serpientes desaparecieron como si nada, la puerta dejó de estar sellada y el escudo invocado por Judas se esfumó, al igual que los otros hechizos que tenían “espacio” en el aula.

-¡Muy bien! Euríale, Markus… debo hablar con ustedes luego-señaló el docente un tanto decepcionado mientras negaba con la cabeza-. Solo una minoría logró hacer bien los hechizos y su utilización correcta, así que felicito a Nicolas y Joseph por ello, su casa recibirá 20 puntos por su buen trabajo; Medusa, ese hechizo no funcionaba porque solo los alejabas pero no los detenías, solo retrasarías al enemigo si quisiera hacerte algo… y Judas, esa fue una ejecución limpia del Protego Totalum, además que pensaba enseñarles ese hechizo en una clase avanzada. Felicidades, Slytherin recibe 30 puntos extras y cuando aprendan ese encantamiento quiero que tomen como ejemplo el que realizó su compañero.

Luego de sus palabras, Theodore caminó hacia la parte de atrás del salón que daba a su dormitorio. Pasados unos segundos sacó una mesa de dulces muggles lleno de ranas de chocolate saltarinas, grageas de sabores, droobles, meigas fritas, varitas de regaliz, ratones de azúcar y calderos de chocolate. Para quienes lo habían pasado realmente mal aquello era un manjar que estaba destinado a calmar sus ansias y subir sus ánimos, además de mejorar la salud de uno que otro.

-Vamos, coman todo lo que puedan-invitó el profesor con una gran sonrisa-. Les dije que me gustaban las sorpresas y ustedes lo saben.

Sin esperar mucho, todos sin excepción se lanzaron a la mesa para ingerir sus dulces favoritos y convivir entre sí. Algunos se quedaron alrededor de la mesa para comer lo que les fuese posible, otros se iban a sentar a su lugar de manera tranquila y pocos aprovechaban mejor para descansar como Judas, quien no tomó nada y optó por quedarse a un lado estirando su cuerpo. Sin embargo, varios alumnos fueron a felicitarlo en persona y el chico en vez de intimidarse sintió orgullo de sí mismo y se animó a llevarse bien con quienes iban a conversar con él. Era un gran paso para quien optaba por refugiarse en los libros y se le dificultaba iniciar alguna amistad.

Cuando la clase finalizó los ánimos ya estaban mejor y los magos y brujas se disponían a realizar las actividades que les competían. Theodore se despidió de buena gana recordando a Markus y Euríale que luego hablaría con ellos y sonriendo a cada chico que pasara a su lado. Judas sintió una mirada enigmática del docente y lo adjudicó a su desempeño en clase. Escuchó que la puerta se cerró tras de sí y suspiró, aliviado de que no habrían más sorpresas fuertes para él en el resto del día.

**********************
Revisen en el libro el apartado que habla sobre Júpiter y sus satélites. ¿Alguien podría decirme cuántos posee?

Era de noche y el cielo nocturno se encontraba completamente despejado, mostrando todas las estrellas del firmamento titilar y una luna casi llena se veía resplandeciente. Una de las pocas clases que los alumnos reciben a esas horas es la materia de Astronomía, una rama tanto mágica y muggle que abarca el estudio de las constelaciones y lo cuerpos celestes del espacio. Los alumnos de séptimo año se encontraban en la parte más alta del Colegio, la Torre de Astronomía, bajo las indicaciones del especialista en esta ciencia mágica el profesor Alexander Zacarias Black Erikssen, o simplemente Alexander Black, con su habitual voz clara y firme debido a la seriedad con la se entregaba a estos estudios que su familia se había dedicado por generaciones. Aunque la sociedad mágica actual ha pedido al Ministerio que esta clase sea cancelada porque no le ven uso útil, la Directora ha defendido que posee tanta importancia como la Aritmancia o Encantamientos  porque permite  comprender un conocimiento que aunque está extinguiéndose estudios recientes han demostrado la posibilidad de que la posición de las estrellas, la Luna, el Sol o incluso ciertas estaciones del año la magia de cada uno podría verse potencializada o menguada, premisa que aportó Alexander cuando era alumno y que actualmente el Departamento de Misterios investiga.

-Son 67 satélites, profesor-Lloyd Puppeteer alzó la mano y habló cuando Alexander se lo indicó-. Los primeros fueron descubiertos por el astrónomo muggle Galileo Galilei, pero habían sido observadas desde el año 364 a.C. por parte de otro astrónomo muggle de nacionalidad china.

-Exacto, Lloyd. 10 puntos para Ravenclaw-expresó el profesor afablemente sin llegar a emocionarse-. Los nombraría todos, pero sé que varios de ustedes se dormirían. ¿Alguien sabe la importancia de este planeta dentro de la comunidad mágica?

-Se dice que sus lunas, junto a sus características más relevantes, pueden crear una especie de encantamiento cósmico que influye según en las habilidades de cada mago. Io, por ejemplo, al poseer volcanes influye en las magias de fuego y Europa en hechizos como Glacius-contestó Lancelot Leblanc mientras tomaba notas del asunto-. Como varios movimientos de varita, se teoriza que ciertas posiciones pueden “crear” hechizos.

-Excelente, Lancelot. 10 puntos para Slytherin-precisó Alexander con un deje de satisfacción personal. Al menos algunos sí estudiaban y realizaban bien sus ensayos a pesar de que por años se ha solicitado que esta materia fuese optativa y no obligatoria-. Imaginen las posibilidades. ¿Quieren realizar un hechizo perfecto de índole acuático? Hay que hacerlo en luna nueva o llena al estar alineado con el Sol. ¿Quieren limpiar por completo un escenario de alguna magia lanzada? Que sea en medio de un eclipse para que Deletrius sea 100% efectivo si no son magos altamente calificados.

-Siguiendo su línea de pensamiento…-habló Steve desde su asiento con un cuaderno y pluma muggle anotando todo. Había alzado la mano para preguntar y Alexander le había dado permiso con un movimiento  leve de cabeza-… ¿Entonces los hombres lobo se transforman en luna llena no solo porque sea una casualidad, sino por esa condición astronómica? Si usted menciona que los planetas y los astros influyen en la magia, al igual que en el reino animal las estaciones del año marcan su época de apareamiento… Entonces hay algo en especial cuando la Luna está en esa posición.

-Exacto, Steve-aunque mantenía su voz en calma, el profesor no intentaba ocultar una pequeña sombra de emoción ante el cuestionamiento del chico-. Se sabe que la luz lunar en esa noche es lo que les obliga a transformarse. Como todos ustedes saben el brillo de la Luna no es propia, sino un reflejo del que emite el Sol. Si tuviésemos la tecnología suficiente o si tuviésemos acceso a los descubrimientos muggles de este satélite sabríamos de qué está hecho y si ésto es lo que conlleva a la transformación porque no lo hacen mientras se es de día. Hay tanto por investigar y corroborar que el campo de la investigación de los astros no ha muerto.

Mientras Alexander hablaba, y más cuando mencionó a los muggles, notó que uno de sus alumnos se mostraba bastante aburrido y desinteresado al punto que ya ni prestaba atención a la clase. No se interrumpió para reclamarle ni mucho menos, pues ya sabía que dicho estudiante iba más por obligación y no le importaba pasar con una A el ÉXTASIS (Exámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas) de esta asignatura a pesar de sus ambiciones de convertirse en el próximo Ministro de Magia. Parte de su poca emoción menguó y retomó el tema del planeta Júpiter instando a que lo observaran con el telescopio que estaba en la Torre, fascinando a algunos y a otros no tanto. Para al final dejó de tarea un ensayo en el que describiesen las características más relevantes de los 67 satélites de Júpiter y antes de que todos saliesen solicitó que Linus Black se quedase a platicar a solas con él. Antes de que se fueran y cerrasen la puerta ubicada en la parte baja del piso se logró escuchar que ellos eran parientes y que seguramente hablarían de cosas familiares, pero otros auguraron que lo reprendería en secreto por denotar total indiferencia a la clase.

Cuando ya estaban solos, Linus se recargó en una pared con los brazos cruzados mirando con recelo al profesor, quien se limitaba a mirarle observándolo con atención. Unos minutos que podrían haber sido horas, Alexander simplemente se lamentaba que el chico se dejara manipular por su familia sin que él se diese cuenta.

-Dime, Linus… ¿Cómo está mi primo?-preguntó al fin con una voz cansada y seria, como si hubiese meditado bien su pregunta.

-A usted qué le importa-respondió el joven Black escupiendo veneno ante la interrogante-. Lo que le ocurra a mi padre no le concierne.

-Así que está bien, qué bueno-Alexander sonrió de manera ácida y dio media vuelta para observar el paisaje que Hogwarts en la noche le podría brindar-. Me he enterado de algunos movimientos por parte del patriarca, de tu abuelo. ¿Sabes algo al respecto?

-Ya le dije que lo que ocurra en mi familia no es asunto suyo-espetó Linus aún más enojado sin llegar a explotar por completo. Había apretado sus manos en forma de puño  mientras fruncía el ceño.

Así que no lo sabe… ya veo… pobre chico…”, pensó Alexander bastante decepcionado. Cuando se llegase a enterar seguramente no lo tomaría bien. Lamentablemente así era gran parte de su familia, actuando a las espaldas y en sigilo cuando les convenía.

-Mira, no pedí que te quedaras solo para verte enojar-dio media vuelta y colocó sus brazos tras la espalda para tomarse las manos y caminar a paso tranquilo hacia su sobrino-. Somos familia, es normal que me interese por ti y tu padre, crecí con él y éramos buenos amigos…-“hasta que se casó con tu madre”.

-Nosotros no somos familia-la mirada de Linus parecía derramar ira poco controlada-. Me da vergüenza que aún porte el apellido Black, mi abuelo y mi madre dejaron en claro a usted y a sus padres que ya no pertenecían a la familia cuando decidieron simpatizar con esos… sangre sucia-el joven era más alto que el profesor, por lo que cualquiera que pudiese ver la escena parecería ver que el chico se lanzaría contra su tío en cualquier momento-. Solo estoy en su clase porque es obligatorio, no porque me interese ver su rostro y recordar la traición que cometieron.

-Linus… Linus…-Alexander negó con la cabeza, sabiendo que a su sobrino le faltaba mucho por vivir-… eso no fue traición, no te dejes llevar por las palabras de tu madre.

-No la meta en esto, usted no tiene derecho en mencionarla-Linus dio media vuelta para irse de la Torre con su respiración dificultada y desbordando cólera-. Si ya no tiene más que decirme me retiro, profesor. Y permítame recordarle que como ya no pertenece a la noble casa de los Black debería devolver “eso” a sus legítimos dueños. Ustedes no lo merecen.

Sin dar tiempo de responder, Alexander escuchó como su sobrino cerraba la puerta con fuerza y dejó soltar un largo suspiro quedándose de pie por bastante tiempo en su aula. Linus sufría, y lo escondía tras esa rabia incontrolable mientras su madre manipulaba a la línea principal de los Black como una maestra titiritera, tanto así que logró romper la amistad de años que tenía con su primo con solo llegar a su vida y convencer a su suegro que su propio hermano menor era un traidor para desterrarlo a él, su esposa y su hijo (el propio Alexander) de la familia para siempre, siendo “olvidados” de cierta manera. A pesar de dicho distanciamiento, otros parientes aún los tenían en consideración y de ahí que se enteró de lo que estaban planeando para el “bien” de Linus, el heredero principal de los Black, pues “ya era mayor y aún no mostraba señales de interesarse por la descendencia”.

El profesor se frotó los ojos para luego dirigirse a su habitación que estaba en una planta más baja de la Torre y descansar para iniciar de buena gana en la mañana. No sentía lástima por el chico, pero sí un poco de preocupación porque si de por sí él se guardaba su dolor, posiblemente explotaría y haría algo de lo que podría arrepentirse. Y él solo observaría, pues cada quien es responsable de lo que hace y solo se metería si lo consideraría pertinente… “Si esto sigue así, mi familia no será la única traidora”.


BONUS
Spoiler:
*********************
-¡Y entonces invoqué serpientes!-exclamó Theodore alzando sus brazos como si aquello hubiese sido algo digno de una prueba del Torneo de los Tres Magos. El profesor Abdiel, por su parte, se mostró horrorizado ante la anécdota.

-Pero… ¿Por qué lo hiciste? En serio, no debiste. ¿Y si tenías a un alumno con ofidiofobia?-cuestionó el encargado de la clase de Pociones en su propia aula situada en las mazmorras del colegio. Ya había terminado la cena en el Gran Comedor, teniendo como ausente a su colega Alexander que se había sentido indispuesto. Theodore y Abdiel se llevaban bien porque ambos provenían del continente americano y cuando acabaron de comer se habían dirigido a ese sitio porque Abdiel debía hacer unos brebajes-. La Directora te habría matado… o peor, te habría despedido del Colegio.

-Tranquilo, hombre. No eran venenosos… creo-Theodore se encogió de hombros, pero luego recordó algo y lo hizo saber moviendo la mano derecha-… Cierto, te iba a contar. Lo más curioso fue el comportamiento de Judas, estaba nervioso como casi todos y antes de lanzar un perfecto hechizo empezó a… “shishear”, no sé cómo decirlo.

-¿”Shishear”?  A ver, explícate-exigió Abdiel bastante curioso mientras continuaba preparando unas pociones con bastante seguridad y sin pizca de nervios.

-Bueno… era algo como… -Theodore empezó a susurrar y a silbar en suaves siseos pronunciando las letras S y H muy suavemente, como si simplemente jugara con la lengua, los labios y el paladar.

-¿Aléjate?-preguntó Abdiel dejando lo que estaba haciendo con su ceja alzada y mirando a su amigo con extrañeza.

-No, no dije “aléjate”. Imité los ruidos de Judas. Seguramente es un mantra para concentrarse, pero me pareció raro y curioso. Jamás había escuchado algo similar.


En eso, la puerta del aula de Pociones se abrió y desde el umbral se vio a la Directora entrando a paso relajado y de buen humor, portando una sonrisa afable para saludar a sus colegas y deseando hablar con Abdiel a solas. Theodore se despidió quedando de verles mañana y al salir cerró el portón sin escándalo y el porte de la Directora optó a uno más serio.

-¿Ya terminaste las pociones? En unos días será Luna llena y no queremos incidentes.

-Por supuesto, Miishynn-a solas, Abdiel solía referirse a ella por su nombre debido a que la conocía desde hacía muchos años y ya había confianza entre los dos-. Mañana mismo se las daré y les recordaré que deben tomarlas antes de que se transformen. Ella al menos ya lo sabe, pero el chico… tiene muy poco de haber sido mordido, es la primera vez que va a tomarla y en vacaciones me contó que huía de casa para que no se enteraran en su casa.

-Lo se…-Miishynn se mostraba muy preocupada, esperando de verdad que esto no llegase a oídos del Ministerio-. Si esto se sale de control seguramente querrán que lo expulse y lo mandarán  a un “campamento”… lástima que la discriminación a los hombres lobo siga tan fuerte hoy en día.

-Todo saldrá bien, ya lo verás-Abdiel intentó animarla con una sonrisa, pero al suspirar ahora él se puso serio y se aclaró la garganta-. Pero ahora debemos hablar de otro tema… más bien, de otro alumno.

-Vaya... y creí que este año sería tranquilo-la Directora se frotó la sien evidenciando lo cansada que estaba y recobró un poco de fuerzas respirando hondo-. ¿De quién se trata esta vez?

-De Judas… -el tono de Abdiel indicaba que esto era más serio de lo que había querido mostrarle a Theodore. Jamás habría creído que él tendría esa habilidad innata, pero ahora que eso parecía factible habría que tomar medidas necesarias.

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Capítulo VI. Castigo Avático.

Mensaje por Ghostyaya el Mar Mar 21, 2017 11:19 pm

Capítulo VI:
Castigo Atávico.

¿Acaso había llegado su fin? No tenía siquiera 30 años, tampoco había descubierto algo que lo hiciera parte de los libros de Historia de la Magia para legar algo a la sociedad ni ha formado una familia propia… pero para Abdiel Núñez tal vez esa sería su última noche con vida. Su respiración agitada y un gran dolor en el pecho a la altura de su corazón le provocaron un aturdimiento temporal en sus piernas y justo logró llegar a refugiarse atrás de la cabaña del profesor Gerard, el cual se ubicaba fuera del Castillo de Hogwarts a las orillas del Bosque Prohibido. Esa noche en particular hacía mucho frío y con cada exhalación Abdiel podía notar su vaho emanar de su boca y sentir como si aquello fuese parte de su alma intentando huir antes que fuese demasiado tarde. La luna llena blanquecina era lo único que iluminaba la zona y el habitual ruido nocturno era sustituido por gruñidos y pisadas de la criatura que le cazaba, y aunque el sonido era lejano sabía que pronto estaría cerca de él.

No, no es una criatura… es un alumno. MI ALUMNO, y le he fallado”, pensó el profesor decepcionado de sí mismo mientras negaba con la cabeza. Se repetía una y otra vez que debió ser más prudente con él, recordarle que debía beber esa poción y cuidarle… pero ahora un hombre lobo lo rastreaba y simplemente no podía defenderse. No es que no pudiese ejecutar hechizos para defender o atacarle porque no los supiera, él poseía memoria eidética y se los sabía al pie de la letra; el problema era que su propio cuerpo era una especie de cárcel a la que ya se había resignado, pues si se atrevía a ejecutarlos estando en esas condiciones de cansancio podría sufrir un daño irreparable.

¿Por qué? ¿Por qué no estuve más al pendiente? Cuando no lo vi en el Gran Comedor pensé que ya se había refugiado como la enfermera Alessandra Abbatucci que está en las mazmorras para evitar lastimar a otros o a sí mismos… fui totalmente descuidado”.

Esa noche hubo muchos ausentes en el Gran Comedor: de nueva cuenta el profesor Alexander no quiso cenar y muchos lo atribuyeron a que quería estar solo; Lancelot tampoco había cenado y su hermana menor no sabía si estaba en los dormitorios o ensayando para la Orquesta, Joseph estaba en la Biblioteca estudiando para mejorar en algunas materias porque, según sus palabras, “le daba flojera reprobar”; las alumnas de Gryffindor Maya y Aeris, junto a las amigas de la hija de la profesora de Artes Oscuras, no asistieron sin dar explicación alguna; Lloyd supuestamente se había encerrado en el dormitorio para hombres de séptimo año para sus experimentos personales; y Steve fue a custodiar la mazmorra en la que estaba la enfermera porque se transformaría en una mujer lobo y quería cuidarla como era habitual en él cada mes.

En el transcurso de la cena Abdiel se la pasó conversando con sus colegas que antes fueron sus alumnos, Aline y Gerard, recordando vivencias del pasado gracias a la memoria del profesor de Pociones e incluso, cuestionando ciertas decisiones que ellos dos tomaron en su juventud porque creía que hablaba con “adultos”, pero solo se limitó a torcer su gesto cuando los dos evadían dichos cuestionamientos recordando otros temas. Abdiel pensó en su momento que a esos dos les faltaba mucho por recorrer en la vida si seguían negando aquello, pero había optado por dejar de pisar terreno.

Fue ahí cuando me di cuenta de mi error”, reflexionó el docente aun detrás de la cabaña recuperando fuerzas para seguir corriendo. Se habían escuchado gritos de horror que interrumpieron la cena y la Directora se dirigía con rapidez a la entrada cuando llegó un grupo de estudiantes de cuarto año atemorizados y con sus ropas rasgadas advirtiendo que un hombre lobo recorría los pasillos de la escuela. Rápidamente Miishynn había ordenado a evacuar a las habitaciones para todos siendo guiados pro Abdiel, solicitó que Irise, Thedore y Gerard fuesen a las mazmorras para verificar que la enfermera siguiese en su sitio; y el resto del profesorado a inspeccionar el paradero de la criatura. Dejándose llevar por un presentimiento, Abdiel había ordenado a los prefectos de una retirada ordenada y él, a costa de las indicaciones y de su propia salud, fue en búsqueda del licántropo.

Quería pensar que no era él, que era la enfermera o incluso una casualidad de que alguien pasara las barreras del Colegio, pero no fue así…”. Cuando escuchó los gruñidos más cerca de su presencia, el profesor tomó aire y con ello se impulsó a salir corriendo a las caballerizas, mirando a lo lejos un grifo que parecía dormir plácidamente sin enterarse de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Esperaba no despertarlo para no tener que lidiar con dos seres y con la posibilidad de que hubiese un combate entre el hombre lobo y el grifo decidió no ir hacia allá y seguir de largo hasta al sauce boxeador para hacer tiempo. Su corazón latía cada vez con más rapidez y fuerza, a cada respiro ansiaba más aire y percibía que las piernas se debilitaban. No iba a aguantar mucho más.

Debí protegerlo... debí cuidarlo”. Rememorando, Abdiel estaba en los pasillos del Colegio con varita en mano usando su patronus en forma de delfín, el cual parecía nadar en el aire para buscar a la criatura bajo la idea de su sospechoso. Sin embargo, se vio interrumpido en las famosas escaleras que se mueven solas por otro patronus en forma de cisne que hablaba con la voz de Gerard avisando a los profesores en general: “la enfermera y Steve están en las mazmorras, ella no es quien atacó a los estudiantes”. Y con ello, sintió como su un balde de agua fría cayera sobre sus hombros y el delfín se desvaneció porque no podía sostener por mucho tiempo su recuerdo feliz. Al percatarse de que había sido su alumno quien se había transformado sin cuidado un gruñido interrumpió esa línea de pensamiento y, alzar la vista., varios de los cuadros que adornaban esa zona le gritaron “corre”, “huye”, “usa tus piernas, para eso las tienes” y otros tantos más que básicamente le decían lo mismo: escapa. Y eso es lo que había estado haciendo hasta salir del Castillo, captando su atención y que así no lastimase a un inocente. Debido a su concentración de correr no había conjurado hechizos y sabía que al hacerlo ya no podría seguir apresurándose como trataba de hacerlo. La Directora ya habría tomado cartas en el asunto, pero no sabía si podrían salvarlo a tiempo.

Ya casi… ya casi llego…”, el sauce boxeador, tranquilo en apariencia, ya se podía ver a la lejanía y cuando por fin Abdiel sentía que podría hacer algo sus piernas dejaron de reaccionar y cayó de bruces al pasto, lastimándose su pecho y su rostro. La varita se alejó a varios metros de él y notó, para su mala suerte, que todo su cuerpo estaba entumecido. No podía moverse. “Esto no puede ser mi fin… no, no puedo morir”, meditó con bastante temor sabiendo que él ya estaba a pocos metros de él. Cerró los ojos esperando lo peor y escuchó que otra criatura ladraba y lastimaba a su cazador. Con sumo esfuerzo viró usando sus brazos aun manteniéndose en el suelo para ver qué estaba pasando y se topó que Direwolf, el lobo blanco mascota de Joseph que se resguardaba en los terrenos bajo el cuidado de Gerard, atacaba al hombre lobo impidiendo que se moviera usando su patas y hocico sin lastimarlo. A pesar de que el licántropo era más fuerte que el animal, no parecía querer lastimarlo y se limitaba a aullarle de manera amenazadora.

Aprovechando tal circunstancia, Abdiel respiró varias veces y estirando un brazo expresó “Accio Varita” y acto seguido, la vara de picea voló a él y percibió cómo su cuerpo se fatigaba más y más. Notó que estaba perdiendo la conciencia y con la poca lucidez que le quedaba apuntó al hombre lobo con su mano temblorosa y gritó lo más fuerte que pudo “Homorphus” y lo último que sintió fue su magia canalizada en el hechizo y un aullido de dolor que poco a poco parecía adoptar a uno más humano.

De la oscuridad absoluta que permeaba su conciencia, una luz débil se deslumbraba a la lejanía adoptando más y más fuerza hasta que parecía lastimarle. Empezó a parpadear y cuando su vista era más clara reconoció que estaba en la Enfermería del Colegio siendo observado por la Directora y los demás profesores. “Estoy vivo… sigo vivo...”, pensó con tal alivio y alegría que una sonrisa cansada se dibujó en su rostro y sintió sus ojos humedecerse un poco.

-¡Me asustaste! No vuelvas a hacerlo-reclamó Gerard alegre y relajando sus hombros colocándose al lado de Aline, quien estaba sollozando y su nariz estaba roja al igual que sus mejillas.

-Pensé lo peor... me alegra tanto que estés bien… Abdiel…-prosiguió la Jefa de Casa de Gryffindor, quien intentaba relajarse y recibía un medio abrazo de Irise.

-Eres fuerte, y eso lo sabemos. Bienvenido de vuelta-expresó la encargada de la clase de Duelo con aire tranquilo, como si hubiese sabido que Abdiel despertaría sano y salvo.

-¡No seas idiota! ¿Cómo se te ocurrió hacer eso?-reclamó Theodore, quien parecía bastante afligido y con un deje de voz quebrada en sus palabras-… Si no hubiese sido por Defunct…

Abdiel buscó con la mirada al profesor de Adivinación y Jefe de la Casa de Slytherin Defunct Requiem, a quien ubicó un poco más lejos que los demás con un semblante más tímido y avergonzado. No podía sostenerle la mirada y era sabido por todos por su actitud un poco retraída a pesar de que ellos dos se conocían desde hace poco más de nueve años.

-Yo... te estaba buscando… profesor Abdiel-se animó a hablar Defunct y se acercó un poco al grupo-… usé mi patronus para localizarte ya que los demás buscaban al licántropo porque estaba… es decir, el chico era irrastreable y solo se le podía rastrear con métodos muggles. Un prefecto de Gryffindor nos dijo que ordenaste la evacuación sin ti y decidí… quise encontrarte. Al llegar cerca del sauce boxeador te vi desmayado y a un lobo peleando con el alumno... y lo destransformé con Homorphus…

¿Entonces no fui yo?”, pensó Abdiel un poco confundido, decidiendo que tal vez lo que creyó que había dicho él en realidad había sido Defunct quien llegó justo a tiempo para salvarlos a ambos. El mago dejó escapar un largo suspiro y sonrió un poco más dedicando una mirada llena de gratitud al hombre.-Gracias, Requiem. ¿Cómo está el chico?

-Oh… él… ya está en su habitación. La Directora está hablando con él-fue entonces que, con esas palabras de Defunct, Abdiel se dio cuenta que Miishynn no estaba ahí como los demás. Una parte de él se sintió dolido, pero otro reconocía las responsabilidades de la bruja y sabía que aquello era lo mejor. Entonces, una figura bastante atractiva de un color rojo más intenso que el de Irise se acercó a ellos con su uniforme de enfermera e interrumpió la reunión.

-Dejen a mi paciente en paz-dijo Alessandra Abbatucci ya recuperada de su transformación como mujer lobo-… están robando su aire. Vamos, la fiesta acabó señores-y así, los profesores se retiraron prometiendo verle de nuevo dejándolos a ellos dos solos-. Para solo cansarte dormiste mucho, profesor Abdiel. Tres días es bastante.

-Espere, espere… ¿TRES DÍAS? ¿Y mi clase? ¿Mis alumnos? ¿Y Jo…?-una pequeña punzada de dolor apareció en su pecho y sus oídos zumbaron un poco. Se incorporó de la sorpresa para respirar y trató de relajarse para que no ocurriese algo grave.

-Profesor Abdiel, sabe que debe relajarse debido a su condición-Alessandra se sentó en un espacio libre de la camilla y le dedicó una atención más comprensiva al docente-… usted no está para correr o lanzar hechizos a diestra y siniestra, lo sabe. Aunque para los alumnos usted fue el héroe junto a Defunct de haber salvado al Colegio de un ataque de un hombre lobo salvaje, debe estar consciente que no debe volver a hacerlo-Abdiel apenas iba a preguntar algo cuando la enfermera le guiñó el ojo-.No se preocupe, vinieron las dos aurores de Hogsmeade y dijeron públicamente que se llevaron al hombre lobo al Ministerio para su custodia, pero en realidad se resguardó en las mazmorras y como en la evacuación hubo muchos ausentes, no se sabe que en realidad se trata de un alumno. La identidad del chico está a salvo.

El profesor de Pociones logró relajarse y se dejó caer con suavidad en el colchón para mirar al techo. Un sueño placentero le invadió y de disponía a descansar cuando Alessandra le advirtió de nueva cuenta que no lo volviera hacer y que lo vigilaría para que no saliese a hablar con el alumno o disculparse o lo que sea que fuese hacer. Abdiel soltó una risilla sincera y se prometió no hacerlo… al menos hasta mantenerse en pie por sí solo para así ir con el chico y hablar con él a solas. Se lo debía.

**********************
La Directora acababa de irse del dormitorio para hombres de Ravenclaw luego de hablar con un joven estudiante de un incidente grave de hace tres días. Él se excusó diciendo que se le había olvidado tomar la poción Matalobos porque se había concentrado demasiado en los estudios y como era la primera vez que debía beber el brebaje se le había pasado; la situación se arregló en que estaría vigilado por los meses siguientes por todos los profesores y por ella para asegurar su propia seguridad y Joseph no podía evitar sentirse molesto consigo mismo al punto de que apretó sus puños con tanta fuerza que se lastimó.

Aún recordaba aquella noche en que saliendo de su casa en vacaciones había sido atacado y mordido hasta casi morir por un licántropo que parecía disfrutar de aquello, siendo llevado a San Mungo para ser tratado con discreción debido a la enfermedad que había contraído. Ni siquiera su madre muggle lo sabía y cuando era luna llena se escapaba para no transformarse y herir a sus seres queridos, justificando sus ausencias en casa con que practicaba magia peligrosa en esos días y así no era cuestionado. Tampoco su novia lo sabía, pues temía que fuese rechazado y discriminado como otros hombres lobo en la sociedad actual. Es más, en San Mungo decidieron no revelar su condición al Ministerio solo por quien había sido su padre y lo respetaban, cosa que encolerizó en su momento a Joseph pero ahora agradecía a pesar de su reticencia.

-Bueno… solo le agradezco eso al estúpido de mi padre y ya… ha sido lo único bueno que ha hecho por mí-dijo en voz alta sabiendo que nadie estaba con él. Cuando fue convertido siempre pensó que se trataba de una especie de castigo o karma de la vida que le era injusto, mas ahora ya solo lo veía como una casualidad que debía lidiar el resto de su vida por estar en el lugar y momento equivocados. Sin mirar escuchó que la puerta se abría y al no reconocer los pasos supo que se trataba de su amigo Nicolas en forma de zorro-. ¿Qué quieres? No tengo ganas de ver cómo escupes fuego-expresó con mal humor y sin moverse de su lugar el mago Joseph.

Sintió que su amigo se subía a su cama y al escuchar que escupía algo, decidió a regañadientes ver qué hizo y al notar que había un hueso de gallina a su lado dedicó una mirada extraña al zorro que parecía sonreír como un humano burlesco. Joseph, por primera vez en tres días, soltó una risa desahogadora que logró relajarlo bastante de la tensión que traía consigo llegando a soltar una que otra lagrimilla.

-Eres un idiota, Nicolas-logró vocalizar cuando su estómago ya se relajó. Tomó el hueso y sonrió de manera tranquila observando al zorro verduzco-. Gracias, te lo debo. Pero me hubieras conseguido mejor una de res, sabe más rica.

Y así, Nicolas negó con su cabeza y bajó de la cama para caminar a la suya y dejarse caer para relajarse un rato. Joseph, por su parte, se sintió más tranquilo con su enfermedad y ahora meditaba cómo lo revelaría a su novia. Si su mejor amigo lo había aceptado así y hasta el profesor Abdiel había arriesgado su vida con tal de salvarlo, tal vez la chica que amaba podría ser más comprensiva y amarle así a pesar de todo.

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Capítulo VII. Cumpleaños de Muerte

Mensaje por Ghostyaya el Vie Mar 31, 2017 8:22 pm

Capítulo VII:
Cumpleaños de Muerte


Hacía tanto frío en esa mazmorra del fondo que los presentes aún con vida debían llevar ropas mágicas contra las bajas temperaturas o si era de su preferencia sacos elegantes que hacían juego con sus ropas en dicha fiesta de gala; una música aterradora sonaba en el sitio llegando a todas las esquinas y rebotando de manera sobrenatural en las vetustas paredes de piedra húmedas que se han mantenido a pesar del paso del tiempo; un olor fuerte a comida echada a perder provenía de una mesa descuidada adornada con un mantel negro y sobre ella los alimentos que evidentemente habían sufrido los estragos del tiempo y el descuido, como si hubiesen estado ahí desde siempre y nadie se tomara la molestia de cambiarlos; y era notorio que varias figuras de plata traslúcido rondaban por ahí flotando conversando animadamente entre sí u otros en esquinas lamentando y gimiendo sobre su cruel destino, además que se podía ver a una que otro mago y bruja de la docencia del colegio disfrutando de la estancia. Todos ahí tenían un motivo de reunión: fantasmas y humanos celebraban el cumpleaños de muerte del Fraile Gordo, el espíritu de Hufflepuff, quien era “el más joven” de la comitiva fantasmagórica y quiso  organizar una gran festividad invitando a varios entes de todo el mundo y obviamente a profesores con los que se llevara bien.

El Fraile Gordo no solo destacaba por su forma regordeta, también por la gran alegría que irradiaba a comparación de varios de sus congéneres que portaban un aire triste y melancólico comprensible porque casi todos, salvo grandes excepciones, no esperaban morir. El representante de la casa del tejón conversaba con cualquiera que se dejara y sus risas eran escuchadas con claridad, por lo que no era de extrañar deducir que él había tenido una vida tranquila y pacífica a pesar de su trágica muerte siendo ejecutado en 1990 en un pueblo muggle alejado de la sociedad actual al considerarlo un demonio por “curar con una rama” a varios enfermos solo por ser entregado a sus creencias religiosas que logró armonizar con el uso de la magia. También se podía ver a la profesora Irise hablar con Sir Nicholas de Mimsy-Porpington, el fantasma de Gryffindor, acerca de las variaciones de las costumbres sociales con el paso del tiempo y era notorio que Sir Nicholas disfrutaba del dialogo; Theodore relataba a un grupo pequeño de espíritus del siglo XVIII sus aventuras como campeón de Hogwarts en el Torneo de los Tres Magos y los entes lo felicitaban por sus proezas rememorando cómo ellos habían fallecido por enfrentarse a dragones en sus viajes en vida; Aline sostenía una conversación muy tranquila con la Dama Gris, la fantasma de Ravenclaw, de los avances muggles y la fascinación de éstos por explorar fuera del planeta para comprender mejor el Universo; Alexander discutía solo con su mirada en una esquina con el Barón Sanguinario de la casa Slytherin, pues al espíritu le encantaba ir a la Torre de Astronomía a gemir y lamentarse y no iba a cambiar su hábito solo porque un vivo quería, además de que quería intimidarlo mostrando de vez en cuando una mancha plateada de sus ropajes aludiendo que era sangre; y la Directora portaba una copa con bebida propia explicando a otros fantasmas el incidente del hombre lobo porque éstos, interesados porque nadie murió, les daba curiosidad saber los detalles del evento pues ya sabían la identidad de la criatura por Peevees, quien a pesar de no revelarlo a los alumnos gracias a las amenazas de todo el profesorado, corrió el chisme en todos los fantasmas solo por diversión y llamar la atención. Los otros profesores no estaban presentes solo por sus obligaciones y no por llevarse mal con el Fraile Gordo, pues básicamente no existía alguien que él detestara.

Aline seguía manteniendo su intercambio de palabras con la Dama Gris cuando volteó a ver a la entrada con la única intención de saber qué pasaba por ahí cuando miró a Lancelot Leblanc con cara perdida y perpleja por la escena que debía toparse con tanto fantasma reunido ahí. La Jefa de Gryffindor se disculpó con su compañera y se encaminó hacia su alumno a paso ameno: ella portaba un vestido rojo escarlata que llegaba hasta sus pies y sus hombros y parte del pecho eran cubiertos por un tul de cuello cuadrado semitransparente del mismo tono, además de detalles en bordado dorado recordando los colores de su casa y su cabello suelto lacio oscuro. Pocas veces se le podía ver arreglada y obviamente Lancelot lo notó, pues no la reconoció hasta que ella estaba a pocos metros y se saludó.

-Joven Lancelot, ¿qué le trae por estas partes del castillo? Los alumnos no deberían estar aquí… creo-meditó un poco Aline y le sonrió, aunque Lancelot igual notó que había una pequeña sombra de melancolía en la profesora.

-Disculpe por interrumpir, justamente la buscaba a usted-Lancelot se veía un poco nervioso, pues estar rodeado de varios espíritus en lo que parecía una extraña fiesta no era algo común de ver, y más por parte de él por ser criado en una comunidad muggle-. Estaba hablando con el profesor Gerard, me dijo que usted sabía de Magia Antigua… y necesito pedirle un favor.

-Pues… sí, ciertamente se bastante del tema. ¿Qué te interesa en especial?-era raro que un alumno preguntase de estos temas, por lo que Aline se mostraba interesada y detrás de ella emergió la figura fantasmagórica de la Dama Gris, quien saludó a Lancelot con una reverencia antigua y le dedicó una sonrisa educada-. Ella igual sabe, puedes preguntarnos.


-Pues…-Lancelot bajó la vista y carraspeó un poco. Le hubiese gustado tocar el tema en privado, pero confiaba en la profesora lo suficiente para pensar que tal vez ella ve conveniente que fuese así.- Estaba leyendo un libro viejo en la Biblioteca y me llamó la atención la Espada de Gryffindor.. Sé que se pueden encantar objetos para atribuirles un toque mágico… ¿Cree posible que eso pueda hacerse con mi florete?

Era bien sabido por la mayoría en Hogwarts que Lancelot practicaba la esgrima, un deporte muggle que al principio le fue objeto de burla por parte de sus compañeros Slytherin, pero al ver los reflejos rápidos del chico y que le beneficio bastante en la clase de Duelo dejaron de molestarlo con ese tema. Para “desafortuna” de varios alumnos, sus estoques eran más veloces que la floritura de un hechizo defensivo.

-Ciertamente eso es posible...-Aline se quedó pensando un poco, pero fue la Dama Gris quien habló revelando un tono educado y elegante como si fuese de la realeza.

-La Espada de Gryffindor tiene habilidades especiales porque fue forjada por duendes, Lord Lancelot. La indestructibilidad se otorgó por magia de esos seres y otras cosas más, pero sabes que solo se trata de un mito, ¿verdad?

La existencia de varios objetos míticos a lo largo de la historia ha sido cuestionada por varios historiadores porque no los han encontrado o no hay pruebas fehacientes que indiquen que sí poseían dichos atributos, por lo que Lancelot puso una expresión que indicaba que no le sorprendía la incredulidad de la Dama Gris.

-Lo sé, es solo que cualquier mito tiene una base real, ¿no es así?-cuestionó el joven Slytherin un poco decepcionado.

-Tienes razón, compañero-Lancelot se giró sobre sí mismo para saber quién había hablado, al igual que Aline y la Dama Gris prestaron atención sorprendiéndose un poco de quién se trataba: Markus Eltnam  vestido del traje de gala de Hogwarts-. Según se cuenta los objetos que pertenecieron a los fundadores solo se presentarán a sus dignos herederos: la Espada de Gryffindor, la Copa de Hufflepuff, el Guardapelo de Slytherin y la Diadema de Ravenclaw. Así que es lógico que esos investigadores no lograran encontrarlos porque, básicamente, no son dignos de ello.

La Dama Gris había estado prestando atención a las palabras de Markus, pero al buscar con su mirada a alguien se disculpó con los vivos por su ausencia y se fue levitando con otro fantasma que acababa de llegar atravesando una pared y saludarle como si se tratase de un viejo amigo que no veía desde hacía tiempo. El Barón Sanguinario, al fondo, pareció incomodarse y se retiró de la fiesta, dejando al profesor Alexander “hablando solo” y éste se fue a la mesa de la comida podrida a observar como si agarraría algo de ahí.

-¿Markus, qué estás…?-comenzó a preguntar Aline, cuando el Fraile Gordó voló hacia ellos y simuló que abrazaba al alumno de Ravenclaw-. ¿Lo invitaste a tu fiesta, Fraile?

Por supuesto, queridísima Aline!-el fantasma de Hufflepuff derrochaba júbilo y entusiasmo-. ¿Cómo voy a celebrar mi Cumpleaños de Muerte sin mis amigos presentes? Puedes quedarte Lancelot, pronto daré mi discurso. Markus, amigo mío… ¿aún sigues con tu revolución de las tostadoras? Déjame decirte que es una magnífica idea que incluso Helga Hufflepuff aprobaría.

-Por supuesto, Fraile-Markus se veía igual distinto a como se le veía en las clases con su uniforme, incluso se debía admitir que si alguna bruja lo mirara así andaría tras de él-, pero estoy resolviendo las dudas de un compañero. Hablamos de la herencia de los fundadores.

-Oooh… es un tema bastante interesante, espero que puedan resolver las incógnitas. Los dejo entonces, diviértanse-y así el Fraile se fue volando al centro de la mazmorra para recibir nuevos invitados con su peculiar ánimo divertido.

-Esperen… ¿cumpleaños de muerte?-Lancelot estaba tan perdido que se le olvidó a qué había ido ahí en primer lugar-. ¿Qué es eso?

-Los fantasmas ya no suelen celebrar natalicios, sino sus aniversarios luctuosos-respondió Markus bastante tranquilo y resuelto-. Por eso se les llama Cumpleaños de Muerte. El próximo es de Nick Casi Decapitado, a ver si por fin le invitan al Club Decapitado que ya se lo merece.

-¿El Club Decapitado?-cuestionó de nuevo Lancelot con una mezcla de curiosidad e intriga. Se le estaba proporcionando buena información que desconocía y que a lo mejor no le serviría, pero no está de más saber.

-Oh, Markus, sabes que no me gusta que me llamen así… y menos porque me recuerda que no puedo entrar al Club… solo por unos milímetros… maldigo a esa hacha infernal-el fantasma de Gryffindor,  Sir Nicholas, se había acercado junto a la profesora Irise para ver por qué había tanto vivo reunido en un solo punto.

La profesora Irise llevaba puesto un vestido negro con florituras azul y plateado en la cintura que parecían brillar como pequeños cristales con la tenue iluminación de las velas; de un costado estaba abierto mostrando parte de su pierna derecha y su espalda estaba descubierta debido a que su cabello rojizo estaba sostenido en un bucle a media cabeza y sus pendientes azules resaltaban más.

-Perfecto-Aline sonreía satisfecha y bastante animada con la llegada de los nuevos a la plática-. Lancelot, quien puede ayudarte es justamente Irise. Sé de Magia Antigua, pero de las propiedades en objetos mágicos ella es experta. Podrá ayudarte en encantar tu florete.

-Oh... así que de eso se trata…-una sonrisa divertida apareció en el rostro de la profesora de Artes Oscuras y miró a su alumno como si pudiese ver a través de él-. Para ello requeriremos que luego vayas a mi despacho, Leblanc. Tengo que hacerte un par de cuestionamientos para saber qué es lo mejor para ti. No podría encantarte una espada mágica con fuego si resulta que eres piromaniaco o padeces de Pirofobia

-Pues… claro…-el tono de Lancelot develaba que se estaba arrepintiendo de la idea de preguntar aquello de su espada. Le habría gustado hablar en privado con la profesora Aline y así cuando ella le hubiese recomendado a Irise se habría negado educadamente. Nunca le cayó bien la profesora D’Arc-en-Ciel aunque le era tolerable en Duelo y Artes Oscuras, ya a un plano más personal no era algo que tendría planeado-. Usted… me llama luego para ponernos de acuerdo.

-No muerdo… al menos no tan fuerte, joven Leblanc-Irise seguía sonriendo con elegancia y un brillo de reto se había formado en sus ojos-. Si no quieres no hay problema, personalizar un objeto es algo que no debe tomarse a la ligera. Imagina un chivatoscopio donde consideres que tu peor enemigo eres tú mismo… Debe ser molesto escuchar esa alarma hasta que te hartes… o incluso guardar tu corazón para no ceder ante tus sentimientos.

-¿Hablas de “El Corazón Peludo del Brujo”? Vamos, Irise, hasta tu sabes que es cuento para niños-Aline sonreía de buena gana mientras negaba con la cabeza-. Pero ella tiene razón, Lancelot, medita bien y cuando te interese hablas con ella en su despacho, te aseguro que será una buena guía.

-¿Los cuentos de Beedle el Bardo? Ahí hablan de varios objetos mágicos si quieres tomarlos en cuenta Lancelot-aportó Markus intentando rememorar las historias-. Un cazo con un pie, un corazón peludo, una fuente que concede deseos y las reliquias de la muerte.

-Pero solo son cuentos infantiles-Aline ahora tenía su sonrisa torcida sin perder su aire tranquilo, tan solo le exasperaba un poco que en vez de ejemplificar a Lancelot con cosas reales tanto Irise como Markus recurrieran a cosas imposibles-, pero entiende el punto que tratan de ejemplificarte. Todo conlleva una responsabilidad, medítalo bien, Lancelot. ¿Sí?

-Claro… ¿Quién querría una piedra que te permite revivir a los muertos, pero jugando con las leyes de la vida y que solo estén los cuerpos pero no el alma de la persona revivida?-cuestionó Sir Nicholas bastante indignado, pues hasta él conocía los cuentos y siempre le pareció horrenda la posibilidad de que un vivo quisiese revivir a alguien y hasta lo desarrollasen en un cuento para niños.

-Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas-respondió Irise, ante lo cual todos asintieron a excepción de Lancelot que seguía pensando si ir al despacho de la profesora de Duelo o no-. Vida solo hay una y hay que disfrutarla. Si me permiten, caballeros, dama-Irise realizó una reverencia que solo reconocieron Aline y Lancelot por ubicarla en un protocolo de la milicia muggle y se retiró junto a Sir Nicholas para acercarse a otro grupo de fantasmas que eran antiguas amistades del representante de Gryffindor, quien se veía bastante animado y aunque era transparente plateado se podía adivinar que sus mejillas se ruborizarían de afabilidad ante sus conocidos.

-El Fraile dará su discurso pronto…-recordó Aline y ahora que se había quedado sola con sus dos alumnos les sonrió un poco cansada. Aunque su vestido le protegía del frío solo esperaba ese evento y se iría a descansar. A pesar de estar rodeada en gran mayoría por espíritus ya se había “engentado”-. ¿Quieren buscar un buen lugar para verle y escucharle?


-Yo sí-se adelantó un paso Markus para colocarse al lado de la profesora. Era un poco más alto que ella y ninguno se sentía incómodo con ello.

Lancelot se disculpó y optó por irse del lugar justificándose que estaba cansado y que quería meditar sobre las opciones que se le habían presentado. Se despidió y a paso intranquilo el joven de Slytherin se alejó para dirigirse a sus dormitorios que estaban en el mismo piso, pero un poco más retirados porque el Dormitorio Común de la serpiente estaba bajo el Lago Negro. Solo e iluminado por las antorchas, Lancelot se trataba de convencer que lo mejor era recurrir con la docente Irise para su proyecto, pues era algo que venía planeando desde el año pasado y obviamente no era un impulso. Realmente lo quería, solo no había esperado que ella se hubiese ofrecido a ayudarle... tal vez la había juzgado muy pronto. Sin embargo, hundiéndose en sus hombros, otra idea se acomodaba en su psique… una que había abandonado y ahora había reaparecido con la conversación anterior.

“Si yo tuviera la piedra de la resurrección… definitivamente te reviviría…”



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Capítulo VIII. Infortunio Nocturno

Mensaje por Ghostyaya el Dom Abr 16, 2017 10:17 pm

Capítulo VIII:
Infortunio Nocturno


La planta baja de Hogwarts se encontraba en silencio y sin ninguna alma que caminase por ahí. Era de madrugada y aunque el toque de queda prohibía a los estudiantes rondar por el Castillo luego de las 12 de la noche, la ausencia de actividad era más notoria porque la gran mayoría de los residentes del Colegio estaban dormidos y así descansar para un nuevo día. Las antorchas en los pasillos seguían iluminando por si algún profesor debía rondar por la zona, aunque aquello era muy improbable porque ellos igual debían descansar. Incluso los fantasmas, aunque no dormían, se relajaban mirando el cielo nocturno o se lamentaban en sus habituales esquinas.

Sin embargo, un ente fantasmal flotaba bastante molesto sin su habitual aire de “diversión” que lo caracterizaba maldiciendo cada vez que le era posible. Peeves, el poltergeist, con su estatura baja y ojos negros que rebosaban de frustración a pesar de que aún mantenía su macabra sonrisa, se sentía molesto con el profesorado en general porque se le había impedido en general seguir con sus bromas en los últimos días. Respetaba a la Directora, a su manera, pero le fastidiaba que controlaran su “naturaleza especial” y sus jugarretas fuesen disminuyendo de categoría. Necesitaba un regreso triunfal y divertirse al mismo, pero no sabía cómo hacerlo de manera gloriosa.

Peeves, sin darse cuenta, había llegado a la Sala de Profesores, una habitación larga con sillas de madera, mesitas y una chimenea apagada que, en apariencia, no estaba conectada a la Red Flu. Al fondo del cuarto había un viejo armario en mal estado que tenía sus puertas cerradas y el poltergeist pensó en gastarle una broma a Irise en hacerle caer el objeto cuando entrara al aula de Artes Oscuras por la mañana, pero luego pensó que sería mejor hacerlo a los estudiantes de primer año cuando se dirigieran al Gran Comedor y de esa manera ellos sabrían de lo que era capaz. Un tanto insatisfecho, Peeves apenas iba a sujetar el armario cuando éste se movió y se alejó un poco debido a la sorpresa. ¿Quién había osado jugarle una broma a él? Se indignó en demasía y al asomarse, su rostro frustrado se iluminó y la sonrisa se ensanchó de oreja a oreja deformando su rostro a una más maquiavélica. Había encontrado la manera de volver a sus días de gloria y no iba a desaprovecharlo.

-Oh, hermoso y terrible Fobos, eres mi esperanza en esta cruel caja de Pandora-expresó Peeves contento y dispuesto a iniciar en ese preciso instante el chasco que tanto había anhelado.

**********************
En una de las torres que se irguen del Colegio, a pesar de que las ventanas indicaban que no había actividad porque era de noche y no se distinguía nada a través de dicha oscuridad, una pequeña luz tenue podía ser visible si se prestaba la debida atención en la parte superior de las habitaciones para los alumnos de Ravenclaw indicando que alguien aún estaba despierto. Era el cuarto de los de Séptimo año y aunque cuatro de los cinco estudiantes sí dormían, uno de ellos estaba debajo de sus sábanas trabajando en un aparato muggle que sí lograse funcionar dentro de la escuela a pesar de las restricciones mágicas.

Gracias al hechizo Lumos, Lloyd se desvelaba en su invento como en otras noches tratando de no incordiar a sus compañeros de grado. Había sido advertido por la Jefa de su casa que no debía llevar a cabo dichos experimentos “para no molestar a otros”, por lo que entre líneas sabía que podía continuar con ello siempre y cuando no incomodara a los demás. Lloyd había llevado un móvil al cual estaba intercambiando circuitos para hacerle funcionar con luz solar y tuviese señal a pesar de la ubicación, además que una vez conseguido eso simplemente podía alterar la señal para no ser rastreable y lograr realizar llamadas y meditaba si debía crear un escudo mágico que lo protegiese de otros encantamientos. Estaba tan enfrascado en su proyecto que el chico no escuchaba si alguien roncaba o le hablaban en tono modulado, pero cuando realizaba una operación delicada un grito de terror lo sacó de su ensimismamiento y se quedó inmóvil por unos segundos pensando qué habría sido eso. De pronto las luces de la habitación se encendieron y se retiró la cobija para ver bien qué estaba pasando.

Por el rabillo de su ojo miró que una sombra salía rápidamente de ahí y que un compañero suyo estaba sobre su cama con el rostro pálido y mirada perdida, además de parecer sudar y temblando sin control. El resto de los estudiantes se acercaron al otro que susurraba algo en un tono tan bajo que Lloyd no escuchó hasta que alguien más lo repitió.

-Dice que vio un Dementor… Pero es imposible, debió ser un sueño… ellos no pueden estar aquí.

El joven Puppeter igual arqueó la ceja incrédulo, pues él había visto una sombra similar a la de un Dementor pero no era probable que una cosa de esas rondase el colegio. En primera, la escuela tiene protecciones contra ese tipo de criaturas que quisiesen entrar y si alguno ya estuviese ahí sería fácil de identificar porque la temperatura desciende drásticamente y en el ambiente se sentiría una gran tensión mágica. O al menos es lo que ha leído en los libros de Criaturas Mágicas y lo que le ha preguntado a los profesores en su momento. Además, su compañero no podría haber gritado porque el Dementor no le habría dado tiempo debido a que le estaría succionando sus recuerdos felices paralizándolo.

De súbito, otro grito proveniente de las habitaciones de sexto año interrumpió los pensamientos de Lloyd, quien rápidamente se incorporó de su cama ocultando sus cosas y pidiendo a sus compañeros que no dejaran solo al afectado. Corrió lo más rápido que pudo con su varita en mano aun con el hechizo de luz y al arribar estaba un poco sofocado porque no estaba acostumbrado a correr, pero se encontró con una escena similar a la ocurrida y esta vez eran todos los de sexto afectados: dos estaban en un rincón llorando cubriéndose su rostro sin lograr articular alguna palabra; Markus no estaba dormido en su cama, sino desmayado con un brazo extendido hacia abajo y su rostro sin color delatando que algo muy poderoso lo puso en esa condición, aunado a que su pequeña gata Sion, con su pelaje negro y su collar en listón blanco, estaba sobre su pecho como si quisiera cuidarle de algo con su espalda erizada y atenta; Joseph se encontraba en shock, inmóvil con su respiración agitada y ronca mirando al suelo con solo sus manos temblando, no parecía reaccionar ante algo y casi parecía estar bajo un hechizo de petrificación o congelación si no fuera porque evidentemente inhalaba a gran velocidad; y Nicolas yacía en una ventana dando la espalda al resto en su forma humana, su pelo verde estaba caído y lacio indicando que sus emociones estaban muy alteradas y respiraba lentamente. Lloyd se acercó a él a paso tranquilo y el peliverde volteó bruscamente con sus ojos rojos como la sangre y una sonrisa forzada bastante perturbadora.

-Oh… no… no eres él… no eres yo… no, eres tu Lloyd-balbuceaba Nicolas bastante nervioso y ansioso a la vez que se dirigía a su colchón y se sentaba-. Yo lo vi… me vi… y me vio… y nos vio…

-Nicolas, tranquilo, el Dementor ya se fue….- trató de hablar Lloyd, pero la mirada desquiciada del chico hizo que se callara antes de empeorar la situación.

-¿Dementor? Oh… no… no… no… no era un Dementor… YO no era un Dementor… -la mirada de Nicolas adquirió un tono más escarlata y soltó una risilla rápida que pasó a una tos bastante fuerte que le arrebató el poco aire que tenía, sacudiendo su cuerpo y tumbándolo sobre su cama, además de mancharse un poco de su sangre brillante que le dotaba de un aire más díscolo-… Primero fue una araña gigante, luego uno de nosotros sin rostro… y luego fui yo… me iba a matar… yo mismo me iba a matar…-se limpió con la manga de su pijama y tomó su varita temblando de terror-… ¿me iba a morir? Creí que sí…

-Fue un Boggart-sentenció Lloyd bastante preocupado y pensando cómo proceder de aquí en adelante. Aunque era mejor uno de esos que un Dementor, seguía siendo un caso bastante peligroso. Si recordaba bien, un boggart era una criatura de forma desconocida que adquiría una manifestación del miedo de una persona para hacerle sucumbir ante ello y dominar su mente, haciéndose más fuerte ante cada victoria. Era más fácil para esas cosas estar en el colegio porque se originan en lugares muy antiguos y poco limpiados, y en Hogwarts sitios así debían abundar…. ¿Pero por qué hasta ahora?-… Debemos avisar a los profesores. ¿Puedes realizar un patronus corpóreo?

-¿Por qué no lo haces tú?-Nicolas seguía mal, pero ya parecía controlarse un poco porque sus ojos ya regresaban a su tonalidad lila original-. En estas condiciones no podría hacerlo corpóreo y eres el que mejor se encuentra estable de los presentes-su cabello se mantenía lacio y ya no temblaba tanto-… Espera… ¿No sabes hacerlo corpóreo, verdad?

Lloyd tragó saliva y suspiró profundo tensando sus manos. Nunca había podido hacer un patronus corpóreo debido a que iba en contra de su propia naturaleza. Entendía la teoría de la manifestación de los recuerdos felices mediante la magia y cómo esta podía “formarse” en el mundo físico, pero jamás había entendido la lógica detrás de la forma animal y cómo podía mandar mensajes. De cierta manera envidiaba a sus compañeros que sí podían hacerlo a pesar de considerarse magia avanzada y que él quedara atrasado en un conocimiento de quinto año a pesar de encontrarse en séptimo.

-Iré por ayuda y a avisar a los profesores. Sé que eres bueno con los hechizos defensivos, crea un escudo que impida al Boggart volver a la Torre. ¿Sabes hacer Repello Inimicum? -Lloyd ya estaba saliendo a paso firme cuando se detuvo en la puerta a esperar respuesta.

-Claro que sé hacerlo aunque esté en Sexto…-Nicolas tosió un poco y respiró para relajarse, por lo que su cabello ya estaba volviendo a su posición normal sin perder el color característico-… Apúrate, ese Boggart se está haciendo cada vez más poderoso.

Y sin más, Lloyd se retiró hasta llegar a las escaleras que se mueven solas. Evidentemente el Boggart ya había pasado ahí, pues los retratos estaban alterados y aunque no podían ser afectados como un mago o bruja, sí se dejaron influenciar por la magia negativa de la criatura evitando avisar a otros sitios del Colegio quedándose atrapados en su pintura. Lamentablemente no podía ayudarles porque simplemente no sabía cómo, así que siguió de largo en búsqueda del Despacho de la Jefa de Ravenclaw para que ella diese aviso o con cualquier profesor que le diese acceso a la contraseña de la zona de la directora. Habría sido más fácil con el Subdirector, pero él dormía en una cabaña a la entrada del Bosque Prohibido y perdería tiempo tratando de ir con él. Entonces recordó que en su trayecto estaba el despacho de la profesora de Encantamientos, quien seguramente seguía despierta porque era bien sabido que padecía insomnio…

Pero si está despierta… entonces…. El boggart….

**********************
La profesora Aline mantenía su varita en mano y respirando con la boca cuando escuchó que alguien tocaba a su puerta. Su brazo extendido temblaba y no se dio cuenta del momento en el que el boggart la había dejado sola en su habitación, una vela mágica iluminaba parte del sitio y la luna se asomaba a través de su ventana como si quisiera consolarla. ¿Cómo era posible que el boggart rondase libremente si estaba encerrado con candados mágicos en ese armario? Tragando saliva con dificultad caminó a la puerta y al abrirla miró a Lloyd bastante preocupado y agitado. En ese instante comprendió que ella no había sido la primera víctima.

-¿Cuántos, Lloyd?-preguntó la profesora que aun vestía sus ropas como docente, se le había olvidado cambiarse y básicamente estaba lista para salir.

-Séptimo y Sexto de Ravenclaw, pero es probable que haya más afectados. Solo vi por mí mismo a cinco. Ya están todos protegidos en las habitaciones con un escudo-el alumno se hizo a un lado para darle paso a la profesora, quien cerró la puerta tras de sí con fuerza debido a que aún estaba afectada por la manifestación de su miedo. Sudaba frío y respiraba por la boca para tranquilizarse-. ¿Podría realizar un patronus corpóreo y dar aviso?

-No puedo, no bajo estas condiciones-la voz de Aline revelaba lo tensa que estaba, pues el miedo mágico aun la permeaba y le sería imposible pensar en un recuerdo feliz fuerte, mucho menos manifestarlo con un patronus-. Ve a cuidar a los otros alumnos, ve a la Torre de Gryffindor que es el que queda más cerca, yo iré con la Directora antes que…

Y de pronto, el patronus de un hermoso cisne blanco se detuvo frente a ellos dos iluminando el oscuro pasillo. El animal rodeó con gracia a la profesora y sin mover su pico habló con la voz del profesor Gerard.

-Hay un Boggart suelto. Avísale a la Directora en lo que yo voy con Theodore.

El patronus se esfumó y Lloyd sintió un gran alivio de que alguien ya por fin diese aviso. Se le hizo raro que el patronus no siguiese su camino hacia la Directora o con el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero seguramente las prisas le ganaron a Gerard y por lo mismo solo le avisó a Aline. Apenas iba a formar una sonrisa de gratitud cuando notó que el rostro de la profesora palideció más y fue ahí entonces que lo comprendió todo. El boggart tenía relativamente poco de haber asustado a la Jefa de Casa de Gryffindor y era imposible que hubiese sido visto por Gerard que se encontraba a una gran distancia de ahí. Solo podía significar otra cosa.

-Hay más de un Boggart-dijeron los dos al mismo tiempo con la voz en un hilo. Las cosas habían empeorado de manera grave.

**********************
Y sin darse cuenta de cómo ocurrió, Gerard estaba cayendo a un gran vacío sin poder ascender o ejecutar algún hechizo que le auxiliara. Estaba en pánico total sintiendo el viento de la caída golpeándolo y que no llegara al final de esa pesadilla, el terror provocaba que gritara rasgando su garganta e hiperventilándose sintiendo su mente caer en un estado de shock. Podía recordar cómo simplemente se había despertado por un ruido extraño a la lejanía y su cama se desvanecía al igual que las paredes de su cabaña y todo alrededor para dar paso a un abismo que lo tragaba sin piedad.

Sus ojos estaban dilatados por el terror absoluto y aunque solo habían pasado unos segundos, para el Subdirector aquél lapso de tiempo se convertía en una eternidad que parecía absorber su templanza para dejarlo como un cascarón consumido por el miedo total. Estaba mareado y el vértigo le impedía concentrarse, por lo que comenzó a sentirse débil y se percató que si no hacía algo se desmayaría. De pronto, comprendió que de estar con su verdadera fobia no tendría esos síntomas y su instinto le decía que aquello no era real. Con todo el acopio de su voluntad, Gerard empezó a suspirar mientras caía y así relajarse, además de recordar ciertas vivencias de su pasado que le tranquilizaban bastante y cuando sintió su corazón relajarse, abrió los ojos decidido y apuntó con su varita a la oscuridad del vacío gritando “Riddikulus”.

El abismo que lo rodeaba comenzó a reunirse en donde apuntó a su varita, revelando que seguía en su cabaña y aún estaba recostado en su cama mirando hacia al techo en aquella terrible noche para el profesor. Una masa se acumuló a su vista y al condensarse, pequeñas figurillas de mujeres de chocolate con trajes muggles de sirvienta, profesora, enfermera, orejas y cola de gato y demás vestuarios femeninos que podrían considerarse “sexys” para cualquiera que se sintiese atraído a ellos, caían como si fuesen plumas alrededor de él provocando que riese de alivio y para destensarse. Gerard se cubrió el rostro agradecido que nadie viese cómo él transformaba al Boggart y al regresar su atención a la criatura miró que ya había huido. Chasqueó su lengua molesto y se vistió rápidamente para dirigirse al Colegio. No podía volar ni “aparecer” para llegar más rápido a las instalaciones, así que se preparó para correr mientras rememoraba su recuerdo feliz y así formar el patronus corpóreo; cuando apareció el cisne frente a él pensó en despertar a la Directora para avisar, pero sin querer aun pensaba en su recuerdo más feliz y dijo: “Hay un Boggart suelto. Avísale a la Directora en lo que yo voy con Theodore.

Cuando su patronus se fue se percató de lo que había hecho y se llevó una mano a su frente un poco frustrado. Estaba tan concentrado en su remembranza que solo pensó en ella y no a quien debía mandar el verdadero contenido del mensaje; fue un pequeño error, pero al menos ya había dado el aviso para que en lo que él llegaba con su colega de Defensa Contra las Artes Oscuras el resto de los profesores hiciera algo al respecto. Dejando la puerta abierta, Gerard salió corriendo en dirección a las cocinas de la escuela, pues ahí se encontraba la habitación de Theodore como Jefe de Casa de Hufflepuff. Para su desafortuna tardó bastante, pues cuando entró a la escuela miró a varios alumnos de primero y segundo año llorando tratando de salir de ahí; su corazón se aceleró cuando miró a la pequeña Maya sollozando de miedo, pero al menos estaba siendo consolada por la hija de Irise, Aeris, quien aunque se veía estaba temblando y también había llorado trataba de darle ánimos junto a su grupo de amigas. El profesor Abdiel Núñez repartía pociones tranquilizantes y mandaba a los estudiantes al Gran Comedor para tenerlos en mejor resguardo.

-Abdiel, ¿has visto al Boggart o al profesor Theodore?-cuestionó Gerard agitado mientras se acercaba a Abdiel, quien parecía no haber sufrido las secuelas del miedoy se notaba bastante receloso.

-Gerard, son tres boggarts. Se multiplicó debido al miedo que absorbió de sus víctimas y son muy poderosos-explicó Abdiel para terror de Gerard, quien abrió la boca perturbado y retrocedió un paso asimilando que había un grave peligro-. No sé dónde está Theodore, él puede cuidarse y lo sabes. No es que no me importe, pero todos estos niños fueron víctimas de los Boggarts y la Directora me ordenó traerlos a todos al Gran Comedor. Alguien liberó al que estaba en el armario y como nos tomó por sorpresa está haciendo mitosis por absorber muchos miedos. Mitosis es…

-Sí, sí, ya sé lo que es. También sé cosas muggles, Abdiel-Gerard respiró hondo otra vez y retomó su andar a las cocinas-. Sigue con lo que haces… cuídalos, por favor.

Abdiel asintió y el Subdirector corrió con todas sus fuerzas a las cocinas. Como ya sabía de los boggarts no podrían tomarle por sorpresa y así enfrentarlos, pero quien mejor sabría cómo era Theodore como experto en el tema, quien seguramente estaba evacuando a los alumnos de la casa del tejón para evitar algún desastre… o al menos esperaba que eso hiciera.

**********************
Aún con el hechizo Lumos, Lloyd andaba rápido a las mazmorras para avisar a la profesora de Artes Oscuras, Irise, de lo que estaba pasando. Aline no había podido conjurar un patronus y luego del aviso de Gerard, le pidió que él fuese a la parte subterránea del colegio y ella misma se encargaría de evacuar a los alumnos en lo que iba con la Directora. Él sabía que le había pedido eso porque no había sido afectado por la criatura y podría recorrer una mayor distancia sin cansarse mental o físicamente, además que podría luchar contra el boggart mejor que la docente porque estaba más estable.

Sabía que eran dos boggarts como mínimo y si reunían a todos en un sitio sería mejor porque así estarán mejor protegidos con varios escudos en vez de estar desperdigados en todo Hogwarts. Si la Directora ordenaba aquello se podría trazar un mejor plan para solucionar este problema. Aún no entendía cómo es que esas criaturas rondaban libremente, pero seguramente estaban escondidos en una zona muy antigua y se resguardaron hasta que quisieron salir… pero una pregunta seguía golpeando su mente. ¿Por qué hasta ahora?

A lo lejos distinguió que alguien se acercaba a él corriendo rápidamente y distinguió que se trataba de Lancelot, quien al verlo se detuvo y le habló con una voz bastante preocupada y afligida.

-¿Has visto a mi hermana? Es de tu casa. ¿Ella está bien?

Lloyd recordó que, efectivamente, Lancelot tenía una hermana menor en tercer año en la casa de Ravenclaw llamada Lilith, una pequeña bruja de salud frágil. Su boca se tornó en una fina línea porque según sus observaciones su Torre había sido la primera atacada y desconocía si la niña estaría bien o no.

-Nicolas creó un escudó que cubrió toda la Torre… ella seguramente estará bien-respondió lo que consideró correcto, pero pronto se arrepintió al ver el rostro de Lancelot, que pasaba de la preocupación al enojo.

-¿”Seguramente”, dices? ¿Así que no sabes? ¿Tienes al menos la idea de que hay un boggart suelto? Acaba de irse de nuestras habitaciones. NUNCA había visto a Linus ni a Steve asustados de esa manera, nunca-expresó bastante molesto como si quisiera culpar a Lloyd de algo-. Yo no alcancé a ser afectado por su magia porque Judas alcanzó a interceder aun cuando su miedo provocó que comenzara a llorar. ¿Tú que has hecho? ¿Rondar por ahí perdiendo el tiempo?

Lloyd respiró profundamente negando más para sí. Comprendía que el joven Slytherin estuviese alterado por lo que había visto y la preocupación que le embargaba. Él no había sido afectado, así que estaba más lúcido que la gran mayoría…

¿Había un boggart aquí? Oh no… son tres….

El chico de Ravenclaw se tensó aún más y si él no lo había visto entonces seguía en las mazmorras. Sabía que no podía contar con Lancelot y de nuevo negó con la cabeza por lo que iba hacer.

-Perdóname, Lancelot…-aprovechando que su compañero seguía alterado alzó y varita y vociferó rápidamente-… Petrificus Totalus.

Sin poder hacer nada, Lancelot quedó inmóvil y cayó al suelo boca arriba como su fuese de roca. No lo había desmayado porque aun debía decirle unas cosas, por lo que Lloyd se agachó y en su rostro era palpable que aquello no le gustaba para nada.

-En estos momentos la Directora ya debe estar tomando cartas en el asunto. Si mis observaciones son correctas los alumnos de Ravenclaw de tercer año, segundo y primero no vieron a algún boggart, así que Lilith estará bien. Además, en tu estado habrías empeorado la situación porque no estás pensando con cabeza fría. No tiene caso que vayas a nuestra Torre, la pintura te lo impedirá y estarás peor porque no podrás acceder-Lloyd de incorporó y se hizo a un lado mientras apuntaba con su varita a Lancelot-. Entiendo tu preocupación, aquí hay personas que estimo y están siendo afectadas. Te voy a liberar, pero trata de relajarte y no hacer alguna tontería… Rennervate.

Una luz amarillo claro emergió de la punta de su varita y el cuerpo del Slytherin recobró movilidad y un poco de color. Lancelot continuaba respirando bastante agitado y se levantó con ayuda de Lloyd que le tendía la mano. En silencio, el chico Leblanc le miró directamente a los ojos y asintió, indicando que había comprendido sus palabras y sin decir más se fue, aunque en el camino evocó su patronus en forma de gato que no tenía cola sino un muñón pequeño y el felino optó por ser de su guía. Lloyd comprendió que lo había invocado con la orden de buscar a su hermana, ahora al menos ya sabía lo que estaba haciendo sin dejarse llevar por completo por sus emociones.

Retomando su camino, el alumno de Ravenclaw llegó a los pocos minutos al Despacho de la profesora de Artes Oscuras. Aunque ella era la Jefa de su Casa, solo tenían de habitaciones libres en su momento las ubicadas en las mazmorras e Irise optó por quedarse ahí hasta que se desocupase alguno cercano a la Torre, pero como no había pasado ella misma creó un pasadizo mágico que conectaba con la sala común de la casa del águila del que ella solo tenía acceso, por ello tenía que tomar el camino más largo para buscarla. Cuando estaba a punto de tocar vio al profesor Defunct, el encargado de Slytherin, evacuar a todos los alumnos de su respectiva casa un tanto temeroso. Entre los alumnos distinguió a Linus bastante callado, más de lo normal, con su rostro pálido y temblando siendo consolado por una compañera llamada Sofía Sophitia, una alumna de cabello oscuro con sus puntas en tonalidad verde que miraba a todos lados recelosa como si esperara algún ataque o algo por el estilo; Steve estaba más apartado que el resto con heridas de quemaduras y sosteniendo su varita con fuerza y mirando al suelo con una mezcolanza de ira y terror, por lo que Lloyd dedujo que su manifestación de miedo tenía relación con el fuego y lamentablemente resultó herido; y Judas tenía sus ojos húmedos y temblaba abrazándose a sí mismo como si tuviera frío. Le fue raro ver a sus compañeros en ese estado y sintió un poco de pena por ellos.

-Oh, joven Puppeter- Defunct se acercó bastante alarmado luego de indicar a sus estudiantes que continuaran caminando sin él, además de pedirle a Sofía que fuese la encargada ya que era la única prefecta capaz de hacerlo, pues su compañero Linus estaba en shock-… ¿Se encuentra bien? Eso parece, perdón por preguntar… La Directora nos ha avisado que todos nos dirijamos al Gran Comedor. ¿Qué hace aquí?

-Venía a notificarles… pero parece que llegué tarde. Disculpe, profesor.

-No te preocupes, muchacho. Tus intenciones eran buenas y se agradece. Lamentablemente no pude hacerle frente al boggart y se fue… ¿Irise sigue en su habitación?

-Es lo que vine a averiguar. No hemos sabido nada de ella, pero es probable que no esté…

Las palabras de Lloyd fueron interrumpidos por otro grito de terror, esta vez de una mujer que provenía de la habitación de Irise. Defunct se preocupó tanto que sacó su varita y conjuró el hechizo Bombarda para hacer explotar la puerta tratando de no hacer mucho daño, y al entrar los dos luego de que se aclarara la visión por el humo provocado, miraron sin vida a la hija de Irise tendida en el suelo mientras la profesora lloraba y lanzaba con su varita hechizos de sanación uno tras otro hacia la niña que no reaccionaba a ello. Pero entonces, el cuerpo de la infante se incorporó deformándose y adquiriendo una masa rojiza con pelos por todos lados, evidenciando que se trataba de un boggart que rápidamente huyó dejando a los tres solos en el cuarto. Lloyd dedujo que, como estaba siendo visto por tres al mismo tiempo, la criatura adoptó una mezcla rara de los miedos de los presentes y al no mantenerse estable se fue. ¿Acaso al profesor Defunct le daban miedo las cosas peludas? Volteó a verlo y, efectivamente, estaba sudando frío mientras caminaba hacia su compañera quien seguía llorando presa del pánico.

-Mi hija…-sollozó Irise mientras se cubría el rostro-… Creí que era mi hija… no lo era…

-No, no era tu pequeña, amiga mía…-Defunct ayudó a que se levantara e igual a caminar para sacarla de ahí-… Me la llevaré al Gran Comedor. Ven con nosotros, Lloyd. No quiero que te ocurra algo.

-No, profesor… Sé a dónde fue el Boggart e iré tras él-parecía ser el único que notó a dónde había ido: en dirección a las cocinas del colegio-. Usted ayude a la profesora, ya me cansé que esa criatura nos esté hostigando.

-Pero... ¿podrás hacerlo?-preguntó el docente sin afán de molestarlo-… No puedes hacer un patronus corpóreo… tampoco te sale Riddikulus… ¿Seguro que tienes la capacidad?

Para Lloyd, aquellas declaraciones fueron una pequeña espina que le dolieron un poco, pero sabía que Defunct no lo interrogaba con intenciones de herir su orgullo, sino porque se preocupaba.

-Encontraré la manera, gracias por su ayuda… Sus alumnos lo necesitan-y sin darle oportunidad de hablar, Lloyd comenzó a correr rumbo a las cocinas. Ahí mismo estaban las habitaciones de Hufflepuff y debía estar el profesor Theodore… él sí podría hacer algo y aunque su presencia estaría de más, quería ser útil en la medida de lo posible.

Tardó bastante en llegar, pero conforme se acercaba a su destino veía que el profesor Alexander era quien evacuaba a los alumnos de la casa del tejón y aprovechó el caos para escabullirse y que no fuese detectado. Además, casi como si hubiese sido un acuerdo mental, Medusa y Euríale, a pesar de estar llorando porque fueron afectadas por el boggart, se acercaron con el profesor para preguntarle algo sobre las constelaciones bajo el pretexto de distraerse, y el docente, quien igual estaba temblando y seguramente él miró su peor miedo también, parecía contento con la idea de hablar de un tema que dominaba y comenzó a dar una clase que, lejos de ser aburrida para todos, agradecieron una distracción educativa mientras se dirigían al Gran Comedor. Lloyd miró afablemente a las mellizas y continuó con su andar hasta la habitación de Theodore.

Si él no era quien guiaba a los estudiantes seguramente era porque se estaba encargando de los boggarts. Ya debía llevar a cabo un plan con la cual darle solución a este grave problema que está causando estragos desagradables para todo el que cae bajo el embrujo de la criatura. Apenas dio un giro en una esquina cuando miró al profesor Gerard encerrar una especie de estatuilla de color café en forma de mujer en un armario que reconoció al que estaba en la Sala de Profesores mientras Theodore realizaba conjuros al candado para que no se abriera. El objeto se agitaba con agresividad y ambos docentes se veían muy cansados, sudados y les faltaba el aire; Gerard se sentó en el suelo con evidente agotamiento.

-Nos falta uno… ya tenemos dos ahí…-expresó el Subdirector con gran esfuerzo respirando por su boca-. Tu miedo y el mío… son muy... poderosos para ellos.

-Lo sé… pero solo nosotros podemos-Theodore se recargó en una pared limpiándose el sudor con una bufanda de colores amarillo y negro-. Ningún otro profesor puede interceder, no tienen experiencia… y la única que podría sigue mal y no puede concentrarse. Nuestro miedo es fuerte, pero ver a tu hija muerta lo considero muy… horrible.

-Sí… entiendo-Gerard se incorporó estirándose y la espalda le dolió un poco, por lo que soltó una risilla cansada-. Ya no soy joven.

-Eres el más joven de los profesores, ¿de qué te quejas?-reclamó Theodore dando una palmadita a Gerard para animarle-Anda... solo nos falta uno y…

Aún escondido, Lloyd notó que una masa negra, pesada y oscura rodeó a los profesores y éstos, distraídos por el cansancio, no se dieron cuenta que fueron envueltos por el último boggart suelto y sintió un calosfrío recorrer su espalda al escuchar sus gritos de terror. Estaban cansados, la tarea de encerrarlo sería muy complicada para ellos y solo él estaba ahí. No podía invocar un patronus corpóreo para pedir ayuda… ¿Qué podría hacer? Conforme pasaba el tiempo veía que los profesores no luchaban contra la criatura…. Respiró hondo y se colocó a la vista del boggart.


-¡Estoy aquí!-sabía que sería una presa atractiva, no había sido atacado y su miedo aún era absorbible-. Asústame. ¡Asústame, dije!-aunque no había podido superar la prueba, él ya conocía su peor terror… y tragó saliva para prepararse a lo peor.

La masa que rodeaba a los profesores fue desvaneciéndose dejándolos a ellos dos caer al suelo frío semi-inconscientes y respirando con gran dificultad. Lloyd igual enfocó su respiración para enfrentarse a lo que el boggart se convertiría y… de pronto… la nada. Una gran desconfianza nació en su corazón y con varita en mano, el joven Puppeter empezó a hablar.

-¿Esto qué significa? ¿Es un chiste?- la magia poderosa del Boggart invadió su mente y le hizo olvidar que quería enfrentarle, así que alimentó sus sentimientos negativos para que el miedo surgiese-. Muéstrate, no estoy de humor para tus juegos-entonces inició la paranoia, Lloyd comenzó a ver a todos lados con sus ojos grandes y su voz comenzó a temblar un poco-. ¿Dónde estás?-apuntó a los profesores, quienes apenas se estaban recuperando y poco a poco sentía que perdía el control de la situación. -¡MUÉSTRATE, AHORA!-dejándose llevar por la irritación y el miedo, conjuró un Bombarda cerca del armario y, aunque éste no explotó, si lo hizo una ventana y así floreció el miedo. El chico empezó a temblar y a mirar a todos lados sintiéndose observado, sus piernas comenzaron a flaquear y caminó hasta toparse pared. No tenía escapatoria-. Muéstrate, muéstrate… -empezó a rogar, y al cerrar los ojos una pequeña vocecita similar a la de su padre hizo eco recordándole lo maravilloso y terrible que era la tecnología al igual que la propia magia, por lo que los grandes inventos nacieron de una cosa: la incertidumbre.

Eso era. El Boggart evocó su peor miedo para dominarle y así reproducirse para sembrar más caos al Colegio. Había olvidado cuál era su pesadilla y, gracias a ello, le fue fácil reflexionar qué debía hacer. Abrió los ojos aun con miedo y al ver que seguía habiendo nada, torció su sonrisa y apuntó a su lado derecho pensando en que él era diestro.

-Riddikulus-y al momento, una pared de cristal transparente que parecía rodearle se rompió en miles de pedazos desvaneciéndose al caer para mostrar a su lado a una pequeña criatura con tentáculos en su rostro, alas pequeñas, brazos y piernas largas que se estaba bañando en una ducha del tamaño de un balón muggle y al voltear a verle, empezó a chillar avergonzado tapándose sus partes privadas. Aprovechando tal eventualidad, Theodore conjuró un hechizo que arrastró al boggart al armario y lo encerró con éxito. Entre él y Gerard reforzaron la seguridad y al notar que habían terminado, se dejaron caer al suelo muy débil. Por su parte, Lloyd estaba asombrado en lo que se había transformado la criatura-. Jamás creí que ver a Cthulhu así me salvaría…

Apenas iba a verificar cómo estaban sus profesores cuando los vio al borde del desmayo. Se preocupó tanto que entonces un recuerdo apareció, uno que lo invadió de felicidad a pesar de haber sobrellevado su peor miedo hace unos instantes y, sabiendo lo que debía hacer, conjuró su patronus frente a él. Primero fue una masa blanquecina que mediante volutas de humo plateados adquirió la forma de un pequeño ratón.

-¿En serio? ¿Qué tiene que ver un ratón conmigo?-exclamó Lloyd avergonzado, pero el ratón agitó su pequeña nariz y correteó por sus pies subiendo hasta su cabeza como si quisiera darle ánimos. Aunque el ratón en algunas culturas representara las enfermedades, alguien cobarde o ladrón; era cierto que igual significaba la suerte y la astucia, alguien que roe con sus propias fuerzas-…. Ya luego analizaré bien esto.

Le ordenó a su patronus que fuese al Gran Comedor por ayuda, por lo que la manifestación de su recuerdo feliz corrió a gran velocidad y a los minutos llegó la Directora junto la enfermera Alessandra, Alexander, Aline e Irise, ya recuperados gracias a las pociones que estuvo dando Abdiel, a auxiliarles para empezar la recuperación y concluir la misión. Theodore, Gerard y Lloyd fueron llevados a la Enfermería para recibir la atención requerida, aunque el alumno estaba bastante bien debido a que no sufrió tantos estragos a comparación de otros. Se enteró que varios de sus compañeros se habían recuperado y que, como lo había deducido, la hermana de Lancelot no fue víctima de los Boggarts.

Cansado, el alumno de Ravenclaw se acostó en una camilla para relajarse y al cerrar los ojos se quedó dormido. No supo cuánto tiempo pasó, pero voces que hablaban en voz baja lo despertaron y sin abrir sus ojos, trató de prestar atención a lo que hablaban. Distinguió las voces de los Jefes de Casa, el Subdirector y la Directora.

-Esto no puede continuar, Peeves se sobrepasó con su “broma”-expresó Defunct alterado y molestó-. Debe ser expulsado del Colegio, al igual que deshacernos de esos Boggarts.

-Dime, ¿a dónde los mandamos?-cuestionó Theodore ya recuperado pero con un deje de debilidad en su voz-. Peeves causará estragos en la sociedad mágica y es mejor que se quede retenido.

-¿A costa de los alumnos? Me parece absurdo.

-Peeves debe estar aquí-afirmó Irise relajada y con su tono de voz usual, serena y agresiva a la vez-. Les advertí que prohibiéndole hacer bromas explotaría al final, me parece que debemos dejar que continúe con sus travesuras que sí tienen solución y no provocan situaciones afectables o graves.

-Estoy de acuerdo-correspondió Gerard aún débil, pero firme-. Yo me encargaré de los Boggarts cuando me recupere, pero Peeves debe permanecer en el Colegio. Al menos aquí podemos vigilarlo, si el Ministerio decide hacer algo en su contra saben que todos los espíritus se pondrían en contra y estaríamos de vuelta en la Edad Media.

-Además que si restringimos a Peeves de nuevo es capaz de cometer otra cosa peor-esta vez habló Aline, quien se notaba afligida porque esto le había afectado; aún se escuchaba preocupada aunque Lloyd no podía discernir por qué-. Me parece que debemos hablar con él y… pues que regrese a sus andadas.

-De eso me encargaré yo, al menos a mí sí me escucha-expresó la Directora bastante severa-. Por favor, encárguense de los alumnos de primero a tercer afectados, las clases se cancelan el día de mañana y cualquiera que tenga secuelas graves que hable con ustedes o un profesor al que tenga confianza. Que Abdiel haga muchas pociones de relajación y distraigan a los alumnos… con algo sano. Deben recuperarse de esto… y debemos avisarles a los padres. Solo espero que El Profeta no se entere o al menos cuente la verdad.

-Me ocuparé de eso-habló Aline todavía intranquila-. Conozco a un reportero que trabaja ahí y le contaré lo sucedido para que escriba la verdad. Se trata de Gabriel Smiths.

Se escucharon murmullos de aprobación por parte de la Directora, Theodore y Gerard principalmente, indicando que conocían a ese mago periodista y que podrían confiar en él. Continuaron hablando de las medidas que debían tomar y al poco rato se fueron dejando a Theodore, Gerard y a Lloyd en la Enfermería para que siguieran en su recuperación. El alumno se movió para tener a la vista una ventana que le mostraba los colores del amanecer y suspiró, aliviado de que el infortunio nocturno hubiese acabado.

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Capítulo IX: La Ignorancia de Quíone.

Mensaje por Ghostyaya el Vie Abr 28, 2017 10:56 pm

Capítulo IX:
La Ignorancia de Quíone.


Para sorpresa de muchos estudiantes que tenían ese día libre, la nieve había caído durante toda la noche sin que se hubiesen dado cuenta y por ello al despertar y asomarse por las ventanas se toparon con una capa blanca que cubría hasta lo que su propia vista les permitía ver. La Directora anunció en su momento que en esa fecha se podría ir a Hogsmeade sin permiso o sin vigilancia, de ahí que muchos aprovecharon para sacar sus ropas invernales y pasarla lo mejor luego del incidente con el Boggart. Algunos como Lloyd optaron en quedarse bajo la calidez del colegio estudiando o Linus que permaneció en su habitación leyendo mientras su grupo de amigos sí se animó a visitar el pueblo mágico. De igual manera, los profesores tenían sus propios planes personales, como por ejemplo Gerard se preparaba para una excusión a la Casa de los Gritos, el sitio más embrujado de Inglaterra, para averiguar si eran ciertos los rumores; y el profesor Alexander había partido muy temprano con un traje muy elegante sin decirle a sus compañeros a qué iría.

Sin embargo, de entre todos los grupos que llegaban a Hogsmeade había uno numeroso que llamaba la atención por la particularidad de sus miembros: Steve Dunham llevaba ropas negras y un tanto anchas para cubrirse del frío mientras Medusa Black lo jaloneaba pidiéndole que le comprase un dulce que había visto tiempo atrás de un cráneo de chocolate; Nicolas Verdugo iba en su forma humana con una gran bufanda de los colores de su casa cubriéndole parte de su rostro manteniéndose a lado de Euríale Black porque sabía que si se descuidaba la chica se perdería debido a su distracción innata; Joseph, por su parte, iba tomado de la mano de su novia conversando de cómo habían sido las clases en la semana, aunque la chica estaba siendo un tanto protectora con él recordándole que una vez al mes debía cuidarse sin entrar mucho en detalles; Markus Eltnam estaba escribiendo con una pluma muggle en un cuaderno pequeño unas cosas que iba a comprar en Honeydukes y en otras tiendas para resurtirse y continuar con sus propias actividades; y más al fondo pero sin alejarse estaba Judas G. Arden, mirando al frente a sus compañeros con una sonrisa extraña en el rostro, indicando que disfrutaba la compañía dispar del grupo.

Cuando llegaron a la entrada de la calle (y única) principal de Hogsmeade, recargado en una de las paredes estaba Lancelot Leblanc esperándolos trayendo un saco largo oscuro que le llegaba a las rodillas. Sonrió bastante animado a todos y se unió, respondiendo la pregunta de Euríale sobre el paradero de su hermana Lilith que ella estaba con sus amigas visitando el local de Madame Pudipié y beber tranquilamente un poco de té por las bajas temperaturas. Caminando un poco comenzaron a separarse para sus respectivos destinos: Markus fue a la tienda de dulces bastante animado y con dinero en mano dispuesto a gastarlo; Nicolas se despidió diciendo que iría a los Correos y luego se uniría con ellos en Las Tres Escobas, alejándose a paso tranquilo resguardando su calor y así evitar toser; Joseph y su novia se encaminaron a la Casa de las Plumas para comprar unas cosas para las clases venideras; y el resto (Steve, Medusa, Lancelot, Euríale y Judas) se dirigieron a las Tres Escobas con intención de pasar el mediodía en ese sitio.

Al atravesar la puerta lo primero que vieron fue al profesor Theodore montando una fiesta improvisada con varios alumnos de Hufflepuff bailando y haciendo pequeños espectáculos de magia muggle, además de retar a varios de sus estudiantes quién bebería más cerveza de mantequilla que él. La encargada de la taberna a cada rato iba a pedirles que bajaran sus ánimos, pero el profesor la agarró de la cintura y se puso a bailar con ella provocando vitoreos y aplausos de quienes observaban la peculiar escena. Luego de un par de minutos encontraron una mesa disponible para ellos y se sentaron estirando sus piernas, a excepción de Lancelot y Euríale.

-Iré con ella a ver a alguien-expresó Lancelot nervioso y sonriendo más tímidamente de lo normal-… no, no me la secuestraré, Medusa. Volveremos pronto.

-Sí, yo ya sabía todo-animó Euríale encogiéndose de hombros y bastante divertida-. Cuando me lo pidió estaba tan nervioso que me dio ternura-dicho esto Lancelot se puso rojo y carraspeó para recordarle que debían irse-. Ah, cierto. Bueno, nos vemos en un ratito.

Cuando ya se hubiesen alejado de los tres, Judas se les quedó viendo meditando unas cosas que, para su desafortuna, lo expresó en voz alta aunque solo fue escuchado por Medusa y Steve.

-¿Ella no se ha dado cuenta, verdad?-una mesera trajo tres tarros de cerveza de mantequilla caliente para ellos y tomó el suyo por la oreja solo para acercarlo- Digo, es muy obvio.

-Quien sabe, con lo distraída que es no lo creo-Steve dio un sorbo grande a su bebida, por lo que al bajar el recipiente no se dio cuenta que la espuma se quedó en la parte superior de sus labios asemejando un bigote esponjoso de color café claro-. A veces uno no se da cuenta de lo que hay enfrente hasta que es demasiado tarde. Ahí ya no nos podemos meter nosotros.

-Como tu bigote-Medusa sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió el rostro de Steve mientras se reía-. Es mi hermana, me gustaría poder decirle… pero ella debe darse cuenta-retomó su posición cuando el rostro del Slytherin ya estuviese limpio y mantuvo su sonrisa brillante y alegre-. Creo que debemos encerrarlos en un aula y que hablen… directamente.

-Para que haga eso Lancelot… mejor tomamos asiento y comemos palomitas-Steve se río un poco de su propio chiste y Judas igual, aunque él fue más disimulado.

-Y cuando el conejo le dice al burro orejón… ¿Qué procede, Steve?-cuestionó Judas manteniéndose serio, pero ante estas palabras Steve frunció su boca y sin decir nada más se bebió toda la cerveza de un solo trago y suspiró para cuando terminó con sus mejillas sonrojadas, tal vez por el calor del líquido dorado. Judas soltó una risilla y Medusa los miró a los dos confundida.

-No entendí… un conejo es también orejón… ¿Tiene algo de malo que le haya dicho al burro eso?-Medusa dio un pequeño sorbo mientras esperaba que alguno respondiese, pero los chicos guardaron silencio mientras Steve fulminaba con la mirada a Judas, quien pareció refugiarse en sus hombros esperando que no se desatara una guerra ahí mismo.

Sin embargo, un nuevo vaso de cerveza de mantequilla fue entregado a Steve por una mesera, y éste, con la ceja alzada y extrañada, miró a la del servicio sin aceptar la bebida.

-Yo no he pedido otra-sentenció irritado, pero la chica le sonrió de forma traviesa y le explicó que una joven fue quien había ordenado para él y señaló al fondo de la Taberna, por lo que los tres voltearon a ver y lo primero que vieron fue a un grupo de varios hombres rodeando a una chica bastante hermosa que les sonreía con gracia y elegancia. Su cabello era oscuro y llegaba hasta su pequeña cintura, pero si algún destello de luz caía sobre ella la tonalidad revelaba un rojizo oscuro muy cuidado y sano; sus labios brillosos y rosados articulaban con cuidado cada palabra que decía; y sus ojos color miel resaltaban por las largas pestañas que le dotaban de un aire soñador.

-Hum…-Medusa se cruzó de brazos y frunció su ceño-… seguramente quiere llamar la atención de todos aquí. Paguemos las bebidas y esperemos afuera a mi hermana y a Lance-pero ni Steve ni Judas parecían prestarle atención, pues seguían observando a la desconocida con mucha atención-. Sí, es muy bonita, ¿y qué? Vámonos-iba a tomar la mano de Steve, pero éste se levantó en sintonía con su compañero de casa y, como si alguien les hubiese llamado, caminaron a la mesa de la extraña que lo recibió con una gran sonrisa y se hizo a un lado para que Steve se sentara a su costado y Judas frente a ella-. ¿Pero qué ching…?-la pelirroja miró el tarro que había sido regalado para Steve y sintió una gran punzada de celos naciendo en su corazón. Ella sí sabía por qué sus emociones se alteraban y estaba segura que era correspondida, simplemente no había tenido el valor para aclarar ni dar el primer paso…-Ah… ya entendí lo del conejo y las orejas…

Medusa suspiró y volteó una vez más a ver a la chica con sus amigos, pero se sorprendió al ver que solo estaban Steve y ella; y que el resto de los hombres ya se habían esfumado. ¿Y Judas donde se habría metido? Lo buscó por todos lados hasta que miró que estaba saliendo de la Taberna con aire taciturno. Intrigada, fue tras él dejando a esos dos conversando y al mirar de reojo una vez más, le pareció verse a sí misma la que estaba al lado del chico y no la desconocida que le recordaba a una enredadera. Negó con la cabeza y salió del establecimiento tratando de alcanzar al joven Arden.

**********************
-Esto es todo lo que encargó, señor Verdugo. Son 8 galeones-dijo el recepcionista de Correos mientras varias lechuzas ululaban detrás de él y otras entraban o salían volando a una gran velocidad.

-¿8? Es más de lo que gana un alimentador de dragones en Gringotts- Nicolas tosió un poco y su voz indicaba que estaba molesto con ese costo-.Hace unos meses me cobraste 5 galeones, ¿por qué el aumento?

-¿Si sabes lo que está pasando en el Ministerio? Tanto cambio en los puestos altera el valor de los productos, además que ha habido mucho asalto y vandalismo en distintos comercios por toda Gran Bretaña… La delincuencia muggle es contagiosa-expresó muy molesto el encargado, cruzándose de brazos esperando a que el mago pagara.

Nicolas ya sabía lo que ocurría desde hace varios meses atrás, aunque si no le afectaba directamente no era algo que le concerniera… hasta ahora. No obstante, meterse en la economía mágica sería complicado y era mejor apretarse un poco por estas semanas para pagar lo que requería, pues valía mucho la pena. Había estado avanzando mucho y si conseguía uno de sus objetivos podría revolucionar la forma en que la magia es manejada y haber superado las propias investigaciones del Ministerio. A regañadientes sacó los galeones y pagó los paquetes que fue almacenando en un bolso encantado con extensión indetectable (alterando solo la dimensión interna sin modificar el exterior y sin resentir la masa de los objetos guardados) con cuidado más que nada por el valor monetario que ahora poseían. Hizo un movimiento de cabeza agradeciendo y cuando se giró el mandatario de los correos lo detuvo.

-¡Chico! Ya sabes, si alguien pregunta yo no sé nada de esos paquetes-Nicolas asintió y se acomodó su bufanda para que el frío no lo alterara cuando de nuevo fue llamado por el señor-… Oye, ¿en el colegio no han averiguado algo de los hombres lobo? Ha habido mucho movimiento de ellos y supe que uno les atacó hace poco.

-Nadie salió herido, agradezco su preocupación-contestó en desgana el peliverde, pero se detuvo y dio media vuelta intrigado. No había leído en los periódicos que los licántropos hiciesen algo “relevante”, pues sus ataques eran ocasionales y no solían ser noticia de primera plana; pero que se pasara por alto una especie de congregación lupina era algo más interesante-. ¿Usted cree que esos “movimientos” tienen relación con el ataque a nuestra escuela?-él sabía perfectamente que no era así, pero si era de su conocimiento los rumores de otros lados podría completar la información.

-Pues… en partes remotas de Europa los hombres lobo han atacado… pero lo raro es que no matan, buscan contagiar la enfermedad. En Durmstrang están recibiendo entrenamiento extra para defenderse llegando a lo mortal si es necesario-al entrar otros clientes por correspondencia, el encargado calló para atenderlos con cortesía y Nicolas notó que entonces no quería que esos datos se divulgaran así nada más. ¿Por qué le estaba contando a él? Minutos después los recién llegados se retiraron y el hombre retomó la conversación-. Pero son solo palabras que se comentan entre los comerciantes. No puedo ir al Ministerio o al colegio sin pruebas… aunque no le veo nada de malo advertirte… Eres de Ravenclaw, se supone que eres listo. Si te escuchan a ti y buscas fundamentos seguramente te harán caso.

Nicolas se quedó callado y se limitó a asentir, agradeció las palabras del encargado de Correos y se retiró de ahí guardando su bolso bajo su chamarra para que no lo mirasen sus compañeros. La nieve estaba comenzando a caer de nuevo y el estudiante se cubrió mejor con la bufanda para caminar hacia las Tres Escobas sin dejar de pensar en lo que le habían dicho. De cierta manera era relevante, pero como no ha visto algo de manera directa no le gustaría sacar conjeturas donde no hay. ¿El ataque a Joseph y que lo convirtió en hombre-lobo sería parte de esos “movimientos”? Eso sí le interesaría averiguar, pues aunque según todo fue por estar en el momento y lugar equivocados ahora parecía que no lo era si es que todo eso era verdad. Sin embargo, ¿para qué le mentiría? ¿Justificar el alza de los precios? Para eso sería más creíble que los duendes estaban en huelga dentro de Gringotts porque se sentían esclavizados o algo por el estilo.

Cuando ya estaba a mitad de camino en la taberna, observó que Medusa hablaba con Judas y ambos portaban un rostro extraño. Curioso, se acercó justo cuando la mayor de las Black decía “… él sigue con ella”.

-¿Quiénes son “él” y “ella”?-cuestionó Nicolas cuando ya hubiese llegado con los dos.

-Oh... Hola Nicolas-saludó Medusa un tanto desanimada, suspiró y bajó la cabeza meneando su pie sobre la nieve-. Steve… está con una chica en las Tres Escobas… pero... eso no es lo más raro.

-Pues necesito contexto si es que quieren que entienda-Nicolas se encogió de hombros esperando que alguno hablara, por lo que Judas tomó la iniciativa y comenzó a explicar.

-Estábamos en las Tres Escobas esperándolos… pero, cuando una mesera nos dijo que alguien le había invitado a Steve volteamos a verla y… no sé cómo decirlo, nos atrajo tanto que aunque queríamos quedarnos con Medusa nos fuimos con ella. Fue… hipnótico… -un calosfrío recorrió la espalda de Judas y se notó bastante incómodo-. La chica nos pidió que nos fuéramos para estar a solas con Steve y sin chistar le obedecimos. Me salí de la Taberna porque dentro de mí eso era lo que debía hacer y ya retirado sentí que la presencia de ella no tenía control sobre mí. Insisto, fue extraño.

-Para mí no lo es-Nicolas los miró extrañado de que ellos no hubiesen entendido lo que estaba pasando, cosa que para él tenía demasiada lógica-. ¿En serio? Ustedes van a Cuidado de Criaturas Mágicas y sé que el profesor Gerard no es tan inepto como para que no hubiesen visto eso en clase. Es una Veela.

-Aaaaah…-Medusa pareció liberarse de un gran peso encima y suspiró aliviada-… eso lo explica, pero ¿por qué él?

-Pues… le pareció atractivo, supongo... lo siento por ti, Judas. Los efectos son temporales como le ocurrió a él, así que cuando uno de los dos se aleje Steve volverá a la normalidad-tranquilo, Nicolas comenzó a caminar a las Tres Escobas como si nada; pero al sentir que Medusa iba a hablar alzó una mano mostrando la palma para calmarla-. Medusa, está bajo un efecto mágico. No va a cambiar lo que siente por ti… sí, ya lo sabemos todos y eso no es lo que importa. Cuando pase la atracción Steve estará muy débil mentalmente y requerirá apoyo, y quedamos de vernos ahí con Joseph y su novia, Markus y supongo que Euríale y Lancelot ya que no está con ustedes. No dejes que un berrinche te haga sentir mal.

Judas se acercó para poner una mano sobre el hombro de Medusa y darle apoyo, por lo que la pelirroja soltó un bufido pequeño y, resignada, decidió volver a la Taberna junto a esos dos para hacer lo correcto aunque no fuese agradable para ella.

**********************
Se les había pasado el tiempo y seguramente los demás ya estarían enfadados, pero a Lancelot no le importaba mucho. En las cocinas de la Taberna de las Tres Escobas había una ventana que indicaba que nevaba, dentro estaba cálido y con un olor rico a comida que le proporcionaba bienestar y, aunado a que Euríale parecía llevarse bien con la cocinera le llenaba bastante de dicha, pues la que preparaba los alimentos era su madre muggle, Eva, quien parecía bastante contenta con la chica y habían congeniado de manera natural. LA mujer se había conservado bien a pesar de su edad, aunque ya era notorio que se esforzaba con tal de ganarse su lugar en un mundo mágico donde fácilmente podría ser rechazada por no usar la magia, por lo que el orgullo infló su pecho y sonrió.

-Bueno, parece ser que ha llegado la hora de irnos, madre. Medusa debe estar inquiera por ti, Euríale- Lancelot se acercó a su mamá y le dio un beso en la mejilla-. Volveré la próxima semana con Lilith, ella está con sus amigas ahora mismo y cuando termine vendrá a visitarte.

-Un placer conocerla, señora Leblanc- Euríale abrazó con jovialidad a la señora y ésta igual para después volver a su sitio en la cocina-. Y usted cocina muy rico a pesar de que no usa magia. ¿Luego me pasa la receta? A mi hermana le encantará, aunque no sabemos cocinar haremos el esfuerzo de seguir paso a paso las instrucciones.

-Por supuesto, querida…-Eva, la madre adoptiva de Lancelot, sonrió y abrazó a su hijo para despedirse, quien la acompañó a una pequeña estufa para despedirse una vez más-. Escríbeme cuando puedas, me gustaría saber más de esa escuela a la que van… ¿Cuál es tu nombre completo? Seguramente no olvidaré tu nombre, pero para estar segura.

-Soy Euríale Black Scarlett, señora Eva. Si se le olvida solo piense en los colores… eso hago a veces cuando se me olvida-la joven soltó una risilla nerviosa y distraída, pero no notó que la mamá de Lancelot se había volteado para seguir en la cocina-. Cuídese mucho, cualquier cosa puede contactarse conmigo.

-Sí… sí… Lancelot, ¿podría hablar contigo un poco a solas antes de que te vayas?-preguntó la mujer muggle mientras parecía cortar unas verduras con un cuchillo. Su hijo asintió junto a un “sí” y le pidió a Euríale que fuese con los demás y él la alcanzaba en unos minutos. La menor de las Black se fue bastante contenta como era habitual en ella; mas cuando los dejó el joven Slytherin notó mucha tensión en el ambiente y se confirmó cuando su mamá volteó a verle y ya no mostraba la amabilidad de antes-. ¿Qué tanto se llevan ustedes dos?

-Pues…-el chico tomó distancia extrañado por el repentino cambio de actitud y se cruzó de brazos mientras se recargaba en una pared al lado de la ventana; la nieve seguía cayendo a pesar de que los vidrios estaban empañados y no permitían ver el exterior de manera clara-… es mi compañera, una amiga. Me agrada conversar con ella y solemos estudiar o comer juntos, su hermana y otros compañeros más.

-¿Solo eso?-Eva se mostraba inquieta y molesta, cosa que frustró un poco a Lancelot y para calmarse suspiró.

-Madre, quería que la conocieras porque… porque me…

-Sé que estás grande para que te prohíba cosas, pero aléjate de ella, Lance. Es lo mejor para ti.

Aquello tomó por sorpresa al chico y abrió los ojos evidenciando lo confundido que estaba y que una pequeña frustración comenzó a crecer dentro de él. Le debía mucho por haberle adoptado y brindarle el hogar que siempre quiso, pero nunca la había visto así y eso aumentaba más su turbación.

-¿Al menos podrías explicarme por qué?-cuestionó sin tacto, pues comenzaba a perder la paciencia.

-No es para ti-Eva se encogió de hombros como si quisiera restarle importancia-... es muy distraída.

-¿Y eso desde cuándo para ti es un defecto? Padre te diría que le dieses una oportunidad y valorarla con todo lo bueno y lo malo- Lancelot sabía que era algo más ese cambio repentino, y eso era lo que le molestaba… que no le dijese la verdad-. ¿Por qué no me dices bien qué es lo que pasa?

-Lance… por favor, no lo hagas más difícil. Simplemente no… por favor, confía en mí.

-No, madre. Tú confía en mí. Siempre me dijiste que me abriera a las personas y ahora que quiero hacerlo decides que no-sabiendo que su paciencia se estaba agotando, Lancelot se fue alejando para evitar decir algo de lo que pudiese arrepentirse-. Como dices, ya soy mayor como para tomar mis decisiones y si esto es un error aprenderé de él, pero si no me quieres decir la verdad respetaré tu decisión aunque no comprendo por qué tal recelosa de ello. Mejor… mejor hablamos luego cuando esto se calme para ambos. Cuídate, madre.

Y sin darle oportunidad de contestar, Lancelot se fue de la cocina dejando a su madre sola. Eva, angustiada, se dejó sentar en un banco de madera bastante preocupada. No estaba al borde de las lágrimas ni de un colapso nervioso, pues entendía por qué su hijo había reaccionado de esa manera… el verdadero riesgo era por qué debía alejarse de Euríale antes de que su corazón sufriese innecesariamente. Alzó la vista para ver hacia donde estaba de pie su hijo y notó que las ventanas tenían grietas largas como pequeñas ramas en una copa de árbol; era obvio que se trataba de magia innata liberada por el chico debido a la molestia que sentía, mas lo miró como un reflejo de lo que pasaría si permitía que sus emociones crecieran y de pronto éstos se rompieran al saber la verdad. Pensó en pedirle consejo a la Directora, aunque tarde o temprano tendría que ser sincera y parecía que esa conversación se adelantaría…. Simplemente debía saber cuándo sería idóneo.

**********************

-¿Eres de Slytherin? … Vaya, eso es muy interesante-habló una chica bastante hermosa sentada en las Tres Escobas ante la conversación que sostenía con Steve. El chico parecía encontrarse profundamente atento ignorando si había otras personas alrededor, centrándose solo en ella y percibiendo cómo el calor de su cuerpo aumentaba conforme más tiempo pasaba con la desconocida-… Pero… eres hijo de muggles, ¿cómo es eso posible?

-El Sombrero está loco-respondió Steve con su tono habitual de siempre: despreocupado y con timbre grave que le restaba importancia. Se desenvolvía bien a pesar de no estar con sus amigos-… pero… ¿qué me cuentas de ti? ¿Eres de Hogsmeade? ¿Estudiaste en el Colegio?

-Digamos que… acabo de llegar-respondió en un tono juguetón mientras se relamía sus labios y acercándose más a Steve-… estaré aquí por un tiempo y… me gustaría conocerte, Steve. Te mandaré cartas cuando quiera verte, ¿será posible?

-Por… Por supuesto. Estaré esperando tu correspondencia… pero… no se tu nombre-meditó Steve nervioso. La idea de estar en contacto con ella le ponía en una mezcla extraña de disfrute y recelo-. ¿Podrías… decírmelo?

-Ceto… No es un nombre muy bonito…-agachó la cabeza como di le diese vergüenza, pero Steve tomó sus manos y animó a alzar su rostro.

-Ceto en la mitología griega era una deidad del mar, representaba el peligro y lo desconocido. Deberías estar orgullosa de tu nombre, es muy fuerte-entonces, como si un grito silencioso proviniera de lo más profundo de su ser, Steve sintió que debía soltarla y tomar distancia… pero su cuerpo y mente consciente le suplicaban mantener el contacto con las manos. Y, la chica llamada Cetos, como si supiese que eso iba a decir el joven Dunham, sonrió muy complacida.

-Debo irme, Steve… me dio mucho gusto estar contigo… al fin…

Ceto le dio un beso cálido en la mejilla de Steve, sacó unos galeones para pagar las bebidas y se fue contoneándose el cuerpo para deleite de la mirada de Steve, quien le siguió hasta que se salió de la Taberna. Se quedó observando por varios segundos hasta que la figura de la profesora Irise y Defunct aparecieron fuera en camino a regresarse al Colegio cuando pareció que despertaba de un largo sueño y sintió un fuerte dolor de cabeza, se llevó ambas manos a la sien y se apoyó con los codos un poco mareado.

-Bienvenido a la Tierra-la voz de Nicolas lo sacó de su ensimismamiento y al alzar la vista miró al peliverde, a Medusa, Euríale y Lancelot observándolo con curiosidad-. ¿Qué se siente volver en sí?

-Cómo una patada en donde ya sabes…-Steve apoyó su cabeza en la mesa bastante débil y cansado, como si no hubiese dormido en días-. Esa tal Ceto… no sé qué hizo conmigo.

-Era una Veela, tranquilo-Judas intentó apoyarle, pues en sí no fue culpa suya que se sintiera atraído de esa manera-… no era porque tu quisieras, sino por capricho de ella.

-Lo que importa es que… estás aquí…-la voz de Medusa indicaba que estaba muy desanimada y, ante ello, Steve hizo esfuerzo para verla y le sonrió de medio lado como si quisiera pedir perdón-… y que... debes descansar. Creo que debemos volver al colegio.

-Es una grandiosa idea-concordó Lancelot con el mismo ánimo que la mayor de las Black-. Va a caer una tormenta y no me gustaría estar atrapado acá. Creo que todos debemos relajarnos.

-¿De qué?-preguntó Euríale, arrancando una leve sonrisa a Lancelot y sin responderle, pagaron las bebidas que ellos habían bebido y se retiraron de las Tres Escobas.

El grupo ya no iba con el mismo ánimo de siempre, pues a comparación de como llegaron sus caras no indicaban propiamente un estado alegre o efusivo. Al pasar por la tienda de dulces Markus salió repleto de bolsas con postres mágicos e invitó a cada uno a probar algo, aunque solo Euríale aceptó y comió una rana de chocolate. Los copos de nieve caían sobre sus rostros y se derretían al instante, pero eso no evitaría que poco a poco un viento gélido pareciera convocar más de ellos e indicando que la tormenta llegaría pronto.

Al sentido contrario de ellos caminaba el profesor Gerard, ya sin su equipo de exploración que se había llevado para la Casa de los Gritos. Intentaron saludarlo, pero estaba tan ensimismado que no pareció notar la presencia del grupo y siguió con su andar hacia el bar “Cabeza de Puerco”. De igual manera notaron que estaba de mal humor y por lo mismo no insistieron en acercársele o siquiera alzar la mano para que se diera cuenta que estaban ahí. Y siguiendo su andar, a pocos metros se toparon en la entrada de Hogsmeade a la profesora Aline conversando con un periodista de su misma edad con bastante confianza y riendo bastante. Ella sí correspondió a su saludo y les avisó que se apuraran para no quedarse atrapados en la nieve, pues aunque usaran magia los peligros serían siendo los mismos. Se despidieron para después retomar su andar y solo Nicolas volteó a verlos, mirando que ahora ambos parecían hablar de algo serio pues sus rostros indicaban que ya habían dejado a un lado la jovialidad.

Al poco de un rato llegaron a Hogwarts y en el puente estaba el profesor Abdiel observando el paisaje nevado. Debía llevar un traje mágico anti-frío para estar tranquilo en el exterior sin que le afectase mucho, además que apremió su entrada para que ellos no pasaran frío. Al primer sitio al que llegaron fue al Gran Comedor, pero la enfermera estaba comiendo y al notar el mal estado de Steve se lo llevó a rastras a la enfermería para tratarle y que se recuperase; Judas y Lancelot se fueron a la mesa de Slytherin y ahí estaba Linus, quien comía una manzana mientras leía y cuando éstos dos se sentaron el heredero de los Black se incorporó para irse, aunque no supieron si se fue porque ellos llegaron o ya estaba planeado; Nicolas fue a su sitio habitual y ya estaban ahí Joseph y su novia cenando, quienes lo recibieron invitándole un pastel de arándanos y pidiendo que el peliverde contara qué hizo en el pueblo; Markus se escabulló a su habitación para dejar todo lo que había comprado para no cargar tanto; y las mellizas Black fueron a la mesa de Hufflepuff para comer algo y descansar, contrastando el desánimo de Medusa y la alegría de Euríale al escoger sus alimentos y hablar de cómo la pasaron en Hogsmeade.

Afuera, la nieve seguía cayendo sin importar que chocara con las paredes del Colegio, impoluta a lo que acontecía en los terrenos alrededor.




BONUS:
En Hogsmeade la tormenta había llegado, y por ello varios estaban en la estación para volver a sus respectivos destinos y refugiarse de la furia de la diosa Quíone, pues la nieve caía con agresividad hasta casi lastimar los rostros de quienes no tomaron precaución. Dos hombres se subieron a un vagón vacío cuando el tren llegó y cerraron la puerta con sigilo, pero encantaron la puerta y cualquiera que pasara fuera no podría escuchar nada de lo que conversaran. Era normal hechizar así para mantener una plática en privado, por lo que nadie cuestionaba aquél acto mágico. Sin embargo, los dos hombres tomaron precaución y no hablaron hasta estar seguros de que nadie los escucharía.

-Creo que es cierto… debe ser uno de los herederos-habló uno de aspecto rudo, con una cicatriz en su nariz y una mirada que indicaba que ha visto muchos últimos suspiros.

-Es probable, concuerda con todas las características-respondió el encargado de Correos, dejando a un lado su aire de comerciante-… Además, el chico sigue con sus experimentos… creo que si sigo así aceptará nuestra invitación. No sospecha nada…

-¿Estás seguro de eso? Es muy listo, demasiado.

-Será listo, pero sigue siendo un chiquillo…-habló el comerciante restando importancia al asunto-Igual debemos planear cómo haremos la primera parte del plan… Ella está muy impaciente.

-Lo sé… ya se nos dijo que llegará el momento, pero esto se prolongará más de lo que pensábamos… Debemos actuar con cuidado.

-Nadie se lo espera… ni siquiera la Directora. No sabe lo que le pasó a su esposo y eso es un punto a nuestro favor. Cuando lleguemos no podrán hacer nada contra nosotros, solo me preocupa cómo actuar contra el heredero de la espada de fuego.

-Hay que atacarle en su momento más débil… si no acepta, simplemente lo “obligamos”. Ya sabemos cuál es su debilidad… y hay que sacarle provecho.

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Capítulo X. El Deseo que no Perdona

Mensaje por Ghostyaya el Dom Mayo 21, 2017 12:24 am

Capítulo X:
El Deseo que No Perdona.


Ese día en particular las clases regulares habían sido suspendidas hasta la mañana siguiente, situación que los alumnos de primero a sexto agradecían por verlo como una tarde libre en la que podían hacer lo que quisieran, desde practicar Quidditch hasta simplemente recostarse en los jardines. Sin embargo, todos sabían del verdadero motivo para tal circunstancia: los de Séptimo año aprenderían unos hechizos especiales y requerían que los profesores estuviesen atentos en las cercanías al aula de Artes Oscuras por si ocurría algún percance; incluso el Ministerio de Magia había mandado a un empleado suyo que se presentó como Fernando Sacramento, algo que llamaba la atención porque evidentemente provenía de tierras de habla hispana y no era de Gran Bretaña, para supervisar que todo saliese bien. Además, los profesores Gerard y Theodore estarían dentro del salón solo por si la situación lo ameritaba.

Los estudiantes de esa generación estaban nerviosos en mayor o menor medida sin importar a qué casa pertenecían, pues aprenderían tres de los hechizos más controversiales en la historia de la magia, aunque en palabras de la profesora Irise “habían otros encantamientos igual de malignos y no tenían esas mismas restricciones”. Debido a la inquietud de varios jóvenes buscaban con su mirada al Subdirector y Jefe de Hufflepuff para toparse con una cara amiga, pero su corazón aceleraba al notar que esos dos estaban más serios que de costumbre en una esquina para observar mejor y con varita en mano, indicando que en esos instantes no andarían para bromear ni para jugar. Imperio, Crucio y Avada Kedavra no eran para tomarse a la ligera.

-Como bien saben, si es que han prestado atención al profesor Abdiel en su clase, las Tres Maldiciones Imperdonables son concebidas como las más poderosas y siniestras del mundo mágico, siendo prohibidas de ejecutarse en 1717 por parte del Ministerio de Magia y cualquiera que las use sin autorización será llevado a prisión de por vida-la profesora Irise caminaba por todo el salón para observar a cada alumno con su explicación, incluso algunos fantasmas escuchaban curiosos y la Dama Gris parecía anotar información en una libreta con su mismo color plata humo traslúcido-. Para ejecutar cualquiera de estas tres se requiere una gran fuerza de voluntad y “deseo” para llevar a cabo sus efectos, pues si uno no tiene deseos de causar dolor un “Crucio” podría ser simplemente un malestar momentáneo-ante esto, el profesor Gerard carraspeó muy suavemente para no interrumpir la clase-. ¿Alguno puede explicar qué es Imperio?-ante la pregunta, el alumno Lancelot Leblanc alzó la mano y la profesora le cedió la palabra.

-Imperio… provoca que el objetivo siga las órdenes del conjurador sin cuestionar, pues se encontrará en un estado hipnótico o en trance para estar bajo el completo control de su… verdugo-no pudo evitar decir esa palabra, era obvio que Lancelot estaba turbado por hablar y porque más adelante aprendería estos hechizos-. La víctima siente algo similar a la felicidad, además de que no piensa y deja de preocuparse, quedándose en calma incluso siguiendo comandos que van en contra de sus ideales. De igual manera, puede dotar a la persona de “habilidades” que carece para cumplir con su orden… y es posible resistirse si uno posee una gran fuerza mental.

-Gracias, Lancelot-Irise se encaminó al frente a paso tranquilo, pero se podía percibir mucha tensión en el aire-. Imperio proviene del latín “Impero” que significa “Yo ordeno”- y con un movimiento libre de su mano izquierda una pelotita de goma que estaba en su escritorio se transformó en un pequeño ratón-, no se preocupen, no es un ser vivo como tal. Imperio-apuntó a la criatura artificial y el roedor se quedó inmóvil como si fuese de juguete luego de un destello rojizo-, salta-el ratón saltó y aterrizó con agilidad-, corre a la puerta y regresa-siguiendo la orden, el animal inició su recorrido a una increíble velocidad y a los pocos segundos regresó a su lugar de origen-. Ahora… ¿quién puede hablarme de Crucio?-para esto, Linus alzó la mano y cuando fue su turno habló con voz relajada, pero impaciente.

-Crucio, o maldición Cruciatus, genera un dolor insoportable y torturador. Como usted mencionó anteriormente, requiere de una motivación poderosa para causar dolor a otro a comparación de Imperio y algunos autores afirman que debe existir placer en esos deseos involucrados-a diferencia de la mayoría, el joven Black no se veía inquieto ante la explicación y parecía que era algo se sabía de mucho tiempo-. Según descripciones, es como si los huesos ardieran y la cabeza se quiebra en miles de pedazos para incrustarse… si se realiza por mucho tiempo puede menguar la voluntad de una persona o volverla senil. Y al igual que Imperio, puede resistirse si se posee una fuerza de voluntad extraordinaria.

-Muy bien, Linus-apacible, Irise apuntó al roedor y al hacerlo, se pudo ver que Gerard desvió la mirada y Theodore cerró los ojos suspirando-. Crucio-acto seguido, el roedor comenzó a revolcarse de dolor sin chillar, pues no era una criatura viva y a pesar de saberlo, varios estudiantes se cubrieron sus rostros para evitar ver esa escena y un par no soportó, levantándose de su sitio para irse de ahí-. Les recuerdo que si no quieren aprender los hechizos o no saber de ellos pueden irse, no es parte de sus calificaciones de EXTASIS-Irise no evidenciaba placer ni deseos de causar dolor, más bien concentración; aunque solo duró pocos segundos ejecutando el hechizo debido a que se acomodó su uniforme a la altura de su pie izquierdo-. También… que es su responsabilidad si los ejecutan fuera de esta clase sin supervisión, pues que estén aquí no les garantiza salvarse de Azkabán-el ratón se incorporó como si nada le hubiese pasado y se encaminó a una esquina como si mirase algo-… ahora… ¿Quién explica la última maldición?

-Avada Kedavra o maldición asesina-contestó Lloyd sin esperar a que otro compañero hablase, pues era demasiado obvio que nadie lo haría y mucho menos para explicar en qué consistía este hechizo-. Causa la muerte instantánea e indolora al objetivo y dependiendo del usuario la conjuración puede variar de rayo, bruma, luces, etc., sin perder el color verde característico. No genera efectos secundarios y la víctima cae muerta, según teorizando que la magia provoca que la actividad biológica cese sin más y otros que se arrebata el alma… No existen contrahechizos y no puede ser bloqueada por medios mágicos; pero sí puede ser esquivado o bloqueado por un objeto sólido. A diferencia de Imperio y Crucio, nadie ha sobrevivido al maleficio…

-Sin contar al fénix-intervino Gerard para aminorar la tensión en el aula, pues con lo dicho por el joven Puppeter parecía que el ambiente se sumía en sombras-… por su peculiar naturaleza, si recibe un Avada Kedavra puede renacer de sus propias cenizas, tal como lo redactaron en una investigación comprobada por parte de El Profeta hace tiempo.

-Así es, el antiguo alumno de Hufflepuff y ahora periodista, Gabriel Smiths, realizó este descubrimiento hace un par de años. Gracias por la contribución, Subdirector-dijo Irise tranquila y sonriéndole a Gerard, pero éste ya había retomado su aire serio cuando se mencionó al periodista, tal vez para regresar a la concentración… y la profesora de Artes Oscuras sonrió divertida, pero tal gesto se esfumó rápidamente-. Regresando a la clase, debo recordarles que es imposible detectar si alguien sufrió Crucio, está bajo el poder de Imperio o fue asesinado con Avada Kedavra; aunque ya hay investigaciones por parte del Ministerio para detectar evidencias de su uso-miró al ratón y apuntó sin temblar-. Avada Kedavra.

En el momento en que finalizó el conjuro, de la punta de su varita emanó a gran velocidad pequeños destellos verdes rodeados de una bruma traslúcida del mismo color que se dirigieron al roedor en una forma similar a una mano extendida queriendo atraparlo. En esos milisegundos varios alumnos gritaron y otros desviaron la mirada; solo los que continuaron observando se percataron que el animal regresó a su forma original de pelota antes de ser impactado y el objeto estalló por no resistir la poderosa magia negra. Al terminar, Irise se acomodó de nuevo el uniforme en la pierna y se incorporó solemne para mirar a cada uno de los estudiantes.

-Los que quieran retirarse háganlo ahora…-y también señaló a unos cuantos que, a su criterio, no deberían de aprender esos hechizos. Para al final solo había como 10 estudiantes de los 40 que conformaban a los de séptimo año. Gerard y Theodore no se habían movido en absoluto, aunque al observar quiénes se habían quedado no pudieron evitar sentir inquietud por un alumno en especial, uno que no había hablado y que se mantenía en silencio total. Irise igual le miró, pero no comentó nada al respecto-. Los que se quedaron observarán a sus compañeros realizar las Imperdonables, si no quieren hacerlas no hay problema; pero respeto su decisión de haber permanecido. ¿Quién quiere ser el primero?

Steve Dunham, el estudiante objeto de miradas, se recargó en su silla y se cruzó de brazos algo turbado e inquieto. ¿Acaso uno de los estudiantes más impulsivos de la escuela quería aprender estos conjuros controversiales? No se sabía, nadie podía interpretar sus movimientos corporales; incluso Linus parecía observarlo como si lo retara a hacerlo. Pero el sonido de alguien levantándose cortó el sopor y al voltear a ver era Lloyd, quien a pesar de mostrarse nervioso trataba de ser sereno.

-Yo, profesora-el joven Puppeter sacó su varita y tragó saliva. Acto seguido Irise sacó otra pelota de plástico de uno de sus bolsillos y lo transformó en una pequeña araña artificial-. Comencemos esto de una vez.

Lloyd caminaba un tanto dudoso a la vez que sudaba un poco en el rostro y tragaba saliva con rapidez. ¿Por qué se había ofrecido a ser el primero? Mejor el segundo, tercero… El último en definitiva no. ¿Pero el primero? Tenía sus propios motivos por los cuales aprender estos tres hechizos en particular: ¿Imperio es un tipo de hipnosis muggle? ¿Hasta dónde llega el control en un organismo?; ¿Avada Kedavra es como la eutanasia en la sociedad sin magia? No era algo que le quitaba el sueño, tan solo la posibilidad de contemplar el hechizo asesino como una forma de acabar la vida de alguien sin aplicar drogas, pociones relajantes o traumatismos; mas Crucio era otra cosa, en definitiva solo quería aprenderla y ya, causar dolor innecesario le era intolerable.

La profesora Irise sonrió con orgullo, pues Puppeter era un alumno de su casa prometedor y que él fuese el de la iniciativa le agradaba. Se hizo a un lado para darle paso y le realizó una leve reverencia en forma de saludo. Lloyd, por su parte, movió su cabeza para responderle y apuntó con su varita. Le preocupaba un poco que el núcleo de su objeto mágico perdiese parte de su vitalidad, pues aunque sus intenciones de aprenderlas no era por poder o ego, seguía siendo magia oscura que iba en contra de su naturaleza; pero la combinación que le otorgaba la madera le proporcionaba confianza, pues ésta sí reconocería sus motivos y seguiría con su porte fuerte y leal. Lloyd suspiró y habló con voz firme.

-Imperio-la araña se quedó inmóvil esperando alguna orden, pero el deseo interno de Lloyd de ver los límites del hechizo actuaron antes de que quisiese hablar y todos observaron cómo el arácnido caminó hacia el pupitre del chico y comenzaba a tejer algo sobre la madera, Theodore fue quien se acercó y miró sorprendido al alumno.

-Está escribiendo con su telaraña “el límite es tu imaginación”. ¿Qué le ordenaste?-cuestionó sorprendido sin saber cómo reaccionar; de los pocos alumnos que había sólo Steve alzó la ceja curioso y cruzándose brazos, mientras que el resto proliferó en susurros inquietantes y de admiración; Gerard esbozó una sonrisa curiosa y los ojos de Irise parecían brillar en la metáforica oscuridad en el ambiente para luego pedir que Lloyd retomara su práctica.

-Bien, gracias profesora-se concentró de nuevo en la criatura y expresó con duda, pero era evidente que el resultado de la primera le había causado un gran impacto positivo-. Crucio-la araña comenzó a retorcer sus patas, pero rápidamente terminó y Lloyd se tronó su cuello inquieto por haber provocado dolor-. Bien… A…Ava… Avada Kedavra.

Un destello débil de color verde surgió de la punta de su varita. No era que temiese conjurar el último hechizo, sino que Cruciatus fue demasiado incómodo y esperaba no volver a hacerlo. El arácnido dejó de sostenerse por sus patas y cayó de lado, pero en cuestión de segundos adoptó la forma original de pelota y el chico dio por terminado su obligación, por lo que guardó su varita y fue a su lugar tomando el objeto, sentándose y luego arrojársela a Irise, quien lo atrapó con destreza y asintiendo sin disimular satisfacción.

-Admiro tu valentía… y curiosidad, Lloyd. Solo recuerda las reglas para ejecutar los hechizos y deberás pedir permiso ya sea a mí, al Subdirector o al Jefe de Casa de Hufflepuff si quieres practicarlas, se te asignará un espacio especial donde no correrás riesgo alguno y solo ahí podrás llevarlo a cabo-la pelirroja colocó la pelota en su escritorio y su gesto se relajó a uno más serio-. ¿Quién quiere ser el siguiente?

**********************
-No me agrada que los niños aprendan las Tres Maldiciones-espetó Abdiel frustrado a sus congéneres en la Sala de Profesores. Desde que Artes Oscuras se estableció como materia obligatoria por parte del Ministerio siempre consideró que era una pésima idea-. Por algo están prohibidas, no es que sea algo que asimilen con facilidad.

-Abdiel… ¿y qué opinas de Sectumsempra, Confringo e incluso Inflatus? Todas estas las considero al mismo nivel que esas y se enseñan como si nada-contestó la profesora Aline desde una silla, portaba sus lentes porque leía y al escuchar a su antiguo profesor decidió pausar la lectura y adentrarse al debate-. A mí me parece adecuado que al menos sepan la teoría y vean cómo son, ya que cada quien aprenda es su decisión.

-Estoy de acuerdo-recargado en una pared, el profesor Alexander se acomodaba sus guantes para entretenerse y parecía muy concentrado en ello hasta que habló-. Hay que aprenderlas aunque sea a un mínimo nivel, no está de más y cualquier fuente de conocimiento es agradecido.

-Pero… ¿no lo entienden?-Abdiel resopló y caminaba inquieto en el salón-El poder de controlar, causar dolor y matar conlleva a un nivel de poder alto. No creo que tengan la capacidad mental para entenderlo.

-Abdiel… estás exagerando-sentenció Alexander sin mirarle directamente-. El hecho de que las conozcan no los volverá locos. Se les advierte que es su responsabilidad y estamos hablando de chicos de 17 años, no de 11. Irise incluso saca de esa clase a quienes no considera aptos, Gerard y Theodore están con ella y un miembro del Ministerio también. Deberías tener más confianza.

-¿Te estás escuchando? Porque espero que sí. Simplemente no estoy de acuerdo-Abdiel se acercaba apresurado al profesor Black cuando en medio apareció Aline y los miró a los dos.

-Respétense. Si no concuerdan con el punto de vista debatan sin llegar a tratar de imponer lo que piensan-la profesora negó con la cabeza y torció sus labios. El punto aquí es que eso se encuentra en el plan de estudios y el Ministerio lo quiso así, veremos los resultados hasta mediano plazo y esperemos que sea para bien. Bajen los humos, si algo llegara a pasar debemos estar estables y no alterados-colocó una mano en el hombro de cada uno y sonrió cansada-. ¿Sí?

Era ver dos caras opuestas de la moneda: Abdiel nunca quiso aprender las Imperdonables y, por otro lado, Alexander tuvo qué por cuestión de honor y familia. Era obvio que sus ideas chocarían bastante y por experiencias propias forjarían su opinión. Por su parte, Aline solo dominaba uno de los tres porque le faltaba la “voluntad” requerida, además que en sí nunca le interesó dominarlas y no ansiaba hacerlo pronto… al menos de momento.

-Solo porque debo relajarme-Abdiel se sentó en otra silla y sacó una poción tranquilizadora para beberla de a poco-. ¿Saben? Es molesto que si me altero debo tomar esto.

-Te lo preparó la enfermera, no te quejes Cazador de Hombres Lobo-bromeó Aline antes de regresar a su lugar y retomar su lectura.

-Esperemos que todo salga bien-habló Alexander aun acomodándose los guantes-. Ellos son fuertes, debemos tener esa seguridad si queremos ser útiles.

**********************
Como era de esperarse, Linus se incorporaría para aprender las maldiciones y continuar con el legado de los Black. Esta familia de sangre pura se jactaba, sin ser de manera oficial, de haber inventado el hechizo asesino en tiempos antiguos y que era obligación de todo aquél que portase el apellido el dominarlas a la perfección igual por la dificultad que representaban. Linus era el quinto en intentarlo, pues el segundo solo pudo aprender Imperio, el tercero se negó a hacerlas y cuarto por más que las decía no pudo ejecutarlas.

El estudiante de Slytherin caminaba a paso seguro, pero conforme lo hacía se percató que la pelota adquiría una forma alargada y delgada hasta ser una pequeña serpiente negra que lograba alzar una tercera parte de su cuerpo y mirarle directamente. Linus arqueó la ceja y tomó una forma más seria: Irise había transformado la pelota en distintos animales al azar solo por la practicidad de la lección (araña, gusano, saltamontes y escorpión) y a él le tocaba el animal de su casa. ¿Ironía? Alzó la vista para observar a su profesora de Duelo y en ese momento lo supo: ella lo hizo a propósito y el por qué, que en ese instante entendió, provocó que su porte frío adquiriese un aire turbio. Tanto fue que uno que otro susurró sorprendido se hizo lugar por verlo en ese estado.

-¿Y bien? Hazlo, Linus. Te estamos esperando- dijo Irise en tono tranquilo, pero vio que en el fondo del salón una sonrisa divertida se formó en el rostro de Steve, quien parecía “disfrutar” que su rival desde primer año se pusiera nervioso… mas no dijo nada al respecto-… Si no te sientes preparado no hay problema.

-No… -respondió Linus con un aire más frío y sombrío. Sin dar tiempo de respuesta le apuntó a la serpiente y expresó-. Imperio-el animal lo miró directamente a los ojos y el joven Black continuó con el conjuro-, ahora, muérdete a ti misma-la serpiente obedeció y lo hizo, ocasionando reacciones adversas entre el alumnado y los profesores, aunque Irise continuaba tranquila-. Crucio-ahora, el ser rastrero se retorcía de dolor y lo hacía tan bruscamente que daba la sensación de romperse en un momento a otro, aunque tal tortura duró pocos segundos- Avada Kedavra-un destello más intenso que el de Lloyd surgió de su varita y ese fulgor dio al cuerpo de la serpiente a una increíble velocidad, pero después de que la luz regresara a la normalidad el ser ya había regresado a su forma original.

-Linus… mañana a las 8 en mi despacho-expresó Irise tan severamente que sus ojos fruncidos ensombrecían su aura. Unos alumnos se intimidaron con ese aspecto porque sabían que Linus tendría una intervención por la forma en como manejó las Imperdonables. Gerard igual dedicó una mirada desaprobatoria y Theodore negaba más para sí, ambos decepcionados de su desempeño-. Se te tiene prohibido practicarlas y ni se te ocurra desobedecerme-los fantasmas, quienes no habían participado, también sentenciaban con su mirada a Linus, pues aunque sabían de su carácter fuerte no creyeron que reaccionaría de esa manera. Había ejecutado los tres hechizos, mas para Irise eso no era una victoria ni algo de lo cual sentirse orgullosa-. ¿Te ha quedado claro?

Linus se limitó a asentir y en vez de dirigirse a su asiento se salió del salón abriendo y cerrando la puerta con un poco de estruendo. Los profesores suspiraron a su manera y Thedore cuestionó si debían continuar o no con la lección, a lo que Irise recordó que solo se dedicaría a esa clase en enseñarlas y ya, además que optó que el alumnado decidiera. Steve estaba demasiado serio y la sonrisa que tenía ya había desaparecido; y Lloyd estaba sorprendido por cómo habían acabado las cosas. Al ver que no había respuesta, la maestra apenas iba a dar por finalizada la clase cuando Lancelot levantó la mano.

-Déjeme ejecutarlas-el joven Leblanc se levantó al mismo tiempo que sacaba su varita sin ocultar su nerviosismo-. Seré sincero, no es que quiera aprenderlas por gusto o necesidad, pero reconozco que será importante si entiendo su naturaleza por propia mano.

Al ver que los tres profesores asentían, Lancelot caminó al escritorio de Irise y la pelota ahora tomó la forma de un escarabajo café que apenas podía moverse. El chico suspiró para relajarse y continuó con la práctica.

-Imperio-el escarabajo detuvo sus pasos y no se movía, pareciendo un juguete muggle de un niño que coleccionaba insectos-, solo… camina-la criatura obedeció y solo hizo eso, recorriendo por la orilla el escritorio con pasos perfectos en vez de los torpes con las que inició-. Crucio-se detuvo y cayó de lado moviendo sus patas frenéticamente como si quisiera partirse, pero esto duró solo dos o tres segundos-. A… Ava… Avada…-a diferencia de Lloyd, su tartamudeo era porque se negaba a conjurar la maldición asesina aunque fuese a una criatura artificial. ¿Si lo hacía significaba que en su interior era capaz de matar? Unas horas antes, su pequeña hermana lo había alentado a entrar a la clase y recordarle que no importaba lo que sucediera, él sería Lancelot Leblanc y no otro; por lo que el joven suspiró y se relajó un poco percibiendo más confianza en sí mismo-. Avada Kedavra-un rayo verde tenue salió disparado y dio la sensación de ser una hoja de espada delgada traslúcida que atravesaba al escarabajo lanzándolo al suelo, pero al caer ya era la pelota-. Me retiro, gracias-miró a Irise, luego Gerard y Theodore y se fue a su asiento con su cuerpo tembloroso e inquieto.

Así fue que la profesora dio por finalizada la clase y rápidamente los alumnos se fueron para relajarse o irse de ahí para recuperar cordura. La primera vez que había dado la clase el año pasado, solo una alumna llamada July Lune Moon había logrado ejecutar las tres con éxito; y ahora tres alumnos (aunque de uno no estaba orgullosa) lo habían podido hacer a pesar de los contratiempos personales de cada uno. No sabía si esto era bueno o malo, ya de eso se encargaría el tal Fernando Sacramento que ya se había ido sin avisar… para pesar de Irise. El profesor Theodore notó que solo un estudiante se había quedado, uno que estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se percató que era el único, fuera de los profesores, en estar ahí.

-¿Steve? ¿Estás bien?-preguntó Theodore, indicando a los otros dos que él seguía ahí.

-… si así reaccionó Linus…-respondió Steve un poco distraído, hablando como si pensara en voz alta-… entonces… yo…

-¿Por eso no quisiste practicarlas?-dijo Gerard cruzándose de brazos. Por un parte le aliviaba que Steve no quisiera conjurarlas, pero por otro lado eso también le preocupaba-. Bueno, igual es tu decisión…

-Joven Dunham-la voz de Irise interrumpió la línea de pensamiento de Steve, quien se percató que era objeto de miradas y al observar el aula se enteró que era el único de su año en estar ahí-. Entiendo que estés preocupado por aprenderlas, no importa el motivo… siguen siendo hechizos oscuros.

-Eso es obvio, ¿no?-Steve chasqueó con sus dientes y se encogió de hombros-. Digo, todos sabemos que se trata de magia negra y pueden sacar lo peor de uno.

-Esperaba que quisieras aprenderlas… de hecho, quería que de un momento a otro te levantaras y los ejecutaras-expresó Irise aun manteniendo un tono apacible y sereno.

-¿Acaso no me escuchó, profesora?-Steve no parecía querer ser paciente… algo común en él-… eso saca lo peor de uno. No creo que sea necesario repetirlo.

-Por eso, Steve-los ojos de la profesora parecieron cambiar de color a un tono más oscuro y Steve frunció su ceño-. No es propio negar o decir lo contrario. Efectivamente, las Imperdonables hacen florecer nuestro lado más oscuro, pero de ahí podemos sacar nuestra propia fortaleza para dominarlas.

-Debo estar de acuerdo-afirmó Gerard mientras asentía con su cabeza-. Si dejas que el miedo se quién te guíe, no podrás afrontar tus propios demonios y al final ellos podrían consumirte.

-Aunque-Theodore alzó un dedo de su mano indicando que diría un punto relevante-, es de reconocerse que tu decisión por no querer aprenderlas sigue siendo valiente.

-No, profesor. Eso no es de valientes…-admitió Steve suspirando con frustración-… ¿y por qué solo hablan conmigo? Hay otros alumnos que tampoco quisieron.

-… Porque no tienen TU voluntad-respondió Irise solemne-… Steve, ¿quieres que entre los tres te enseñemos las Imperdonables? Me parece que entre nosotros podremos ayudarte… y seguramente la Directora lo aprobará.

-¿No que solo se enseñaría hoy?-interrogó el joven Slytherin incrédulo.

-Solo se dijo que hoy las enseñarían… no que se ayude a practicarlas-sonrió Gerard con suspicacia y complicidad-. Sigue siendo tu decisión.

-No te estamos obligando-agregó Theodore recobrando su usual tono alegre-, pero consideramos que esto podría ayudarte con tus… retos personales.

-Entonces… ¿aceptas? -preguntó Irise, quien parecía saber la respuesta del chico y sonrió, siendo correspondida por una mirada afirmativa e inquieta de Steve ante dicha invitación.



Spoiler:
-BONUS
La Sala de Profesores de Hogwarts estaba en silencio a pesar de que seis profesores estaban ahí como si esperasen algo: Abdiel movía sus pies inquieto, Alexander miraba a la puerta con seriedad, Aline jugaba con sus dedos apretándolos constantemente; Gerard estaba inmóvil, pero su mirada reflejaba la ansiedad que portaba; Theodore suspiraba bastante; e Irise era la única tranquila, pero al alzar la vista sus labios adquirieron una fina línea blanca y habló.

-Ya llegó.

El famoso periodista de El Profeta, Gabriel Smiths, entraba al sitio cargando una cámara muggle y una barba de que no se había afeitado por horas. Fue recibido por Alexander y Aline invitándolo a sentarse, pero el mago se negó.

-Descubrí algo. Lo que están haciendo los hombres lobo es en casi todas las sociedades mágicas. Incluso MACUSA creó brigadas especiales para buscar a sus líderes y averiguar qué traman… y no solo eso-con su varita, Gabriel hizo aparecer un mapa de Europa con distintos puntos de colores-… antiguas edificaciones que datan de hace más de 1000 años están siendo saqueadas y destruidas… Algunos creen que están buscando la Piedra Filosofal.

-¿En serio?-cuestionó Gerard demasiado serio, incluso parecía enojado por algo-… ¿Hay pruebas de que la piedra existe?

-El único que podría responderte es el padre de Joseph, pero está desaparecido desde hace años…-respondió Alexander frío y tranquilo-… Pero sabemos que Nicolas Flamel sigue vivo… eso puede ser un indicativo.

-No solo es la piedra…-dijo Gabriel intranquilo y los puntos en el mapa se movieron otros sitios, llegando a territorio africano y asiático-… hay avistamientos de gigantes acercándose a Europa. Es de los mayores movimientos migratorios desde hace siglos, se niegan a hablar y las pocas fotografías revelan que llevan armas.

-Espera… ¿estamos hablando de una guerra?-preocupado, Abdiel se acercó al grupo sin saber relajarse-… ¿Y el Ministerio?

-Ese es otro punto…-el aire sombrío de Gabriel se intensificó-… los aurores me han contado que desde hace años hay cambios administrativos ocultos y que incluso las leyes van cambiando… entre ellas que la materia de Artes Oscuras sea obligatoria.

-Irise... ¿qué tanto sabes?-interrogó Theodore a su compañera, quien aún continuaba con su porte relajado pero dando la sensación de que explotaría.

-… Yo fui invitada por la Directora a dar clases, no fui impuesta por el Ministerio-habló la pelirroja con tono de reproche-. Cuando se me ofreció el puesto hasta me sorprendí, pues no sabía de ese cambio en el Colegio.

-Ella tiene razón-defendió Aline turbada-… el Ministerio quería proponer a alguien más… a un tipo que nadie conocía, no recuerdo su nombre… pero la insistencia de la directora hizo que Irise fuese escogida.

-… También…-agregó Gabriel queriendo retomar el tema-… en los bajos mundos están siendo contratados investigadores… para buscar… textos antiguos escrito en runas… no me quisieron decir cuáles son, pero cualquiera que sea dueño de un libro con esas características recibe grandes ofertas o le roban… Aline, ¿sabes leer runas, cierto?

-Sí... Pero… no entiendo por qué buscarían eso. Runas Antiguas ya no es tan popular desde hace años….- Aline se quedó pensando un poco hasta que recordó algo-, pero… le preguntaré a alguien.

-Oh…-expresó Gerard curioso, pero sin dejar de lado la frustración que cargaba-… ¿Hablas de Dacitus?

-¿Hablan de Dacitus Tanitus Unitys III?-preguntó Gabriel sorprendido, provocando que la sonrisa de Gerard creciera levemente.

-Sí, es un amigo mío-respondió Aline aun con aire pensativo-… bueno, todos lo conocen de alguna u otra manera. El famoso mago de runas y aritmancia, la hermana de Markus trabaja con él. Y si alguien sabe de libros en runas es él, seguramente sabe algo. Tenía pensado invitarlo a que diese una conferencia, pero con esto ya me decidí. Hoy mismo le mando una lechuza.

-En fin… es todo lo que sé. Espero que podamos hacer algo… no confío en nadie más que en ustedes-confesó Gabriel, inquiero por lo que depararía el futuro.

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Capítulo XI: Interpretando las Apariencias

Mensaje por Ghostyaya el Mar Jun 13, 2017 1:50 pm

Capítulo XI:
Interpretando las Apariencias.

A diferencia de lo que la profesora Aline hubiese considerado, un grupo más numeroso del contemplado de alumnos curiosos a las runas antiguas se estaban congregando en el Aula de Estudio de Runas Antiguas para la conferencia con el mago invitado. Dicha materia era muy impopular porque la generación actual la concibe aburrida y sin aportaciones que valgan la pena; pero el hecho de ver que sus expectativas habían sido superadas, la Jefa de Casa de Gryffindor no contenía su emoción y su sonrisa de oreja a oreja recordaba a una juventud olvidada que, sin querer, la hacía verse más joven y, como decían algunos estudiantes, hasta más bonita.

La profesora iba recibiendo a cada joven mago y bruja indicando dónde debían sentarse, y éstos al entrar podían notar que el salón estaba extendido con magia casi triplicando su tamaño con adornos de símbolos rúnicos celtas que solo algunos reconocerían: Gebo para la unión, Mannaz como el ser, Dagaz para la paz y otros tantos más. Sin embargo, Markus Eltnam se encontraba tan nervioso que no prestó atención a la ornamenta y se sentó al fondo de lo que él consideraba un pequeño auditorio muggle tragando saliva con mucha expectativa.

-¿Y eso que andas así? Pocas veces te pones en ese estado sin motivo-Nicolas, aunque no era alumno de Runas Antiguas, optó por ir al evento porque básicamente no tenía nada que hacer.

-Quiero ver a alguien a quien quiero mucho… estará en el escenario junto al invitado especial-contestó Markus dejando entrever que estaba muy contento, pero tal sentimiento era ahogado por la turbación evidente; aunque, de repente, se hizo a un lado y en donde estaba su cabeza se atravesó una palma que claramente iba a golpearle la cabeza. El peliverde y el chico miraron a la dueña de la mano y sin poder evitarlo, Nicolas hizo sus ojos en blanco y Markus suspiró para después hablar-. ¿Podrías dejarme en paz?

-No, no lo haré-contestó en un acento francés la alumna de intercambio Be Victoria, una bruja de sexto año proveniente de la Academia de Magia Beauxbatons. Sus lentes, demasiado grandes para el tipo de su rostro, estaban un poco desacomodados y el suéter del uniforme le quedaba demasiado grande, tres o cuatro tallas a lo sumo… todo dando una imagen de bastante descuido personal-. Verte con esa cara me pone muy mal. Y pensé que lo mejor sería quitártela con un zape en la cabeza.

Desde que había llegado, se había mostrado bastante tímida y retraída con los alumnos ingleses; mas con Markus se soltaba al punto de ser agresiva y bastante abierta contrastando con su personalidad común. Be miraba fijamente al menor de los Eltnam y Nicolas chasqueó sus dientes.

-Qué necesidad la tuya de llamar la atención así-reclamó enfadado el joven Verdugo, pero se interrumpió para toser un poco al cubrirse con el antebrazo y luego aclarándose la garganta-. Si quieres que él te mire haz una cosa de provecho en vez de quedarte dormida en clase o golpearlo.

-¿Qué él me mire? ¡JA! - Be se burló y movió su mano restándole importancia a las palabras de su compañero-. No me interesa, y eres un aguafiestas, Nico-nico-ni.

-¿Nico…Nico…Ni?-repitió Nicolas con desagrado y bastante ofendido. Sus ojos lilas apenas se estaban tornando rojizos cuando Markus le puso una mano en el hombro y negaba con la cabeza. Be, al ver que no había obtenido lo que quería, se fue dando un giro brusco para darles la espalda y dejarlos solos.

-A ella no le regalaría ningún pan que haga con una tostadora-expresó Markus decepcionado. Cualquiera que lo hubiese escuchado no habría tomado en serio su sentencia, pero Nicolas sabía lo que en verdad quería decir y tragó saliva para relajarse… aunque ya así se inquietó que alguien lograra provocarlo tan fácilmente.

-Esa niña… tiene algo raro. Seguramente sus padres no la sujetaron bien cuando era bebé y se les cayó al suelo-dijo Nicolas acomodándose en su asiento para ver bien el escenario. Se le había escapado decir que había detectado algo raro en ella, pues su lado Veela había sentido que la chica era algo más que una niña que no sabía cómo relacionarse con otros, y quiso finalizar con un pésimo chiste para cambiar la dirección de sus ideas.

-Yo creo que más bien está maldita… que le lanzaron una maldición, vamos-habló Markus un tanto serio aun observando el escenario-. No sabría decirte por qué, pero eso fue lo que pensé cuando la vi por primera vez-como no miraba a su compañero, no se había percatado que el peliverde lo observaba asombrado mientras se cuestionaba cómo era que él había detectado lo mismo-. Quien sabe, pobrecilla de todas maneras.

-Shhh, ya va a comenzar-les calló Lloyd Puppeter, quien estaba frente a ellos con una libreta y pluma muggles dibujando las runas con las que habían adornado y un poco emocionado-. ¿Qué no saben que el señor Dacitus podría escucharles? Como es ciego sus otros sentidos están muy desarrollados.

Dicho esto, las luces mágicas fueron apagándose para que el foco de atención fuese para el escenario y de una lateral salió la profesora Aline caminando solemne y con su sonrisa genuina en su rostro. Se colocó la varita en la garganta apuntando al centro de ésta y su voz alcanzó al volumen suficiente para ser escuchada por todos.

-Buen día, alumnos. Hoy tendremos una conferencia por parte del mago Dacitus Tanitus Unitys III, practicante de Pociones, Runas Antiguas, Astronomía y Aritmancia; pero el día de hoy se centrará en explicarles las reglas de las Runas dentro de la magia-su voz indicaba lo emocionada que estaba, pues se presentaría un viejo amigo que ella misma admiraba-. Si quieren opinar solo alcen la mano… Dacitus cederá para que hablen. Aprendan, analicen, duden, comprendan.

Dicho esto, del otro lado surgió la figura del invitado: una venda con un símbolo rúnico celta cubría sus ojos y portaba una bufanda con otras figuras con los colores azul y plata, revelando que había pertenecido a la casa de Ravenclaw en sus tiempos de estudiante; su mano derecha era completamente de piedra, la cual funcionaba con runas que le otorgaban movilidad grácil y no torpes; su saco café llegaba hasta las rodillas y unas botas largas completaban la imagen de un erudito relajado y afable. Sin indicaciones visibles, Dacitus se acercó con completa confianza para saludar a Aline de mano y después, “mirar” a la audiencia con una sonrisa de lado; la profesora se retiró muy contenta y dejó solo al mago, quien se quedó callado como si esperara algo.

-Seguramente no sabe que tiene audiencia…-dijo en tono burlón un chico de Slytherin en un susurro tan bajo que parecería imposible que el invitado lo escuchara; pero Dacitus “volteó” a donde estaba sin perder su sonrisa.

-Hola. Sé que la profesora Aline me presentó con mi nombre completo, pero para simplificar las cosas si quieren referirse a mí háganlo como Dac… es más simple si alguno de ustedes tiene problemas de paciencia-luego de lo que parecía ser un regaño, Dacitus empezó a caminar por el escenario utilizando su cuerpo en ademanes conforme hablaba-. Antes de empezar, ¿alguien podría decirme qué tipo de magia usan las runas?

De las primeras filas, Linus Black se levantó y en ese momento Dacitus le hizo señas para que hablara. El joven Slytherin también acercó su varita a la garganta y su voz se escuchó por todo el lugar.

-Las runas usan magia astral: canalizan el poder o la magia del universo a modo de imitación de las constelaciones. De ahí la importancia de comprender Astronomía al ejercer la lectura o creación de alguna runa.

-Muchas gracias, Linus-al terminar de hablar, el chico se sentó bastante seguro de sí mismo y Dacitus prosiguió-. Lo que acaba de decir es muy importante y no deben olvidarlo. Además, como bien se les ha enseñado en clases, cualquier superficie sirve para escribir runas siempre y cuando se pueda hacer marcas, de ahí que el salón esté adornado con diferentes figuras en distintos materiales; pero les recomiendo que si quieren una runa muy poderosa debe ser grande con una profundidad bastante notoria y difícil de borrar, de ahí que en tiempos antiguos era común tallarles en roca o madera.

El mago hizo un ademán y de la lateral de donde se salió Aline apareció una mujer bastante bella y de rostro pálido pero saludable, cabello largo color miel que llegaba a su cintura y unos rasgos delicados que mostraban a una persona serena. En cuanto apareció, Markus se emocionó y dijo con los labios “Tabitha”, por lo que Nicolas le miró curioso y ahí lo supo: era ella a quien quería ver… su hermana mayor. Tabitha, como ayudante de Dacitus, traía consigo una piedra, papel y un trozo de madera, los tres levitando frente a ella mientras apuntaba con su varita a los objetos para evitar que se cayeran. Dacitus sacó su varita y dibujó algo en la roca, pero no pasó nada.

-Es importante cuidar los ángulos y el tamaño de las líneas. Si el dibujo falla por un milímetro o grados el poder será completamente nulo-acto seguido, Dacitus dibujó el mismo símbolo en la madera y aunque no parecía cambiar en apariencia, el trozo se volvió invisible ante la vista de todos-. De ahí la importancia de la precisión y exactitud de la runa.

-Pero si la realizan con magia sobre cualquier superficie o en el aire, no importará si el dibujo no es exacto-habló Tabitha Eltnam con afabilidad y segura al mismo tiempo-, pero una runa en el aire durará mucho menos que si está grabado en algo sólido.

-Las runas pueden ser usadas incluso por muggles si ya había magia de por medio, y pueden ser usadas como sellos, atravesar distancias, potenciar el poder de un objeto e incluso atacar con energía mágicamente pura a costa de que la runa sea borrada en el último caso…. Pero les advierto, si quieren inventar una runa deben estudiar, observar las estrellas e invertir como mínimo 50 años-Dacitus sonrió con jovialidad y aire distraído con el último dato-. No es mucho tiempo… considerando que un mago puede vivir fácil más de 100.

**********************
-¡Markus! ¿Cómo has estado? ¿Comes bien? ¿Necesitas que te den más ropa? ¿Sion quiere más listones? ¿Sigues parándote de cabeza?

La hermana de Markus, Tabitha, comenzó preguntarle tantas cosas luego de la conferencia que el pobre chico no pudo evitar sonrojarse y sentirse agradecido por tener a alguien como ella en su vida. Cuando ella se graduó de Hogwarts consiguió trabajo rápidamente con el mago Dacitus por sus dones en la Aritmancia, por lo que desde muy pequeño ya casi no veía la mayor de los Eltnam y cuando ella iba de visita a su casa era como un regalo que apreciaba con gran valor, de ahí que posea pocos pero bonitos recuerdos.

-Estoy bien… sí, no, no y sí-respondió Markus con una sonrisa tímida sabiendo que detrás de él estaba Nicolas, seguramente planeando qué usar para jugarle algún chantaje a futuro-. Me alegra mucho verte, hermana… pero… ¿tú cómo estás? Mamá y papá te extrañan.

-Perdona que me haya ausentado, pero en los últimos meses ha surgido mucho trabajo. Magos de toda Europa están contratando sus servicios para traducir libros antiguos escritos en runas en un idioma leíble. Y yo como su asistente debo ayudarle en lo que pueda-respondió Tabitha bastante orgullos de lo que hacía-, pero creo que podré ir en vacaciones de Navidad. Siempre mando cartas, pero sabes que no es lo mismo que verse en persona.

-Y… ¿qué libros han pedido que sean traducidas, señorita Eltnam?-preguntó Nicolas curioso ante dicha actividad, pues aunque no era raro que un coleccionista hiciese eso le intrigó que el número aumentase de golpe. Además, había notado una sombra triste en su compañero y quiso distraerlo.

-Pues….-la joven se quedó pensando de buen ánimo-…. Textos escritos incluso antes de la fundación del Colegio, es decir que tienen más de 1000 años de antigüedad. Supongo que ya por fin han valorado el aporte cultural de ese tipo de obras.

-Supongo…-contestó Nicolas satisfecho con la respuesta. Luego de varios minutos de conversación Tabitha se despidió de su hermano y el peliverde, dejándolos solos en el Aula de Runas Antiguas que ya había vuelto a su tamaño original. El mago Verdugo se estiró, tosió un poco y se transformó en su forma de zorro para irse, pero al caminar a la salida se detuvo cuando Markus habló.

-Oye… ¿Crees que todo esto tenga relación con los cambios en el Ministerio? Desde que se instauró Artes Oscuras el esposo de la Directora se fue de viaje, ha habido cambios en las leyes y me han llegado rumores de ataques de hombres lobo, al menos las creo por las fuentes de mi hermano-el menor de los Eltnam comenzó a caminar para acercarse al animago con aire pensativo-. En su momento, mi hermana igual me contó que varios libros antiquísimos desaparecieron de las librerías y bibliotecas, y mi hermano, que es Auror, a veces ha llegado cansado desde el año pasado porque los mortífagos de baja calaña atacan muggles. Uno pensaría que hay crisis en la sociedad mágica, pero creo que hay algo detrás de todo esto.

El pequeño zorro verde se le quedó viendo y asintió ligeramente. Muchas cosas rondaban en su cabeza, como por ejemplo usar las runas en sus experimentos y que seguramente ello le ayudaría mucho; pero por otro lado ya maquinaba una idea similar a la que Markus le acababa de decir y meditaba si contarle o no lo que el señor del Correo en Hogsmeade le había dicho acerca de los lupinos y lo que él mismo opinaba. Sin querer, rememoró las visiones que Medusa y Euríale habían tenido y el extraño comportamiento de algunos profesores. Algo estaba ocurriendo a espaldas del alumnado.

-Nicolas, creo que hay que hablar con todos-Markus llegó al umbral del aula y continuó-. Medusa, Euríale, Steve, Joseph, Lloyd, Judas, Lancelot… Linus no, no confío mucho en él-miró a Nicolas y con solo hacer eso comprendió qué pensaba, por lo que suspiró resignado-…. Está bien, también Linus… pero solo porque es primo de Medusa y Euríale y,… no sé qué le ves de confianza, es un sangre pura racista que incluso insulta al profesor Alexander y todo mundo sabe que fue reprendido en Artes Oscuras hace poco. Espero que Steve aguante estar con él.

**********************
La sala de profesores estaba encantada, como siempre, para que los alumnos no entrasen sin supervisión ni escucharan lo que se dijera dentro del cuarto, por lo que cualquiera que caminara por fuera no podría saber que el mago Dacitus estaba bebiendo una taza de té junto a la profesora Aline, el profesor Abdiel y la Jefa de Casa de Ravenclaw, Irise.

-Sí…. Como han sospechado, incluso en los bajos mundos han querido contratarme para traducir libros rúnicos…-Dacitus dio un trago a su taza con suavidad y bastante relajado, como si ese asunto no lo perturbara-… Además que han querido mis servicios para buscar obras perdidas.

-¿Cómo cuáles, señor Dacitus?-preguntó el profesor Abdiel bastante nervioso. Todo este asunto le carcomía porque no quería que sus estudiantes padecieran de un peligro del que no tenían nada que ver.

-… Quieren las obras originales de Los cuentos de Beedle el Bardo-habló con un tono tan serio que al trío de profesores les provocó un calosfrío.

-Pero… muchos de sus textos son libros infantiles. ¿Por qué querrían eso? -cuestionó el mago sudamericano incrédulo-… Además, los puristas suelen rechazar sus ideas originales porque consideran que enseñan a los niños cosas que van en contra de su ideología de la sangre.

-Buscan la Reliquias de la Muerte-expresó Irise sombríamente mirando al suelo como si se perdiera en sus pensamientos-. La Varita de Sáuco, la Piedra de la Resurección y la Capa de Invisibilidad.

-¡Eso es imposible!-arremetió Abdiel indignado-… Es como si los muggles buscasen la Atlántida o el complot de los Illuminati. No existen esos tres objetos, solo es un cuento infantil con moraleja.

-Abdiel…-habló Aline bastante seria. La sonrisa que tenía desapareció por completo cuando inició la conversación y ahora parecía que nunca había hecho tal gesto-… En otros textos antiguos rúnicos se hacen mención a esos artefactos mágicos en el que explican de su verdadera existencia y en dónde podrían encontrarse actualmente. Se rumorea que uno de esos tres es una herencia de los Black, por eso no quise que Alexander estuviese aquí, pues su familia siempre ha sido mencionada en los textos antiguos, en especial en el rúnico, y con lo revelado por Gabriel Smiths pensé en primero saber de qué iba antes de hablar con él.

-¿No creerán en eso, verdad? Tú, Aline, quien fue una de mis mejores alumnas cree en cuentos de niños-reprendió Abdiel severo, pero Dacitus se levantó de su sillón y de pronto pareció que la atmósfera en el cuarto perdía color.

-Señor Núñez… Todo cuento, todo rumor, mito o leyenda se basa en algo verdadero. Le puedo asegurar que esas Reliquias sí existen, pero no es algo del conocimiento público dadas las características de cada una. ¿Quién no querría una varita poderosa, una piedra que permite revivir a los muertos y una capa de invisibilidad que engañó a la propia Muerte? Los muggles y los magos no somos tan diferentes en el momento de ambicionar-dijo Dacitus dejando entrever el por qué es considerado un erudito dentro de la sociedad mágica-. Ni siquiera yo he podido encontrar sus obras originales a pesar de que se sabe fueron resguardadas para evitar su destrucción. Lo único que sé es que la familia Lightshield era quien los poseía, pero lamentablemente su linaje se ha extinto y no queda nadie vivo, por lo que no sé dónde habrán dejado esos documentos… tal vez se han perdido para siempre o ya cayeron en manos equivocadas.

La ausencia de los otros maestros se debió a que estaban dando clases o tenían otras cosas qué hacer. Aline había sugerido que solo se hiciese reunión con los disponibles para evitar sospechas y más por una experiencia del pasado que le enseñó que la discreción era una buena herramienta si se sabía manejar bien. Desafortunadamente, que solo los tres estuviesen provocaba cargar un peso mayor del que debían o querían, pues ahora futuro buscarían el momento adecuado para hablar con los demás.



BONUS:
El profesor Abdiel y la profesora Irise se habían ido para dar clases a sus respectivos cursos, por lo que Dacitus y Aline se quedaron a solas por unos momentos nada más, pues la Jefa de Gryffindor se iría de un momento a otro.

-Gracias, Dac. Cuídate, sabemos que se vienen tiempos oscuros…-Aline abrazó a quien consideraba un amigo y fue correspondida con un poco de timidez por parte del mago aritmántico y rúnico.

-No te preocupes, igual tú-le sujetó de los hombros al decir esto y luego Dacitus fue por sus cosas para irse y no dejar esperando a Tabitha-. Por cierto… ¿Sigues teniendo insomnio? Sé que se notan tus ojeras y no ocupo ojos para saberlo.

-Ay… pues sí. Desde que estaba en… sexto…-recordó Aline un tanto melancólica acomodándose sus ropas antes de salir-. Muy pocas veces logro conciliar el sueño, pero en esas de vez en cuando tengo pesadillas… raras.

-¿De qué tipo?-preguntó Dacitus curioso y aun sonriendo tranquilo.

-Pues… estoy en un despacho del colegio… en el de Historia de la Magia, y veo dos destellos verdes.. Sé que eso no tiene nada de malo, pero cuando lo sueño me da tanto terror que me despierto mal-Aline se encogió de hombros y le restó importancia-, tal vez mi inconsciente solo me quiere decir que debo dejar las verduras.

-Sí…-respondió Dacitus con aire distraído, pero en eso entró Gerard estirándose como si quisiera descansar y relajarse. Saludó a ambos y dedicó una sonrisa más ancha a su compañera advirtiéndole que los alumnos de tercero venían emocionados por montar hipogrifos y no quería que ella los aburriese en su clase de Encantamientos. Ésta le dedicó una mirada de desafío y se despidió de buen humor para ir al aula que le correspondía. Pero ahora que Dacitus estaba solo con Gerard su semblante se volvió serio y le habló como si estuviese frustrado-… Sé lo que le hiciste.

-¿De qué hablas?-cuestionó Gerard aun sonriendo mientras sacaba un chocolate para comérselo.

-Sé qué le hiciste a Aline cuando ocurrió “ese” incidente hace 10 años-al decir esto, el semblante de Gerard se tornó tan serio que ya no parecía un adulto de 25 años, sino uno mucho más mayor que cargaba gran peso mental-. Si llegas a negarlo no podré volver a verte como un buen mago o un hombre.

-¿Cómo lo supiste?-el mago guardó el chocolate y fulminó con su mirada al erudito. Agradecía estar a solas con él, pues con otra persona habría reaccionado de otra manera menos… aprehensiva o incluso habría negado la acusación.

-Esto…-señaló la venda que cubría sus ojos sin quitársela-… me permite ver gracias a una runa de posibilidades. Hace 10 años cuando tú estabas en quinto vine de visita para ir a la Biblioteca del Colegio… cuando me topé a Aline aparecieron varias probabilidades acerca de nuestro encuentro. En todas ellas, salvo una, la atormentaba un evento que tenía poco de haber ocurrido; pero justamente la vía que se volvió realidad fue en la que tú interviniste y que lo hiciste muy mal… demasiado mal. Apenas tenías quince años y poco conocimiento.

-Eso no explica cómo es que lo sabes-aunque Dacitus era más alto, Gerrd se acercó como si de un momento otro se suscitara una pelea física entre ellos. Sus manos estaban apretadas en puño conteniéndose debido al juzgamiento al que era sometido.

-Pensé que… eras más inteligente… o más astuto-decepcionado, Dacitus parecía mirarlo a través de esas vendas y poco a poco parecía relajarse-… Para calcular las probabilidades debe existir una base, ¿no es así? Un base ya existente de la cual surjan las variaciones y se desemboquen las distintas vías. De ahí que siempre me dicen que parece que lo sé todo…-se encogió de hombros y suspiró-… y no, no te estoy juzgando por el motivo que crees. Eras un niño todavía, pero espero que ahora entiendas las consecuencias de lo que hiciste; me habría decepcionado si lo hubieses negado, pero me alivia que no lo hicieras.

-¿Entonces a que viene todo esto?-aun conteniéndose, el Subdirector tragó saliva y se estiraba para relajarse los músculos.

-Se vienen tiempos difíciles… posibles combates, pérdidas, despedidas definitivas… Dime… ¿qué pasará cuando Aline vea por sus propios ojos un Avada Kedavra? Desde que lo hiciste ella nunca ha visto una ejecución directa… y como lo hiciste mal, el daño será peor para su mente.

-¿Por qué hasta ahora, Dacitus?-Gerard no pensaba con gran claridad. En otro momento habría discernido lo que el mago intentaba decirle, pero estaba consciente de que se sentía alterado y de momento no podría calmarse; mas sí evitar cometer alguna tontería que repercutiese en la escuela, con sus alumnos o incluso en el Ministerio.

-Aunque pueda ver las probabilidades, no todas son certeras ni se cumplen. Y a pesar de que ella no lleva una vida normal, todo este tiempo pensé que no sería necesario que se hiciera algo al respecto hasta que hace unos meses me enteré de lo que estaba pasando en la sociedad mágica… lo único que te pido…-se alejó de Gerard para terminar de recoger sus cosas y acercarse a la puerta-… es que cuando el momento llegue tú y sus amigos estén ahí para apoyarla.

-No es necesario que lo pidas-Gerard sonrió irónicamente y fue a sentarse a uno de los sillones manteniendo ese gesto-… todos nosotros, sus amigos, no la dejaremos sola. Y cuando sea oportuno le explicaré por qué lo hice… - Y espero pueda perdonarme...

-Lo hará-dijo Dacitus aunque en las palabras expresadas por Gerard no había motivo por el cual responder eso-. Nos veremos pronto-dicho esto, el mago rúnico se fue para encontrarse con Tabitha y partir a su casa luego de un día realmente agotador. Caminando por unos pasillos solitarios y sabiendo que nadie lo escucharía, habló en voz alta-… Espero tome acción antes de que sea demasiado tarde…


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Capítulo XII. Planeando en la Umbra

Mensaje por Ghostyaya el Vie Jun 16, 2017 11:40 pm

Capítulo XII:
Planeando en la Umbra.




Este habría sido un sábado tranquilo en el que los alumnos del colegio hubiesen visitado Hogsmeade para pasar el día libre lejos de las paredes del castillo; pero aunque la gran mayoría había optado por ello, cinco estudiantes estaban en La Gran Escalera, ubicada en la Torre de la Escalera de Mármol, observando a las escalinatas que se movían solas y en sus paredes cientos de retratos que conversaban entre sí u observaban divertidos a los de primero que se perdían cuando cambiaban de rumbo o se atoraban para después pedir ayuda con desesperación. Del grupo, el  más impaciente era Markus Eltnam que movía su pie y estaba de brazos cruzados; a su lado se encontraba Lloyd un tanto incómodo mirando hacia al techo sin querer hablar; Lancelot tenía sus labios en una fina línea sin querer iniciar una conversación; Medusa, con su cabello rojizo y rizado, veía al suelo sin saber exactamente qué hacer; y Euríale movía suavemente su cabeza tarareando una canción para sí misma.

El viernes, Nicolas y Markus se pusieron de acuerdo para contactar a los demás y así organizar una reunión para tratar ciertos temas que consideraban apremiantes a raíz de algunos descubrimientos y análisis que los dos magos de Ravenclaw realizaron. Decidieron que fuese al día siguiente por tratarse del fin de semana y porque consideraron que entre más pronto mejor para saber con quiénes contaban y si sería necesario hacer algo por sus propias manos. Sin embargo, para la hora pactada, Nicolas y a quienes buscaría no habían llegado y eso impacientaba a Markus bastante; aunque quien habló para romper el silencio fue Euríale con un tono de voz cantarín y optimista.

-¿Sí vendrán? Me estoy mareando con estas escaleras-sonrió y luego se quedó pensando la menor de las Black-... Espero que Litten  tenga suficiente comida… no sé si volveré hoy o mañana o pasado…

-Sí vendrán… pero no sé por qué tardan tanto-Markus suspiró y sacó de un bolsillo un pedazo de pan que comenzó a comer para relajarse.

-¿De verdad es urgente?-cuestionó Lloyd torciendo los labios-… tengo cosas que hacer y no nos has dicho nada. Vine porque confío en tu criterio, pero esto se prolonga y no veo algo que valga la pena.

-Igual tengo que practicar con el piano-comentó Lancelot desganado-… si piensan esperarlo más tiempo por mí no hay problema, siempre y cuando sí se haga la reunión.

-Sí vendrán…-repitió Markus con la boca llena. No le molestaba que Euríale rompiese con el silencio, pero ahora quería que nadie le estuviese cuestionando.

-Ya vienen-reveló Medusa apuntando a una escalera superior. Se veía a Nicolas seguido por Joseph, Judas, Linus y Steve; todos caminando en silencio a excepción del peliverde y Joseph que se veían animados. Por otro lado, estudiantes veteranos se hacían a un lado cuando Nicolas pasaba porque era raro verle en su forma humana y no como zorro-… ¿Somos todos? ¿No esperaremos a alguien más?

-Ya, solo nosotros. En cuanto llegue nos vamos al campo de Quidditch. Nadie entrena hoy y está retirado de la escuela-Markus siguió con la mirada al grupo y luego de unos minutos llegaron con humores variados: Steve y Linus serios, Judas tímido y Nicolas con Joseph de buen ánimo-. ¿Por qué llegan tarde?

-¿Qué no sabes que en toda película muggle el suspenso da pie a algo importante?-respondió Nicolas sonriendo con su estilo perturbador al que todos estaban acostumbrados-... Y que Joseph tardó en despedirse de su novia.

-Prioridades, mi camarada. Prioridades-se defendió Joseph con un gesto divertido y juguetón.

Una vez intercambiados los saludos, los chicos se fueron caminando en dirección  a las afueras de la escuela, notando que los pasillos estaban solos a raíz de la salida de varios de sus compañeros. Linus se había sorprendido al ser objetivo de búsqueda por parte de un alumno de menor grado y más cuando se le explicó que era por cuestiones serios de la sociedad mágica, por lo que decidió ir más que nada por la curiosidad; Judas estudiaba en la Biblioteca cuando fue asustado por el peliverde y se cuestionó por qué él precisamente y no otro, por lo que dudó un poco en aceptar y fue convencido porque esperaba que  a quienes consideraba amigos asistieran; Steve se encontraba en la sala común de Slytherin recostado en un sillón con los ojos cerrados cuando Linus se acercó para pedirle que saliera, por lo que el mago se levantó de un sobresalto interrogándolo del motivo por el cual quería que se saliera y se enfrascaron tanto en el “diálogo” que Judas tuvo que intervenir y pedir a ambos que se fueran porque Nicolas no podía entrar por ser de Ravenclaw, ya una vez aclarada la situación Dunham fue a verle y aceptó asistir porque ya sospechaba algo desde hace tiempo; y con Joseph fue más sencillo, pues se lo topó en la torre de su casa y le dijo “te veo el sábado” y su amigo respondió “muy bien, te veo ahí”, y entre ellos dos, debido a sus años de amistad, existía una confidencia que pocos pueden alcanzar por no desarrollar bien la camadería, de ahí que con solo esas palabras bastó para acordar una reunión.

-¿Habrá comida?-preguntó Euríale cuando llegaron al vestíbulo de la entrada en la planta baja de la institución-… es que me dará hambre en un rato…

-Tranquila, llevo raciones de pan para todos-dio a conocer Markus bastante orgulloso de su aportación.

-¿De qué tipo?-habló Judas interesado, pues sabía que de un momento a otro Euríale no sería la única con hambre-… ¿Solo es pan?

-Confórmate-respondió Steve con su típica voz rasposa y desinteresada-, al menos alguien pensó en la comida y no nos moriremos de hambre si la junta se prolonga.

Por su parte, Markus estaba nervioso cuando fue a buscar a sus compañeros. Para su fortuna, las hermanas Black estaban juntas en el Gran Comedor comiendo cuando las encontró y les llamó para pedir hablarles rápido sin explicar, solo pedir su asistencia para el sábado y las mellizas, sin dejar de estar sorprendidas por la súbita invitación, aceptaron y prometieron guardar discreción; Lancelot estaba platicando con su hermana menor cuando notó que Markus se acercaba con premura y se encaminó a él para saber qué pasaba, al principio le pareció extraño que él pidiese su asistencia y más porque ya tenía planeado ir a Hogsmeade, mas aceptó porque notó urgencia en el chico y decidió acompañarle a buscar el último porque le dio pena verlo así;  y por su parte, Lloyd apenas se dirigía a la Torre de su casa para estudiar cuando fue abordado por Markus y Lancelot, al primero lo saludó de buena gana y al segundo con cierta timidez correspondida (es decir, Lancelot saludó de la misma manera)  debido al percance que hubo entre ellos con el evento del Boggart dando a entender que aún había un leve roce entre ellos, aunque eso no evitó escuchar con interés a Markus y aceptar para saber de qué iba el asunto y no quedarse con la incertidumbre.

-¿Por qué en el campo de Quidditch?-el tono de Lancelot revelaba que estaba un poco fastidioso, pero con interés debido a que aún continuaba con ellos y no se había ido. Caminaba al lado de Euríale para evitar que ésta se alejara (y se perdiera)-.Sé que dijeron que porque nadie practica y está alejado, pero… ¿hasta allá implica que el asunto a tratar es serio?

-Creo… Markus, estabas muy nervioso cuando nos buscaste-expresó Medusa sujetándose de un brazo de Steve, pues mantenía una conversación con él en lo que caminaban antes de intervenir por la pregunta de Lancelot-. ¿No nos puedes dar un adelanto?

-¿No les dijiste nada?-Nicolas negó con la cabeza y apenas iba a explicarles cuando empezó a toser, así que la comitiva se detuvo para descansar y darle espacio al peliverde que se alejó un poco para no incordiar debido a su enfermedad.

-Están pasando cosas en la sociedad mágica-dijo Linus que se encontraba detrás del grupo, específicamente detrás de Medusa y Steve, pues caminaba en silencio sin querer intervenir hasta ahora-. Rumores, noticias… supongo que más adelante nos lo explicarán mejor, pero aquí no es un buen sitio para hablar. Aunque considero que algunos no deberían estar aquí…

-Linus, tranquilízate-habló Lloyd y chasqueó con sus dientes sin faltarle al respeto ni querer enojarle. Aunque sabía que se refería porque había cuatro “indignos de la sangre”, no temía confrontarlo a comparación de otros compañeros-. Si no te agrada estar aquí puedes irte, nadie te obligó a venir.

-¡Oh, por favor! Si Nicolas y Markus nos pidieron venir es que a TODOS nos tienen confianza en menor o mayor medida. Ya mejor saquen el pan y cálmense-comentó Joseph sin perder su buen ánimo, pero dando a entender que lo dicho era serio y debían acatar.

-Oigan…-Euríale se alejó del grupo  y caminó unos 10 pasos hasta llegar a una esquina y apuntar a algo que los demás no podían ver-… ¿por qué no nos reunimos aquí? Apareció la sala que a veces veo y que solo dura unos momentos. Si nos metemos seguramente nadie nos descubrirá.

-Espera… ¿Es… real?-sin esperar a nadie, Judas se lanzó corriendo hacia donde apuntaba Euríale y se perdió de la vista de los demás al dar vuelta en la esquina. Segundos después se escuchó una exclamación de asombro y sorpresa-… ¡ES REAL! ¡OH POR DIOS, ES REAL!

-¿De... de qué me perdí?-Nicolas regresó al grupo luego de limpiarse la sangre con un hechizo mágico de limpieza y recomponerse para retomar el andar al estadio de Quidditch-. ¿Y Judas? Escuché que gritó que algo era real… ¿no hablaba del monstruo del Lago Ness?

-¿Monstruo del Lago Ness?-preguntó Medusa curiosa, pero luego negó con la cabeza para retomar el asunto-. Vayamos a donde señala mi hermana, rápido-haciendo una seña con su mano, el resto del grupo la siguió a paso apresurado, después fueron guiados por Euríale y al arribar miraron  Judas con la boca y los ojos muy abiertos aún emocionado-… ¿Qué es este sitio?

-Vaya… jamás creí que de verdad existiese- comentó Linus cruzándose de brazos y los ojos brillándole de interés -… La Sala de los Menesteres…

-¿Sala de los Menesteres?-repitió Steve asintiendo  a la vez que asimilaba el descubrimiento-… Vaya, creía que solo era un cuento… en mi último año me toca verlo… esto es bastante genial.

-¿Qué es la Sala de los Menesteres? ¿Aquí?-preguntó Euríale un poco apenada, pues parecía que la gran mayoría sabía o tenía conocimiento de ese sitio.

-O también conocido como la Sala que Viene y Va o Multipropósitos-comenzó a explicar Joseph admirando la puerta ornamentada con florituras hasta al techo y que parecía una mezcla de piedra de obsidiana y mármol, destacando de las paredes vetustas del colegio-, es una habitación que aparece cuando una persona tiene una necesidad real para atender lo que busca, transformándose o abasteciendo según lo requerido.

-Había leído que solo aparecía en el séptimo piso-habló Lloyd acercándose a la doble puerta con gran admiración-, pero parece que atendió la inquietud de Euríale en la reunión que teníamos… parece ser que su necesidad era más pura a comparación del de todos nosotros-dicho esto, tocó una manija y ambas puertas se abrieron en par para mostrar un enorme cuarto con una chimenea encendida al fondo; sillones reconfortables para cada uno de ellos, ya sea si querían sentarse solos o con alguien más; armaduras antiguas en las paredes con armas de distintas épocas y variadas; un techo de más de cinco metros que albergaba en el centro un candelabro de araña con piedras tornasol que brillaban por la luz del fuego; un tapiz que recorría todo el piso con todos los estandartes de las cuatro casas; y una mesita con platos de tamaño y forma ideal para pan-… Fantástico… tan sublime, tan magnífico… tan…

-Hasta hay un piano-Lancelot no cabía en sí por lo que veía. Era tanto que admirar que sentía que no podría hacerlo bien, pero se aclaró la garganta y recordó por qué estaban ahí en primer lugar-… Entremos antes de que alguien nos vea y comencemos la reunión.

De nuevo, y sin esperarlos, el primero en entrar fue Judas observando con detenimiento el diseño que ahora ofrecía la Sala. Todos en general entraron curiosos y cuando Markus, el último, terminó de adentrarse, las puertas se cerraron lentas tras de él y sin que ellos lograsen ver, para el exterior la existencia de la Sala se desvaneció encontrándose a salvo de ser descubiertos y así lograr hablar sin temor para explicar bien lo que estaba pasando. Medusa y Steve se sentaron juntos en un sillón para cuatro, inmediatamente Euríale tomó de la muñeca a Lancelot y se colocaron al lado de ellos; Linus optó por una silla acolchonada frente al cuarteto y colocándose en una posición de espera con las piernas cruzadas; Lloyd y Judas optaron uno doble y recargándose sin dejar de admirar la Sala cada quien con sus propios motivos; y Joseph se quedó de pie cerca de la chimenea para recibir el calor de las llamas. En medio estaban Markus y Nicolas preparándose para hablar y pasados unos minutos, el peliverde pidió la atención de todos.

-Algunos ya saben de qué va la reunión y otros no, pero daremos una explicación profunda para que sepan de qué va el asunto a tratar-moviendo su varita, unas figuras ilustrativas aparecieron arriba de los dos alumnos de Ravenclaw que ilustraban recortes del periódico El Profeta con notas de los últimos años-… han ocurrido ciertos eventos que han levantado la sospecha de que la sociedad mágica está pasando por un declive moral. Rastreando, Markus y yo encontramos que un evento de hace poco más de 10 años está relacionado con nuestro presente.

-En esa época, el profesor Gerard, la profesora Aline y el profesor Alexander eran alumnos del colegio-en el título se podía leer “¿Héroe o asesino? Muerte en Howgarts” y una foto de un alumno con mirada desquiciada y otra de un quinceañero profesor Gerard presumiendo un vuelo en escoba, lo cuales eran señalados por Markus que ahora tenía el turno de hablar-… y se descubrió que un estudiante de Slytherin estaba creando su propio camino como un mago oscuro, logrando asesinar al profesor de Historia de la Magia de ese entonces y fue detenido por el profesor Gerard con un hechizo que acabó con su vida en un duelo que nadie presenció. Dejando de lado el desenlace, se investigó al estudiante y se descubrió que su familia era una asidua practicante de la magia oscura que experimentaba con inferis y todos fueron encarcelados en Azkabán.

-La madre, loca por la pérdida de su hijo, antes de ser confinada en una celda, se limitó a gritar “él nos vengará y los indignos de la sangre recibirán su castigo”-acentuó Nicolas muy serio y sin ánimos de bromear o desviar el tema-. Ese “él” lo atribuyeron a un ser superior o a un familiar, pero Markus y yo creemos que hay algo más  y que en realidad esa familia estaba implicada en un complot mucho más grande.

-Años después-Markus mostró otras noticias de otras partes del mundo mágico donde se leían los actos delictivos de magos oscuros o mortífagos-, aumentó el número de crímenes tanto contra magos y brujas como con muggles y criaturas: asesinatos, secuestros, robos, asaltos a tiendas de varitas, contrabando de criaturas mágicas, pero esto viene de mucho atrás, incluso antes de lo ocurrido con el Subdirector-una planilla con fecha de hace 13 años tenía la cabecilla de “El Fin de la Estirpe, la extinción de los Lightshield” apareció frente a todos-… pues han ido desapareciendo familias antiguas y aunque algunos lo atribuyen a su negación de casarse o algo por el estilo, el caso Lightshield saltó a la fama porque todos los integrantes de la familia fueron asesinados, hasta su último descendiente que era un niño de apenas 3 años.

-Eso sí lo sabíamos mi hermana  y yo-Medusa recordó algo que la puso bastante triste y se recargó en Steve, y a su vez Euríale tomó la mano de Lancelot para reunir fuerzas-… Mi mamá tenía una hermana menor… ella se casó quien fue mi tío Lion Lightshield y tanto ella como mi tía... y mi primo de tres años…-se quedó callada, esperando que todos entendiesen cómo finalizaría la frase. Tanto Steve como Lancelot se quedaron sorprendidos ante esa revelación y los dos, a su manera, se ensimismaron con lo expresado-… Entonces…. ¿creen que todo esto tiene relación?

-Los Lightshield eran bastante conocidos por sus osadías como aurores, miembros del ministerio e inventores-habló Judas  bastante serio tratando de recordar puntos importantes-… siempre sacando las máximas notas, la élite de los magos por decirlo de alguna manera. Se decía que poseían magia poderosa y al ser de sangre pura, relacionarse con ellos era un privilegio que ellos no presumían, eran hasta humildes a pesar de que conocían su propia fama.

-Exactamente-puntualizó Nicolas aliviado de no tener que contextualizar a todos, pues parecía que eso era de conocimiento público-, y los Lightshield no han sido los únicos que han desaparecido. Como mostró Markus, familias antiguas de todo el mundo han estado desapareciendo de forma alarmante y de ahí que no sea raro que haya tantos lazos familiares… caso más común los Black aquí presentes con el profesor Alexander. El punto es que han sido asesinados y de ahí que surgiera la idea del declive moral similar a lo que ocurre en la sociedad muggle.

-Al mismo tiempo-por un movimiento de mano de Markus, las notas del periódico cambiaron a textos largos de las leyes mágicas del Ministerio de Magia Británico-… las políticas y las leyes han estado cambiando de manera sutil, pero el más evidente fue la aprobación de impartir Artes Oscuras en el colegio y el cambio de líderes administrativos por algunos desconocidos o de magos con linaje muy antiguo pero de dudosa reputación. Además, mi hermano, un auror de profesión, me ha comentado que han surgido ataques de hombres lobo en muchas partes de Europa y se cree que lo ocurrido en el colegio hace poco tiene relación con una especie de plan con el manejo de estos seres y la enfermedad que portan.

Dicho esto, Joseph carraspeó bastante incómodo y dio la espalda al grupo con el pretexto de que tenía frío. Nicolas, con sus ojos lilas y levemente rojos, aclaró su garganta para llamar la atención de todos.

-Sabemos que no todos los licantrópos son malos, no somos racistas ni nada por el estilo. Pero no negaremos que ellos han estado atacando a inocentes, desde muggles que mueren por la carga mágica hasta magos y brujas que reciben la maldición de transformarse cada luna llena-se encogió de hombros y resaltó una ley mágica con una tonalidad más oscura y comenzó a leer-. “Cualquier mago o bruja con sus facultades mentales y mágicas en plenitud, gozará de tratamiento gratuito y de forma anónima  y se inscribirá a un padrón de identificación para resguardo de su salud y bienestar mental”. Si bien recuerdan, hasta hace un par de años los hombres lobo eran mandados a campamentos para su resguardo y, aunque en parte estoy de acuerdo con este cambio, ¿no se preguntan por qué el cambio tan brusco y el qué harán con esa información confidencial? ¿Qué hacen con los que no son “sanos” para el tratamiento? El Ministerio no es transparente… y eso me molesta mucho.

-Y también, gracias a mi hermana-ahora, las leyes mágicas fueron sustituidas por ejemplos de libros antiguos escritos en runas, idioma que solo Markus, Linus y Lloyd entendían de los que estaban presentes-, nos hemos enterado de un aumento de compra, venta y robo de obras muy antiguas escritas en runas y su repentino interés y gran número de petición de traducción a nuestro lenguaje o alguno más moderno.

-Eso es raro-Lloyd se cruzó de brazos e intentó aportar algo al tema en cuestión-… pues los libros rúnicos no son para nada populares. Muchas familias prefieren tirarlos, para mi pesar, o donarlos para que queden en el olvido. No dudo que uno que otro sí aprecie ese tipo de obras, pero ese movimiento que dicen es demasiado repentino y en gran cantidad para que sea algo de la noche a la mañana. Incluso El Profeta ya habría dedicado una noticia a este evento.

-Y no olviden… los profesores igual han estado actuando diferente desde que entramos-señaló Euríale extrañada e intranquila-… se han estado reuniendo más de lo normal y parecen que ocultan algo.

-Hablando de actuar raro…-Linus habló con un tono rasposo por haberse quedado callado por tanto tiempo y se les quedó viendo a sus primas-… Euríale, la visión que tuviste en el tren, ¿el profesor Defunct te dijo que solo fue un sueño, verdad?-ante esto, la menor de las Black asintió varias veces-… ¿Crees que sea cierto? Sinceramente creo que, con todo lo que nos han contado, deberías analizar mejor lo que soñaste. Tal vez haya una pista que pueda servir.

-Yo… también tuve una visión-ante lo dicho por Medusa, Markus y Steve le cuestionaron si de verdad quería contarles a los demás lo que le “dijeron” las estrellas, y aun estando de bajo ánimo por recordar lo ocurrido con la hermana de su madre, la joven bruja contó en detalle lo que ocurrió en el Bosque Prohibido hace ya varias semanas-… y el profesor Gerard pidió que no le contara a nadie lo que pasó, pero creo que ha llegado el momento.

-¿Herederos? ¿Acaso hablan de los objetos de los fundadores?-participó Joseph desde su lugar en la chimenea bastante intrigado-… La espada de Gryffindor, la copa de Hufflepuff, la diadema de Ravenclaw y el guardapelo de Slytherin. Lo de las lenguas de serpiente y el gato que llora no lo entiendo.

-Tuvimos esta conversación con la profesora Aline….-rememoró Lancelot con el cumpleaños de muerte del Fraile Gordo-…que solo aparecerán, si es que existen, a los dignos sucesores de los fundadores que compartan sus ideologías y formas de ver la vida. ¿Eso significa que los herederos están aquí mismo en el colegio?

-Eso podría ser-Steve suspiró cansado y se frotó los ojos tratando de relajar su vista-… o al menos es lo que pienso. Puede ser que un estudiante de primero que apenas haya entrado desató esa visión… o alguno que  ya estaba “provocó” su posible aparición cuando sean requeridos. Recuerdo haber leído de ellos, pero no sus propiedades o qué los hace tan valiosos… Esperen… ¿Se encuentran en textos de runas, verdad?

-Eso me temo-contestó Nicolas entre tos y tos, provocando que se sentara y su garganta se cansara más por todo lo que habló. Sabiendo que no le quedaba mucho tiempo antes de requerir transformarse en zorro continuó-… por eso pensamos que buscan los textos antiguos. Deben querer la ubicación, el modo de invocarlos o qué es lo que hace cada objeto.

-¿Por qué no le preguntamos a los profesores?... es más, ¿por qué no acudir a ellos con todo esto?-cuestionó Euríale tratando de querer aportar algo a la conversación, pero a su pregunta Markus negó y habló.

-Si se enteran de que estamos metidos o queremos relacionarlos en algo peligroso nos  van a restringir… también pensé en ello, en especial con el Subdirector Gerard, pero con lo que descubrimos de su pasado es probable que sea el más receloso en ayudarnos y querrá que no nos metamos. Podríamos indagar de manera cautelosa…

-¿Y por qué nosotros?-preguntó Linus bastante interesado con lo que se estaba revelando. No quería admitir que sentía orgullo de ser parte de la comitiva, pero sí le interesaba saber por qué él y los demás.

-Confiamos en ustedes y cada uno posee habilidades valiosas… yo, por ejemplo, se hacer pan estupendo-Markus sacó pedazos de pan y los fue sirviendo en platos que brindó la Sala de Menesteres y todos aceptaron gustosos porque el hambre ya había aparecido-… y aunque tendré que interrumpir mi cruzada por las tostadoras, Nicolas y yo consideramos que cada uno de nosotros podrá ser de ayuda y, obviamente, no decirle a nadie... ni siquiera a parientes cercanos o amigos, de lo que planeamos.

-¿Y… qué es lo que planeamos exactamente?-el heredero de los Black sonrió, pero no era una maliciosa y presumida, era una genuina que pocas veces se había visto. Contagiosa, éste gesto empezó a animar a los presentes a sentirse parte de algo importante a pesar de que todo eso se desarrollaba a la umbra del Colegio. Para sorpresa de algunos presentes, como Steve y Judas, a estas alturas de la conversación no se sentían incómodos por la reunión… sino todo lo contrario, que pertenecían a algo importante.

-Ser parte de algo trascendental-puntualizó Nicolas antes de volver a su forma animal de zorro y descansar, pues la reunión continuaría y decidieron tomar un descanso para comer un poco del pan y meditar de forma individual lo que acababa de pasar.



BONUS:

En su despacho como profesor de Astronomía, el profesor Alexander leía una carta que poseía el hermoso emblema de los Black y que era escrito por el patriarca. Al principio le pareció extraño que él le mandase algo debido a la pelea que había con la familia principal, pero siguiendo el código de honor decidió leerlo antes de quemarle o simplemente decidirse por ignorarlo. Cuando terminó de leerlo dejó el pedazo de papel boca abajo y se levantó colocando sus manos detrás de la espalda y mirar a través de la ventana el atardecer de lo que había sido un buen sábado, pues tenía poco de visitar Hogsmede y tener una cita con una hermosa mujer que lo había cautivado tiempo atrás.

-Esto no está nada bien…-habló en voz alta respecto al contenido de la carta.

El viernes había hablado con la profesora Aline y ésta le había contado de las Reliquias de la Muerte y que sabía que los Black poseían una y, que por ser él en su momento el primer heredero principal, la tenía en su poder y que por dignidad aún debía guardarla. Había decidido resguardarla en el Colegio para evitar su robo cuando llegó una lechuza con la carta en la que solicitaba la entrega inmediata del objeto si no quería padecer peores consecuencias. Para Alexander, esto simplemente reafirmaba que la línea principal de los Black estaba relacionada con los acontecimientos oscuros que acechaban la sociedad mágica y que el destierro de él y sus padres solo fue un pretexto para no involucrarlos por no ser dignos del “mundo que merecían”.

-Al menos sabemos dónde está una reliquia… nos faltan dos… y para ello requerimos los cuentos originales de Beedle el Bardo-Alexander suspiró y tomó su abrigo para salir del despacho para dirigirse a la Torre de Astronomía. Debajo de esa actitud fría se escondía un hombre que temía lo que se venía no solo para sus amistades y allegados, sino para dos personas en particular que eran estudiantes suyos por desconocer lo que se había formado a sus espaldas y a costa de sus propios sentimientos.

Al cerrar la puerta, la carta cayó al suelo debido a la ráfaga originada por tal acto y quedó al descubierto el contenido de la misma.

Alexander Zacarias Black Erikssen.
Tienes el honor de ser un invitado a la futura boda de los herederos de la familia Black, Linus y Medusa, la cual sucederá el próximo año con nuestras bendiciones y mejores deseos para que la estirpe continúe como debe ser. Los padres de la novia insistieron en invitarte, por lo que no vimos nada de malo que asistieras y te dieses cuenta de lo que te has perdido.
Además, te recuerdo que debes devolver la herencia que indignamente posees ...

Spoiler:

Crónicas de un Mago


I
La partida


Era su último día del año en el número 113 de River Drive. Hoy por la noche viajaría a Londres y entraría a la estación 9 ¾ para tomar el expresó hacia Hogwarts por sexto año consecutivo. Era un año que prometía muchos desafíos y que, por lo tanto, no tendría una temporada tranquila en meses, razón por la cual debía aprovechar al máximo este día. Tenía todo planeado: Levantarse temprano y tener un desayuno continental improvisado con lo que hubiera en la despensa, lo cual, dada la situación de su padre, no sería mucho.

Su padre Conrad, era un muggle que trabajaba arduamente como oficinista, pero recientemente había perdido su trabajo por una jugarreta desleal de un viejo compañero y actualmente se dedicaba a trabajos eventuales. Su madre era una gran bruja, pero mucho de su trabajo era caritativo y no obtenía un sueldo decente por ello. Gerard no podía esperar el día en que se graduarse y dedicarse a ser un verdadero Auror.
-Hoy será un gran día!

El día fue perfecto, al menos, al grado de sus posibilidades. Disfrutando cada momento de él, su desayuno improvisado, su ida con los amigos al parque durante la mañana, su tranquilo paseo por la tarde con su madre a través de la vereda al lado del río y su gratificante charla con su padre. Todo había salido hasta el momento de la despedida. El joven tomó todas sus pertenencias: Sus libros de segunda mano guardados en su mochila de siempre, una vieja revista sin terminar de The Wizzards, su fiel varita a la que llamaba colmillo, su collar de plata con su dije de Dragón, unas golosinas para el camino y un frasco de tinta invisible que había ganado.

Apresurado todo lo metió en una maleta vacía, independiente de aquella donde guardaba su ropa y artículos de aseo personal. Cuando hubo terminado, Gerard bajo las escaleras pausadamente, cruzó la Sala de estar y se paró frente a la puerta. Su padre y madre ya lo esperaban encima del coche encendido.

Durante el trayecto desde River Drive a la estación de autobuses, Gerard no intentaba entablar una conversación, se limitaba únicamente a asentir o negar lo que sus padres le decían
-llegamos -Anunció su padre al arribar a su destino

Gerard respiró profundamente y bajo del coche, pensando en su futuro y por primera vez, dudo. Bajó sus maletas colocándolos suavemente a sus costados y miro fijamente a sus padres que habían descendido también.  
-Nunca he pasado tanto tiempo que este lejos de ustedes -Gerard había desviado su mirada

Sus padres se voltearon a ver casi instintivamente y sin decirse una sola palabra, sin dirigirse un solo gesto, solo con el cruzar de sus miradas, comprendieron el nudo de idea que entraban en conflicto con los sentimientos de su hijo.
-Hijo -comento su padre al momento que le ponía su palma sobre el hombre a su descendiente -No podríamos estar más felices y orgullosos por ti. Quizá tu padre no entienda mucho del mundo mágico, pero la manera en que el rostro de tu madre brilla mientras nos cuentas tus hazañas y logros, me hace entender que lo que sea que logras, es grandioso
-Además

Su madre le abrazo fuertemente mientras suprimió el sentimiento de la prolongada despedida que se acercaba.
-Nos haz enseñado a confiar en tus decisiones, aunque sabes que soy tu madre y siempre te reprenderé las que suenan arriesgadas. Pero siempre apoyare las que te llevarán lejos en tu vida
-Y aunque decidas ser Aror
-Auror cariño -le corrigió su esposa
-“Auror” -corrigió en tono cantarín -o sigas tu otra pasión, estaremos a tu lado apoyándote
-Serán tres años mamá y papá …
-Sigue tus sueños -dijeron ambos -nosotros te estaremos esperando

El joven Gerard río un poco y los miro fijamente y entonces lo sintió, sintió orgullo y amor provenientes de aquellas dos personas que lo habían criado. Reprendiéndolo cuando se equivocaba, aconsejándolo cuando lo necesitaba y sacrificando mucho por él.
-Míralo de esta forma -agregó su padre -descansaremos un tiempo de tu música ruidosa
-CONRAD
-Tranquila May, estoy bromeando
-Gracias… por todo

Sus manos empuñaron las maletas y las levanto despidiéndose con una sonrisa y caminando hacia la central de autobuses. Mientras caminaba y se perdía en sus recuerdos, escucho a su madre gritar
-Salúdanos a la chica -Gerard volteo sorprendido -Si, siempre lo he sabido

Su madre sonrió e incluso su padre se sorprendió, pero también sonrió y ambos se despidieron con un ademán y caminaron hacia el coche. “Nunca podré esconderte nada mamá” pensó el chico y continuó caminando hacia el edificio. Compró de manera habitual un boleto a Londres y emprendió un viaje que lo llevaría a tomar el Expresó hacia Hogwarts, comenzando una nueva aventura.

Cómo cada año, Gerard llegaba casi veinte minutos tarde y al igual que cada año, veía rostros nuevos. Le parecía gracioso y lógico que la mayoría de las veces eran los nuevos los primeros en llegar. A Gerard le encantaba verlos llegar y tenía un juego personal. Los miraba atento, los evaluaba y comenzaba el juego que llamaba Gerard el seleccionador e intentaba adivinar a que casa de Hogwarts sería asignado cada uno de ellos. Normalmente le atinaba a 3 de 10, pero estaba seguro que este año le atinaría al doble
-¡Gerard!

La voz de un amigo lo distrajo, se trataba de Evan Proud. Alguien a quien consideraba casi su hermano.
-Tus padres no pudieron venir? -Evan también venia solo -Eso es raro, el año pasado eras el único de quinto que venía solo.
-Me tarde un año en madurar jeje
-¿Entonces, abordamos?
-Un segundo -Gerard miro a otros dos chicos -Listo!

Evan miro a los chicos, un varón de cabello castaño y bastante energético y una dulce chica de larga y negra cabellera, ojos marrones y una enorme sonrisa.
-¿Cuál es tu veredicto?
-El Ravenclaw y ella Gryffindor, pero algo me dice que ambos terminarán juntos
-No me parece y no te molestes, pero no confío en tus predicciones. Sacaste “I” en Adivinación

Ambos abordaron el tren y dentro intentaron avanzar a empujones hasta el mismo vagón que habían usado por cuatro años consecutivos. Dándose a la sorpresa de que ya estaba ahí la que, para Gerard, era la chica más inteligente y amable del todo colegia, la que ante su mirada era la más hermosa mujer que pudiera haber conocido antes.
-Este año si te gané -dijo en tono eufórico la chica -jaja ¡Ahora cómprame un chocolate en forma de recompensa, anda!

Gerard sonrió, se sentó a lado de ella con Evan al frente mientras este miraba por la ventana. Conversando los tres de sus vacaciones hasta que el expreso comenzó a andar.



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Capítulo XIII. Preparativos con Propósito

Mensaje por Ghostyaya el Jue Jun 29, 2017 10:39 pm

Capítulo XIII:
Preparativos con Propósito
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Una mañana de martes, los alumnos de cada casa se despertaron de humores diversos con la finalidad de prepararse y asistir a clases, entrenar para Quidditch o cualquier actividad temprana que tuviesen. Desde hace tiempo había iniciado el Torneo de Quidditch, por lo que los aficionados a este deporte no se lo perdían por nada del mundo; por otro lado, otro tipo de competencia estaba a punto de iniciar y los aficionados solo esperaban el anuncio de éste para inscribirse o solo ser espectadores.

No obstante, la espera había finalizado. Cuando los estudiantes se dirigían a la Sala Común para salir, notaron un anuncio en papel viejo con letras muy ornamentadas que indicaban el título “Torneo de Duelo” y debajo de éste las reglas e indicaciones de inscripción y el proceso. El certamen estaba dividido en dos categorías, “principiante” y “experto”, los cuales a su vez pertenecían a otro grupo dividido en “Segundo año a Tercer año” y “Cuarto año a Quinto año”, dando a entender que habría dos tipos de ganadores que conformarían un total de cuatro, dos principiantes y dos expertos, es decir dos alumnos que no asistían a clases de Duelo y dos que sí, dando oportunidad a que cualquiera quisiera inscribirse. En el caso de Sexto y Séptimo año era totalmente libre, por lo que un estudiante de Duelo podría enfrentarse a otro que no asistiera, pues los conocimientos adquiridos principalmente en las asignaturas de Encantamientos, Defensa Contra las Artes Oscuras y Artes Oscuras ya eran suficientes para que no estuviese de por medio la categorización de “principiante” y “experto”. Con un total de seis ganadores, las recompensas variaban desde prendas mágicas contra el fuego hasta objetos encantados con magia avanzada. Para inscribirse solo bastaba con apuntar el nombre en el mismo papel y mediante un hechizo ya se estaría dentro del torneo, dando un lapso de una semana para quien quisiera hacerlo.

Esa misma tarde, las hermanas Black, Linus, Lancelot, Lloyd, Judas, Joseph, Markus, Nicolas y Steve se reunieron en la Sala de Menesteres para debatir acerca de su participación en el certamen y así pulir sus habilidades si la situación lo ameritaría a futuro. El único que se negó a participar fue Lloyd, pues no se consideraba apto para ello y prefería centrarse en otras actividades que beneficiaran al recién equipo que formaron para averiguar lo que estaba pasando; por otro lado, Linus y Markus se ofrecieron a entrenar a Medusa y Euríale para que les fuese bien en la contienda y no perdiesen a la primera ronda, el primero por el honor de la familia y porque les tenía estima, y el segundo para que no les pasara nada si se enfrentaban a alguien que no tuviese tacto.

Llegada la hora de la comida, el grupo se dirigió al Gran Comedor para disponer de los alimentos. No obstante, como querían guardar las apariencias cada quien fue a su casa respectiva y pasaron la hora conviviendo con el resto de los compañeros cuando fueron interrumpidos por un aviso de la Directora, quien comentó que las clases de Duelo cambiarían a ese sitio para la comodidad de los estudiantes para prepararse con antelación al Torneo y como se trataba de una asignatura libre, era probable que el número de oyentes aumentaría.

Como lo predijo a la perfección, a la siguiente hora el Gran Comedor dio paso a un escenario enorme con un espacio ideal para duelos mágicos y a las orillas el espacio adecuado para los espectadores. Los más cercanos al centro eran los alumnos de Duelo que iban de Segundo año a Séptimo, pues los de primero tenían prohibido recibir dichas clases porque apenas se encontraban en formación educativa y no querían que sufriesen accidentes; por su parte, al tratarse de una clase especial, el profesor Theodore, la profesora Aline, el profesor Abdiel y el Subdirector Gerard se quedaron para observar el desarrollo de la clase. Por su parte, el profesor Alexander “desapareció” en cuanto la comida se desvaneció y algunos alumnos habían detectado en él un aire sombrío e incomodidad desde hace unos días, el cual parecía intensificarse conforme el tiempo pasaba. Como no había nadie cercano a él era difícil averiguar qué era lo que le ponía en dicho estado, por lo que simplemente las especulaciones eran vacías.

-¡Presten atención!-la voz de la profesora Irise resonó y los murmullos se apagaron. La Jefa de Casa de Ravenclaw sonrió abiertamente y continuó hablando-. Esta clase de Duelo es especial. Nos enfocaremos en movimientos más allá de la magia, pues aunque los combates son con el uso de la varita, hay maneras de derribar al oponente en caso de no contar con ella por X o Y razón-dicho esto, caminó hacia un Prefecto de Ravenclaw a quien le dio su varita para que la guardase-. Muy bien. ¿Quién quiere ser el primero?

Linus, un alumno de excelencia en Duelo, fue el primero en dar un paso y colocarse frente a la docente. Sacó su varita y le apuntó directamente en el torso, llamando la atención de algunos jóvenes que no iniciasen el típico saludo y el conteo del uno al diez para girar y lanzar hechizos.

-Como ya he dicho… un duelo real no tiene el protocolo común de saludar, caminar, girar y ejecutar-la profesora Irise se mantenía tranquila y movió su muñeca en un floreo invitando al joven Black a iniciar. Acto seguido, Linus comenzó a girar su varita en un claro hechizo de Incarcerous para aparecer cuerdas gruesas y así atarla, pero en un abrir y cerrar de ojos Irise apareció frente a su alumno golpeándolo en el brazo alzando dicha extremidad y así interrumpiéndolo. Los estudiantes más pequeños se quedaron perplejos parpadeando varias veces, pero Linus se limitó a negar con la cabeza en confianza y volver a una posición relajada-. La ventaja y desventaja de los duelos mágicos es que requieren distancia, pero podemos interrumpirla si estamos muy cerca.

La profesora se mantuvo cerca de Linus y cada vez que éste quería ejecutar algo, era interrumpido por la increíble e inhumana velocidad de ella, quien le arrebataba la varita o hacía algo que impedía completar la oración. Cuando hubo terminado, el profesor Abdiel habló en un tono que no revelaba si lo hacía en reproche o consintiendo tales movimientos.

-¿Por qué no les dijiste que tomaste la poción Velsotit? Eso te dio mucha ventaja-dándose cuenta que algunos alumnos desconocían la naturaleza del brebaje, comenzó a explicar para todos-… es una poción que otorga velocidad sobrenatural para quien la bebe. Es así que la profesora Irise sacó ventaja del joven Black.

-Como bien dije, no siempre se usarán hechizos en un duelo-recordó Irise, pues algunos de sus alumnos asintieron indicando que ellos ya sabían que había hecho eso-. Imaginen estar en desventaja ante un combate, pueden recurrir a otras herramientas para estar un paso adelante por lo menos. Sé que no se puede preparar una poción de la nada, de ahí que les recomiendo siempre que deben prestar atención en Pociones… Lancelot, ¿me puedes prestar tu florete?

El joven Leblanc frunció el ceño, pero con un Accio rápidamente atrajo su florete y se lo tendió a su profesora, quien a su vez sin el uso de su propia varita utilizó el hechizo Geminio para duplicar el arma de Lancelot y le devolvió a éste el original cuando finalizó.

-No deben depender siempre de su varita para defenderse. Una rama resistente puede bastar si saben usarla correctamente-diciendo esto, Irise arrojó el florete a Theodore y éste ya se encaminaba al centro cuando la tomó del mango y por su parte, la bruja sacó de un bolsillo de moke que tenía bajo su capa una rama en perfecto estado de un metro de largo. Miró a su compañero docente y Theodore, sonriendo divertido, comenzó a dar estocadas que Irise esquivaba con su rama y por un momento, cuando ambos objetos cruzaron resonó como si chocara metal contra la piedra y el sonido chirriante asustó a algunos que se asustaron, pues la madera debía ser tajada por el metal del florete. Como Theodore igual se sorprendió, Irise aprovechó para apuntar a pocos centímetros al costado del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y éste extendió las manos en señal de rendición sonriendo con júbilo-. Deben saber que con un poco de ingenio pueden sobreponerse a una “desventaja”.

-… Pues de nuevo usaste trucos, querida-Aline sonreía y negaba con la cabeza, más que nada porque de nueva cuenta su amiga usó algo que para ella fue obvio-. ¿A poco tienes esa rama bajo el Encantamiento Duro? Para los que no lo sepan, Duro permite fortalecer un objeto hasta asemejarlo a una piedra, por eso cuando chocó el florete con la rama se escuchó ese chirrido.

-Como bien dije, el punto es tomar desprevenido al oponente. Con un buen entrenamiento esta rama puede ser muy peligrosa-Irise guardó su rama y con un movimiento de su mano deshizo la copia del florete que aún sostenía el profesor Theodore, el cual regresó a su posición original recargado de una pared y disfrutando de esta clase-. Ahora… ¿quién tiene ganas de atacarme?

Otro de los mejores duelistas de su año, Steve Dunham, caminó con varita en mano e Irise sonrió muy satisfecha con que él hubiese pasado al frente. El joven de Séptimo le miraba desafiante sin faltarle al respeto, y aunque algunos sangre pura mostraron sin ocultar el desagrado de que éste le hiciese frente a una hija de la familia de magos D’Arc-en-Ciel, conocida por su antiguo linaje en la docencia dentro de la Academia de Magia Beauxbatons y miembros importantes en el Ministerio Francés de Magia. Irise se alejó lo que más pudo de Steve, aproximadamente unos 15 metros, y colocó los brazos detrás de su espalda y le hizo señas con la cabeza para que lanzara hechizos.

-¡Expulso!-dijo rápidamente Steve con una sonrisa de satisfacción en sus labios y una ráfaga azul salió disparada para lanzar por los aires a la docente, pero ésta flexionó sus piernas y se hizo a un lado cayendo con el talón de un pie para no resbalarse; en cuanto lo hizo el alumno de Slytherin conjuró otro hechizo moviendo su brazo por encima de la cabeza -¡Bombarda!-como no tiene efecto en seres vivos, apuntó al suelo donde acababa de caer Irise y éste explotó, mas la profesora había logrado saltar al otro lado y usó el impulso de la explosión para alejarse y caer con firmeza con ambas plantas de los pies.

Algunos alumnos invocaron escudos personales, pero Theodore tomó la iniciativa y movió su varita para después hablar con voz firme “Protego Maxima” y un escudo semi-transparente rodeó a los alumnos para que no sufriesen daños por el duelo “inofensivo” entre la profesora y su estudiante. Los que ya conocían a esos dos empezaron a meditar sobre qué hechizos usar para reparar los daños, pues la Directora no estaba presente confiando en que todo saldría sin problemas.

-¡Bombarda! … ¡Bombarda!-apuntando a cualquier punto en el que caería Irise, Steve logró crear varios escombros que salían volando y cuando varios aun se encontraban al aire conjuró-¡Descendo!-una luz azul salió expandiéndose por todos los escombros y éstos cayeron a tal velocidad que solo dio oportunidad a Irise de cubrirse con su capa y recibir los golpes, creando así humo café que inundó la sala. Steve invocó un hechizo de aire para limpiar y todos se sorprendieron al ver a Irise sana y salva, sin heridas y solo empolvada…-¡Confringo!-la maldición fue pronunciada y una luz naranja que recordó al fuego salió disparada en dirección al pecho de la profesora y ésta, aun respirando para recomponerse, se agachó y la pared explotó con más intensidad que un Bombarda, provocando una cara seria en Irise porque Confringo es una maldición explosiva y mortal, percatándose que Steve iba en serio.

-Steve… debes tranquilizarte-habló en un tono suave Medusa, quien como espectadora se encontraba nerviosa por el “duelo amistoso”. Sabía que Steve era de poca paciencia y notando que su profesora esquivaba sin problemas consideró que eso le colmaba la paciencia-… pero, ¿cuál es el punto de este combate?

-La distancia-contestó Gerard con una sonrisa y los brazos cruzados disfrutando de la contienda y notando que ambos duelistas tenían sus puntos flacos, pero que Steve era el menos entrenado a pesar de ser de los mejores duelistas de la generación-. Un duelo “normal” se realiza a una distancia de 10 pasos, es decir, menos de 10 metros, pues así es más fácil apuntar o eliminar mejor los puntos de escape-mientras hablaba, el joven Dunham había conjurado “Everte Statum” para aturdir y lanzar por los aires a Irise, pero ella seguía esquivando en un suelo destrozado-, pero a veces en una pelea no es malo estar a mucha distancia, pues así logras esquivar con relativa facilidad. La gran mayoría de los hechizos son esquivables, e incluso alguien de reflejos rápidos puede hacerse a un lado ante un Avada Kedavra y salir ileso siempre y cuando la maldición no te impacte de manera indirecta-aunque sonreía se veía preocupado, pues a pesar de que el escudo los protegía no quería que algo malo pasara, y menos con la impulsividad de Steve.

-¡Incarcerous!-Steve apenas estaba pronunciando este hechizo cuando Irise se colocó detrás de un pedazo de piso enorme, justo a tiempo de que saliesen disparadas de la punta de la varita de Steve cuerdas gruesas como serpientes que iban hacia ella, pero interceptaron el destrozo primero y lo rodearon con tal fuerza que se agrietó un poco-¡Reducto!-una luz azul blanquecina salió disparada a la roca y ésta estalló reduciéndose en fino polvo, por la explosión Irise quedó un poco aturdida y fue entonces que Steve se alegró-¡Lumos Maxima!-una bola de luz enorme se creó encima del Gran Comedor y todos los que estaban viendo quedaron cegados por la intensidad de la misma, solo Gerard, Theodore y Aline por parte del profesorado lograron cubrirse los ojos porque reconocieron el hechizo; Irise, debido a que aún se recuperaba del leve aturdimiento, tuvo que cerrar los ojos porque le caló-. ¡FIENDFYRE!

Llamas intensas surgieron en el centro del Gran Comedor remolinándose como si tuviesen vida propia. Conforme pasaron los segundos el fuego adquirió la forma de un fénix gigante que batía sus alas ferozmente y miraba con fiereza a una Irise que se frotaba los ojos y miraba poco a poco lo que apareció frente a ella. La profesora de Artes Oscuras se agachó sujetando la capa con firmeza y cuando el fénix se lanzó sobre ella, la voz de Steve resonó por la sala.

-Fiendlocked-careciendo de la fiereza anterior, un destello blanco apareció y así, el fénix fue desvaneciéndose en pequeñas volutas de fuego hasta simplemente dejar de existir. El camino que recorrió estaba negro por las altas temperaturas y los pies de Irise estaban a un metro de esa negrura. El joven Dunham seguía apuntando y se veía que le faltaba el aire, al igual que su brazo temblaba y al tragar saliva guardó su varita y continuó respirando de esa manera para relajarse. Irise, por su parte, comenzó a aplaudir de buena gana acercándose a su alumno y el resto de los estudiantes, no todos, siguieron con los aplausos.

-Steve, te felicito. Aun te falta mucho camino por recorrer, pero eres un gran duelista… un digno oponente para el torneo-al decir esto, efectivamente, uno que otro mago y bruja se cuestionaron si participar porque no querrían enfrentarse a él-. 15 puntos para Slytherin por tus grandes habilidades, pero te resto 10 por tu impulsividad… aun debes practicar esa parte tuya, por tu propio bien y el de otros.

Steve, en silencio, asintió y miró de reojo a Medusa y Judas, quienes demostraban su preocupación y sin querer, lo resintió un poco. La gran mayoría de sus intensas emociones se habían calmado, pero cuando apenas se iba a retirar Gerard se acercó al centro y habló con seriedad.

-La clase ha acabado. Por favor retírense del Gran Comedor para que pueda ser reparado como es debido. Nadie quiere ver a la Directora enojada, ¿o sí?-después se acercó a Steve para colocar una mano en su hombro y decirle unas cuantas cosas.

Poco a poco el sitio se fue vaciando hasta que todos los estudiantes y profesores se fueron a excepción de la Jefa de Gryffindor y cuando el Subdirector estaba en el marco de la entrada le comentó a su compañera.

-¡Suerte! Te encargo la tarea de reparar, eres la mejor en Encantamientos. Si lo haces bien te regalaré un chocolate.

-¿Sabes? No soy un experimento de Pavlov para esas cosas-Aline sonrió y con un movimiento grácil de su varita todo el escenario pareció reponerse en una especie de cámara al revés dando orden original al sitio-, pero sí, está bien. De almendras, por favor.

-Claro, no lo he olvidado-una sonrisa divertida se dibujó en el rostro de Gerard y dio media vuelta para irse. Alzó su brazo para despedirse y aunque no volteó, sabía que ella se estaba enfocando en su labor de restauración.

Cuando ya se retiró el profesor Wanderer, la sonrisa de Aline se desvaneció y con seriedad continuó su trabajo mágico. Por una parte aprobaba que se hiciera el torneo, pero por otro conocía las verdaderas intenciones y eso le hacía sentirse un poco culpable… Los niños eran eso, niños; le hubiese gustado que no tuviesen que prepararse para una posible pelea si es que llegaba a las puertas del castillo. Ya hubo algo así en sus tiempos de estudiante y aunque fue detenido a tiempo, nadie garantizaba que eso no volvería a pasar y menos con lo que ocurría en la sociedad mágica. No quería verlos como futuros soldados en entrenamiento, pero no quería que nadie muriese a causa de alguna falta de práctica aunque fuese básica. No quería ver a sus seres queridos sufrir o algo peor, y eso le carcomía sin poder hablarlo con alguien.




Spoiler:
BONUS:
Era de noche en el Colegio. Técnicamente todos debían dormir y no se veía a nadie que estuviese despierto dentro del castillo. Sin embargo, en el Bosque Prohibido, muy adentro de ese sitio peligroso, una persona estaba frente a una fogata observando con cuidado la débil llama que producían las ramas como si esperase algo. De pronto, el fuego empezó a adquirir la forma de una mujer de finas facciones pero mirada fría y vacía.

-¿Cómo van los planes?-cuestionó la figura femenina en un tono soberbio y a la vez vacuo.

-El Torneo de Duelo ha iniciado-respondió una voz masculina seria, pero denotando cierto nerviosismo-… las profecías se han ido cumpliendo.

-Entonces las cosas van marchando… bien. ¿Ha averiguado la identidad de los otros herederos?

-No, milady… tengo mis sospechas acerca del guardapelo de agua, pero no he podido discernir más. Solo confirmar quién es el heredero de la Espada de Fuego y sí, es Gerard Wanderer-esto lo expresó con bastante odio contenido, pero no quiso revelar más de sus propias emociones.

-¿Seguro? Si es así entonces debes procurar que siga vivo cuando vayamos por “ella”, los necesito a ambos vivos para mis planes.

-No se preocupe, “ella” será nuestra cuando sea el momento adecuado. Es una pieza clave para nuestros planes y simplemente desperdicia talento en este maldito sitio… y sí, respetaré la vida de Gerard para sus propósitos...-si es que puedo hacerlo.

-¿Qué me dices del resto de los profesores? ¿Son un problema?

-Si acaso solo Theodore e Irise. El resto no ha mostrado un talento excepcional desde que llegué, pero ya estamos formulando planes para esos dos y que no nos estorben.

-¿Y Joseph Pashenko? También Linus Black. ¿Qué hay con esos dos?

-Joseph logró superar su primera noche como hombre lobo, pero será fácil corromperlo… y respecto a Linus su familia ya comenzó su parte del plan para tenerlo de nuestro lado. Solo hay que ser pacientes para que pueda quebrarse por completo y así aprovechar doblegar su identidad. No obstante, hoy vi el talento de Steve Dunham… y me parece que sería un aliado con potencial.

-¿Ese sangre sucia?-el rostro de la mujer evidenció repugnancia, negando solo dos veces con autoridad- Si no es un heredero o alguien muy poderoso en realidad no me interesa. Pero… sigue observándolo, tal vez no sea útil de manera directa… pero sí con otros objetivos. Gánate su confianza como lo has estado haciendo.

-Sí, milady, lo que usted ordene.

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